martes, septiembre 30, 2025

Cualquiera puede morir en junio

Los libros de Alan Parks siempre me recuerdan a vacaciones y a Italia, porque casi todos los he leído estando de vacaciones en Italia. Lo que no esperaba es que su último libro me iba a durar tan poco en las manos.
Harry McCoy y su compañero Wattie han sido trasladados a la comisaría de Possil. Harry sigue siendo un policía Estrella, pero allí el comisario Jung y Rossi no le ponen las cosas fáciles. En realidad Harry ha sido enviado allí a descubrir la corrupción que hay en esa comisaría. Su superior Murray le ha pedido que ni siquiera se lo cuente a Wattie.
En Possil comienzan a investigar una serie de asesinatos a mendigos de la edad de su padre. En un principio creen que son muertes naturales, pero Harry le pide a la forense que, si aparece otro mendigo muerto, compruebe si ha sido asesinado. McCoy tiene miedo porque su padre biológico vive en la calle y puede ser asesinado. Cuando Philis le confirma que han sido envenenados con metanol, Harry comienza a buscar a su padre.
Por otro lado Jung y Rossi le citan y le dan un sobre con con dinero. Le confiesan que trabajan para Andrews y que hacen trabajos sucios para él, o cometen pequeños delitos con los que se están enriqueciendo.
Cuando el padre de McCoy aparece asesinado con una nota de venganza, descubre que alguien que estaba muerto no lo está, y le está vigilando. Será Cooper quien le saque de los bares esta vez.

EL AUTOR:




Alan Parks nació en Escocia y estudió en la Universidad de Glasgow, ciudad donde vive. Ha trabajado durante veinte años en el mundo de la música. Enero sangriento, la primera novela de la serie policíaca protagonizada por el atormentado agente Harry McCoy, sumergió a los lectores en el corazón de Glasgow, una ciudad donde toda esperanza parece abocada a hundirse en las gélidas aguas del río Clyde. Le siguen Los hijos de febrero (Edgar Award 2020), Bobby March vivirá para siempreMuerte en abril (finalista del Premio McIlvanney 2021 y Mejor Libro de 2021 según The Times),  Un mayo funesto (ganadora del Premio McIlvanney 2022 y finalista del Premio Ian Fleming Steel Dagger, el galardón británico de literatura policíaca más prestigioso) y la más reciente, Cualquiera puede morir en junio.

EL LIBRO:

Título original: To Die in June
Autor: Alan Parks
Traductor: Juan Trejo
Editorial: Tusquets (1ª edición, en mayo de 2025)
Número de páginas: 430
ISBN: 9788411076289

Valoración: 9/10

RETOS:

Al atardecer

Hoy hemos estado en Capri, una isla preciosa pero muy cara. Con muchas tiendas caras. Con mucha gente. Hemos regresado cuando se ponía el sol…

lunes, septiembre 29, 2025

Pompeya

Hoy hemos conocido la antigua ciudad de Pompeya. Enterrada por la erupción del monte Vesubio en el año 79 a.C., se conserva mucho de la ciudad (casas, pinturas, mosaicos, hornos, mármoles de travertino). Con 66 hectáreas era una ciudad gigante de aproximadamente 20.000 habitantes que fueron sepultados por la lava.
Sólo se ve una pequeña parte. Las excavaciones siguen y se sigue desenterrando, pero la guía, Marianella, nos ha explicado que los restos se encuentran entre cenizas y se tarda mucho tiempo adaptarlos a las condiciones climáticas para poder exponerse a la gente.
Merece mucho la pena.

domingo, septiembre 28, 2025

Los limones de Sorrento


Sorrento está lleno de limoneros, es el paraíso del limón, y hay infinitas tiendas de perfumes, jabones, limoncello… Predomina el amarillo… 
Todavía no he probado el limoncello. Mi novio dice que es como aguardiente, y yo pensaba que es como una limonada. Lo que sí hemos probado es la delizia de limone, un postre que está riquísimo.

