miércoles, marzo 31, 2010

Casi 300 entradas

Casi 300 entradas durante el mes de marzo (que constituye la mitad de entradas de mis primeros años de blog) junto a un total de 32 cartas escritas de mi puño y letra avalan lo que una sola persona puede llegar a hacernos sentir desde el primer momento en que nos ha tocado el alma. Porque 3/4 de todo lo que he escrito en este mes, que me da la sensación de que ha pasado una vida entera, está relacionado, de un modo u otro, con esa persona que hace que todos mis sentidos hormigueen con tan sólo pensar en él y que produce una explosión de sentimientos de todo tipo cuando está cerca. Tiene que ser amor. Creía que había olvidado lo que era eso, pero sé que no, porque llevo un tiempo sintiéndolo, y ahora estoy segura. No quiero encontrarme con él porque sé que se va a dar cuenta con sólo mirarme a los ojos. Pero quiero encontrarme con él porque cuando él está delante... no hay nadie más, el mundo no existe como tal, sólo existe él. Él y su magnetismo.

Vísperas de fiesta

No recordaba cuánto tiempo ha que no me ponía tan nerviosa por algo relacionado con él. Al salir de SD, y queriendo evitar una de las calles más concurridas, he tirado calle arriba para salir a una plazoleta por donde intento no pasar, pero las circunstancias especiales me han llevado hasta allí. Cuando rodeaba la plaza sentía que mi corazón latía a mil por hora: "que no esté, que no esté". Es que si me lo encuentro me da algo, aparte de que hubiera parecido algo que no es, puesto que he salido por allí sin pensarlo y cuando lo he pensado era tarde.
Cuando venía a casa, me arrepentía de haber pasado por allí. Al menos no me he encontrado con nadie, pero ¿si hubiera ocurrido lo contrario? Creo que hubiera sido preferible pasar por la calle M. y aguantar la marea de gente y coches por todos los lados, o bajar hasta el semáforo, con la misma historia.
Y, entre todo, durante todo el trayecto a casa venía pensando en él, en lo mucho que me gustaría contarle cosas, en decirle que le escribiré una postal (yo estoy segura de que lo haré, otra cosa diferente será si la echo al buzón).

Aparte, debería irme a tomar café para que me digan a qué hora salimos mañana (seguro que me darán las once en casa). Creo que iré en el coche de J., porque tiene un FM plateado. Así estaré con la memoria perdida durante todo el viaje.
Aún no he hecho la maleta.

El olor de los churros

Me he asomado a la ventana a ver si había dejado de llover y olía a churros. Entonces he caído en la ubicación exacta de los churreros. Ese olor es tan dulce que se convierte en empalagoso.
Y como ha dejado de llover considero oportuno irme a casa, aunque sólo sea por hacer la maleta...

Hoy he escrito en color amarillo, por la fuerza que da. Quizás necesito un poco de esa fuerza.

Una palabra en ninguna parte

Era importante: si me voy no puedo llevarle mi Moleskine porque ocupa mucho, ni folios de colores, así que he bajado para comprarme una libreta lo suficientemente diminuta para llenarla en cuatro días y lo bastante grande como para que no se acabe en la primera jornada. Así que al caer el día, cuando las olas se tornen oscuras, seguiré con mi rutina de escribirle cada día un poco, de describirle mis vivencias, de contarle nuevas anécdotas...


Vaya fin de semana aguado que nos espera.

A ver si tenemos la tarde en paz

Sólo ha habido cinco minutos esta tarde en que tenía a una persona en el teléfono fijo, ha sonado el timbre de la puerta y me he encontrado escuchando ora el móvil de Urgencias ora el personal, a los que no podía atender.
Después de eso nada más, tarde tranquila, el silencio que precede a las vacaciones.

Conversación de correos electrónicos:
(Yo): -¿Qué plan hay para el viaje?
(M.): -Pues hacer turismo, disfrutar, descansar... y pasarlo bien. No sé más...
(Yo): -No me refiero a eso, sino a las cuestiones técnicas y demás: Cómo vamos a ir y cosas así. Y, bueno, yo nunca hago turismo, me considero más viajera que turista...

