sábado, septiembre 04, 2010

El mundo desde otro ángulo

Desconozco a qué hora es la boda. En la peluquería les he dicho que era a las 12.30h., por lo que no han tardado mucho en peinarme, pese a los rostros malhumorados de algunas personas que llevaban allí mucho tiempo antes que yo.
Ya estoy peinada y en mi casa no hay nadie. Desconozco a qué hora vamos a marchar desde aquí. Ya tengo el vestido preparado. Supongo que me maquillaré ahora.

No tengo cuerpo para bodas. Lo que me apetecería es estar con él, observarle, escucharle, preguntarle... Y entonces las manecillas de un reloj imaginario se congelarían en el mismo punto. El tiempo sólo se para con él. Me gustaría tanto tocarle el rostro, mirarle a los ojos y susurrarle lo guapo que está, describirle la belleza que emana de él...

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