Vistas desde el hotel

Tenemos unas vistas magníficas desde el hotel de Sorrento.
Estamos en plena montaña y desde aquí se ve el golfo de Nápoles y el monte Vesubio.
Ayer, en el tren que cubre la línea circunvesubiana, fuimos rodeando todo el golfo hasta llegar aquí.
Se veían a lo lejos las luces de Nápoles y esta mañana, al abrir la ventana, nos hemos encontrado estas vistas.

sábado, septiembre 27, 2025

Rumbo a Nápoles

Después de dos meses larguísimos nos tocaba irnos de vacaciones. Esta vez mi novio y yo vamos al sur de Italia. Esta noche dormiremos en Sorrento, frente al mar, mirando hacia el Vesubio.

Viaje a Irlanda: los balcones del Museo de Cera


Nada más cruzar el puente O'Connell siempre nos llamaba la atención un edificio que tenía superhéroes en sus balcones. La Parca, el conde Drácula, Batman y Superman. Se trata del Museo de Cera de la ciudad. No llegamos a entrar, pero desde la calle ya impresiona, tanto el edificio en sí, por su elegancia, que contrasta con los cuatro personajes que saludan a los turistas.


Viaje a Dublín: paseo junto al río Liffey


Después de salir del EPIC Museum decidimos dar un paseo junto al Liffey, ya que hacía un día espléndido. Lo cierto es que daba gusto pasear por allí. 

Íbamos hacia la calle O'Connell, dejando a nuestra espalda el puerto de Dublín. Hay que tener en cuenta además que hace unos siglos los barcos entraban por aquí, sólo que ahora ya únicamente se ven barcos de vela o pequeñas tablas de surf. También se ven pescadores. 

The Linesman

En esta orilla había numerosas estatuas. Y como a mí siempre me han llamado la atención las estatuas de bronce realistas, allí estaba The Linesman, para corroborar que los barcos entraban hasta esta parte de la ciudad.

Estatua de Matt Talbot

También se encuentra la estatua de Matt Talbot, ésta de piedra, con una curiosa historia. Era un obrero y laico católico irlandés que, en su juventud, antes de su conversión, cayó en el alcoholismo. Por eso se le considera el patrón de los alcohólicos.


Para terminar ya, llegando a O'Connell Street vimos gaviotas, que nos acompañaron hasta el puente O'Connell. Y por allí seguiríamos caminando, despidiéndonos de la ciudad.

viernes, septiembre 26, 2025

Viaje a Irlanda: Parnell Street


Parnell Street es una calle situada al norte de O'Connell Street, donde se encuentra el Teatro Ambassador y el Teatro Gate. Daba gusto pasear por allí porque está llena de edificios georgianos.


Una de las cosas de las que no he hablado es sobre las matrículas de los coches irlandeses, lo que demuestra hasta qué punto son supersticiosos. Una matrícula irlandesa comienza por los dos últimos dígitos del año que fue matriculado (por ejemplo, 2008 sería 08), lo siguiente es la letra del condado (Dublín sería una D) y finalmente el número de serie. Por tanto, un vehículo matriculado en Dublín en 2008 tendría una matrícula 08-D-12345. 

Vehículo de Dublín matriculado en 2012 y conductor novel

Entonces llegó el año 2013 y como no querían poner un trece en el vehículo, pusieron el trece y un uno y un dos dependiendo si el vehículo ha sido matriculado en el primer semestre del año. Por tanto, un vehículo matriculado en julio de 2013 en Dublín tendría una matrícula tal que 132-D-12345. A partir de ahí la primera parte de la matrícula en 2013 y en los años siguientes se mantuvo con año y semestre.


Viaje a Irlanda: comer y beber en Irlanda


Sin duda alguna, una de las mejores experiencias irlandesas es comer en un pub irlandés, que no sólo sirven bebida sino también comida. Además te puedes recrear con la decoración y con la música en vivo. 

Aquí cenamos la primera noche en Dublín

El tema es que para cenar en un pub si no tienes reserva es complicado, y luego el resto de restaurantes cierran muy pronto. Muchas veces a las diez de la noche no encontrabas un sitio donde echar un bocado. El fin de semana es diferente, porque el horario se amplía. 

En Irlanda es habitual el estofado de cordero o ternera (Irish Stew), los guisos de salchichas de cerdo (Coddle), los Fish & Chips y el puré de patatas (Colcannon).