Aunque pequeña, hay una sutil diferencia entre una cosa y otra. Por ejemplo, considero más importante quedarme con los recuerdos de la gente, de los lugares, con el olor de las flores de azahar en la ciudad de Córdoba, o con el italiano que me abordó junto al Tíber porque quería enseñarme la ciudad de Roma; prefiero recordar a aquella señora vestida de negro, muy anciana, que se asomaba en una ventana en San Vicente de la Barquera (aprovechando que nos vamos a tierras cántabras) y que seguramente ya habrá dejado este mundo, o la conversación con los guardas jurados que me pidieron el pasaporte en los Kaufhof (grandes almacenes desperdigados por toda Alemania, que vendrían a ser algo parecido al Corte Inglés de aquí) de Konstanz, y me vacilaban mientras subía al último piso en las escaleras mecánicas (se mofaban porque habían conseguido sacarme los colores); prefiero recordar la brisa del Atlántico en Matosinhos, una playa donde apenas había gente pese a que aún estábamos en los últimos estertores del verano de 2007, o el traqueteo de aquel tranvía lisboeta que nos llevaba a Belem sin haber pagado un duro; o el rostro enojado de un cura que velaba la tumba del Papa anterior porque yo no me había inclinado (aunque no sé si era por no hacer la correspondiente genuflexión o porque había entrado en el Vaticano en tirantes, algo que está absolutamente prohibido); me gusta recordar el sabor de las cervezas belgas en cualquier plaza del centro de una ciudad (incluso lo que pensaba cuando estaba allí, con quién me gustaría compartir aquello); saltarme las reglas a veces o permitir que alguien te cuente una leyenda de Bécquer junto a aquel pozo toledano... Eso, entre otros miles de recuerdos, no se recoge en las innumerables fotografías que hacen los turistas, creyendo que recogen todo en sus lustrosas y modernas cámaras.

Hay una diferencia sustancial entre un viajero y un turista.

Tras hablar con mis amigas y ver su entusiasmo, comprendo que no me voy a echar para atrás, que quiero contagiarme de su mismo entusiasmo, aunque me pregunto por qué carezco de él.

Ideas decorativas

Mis ojos nunca habían contemplado ese tipo de decoración. Son una especie de lágrimas de cristal de diferentes tamaños, con las que se realiza la forma que tú quieras. Tenía que verlo y me he encontrado con dos árboles azules en medio de la pared blanca. El resultado es genial, aunque aquí no se aprecie bien, ya que desde esta perspectiva tan cercana parece que toda la pared estuviera recubierta de mosaico, pero no es así.

Lo que no ha de decirse

Hay ciertos temas que a veces parece que te abren una finísima grieta en tu interior. Es cierto que evito, en la medida en que puedo, hablar de él, aunque no siempre lo consigo. Todo lo que tengo que decirle se lo describo cada noche y cada noche no soy yo quien escribe, sino que mis manos se rigen por lo que dice el corazón. Todo lo que me gustaría decirle y jamás le diré lo saco cada noche. A medida que veo que el montón crece, me suelo preguntar qué haré con todo eso, dónde lo meteré.
Evito hablar de él porque, mientras pasan los días en silencio, me queda esa espinita que crea un cerco alrededor, cada vez que digo algo de él, por ejemplo cuando insinúo lo mucho que le echo de menos, siento que la espina se remueve y comienza a gotear. No escuece tanto al escribir sino más bien es al releer a posteriori. Esto, en parte, es contradictorio a cualquier sentimiento respecto a él, ya que cuando pienso en esa persona lo que ocurre en realidad es que siento un amor tan profundo como indescriptible, y de vez en cuando doloroso.

Indecisión

Hoy he recibido correos de mis amigas preguntándome si he preparado la maleta. Teniendo en cuenta que yo la preparo en una hora, es obvio que la respuesta es que no he empezado. Sigo sin tener ganas, pero no sé por qué me da la sensación de que terminaré marchándome, de que no voy a decir que no porque la fuerza de caminar por la fina arena de una playa mientras escucho el rugido del mar es superior a lo que me impulsa a quedarme. Si tuviera la certeza de que voy a ver a esa persona en estos días, la fuerza me empujaría a decantarme por quedarme aquí, pero carezco de esa certeza.
El mar produce tranquilidad. El día que han elegido para ir a las cuevas, yo pasearé por la playa y descubriré esos rincones que tienen todas las ciudades que, en principio, están ocultos a la vista, pero que cuando los encuentras te sorprenden. Son lugares con magia, lugares extraños, lugares bohemios... esos lugares que no vienen en ninguna guía de viaje.
Me veo indecisa aún. Lo que me extraña es verme con esta indecisión en una cosa así. Es que... no soy una persona indecisa, y menos cuando se trata de viajar.

