
"
Vive apasionadamente cada día, cada hora, cada segundo. Vive, ríe, llora si quieres, pero desde la alegría de saber que estás viva. Haz todo lo que quieras y hazlo ya. Como si no hubiera un mañana. Siéntete libre. Y recuérdalo siempre: píntate los labios de un rojo intenso, que parezcan hermosos pétalos de rosas abriéndose al mundo".
Ésta es la historia de Zehera, una joven musulmana y bosnia cuyo destino la llevó por los más intrincados caminos a los que le podía encaminar una guerra. A ella, con 18 años recién cumplidos, le tocó vivir lo más desgarrador que conlleva una guerra civil, donde no se respeta nada, donde el enemigo es el mismo que hace dos semanas le regalaba roscos de pan. Ella vive en sus carnes la barbarie de la guerra, lo más humillante y vejatorio a lo que puede aspirar un ser humano en situaciones límite y/o catastróficas.
Zehera es una superviviente. Para encontrar la felicidad, después de muchos años, tiene que hacer frente a los hechos más infames que acarrean seres perversos y que, en ocasiones, son inimaginables.
El relato es, sobre todo en la primera parte, desgarrador, sorprendente, va más allá de lo que podamos imaginarnos a simple vista, nos muestra las veleidades que se le ocurren al torturador que crea ese circo, esa especie de ruleta rusa, pues él es amo y señor y da y quita la vida. Es la crueldad en su sentido más extenso, sin tapaduras, sin ornatos. Y este libro es la historia de una de esas víctimas de guerra, apaleada, violada, torturada, vejada, secuestrada, humillada, insultada y obligada a hacer tan extremas virguerías que se hace impensable que salga de la mente del hombre algo tan nefasto, tan desagradable, tan infame.
Zehera vive en Visegrado, con sus padres, su abuela Mirsa y su hermano pequeño, Dino. Su hermana Suhra se había casado y trasladado a vivir a Sarajevo con su marido e hijo recién nacido. Poco antes de que empiece la guerra, en primavera de 1992, Suhra llama a su hermana para que salga huyendo a cualquier país de Europa: Sarajevo está cercado por el ejército serbio y hay una guerra en ciernes. Zehera, sin embargo, desoye los consejos de su hermana y comienza a frecuentar el Café Andric junto a su novio, un serbio, Aleksandar.
En Visegrado comienzan también las noches bajo la metralla, los morteros y las bombas. Muchos edificios aparecen incendiados o en ruinas al día siguiente. Sasa Ludonovic regresa a Visegrado acompañado por los Águilas Blancas, sus fieles compañeros, todos vestidos con el uniforme chetnik, que les caracteriza como soldados serbios. Y se convierten en líderes de Visegrado y en opresores de una población que comienza a diezmarse motivada única y exclusivamente por las diferencias: diferencias de raza, de religión de pueblo... Se pierde el respeto.
Sasa aparece una noche en casa de Zehera y se la lleva consigo, al hotel Vilina Vlas, el centro de violaciones y torturas a la población bosnia de Visegrado. Se encapricha de Zehera, que destaca por su magnífica belleza, y la convierte en su favorita. La viola y tortura una y otra vez, sin pudor, sin vergüenza, dejándole la moral por los suelos en cada sesión. El día grande de los serbios la deja en su casa, pero le promete que volverá a por ella. Allí esconden a Aleksandar y la joven pareja consigue huir a través de las aguas rojas del río Drina, a bordo de la escuálida barca que utiliza Dino para recoger los cadáveres del río y, muchas veces, para salvar vidas e instar a huir a muchos de sus compatriotas. Zehera le pide que huya con ellos y la última imagen que su hermano le brinda es la mirada de un viejo de nueve años que quiere encontrar a sus padres, desaparecidos por los desafortunados avatares de una guerra.