Cobb Salad, Peppercorn Chicken, Irish Lamb Stew, Brannigan's Dublín

La primera noche, como era viernes, podíamos cenar en cualquier pub cerca del hotel. Y así fue. Entramos en una taberna irlandesa donde cenamos una típica comida irlandesa. Como no sabíamos muy bien qué pedir, nos decantamos por una ensalada Cobb, estofado de cordero y pollo a la pimienta. Es cierto que los estofados en general no tienen muy buena pinta, parecen platos de sopa con muchos ingredientes, pero hay que decir que están ricos. También flotan en el propio estofado trozos de puré de patata. Cenamos muy bien, lo que ocurre que era mucha comida para cenar, pero estaba todo muy rico.

The Beer Temple

Al día siguiente, tras visitar el Trinity College, como había muchos restaurantes irlandeses en los alrededores entramos en The Beer Temple, un fantástico nombre para una cervecería en cualquier lugar del mundo.

Comida ligera en The Beer Temple

Como la noche anterior fue pesada, esta vez elegimos platos ligeros, como una ensalada que estaba riquísima, Chicken Wings y croquetas, también de pollo.


Por la tarde nos dedicamos a pasear por Bachelors Walk y nos sentamos en una heladería a tomar unos helados, mientras observábamos a la gente cruzar el puente Ha'penny.

Cajun Salmon Salad y pizza, en el Flannagans

Frente al hotel teníamos otro pub que se llamaba Flannagans, un sitio con sofás tapizados en rojo y con mucha decoración. Un italiano nos habló en español nada más entrar. Allí pedimos una pizza para compartir y una ensalada cajún, otro tipo de plato muy típico de Irlanda.

Fish and Chips en el Flannagans (el puré verde no estaba muy bueno)

Otro día que regresamos al Flannagans comimos unos Fish and Chips y unos Chicken Tenders y a mi novio se le antojó una copa de helado, que sólo la presentación merece la pena. Y estaba buena también.

Ice Cream Sundae, en Flannagans

También tengo que reconocer que algunas noches nos íbamos a un restaurante chino que tenía self-service y donde parecía que había trabajadores, solitarios y tardíos como nosotros. Cenabas barato y había una bebida sin alcohol, que ni era zumo ni era nada, sabía a colorante, ¡para qué nos vamos a engañar! Otro día también nos tocó cenar en una hamburguesería irlandesa que cerraba más tarde (hasta sitios como el Burger King y MacDonalds cerraban para las diez de la noche).

Bocadillo cajún en St Patrick's Park

Y uno de las cosas más ricas que he comido allí, quizás porque el decorado era magnífico, fue un bocata cajún en el parque de St Patrick's Cathedral. Parecía que era el único chiringuito que había en el parque, con cuatro mesas y con un tiempo que acompañaba.

Bagel en Seven Wonders

Cuando salimos del EPIC Museum teníamos hambre y entramos en un restaurante de comida rápida que se llamaba Seven Wonders (los nombres de los restaurantes son muy rimbombantes). Aquí sólo tenían bagels, y eso comimos. Aquí el chico que nos atendió era español y no tenía más que ganas de regresar a España.

Fish and Chips y pasta en el aeropuerto

Finalmente, como nos tocó comer en el aeropuerto de Dublín, mi novio pilló unos Fish and Chips y yo unos macarrones (tenía mono de pasta). Estaba todo riquísimo.

Desayuno en el hotel

Alguna comida me dejo por el camino. Por supuesto, el desayuno de los hoteles sigue enamorándonos. Y cenábamos lo que cenamos todos los fines de semana, sólo que añadimos frutas, yogur y algún bollo dulce.


Ni que decir tiene que la bebida por excelencia fue la cerveza Guinness, cerveza negra y que sabía riquísima, pero con una pinta ya es suficiente.

En cuanto al café, creo que ya lo conté, pero si pides un capucchino te sirven una taza de desayuno inmensa y lo cobran también. Así que uno de los guías nos recomendó pedir siempre expresso y, como en la mayoría de cafeterías y restaurantes hay leche gratis, servirte después. Que allí les sale la leche por las orejas y la regalan. Hemos visto cómo un mendigo entraba en una cafetería y se rellenaba de leche una botella.

Viaje a Irlanda: Eason Bookshop


Sin duda alguna, la librería más grande de Dublín es Eason, que tiene varias sucursales repartidas por toda la ciudad. Allí no sólo se venden libros, sino que además también venden recuerdos de Irlanda. 


En O'Connell había una, y se veía desde lejos porque sobre su puerta tenía un cubo gigante con un reloj. Como las cervecerías, estas librerías también son reconocibles por sus decorados verde botella con letras doradas. 