Entre huevos de Pascua

Hoy ha salido un día precioso. Lo peor es llegar y aparcar, porque si antes lo hacía en cuestión de dos minutos, ahora tengo que darme alguna vuelta si no tengo la suerte de encontrar un lugar libre junto a la oficina. ¿Por qué no les dejarán a los de las barracas una explanada a las afueras?
Hoy es el último día antes de Semana Santa. Anoche, cuando pasaba junto a la pastelería, me acordé de los Huevos de Pascua. Aquí no se estila mucho esa tradición, pero creo recordar que en algún país se estila regalar esos huevos decorados para desear algo, para conmemorar el final del invierno y el principio de primavera, cuando las aves comienzan a poner huevos... Pues pensé en regalar un Huevo de Pascua con el mensaje que conlleva oculto.

Me he levantado y he pensado en él. He sentido esa extraña calma.

Dulces sueños

Hace unas horas deseaba que llegara este momento en el que me encuentro para decir que por fin ha acabado el día. Me siento algo mejor, en el sentido de que he estado con gente, y el trato con tantas personas dispares me hace olvidar momentáneamente otras cosas.
Al volver, cargada de papeles, mi mirada se ha dirigido hacia un edificio. Las persianas estaban bajadas. "¿Estará ahí?".
Me gustaría desearle "Dulces sueños". Podría escribírselo, pero sé que no lo voy a hacer. Si tuviera que decírselo me gustaría susurrárselo al oído. Y si no puede ser de esta forma, prefiero que no sea de ninguna manera. Así que tendré que darle rienda suelta a la imaginación mientras me tapo con el edredón hasta arriba, porque hoy no sólo me siento cansada sino que tengo un sueño incontenible.

martes, marzo 30, 2010

El pequeño rey

En mi casa a Yoguito se le mima muchísimo. Yo le llevo de paseo y le hago caminar; mi padre le monta en el coche y el perrito se pone de pie en el salpicadero observando todo lo que le rodea, mi madre le lleva al jardín varias veces al día, se me aúpa en las piernas cuando quiere que le siente sobre mi regazo, en mi habitación el suelo está lleno de juguetes de colores que trae cada vez, salta y se echa sobre la gata para fastidiarla... Al menos ahora se ha tumbado dispuesto a dormir (cruzaré los dedos, porque en cuanto me vea levantarme va a querer jugar).
Es un pequeño rey.

Stars

Cuando volvía a casa, el cielo estaba plagado de estrellas. Había una extraña claridad añil en el horizonte que perfilaba la silueta del cerro. Una panorámica impresionante. Iba con la mente en blanco, o al menos lo intentaba. De repente, a la derecha ha aparecido la estrella polar, la estrella más brillante, he agachado la cabeza y me he encontrado ante un millón de estrellas que punteaban el cielo de pecas titilantes. Entonces he pensado en él. No sé por qué las estrellas me lo traen siempre a la memoria, quizás porque le conocí de noche, quizás porque inconscientemente me fijé aquel día en el firmamento, quizás por aquella otra noche en que le dije... Pero es matemático: siempre que el cielo nocturno está despejado y se ven las estrellas me acuerdo de él. Quizás es por el aura estelar que rodea su imagen. Me gustaría tanto encontrarme con esa luz...

Como dirían los Simply Red, "quiero caerme desde las estrellas directamente en sus brazos".

Simply Red: Stars

Extrañeza

Me da la sensación de que estoy alicaída. No estoy segura porque apenas lo he sentido en todo el día, pero de repente no tengo ganas de irme de viaje, sino que prefiero otro tipo de tranquilidad: la que me brinda la soledad, buscar esa intimidad allá donde nadie pueda encontrarme; de repente no tengo ganas de hacer nada más que llegar a casa para descansar y olvidar todo y a todos. Supongo que es una época de esas en que me cuesta un mundo realizar las cosas con la energía de siempre, me siento desganada y con ganas de llorar. No creo que se deba a él, esta vez no, sino a todo lo que me rodea, como si necesitara escapar, marcharme lejos, distanciarme de todo lo que conozco para respirar aire nuevo, para estar en contacto con otras personas. Siento que hoy muero un poco a cada minuto que pasa.
Aún no les he dicho a mis amigos que no iré con ellos este fin de semana, aunque he dejado caer alguna indirecta. Hablando con mi hermano pequeño, para "te llamo para tocarte las pelotas" (me ha dicho), me ha comentado que me piense lo del viaje y que no dé la respuesta hasta mañana. Quizás tenga razón porque, desde luego, que hoy no es uno de esos días en que tenga ganas de reír. Tengo ganas de que acabe. Si quiero reír tengo un truco, alguien que a veces es como un amuleto, otras veces aparece su imagen en mi mente como si se tratara de un ángel. Sí, si quiero estar un poco más contenta sólo tengo que pensar en él, pero entonces me pregunto dónde estará, por qué no sé nada de él y por qué los planetas no se han alineado para que nos veamos de vez en cuando. Y esto último también me entristece.
Sería tan fácil como poder llorar en su hombro, que me estrechara entre sus brazos y dejarme llevar por la tranquilidad que contagia esa persona.