Aleksandar y Zehera llegan al pueblo español de Villa de Alba, en la provincia de Salamanca. Allí se alojan en la casa de un primo serbio de Aleksandar, Zoran. Las diferencias entre Zehera y el primo de su novio son crecientes, sobre todo cuando ella descubre que espera un bebé. Todo se complica cuando los dos jóvenes empiezan a llegar ebrios la mayor parte de las noches y cuando Aleksandar pierde su trabajo. Zehera conoce a Teresa, la hija del panadero, y le ofrece un trabajo en la panadería, donde vivirá la primera época de calma y tranquilidad, sentimientos que se ven perturbados por las acciones de sus dos compañeros de casa. La niña que nace será siempre una niña silenciosa, a la que llamará Teresa Alina. Un día aparece el cadáver de una joven sobre el río Tormes y Teresa le da una dirección a su amiga para que huya, aunque no haya hecho nada. Los tres yugoslavos se marchan hasta Pazo do Riba, un pueblo de Orense, donde los dos hombres abandonan a Zehera en la organización donde encontrará a Julia, una mujer dispuesta a ayudar a los que necesiten su ayuda. Cuando después de varios meses de silencio postraumático, Zehera comienza a contar su historia a los psicólogos, Julia decide llevar a la madre y a la hija a su casa, donde vivirán en armonía durante años. La vida en familia de Julia es perfecta: su marido Daniel Castro es un prestigioso cirujano admirado en el pueblo, su hija Sara se va a Estados Unidos a aprender inglés durante unos años y Bruno es aún un niño tímido y callado. Allí Zehera encuentra el amor y el cariño que la vida siempre le había robado y que nunca había encontrado. Zehera y Julia se convierten en íntimas amigas. Pero algo empieza a ocurrir también entre Daniel y Zehera, que sin querer se enamoran. Una llamada desde Sarajevo los salva a tiempo: Suhra ha muerto. Zehera consigue hablar con sus familiares y le invitan a estrechar nuevamente los lazos con esos desconocidos a los que hace años que no ve. Julia se empeña en acompañarla. Pero lo que encuentran en la casa familiar de Visegrado es antinatural: Dino se ha convertido en una persona cruel, los padres son indiferentes. Cuando Julia vuelve a España, Zehera es recluida en el sótano y su familia recibe la pensión de la joven. A veces creen que deben deshacerse de ella matándola y su hermano incluso la amenaza con volarle la cabeza de un tiro.
Julia comienza a sentirse mal, pero su malestar físico queda relegado a un segundo plano cuando intenta obtener noticias de su amiga y no consigue contactar con ella. Sabe que algo malo le está pasando a Zehera. A Julia le detectan cáncer en el cerebro y le dan pocos días de vida. Daniel está presente en la operación, donde muere Julia. A su mujer le prometió que iría a buscar a Zehera y será su hijo, que está terminando Derecho, quien le acompaña.
Cuando llegan, con ayuda de terceras personas y de la policía, consiguen entrar en la casa de Zehera, donde encuentran a la mujer deshidratada. Los padres y el hermano son detenidos, pero no encuentran por ningún sitio a la pequeña Teresa Alina. Los policías consiguen sonsacar a Dino que se la entregó a los familiares de su supuesto padre, a un tal Zoran, que la entregó a la mafia de tráfico de órganos. En Italia pierden la pista de la pequeña, aunque todos saben que ha muerto.
Zehera tiene aún una última cosa que hacer antes de regresar a España: tiene que ir a Sarajevo a abrazar al hijo de su hermana Suhra, Ari, que le enseña las Rosas de Sarajevo y el lugar donde murieron sus padres.
De vuelta a España, con los hijos de Daniel Castro independizados, en Pazo do Riba se empieza a rumorear sobre la relación de un hombre y una mujer solos en la casa. Nadie ve con buenos ojos que la joven Zehera y el médico hayan comenzado algo, cuando sólo han pasado unos pocos meses de la muerte de Julia. Cuando los rumores llegan a oídos de Sara, ésta no lo acepta de ninguna manera y se separa para siempre se su padre y la amante de éste. En cambio, Bruno decide que no será un obstáculo que desvíe la felicidad de la pareja. Pero la estancia en el pueblo se hace insostenible, sobre todo cuando Zehera descubre su embarazo.
Daniel, tras mucho pensarlo, decide aceptar un puesto de trabajo que llevan años ofreciéndole en el más importante hospital de Buenos Aires. Deciden comenzar una nueva vida en Argentina, sin que nadie les señale con el dedo, buscando la felicidad que en tierras gallegas se les estaba negando.
Un día Zehera espera a Daniel en una cafetería junto al hospital y se pone a observar a las personas que frecuentan el local. Le llaman la atención una niña que inmediatamente le recuerda a su pequeña Teresa Alina y su padre, un hombre al que sólo ve de perfil. Siente un sofoco inexplicable. Cuando un rato después llegan a casa, descubren en las noticias el mismo Café donde acababan de estar y ven cómo Sasa Ludonovic, al que Zehera no había reconocido, era detenido.
Zehera y Daniel tuvieron una niña a la que llamaron Rosa. Y ahí comienza su felicidad.
Las Rosas de Sarajevo
Representan los lugares exactos en los que hubo varios muertos por el fuego serbio. Son innumerables y están repartidas por el suelo de todo Sarajevo. En las calles, en los caminos, en las sendas, en las travesías... Allí donde el fuego de los morteros serbios segó la vida de varias personas hay una rosa roja como ésta.
Un día, los artistas bosnios, apoyados por el resto de los ciudadanos, tuvieron la idea de rellenar con cera, pintura, silicona o cualquier material de color rojo los agujeros que habían dejado en el adoquinado las bombas, los disparos o los morteros. Desde entonces, estas manchas escarlata, estas rosas rojas, son el homenaje a todos aquellos que un día murieron a causa de la barbarie.