Cuando regresábamos de Merrion Square y de ver el Oscar Wilde Memorial nos encontramos con otra librería Eason y ahí sí que entramos. Después de ver cuáles son los libros que más venden en Dublín, fuimos a la zona de gifts irlandeses. 


Por cierto, son librerías con pasillos muy amplios y techos elevados, lo que da la sensación de amplitud, de que te puedes perder y puede que no sepas el camino de vuelta. Algo maravilloso en una librería.

Viaje a Irlanda: la fragata Jeanie Johnston



Frente al EPIC Museum y al centro comercial CHQ se ubica el Jeanie Johnston, amarrado en el río Liffey. Es una réplica de la fragata de la década de 1840 que recrea las pobres condiciones que tuvieron que soportar miles de irlandeses para viajar al Nuevo Mundo.

Viaje a Irlanda: CHQ Dublín



Salimos del EPIC Museum a una galería que parecía una antigua estación de tren. En realidad es un centro comercial de estilo industrial con gran cantidad de restaurantes y tiendas. En el pasado fue un antiguo almacén de té.



Viaje a Irlanda: El EPIC


El EPIC o Museo de la Emigración (The Irish Emigration Museum) es un edificio situado en el CHQ Building, un almacén de té, licores y tabaco de 1820. Veinte galerías interactivas dan vida a la historia de la diáspora de 10 millones de irlandeses, que muestra por qué se fueron y dónde terminaron. También hay un moderno centro de genealogía para aquellos que investigan sus raíces irlandesas (sí, porque a mí no me encontraron mis raíces).


Al entrar te entregan un pasaporte que se va sellando en las diferentes salas. De Irlanda han emigrado a otros países en tres grandes oleadas, la última en los años 2008-2009. Y es interesante, porque Irlanda es un país de donde más gente emigra buscando nuevas oportunidades en el exterior, preferiblemente en Estados Unidos. 

En la entrada hay una baliza luminosa, que está encendida desde 2016 como señal por los 70 millones en todo el mundo que dicen tener ascendencia irlandesa. Siguiendo una tradición de la que se sienten muy orgullosos y que inició la primera mujer presidente de Irlanda, Mary Robinson. 


Durante miles de años Irlanda ha sido moldeada por la migración; oleadas de emigrantes, una tras otra, han llegado y se han marchado, pero la migración irlandesa no es una larga historia de dificultades y sufrimiento, más bien es una historia única sobre cómo las gentes de una isla tuvieron un impacto en el mundo y sobre cómo la migración ha dado forma a lo que significa ser irlandés. 

En el centro de la primera galería hay una instalación que representa a Irlanda, su paisaje y su entorno. Irlanda es una isla abierta que atrae a las personas hacia ella y las incentiva también a marcharse.


En la segunda galería se muestran algunos de los medios de transporte utilizados por millones de migrantes durante los últimos 1500 años. Cada embarcación ha sido cuidadosamente elaborada por una artista irlandesa. Entre los siglos VI y VII los monjes irlandeses emprendían viajes por mar en embarcaciones abiertas de madera. En el siglo XVII algunos emigrantes partieron en buques de guerra hacia Normandía, mientras otros embarcaron en el primer buque de pasajeros, que tardó cinco meses en llegar a Boston. En el siglo XVIII buques llenos de convictos pasaron unos extenuantes cinco meses en el mar camino de Australia. El viajar se convirtió en algo más fácil en el siglo XIX, cuando los barcos transatlánticos de vapor podían llegar a Liverpool en tan sólo dos días y a Buenos Aires en un mes. Aunque muchos emigrantes irlandeses que huían del hambre sufrieron condiciones de hacinamiento e insalubridad en los infames barcos ataúdes, viejos barcos de madera anticuados que ofrecían los pasajes más baratos. Ya en el siglo XX grandes transatlánticos llegaban a Nueva York en tan sólo ocho días y en la actualidad los aviones Jumbo llegan a Francia en tan sólo dos horas, mientras que Nueva York está a tan sólo siete horas de vuelo.

Independientemente del transporte, todos los viajeros comparten las distintas emociones que rodean a un viaje: alegría ante la posibilidad de una nueva vida, tristeza por tener que marcharse, miedo a lo desconocido.


El área de control fronterizo no es sólo la entrada a un nuevo país, es la puerta de entrada a una nueva vida. Y para los emigrantes irlandeses que llegan a tierra extranjera, se representan todas las posibilidades e incertidumbres: ¿construirán una nueva vida en este emocionante país?, después de todo, ¿les dejarán pasar?


No siempre las personas que abandonaban Irlanda lo hacían para mejorar sus vidas; a menudo, lo hacían para mejorar las vidas de otros. Para los misioneros, sacerdotes y pastores, se trataba de una llamada a extender su fe, ya fuese católica o protestante. Para los maestros, se trataba del deseo de educar a aquellos menos afortunados en otros países, o para las enfermeras y médicos, prestar asistencia médica a los necesitados. Ayudar a los demás ha sido y sigue siendo uno de los motivos fijos por los que migraban los irlandeses.


La historia irlandesa es, a menudo, una historia sobre la tierra. Es una de las principales razones por la que las personas se marchaban de Irlanda, bien porque no podían vivir de la tierra, eran expulsados de ella o bien porque querían adquirir tierras en el extranjero. Entre 1852 y 1910, la sorprendente cantidad de cinco millones de personas se fueron de Irlanda.

La imagen de los irlandeses luchadores es una imagen romántica, la leyenda del valiente, obstinado y fiero guerrero irlandés, incluso aparece en las obras de Shakespeare.


Si bien solemos pensar en las leyes como un medio para proteger a la población, algunas leyes a lo largo de la historia de Irlanda, no obstante, fueron opresivas y alentaron a las personas a marcharse o, incluso, las forzaron. A finales del siglo XVII, los irlandeses, concretamente la mayoría católica y posteriormente los presbiterianos, fueron objeto de discriminación en base a una estricta legislación penal impuesta por los gobernantes ingleses. Los católicos no tenían permitido votar, practicar una profesión u ocupar cargos públicos o incluso asistir a la escuela. A la mayoría de católicos y presbiterianos propietarios de tierras les confiscaron las mismas, lo que les llevó a huir al extranjero. Aquellos que se quedaron vivieron como ciudadanos de segunda clase en su propio país. En virtud de distintas leyes e iniciativas gubernamentales, miles de irlandeses fueron transportados a otros países, algunos eran niñas huérfanas, consideradas una carga para el Estado. Más de 4000 niñas huérfanas fueron enviadas a Australia, donde a menudo sufrieron malos tratos. Otros grupos fueron enviados a colonias penales en el extranjero, como ocurrió con Cornelius Brian, un rebelde derrotado. Entre 1611 y 1870, más de 50.000 personas fueron trasladadas. Algunas personas se marcharon debido a una persecución social.


Irlanda, aunque es un país pequeño, ha tenido una influencia notable en la cultura mundial; como se suele decir: "Irlanda compite en ligas superiores a la suya". Es impresionante la cantidad de irlandeses y aquellos con descendencia irlandesa que han destacado en una amplia variedad de campos: estrellas del deporte, actores, políticos, diplomáticos, científicos, músicos, bailarines, escritores e innovadores en alimentación y bebida. Entre esos variados ejemplos de irlandeses o ascendentes de irlandeses, se encuentran el explorador Ernest Shackleton, el jinete Tony MacCoy, el actor Peter O'Toole, al presidente americano John F. Kennedy, el presidente francés Charles de Gaulle, la actriz Grace Kelly o el cantante Shane MacGowan. Estas personas y sus logros unen a los irlandeses, reforzando su sentido de la identidad, pero también les conectan a otras culturas por todo el mundo.


El deporte americano por excelencia, el béisbol, tuvo una era esmeralda en la que muchos de sus jugadores estrella fueron irlandeses o de ascendencia irlandesa. La historia del boxeo está relacionada con la diáspora irlandesa. La mexicana lucha libre, lucha enmascarada, tiene raíces irlandesas. El amor y el talento para el deporte se considera algo irlandés por excelencia, habiendo los atletas irlandeses influido en el deporte en todo el mundo. Pero el deporte no ha sido sólo una cuestión de fama y éxito: ha ayudado a los emigrantes irlandeses a hacer amistades y a integrarse en sus nuevos países.


Los deportes gaélicos son los deportes más populares en Irlanda. Incluyen el fútbol gaélico, que es un cruce entre fútbol y rugby; el hurling, un deporte que se asemeja al hockey sobre hierba; el camogie, la versión femenina del hurling; el balonmano y el rounders, que es similar al sóftbol. En Irlanda los deportes gaélicos se celebran y juegan por todo el país, culminando en una serie de finales anuales de verano. Los deportes gaélicos no se detienen ahí. Siglos de inmigrantes irlandeses han llevado sus deportes nacionales a rincones remotos del planeta. Para los irlandeses en el extranjero, los deportes gaélicos proporcionan un vínculo importante con la tradición y el hogar; también ayudan a los inmigrantes a relacionarse entre ellos, facilitando la transición a la vida en un país nuevo.


Detrás de mentes irlandesas se encuentran inventos y descubrimientos importantes para la Historia. Desde la más diminuta cadena de ADN hasta la más inmensa galaxia, las mujeres y los hombres irlandeses han contribuido en los descubrimientos claves de la ciencia, la medicina y la tecnología. La inventiva y la curiosidad forman parte de la identidad irlandesa.


Irlanda y la imagen de los irlandeses en todo el mundo se ha creado tanto a partir de los pecadores como de los santos. Entre los más infames están el destacado asesino y delincuente del siglo XIX Ned Kelly; Mary Mallone, la primera persona en los Estados Unidos identificada como portadora de la fiebre tifoidea; y Anne Bonnie, que se convirtió en una pirata del Caribe de la vida real.


La exportación cultural más influyente de Irlanda es la música. La música ha unido a las comunidades irlandesas en el extranjero y ha ayudado a compartir la cultura irlandesa por todo el mundo. También ha dado forma a muchos otros estilos musicales, especialmente en los Estados Unidos. Allí, el violín irlandés se combinó con la música existente para formar la música apalache, la raíz del blue grass y del country western de hoy en día. 


Como en muchas culturas, los irlandeses, allá donde estén, se reúnen en torno a la comida y la bebida, especialmente en el pub. No importa dónde viva, probablemente se ha encontrado con un pub irlandés; están por todo el mundo, una especie de embajada irlandesa no oficial que ofrece a los no irlandeses una muestra del país y, para los que sí son irlandeses, les ofrece un recuerdo afectuoso de su hogar. O'Neills es el nombre de pub más común, utilizado en 3000 pubs irlandeses en todo el mundo.


Arte, moda, sombrerería, mobiliario, artículos para el hogar y cultura popular. Los irlandeses han tenido un gran impacto en el arte y el diseño, influyendo no sólo a otros artistas, sino también a la cultura popular. El espíritu creativo es parte orgullosa de la identidad irlandesa.


Irlanda ha sido cuna de algunos de los mejores narradores a nivel mundial. Una generación influye sobre la siguiente. Desde el antiguo Seanchaí, que difundió historias sobre aventuras y magia y los Philly, poetas que preservaban la historia de su clan, hasta los maestros modernos, como James Joyce y Samuel Beckett, cuyas narraciones cambiaron el mundo de la literatura. A los irlandeses les encantan las historias y su patrimonio narrativo ha influido en escritores, actores, cómicos, locutores, poetas, guionistas y directores de cine, algunos nacidos en Irlanda y otros, fuera. Muchos de ellos han supuesto un gran impacto en la cultura global.


La palabra escrita puede susurrar o puede gritar. En la biblioteca susurrante hay dos libros interactivos gigantes. A menudo, la palabra escrita se puede volver más poderosa, incluso en las representaciones.


A los irlandeses les gusta la buena fiesta. Y no importa lo lejos que vayan, que seguro que celebrarán su identidad, origen y su patria. Se celebran desfiles de San Patricio por todo el mundo vistiéndose todos de verde. El Milwaukee Irish Festival en los Estados Unidos dura una semana en la que se da cabida a 250 actuaciones en diecisiete escenarios; es la celebración más grande de la cultura irlandesa en el mundo.


En la última sala del EPIC, la galería de conexiones explora cómo el progreso y la tecnología han cambiado la naturaleza de la emigración. Aunque nos conectemos de diferentes maneras, la conexión emocional, el amor, el anhelo, la culpabilidad, la comunidad siguen siendo una constante.

La visita al EPIC dura aproximadamente hora y media y es muy recomendable esta visita. Salimos enamorados de la cultura irlandesa.