Cara o cruz

Me sorprende no haberme pronunciado en todo el día, pero hoy ha sido una de esas jornadas completas en que te dedicas por entero a lo que tienes delante. Aprovechando que esta tarde tengo reunión, me he dedicado a estudiármela.
Hoy no tengo muchas ganas de nada, quizás eso influye en que no haya escrito nada. También estoy replanteándome el viaje, en el que es posible que dé una respuesta contraria esta tarde. Tengo varias razones para decir que no voy y, de momento, estoy indecisa.

Argos, el centinela perfecto

Imagen relacionada
Hacía varios días que se rumoreaba por todo el Olimpo que el dios Zeus tenía una nueva amante y, según contaban las malas lenguas, parecía que esta vez se había encaprichado de la joven Ío, una de las sacerdotisas de la diosa Hera. Cuando Hera se enteró de que su marido la engañaba de nuevo, y encima con una de sus sacerdotisas, llamó al gigante Argos y le pidió que vigilara de cerca a la enamorada de Zeus.
Argos era el mejor guardián que había en todo el Olimpo. Su cabeza de cien ojos le permitía controlar todo lo que pasaba a su alrededor y, como además, nunca dormían sus cien ojos a la vez, pues cincuenta dormían cuando cincuenta vigilaban, nada se escapaba a su mirada. De este modo, Argos controló durante una semana entera, de día y de noche, a la sacerdotisa de Hera.
Zeus esperaba un error del gigante para acercarse a su amada, pero cuando comprobó que le sería imposible acercarse a ella sin ser descubierto, acudió al dios Hermes y le rogó que matara a Argos. Hermes, que siempre obedecía las órdenes de Zeus, llegó hasta el gigante y, ayudado por una varita mágica, le durmió los cien ojos y lo decapitó.
Al descubrir Hera que su fiel guardián había sido asesinado y que la joven Ío estaba libre de nuevo, arrancó con sumo cuidado los ojos del gigante y los bordó sobre la cola de un pavo real. Ése fue el modo que encontró la diosa de que todos supieran el crimen que habían ordenado su esposo, pues desde ese día, todo el que mirara la cola del pavo real vería grabados en él los ojos de Argos.

Donde el viento me lleve

Esta tarde no hacía tanto frío, pero ahora da miedo escuchar la fuerza del viento pasado por agua que golpea incesantemente la ventana. Mañana echaré de menos no despertar con los rayos de sol: dejar la persiana levantada esta noche es impensable.
Se me ocurren muchos remedios, pero sobre todo imagino que en una noche como ésta daría un mundo por acurrucarme en sus brazos para no sentir frío nunca.
Es un pensamiento de tal belleza que me lo llevo conmigo al mundo de los sueños.

Reflexiones sobre lo fugaz que es todo

Ahora que me he quedado tranquila, puedo dedicarme plenamente a él, escribir en color naranja lo que me ronda por la cabeza y no he podido sacar unas horas antes, porque había algo que tenía pendiente de acabar.
La verdad es que me apetece explayarme hoy. Necesito sacar mucho. Hay, sobre todo, algo ajeno que me deprime. Hace que me pregunte algo así como: "¿Qué harías si los médicos te dijeran que tienes una enfermedad irreversible, sin cura ni tratamientos?". En otras palabras, qué hacer si los médicos te dijeran con otras palabras que te van a dejar morir porque no saben cómo arreglarte. No es algo que me toque directamente, pero es algo que le han dicho a alguien de mi entorno. Es para pensar de repente en lo corta que es la vida, en la fugacidad de nuestro caminar en este mundo.

lunes, marzo 29, 2010

Con ejercicios prácticos

Llevo dos días enteros con ejercicios prácticos contables. Ya podía haber terminado con ello, pero me he empeñado en hacerlos por mi cuenta, comprenderlos, reescribirlos... Me quedan diez (de 50) por resolver y tengo ganas de terminar. Terminar para quitármelos de encima. Lo sorprendente es que si en la teoría no me enteraba muy bien, en la práctica me gusta lo que aprendo...

Inventando un nuevo idioma

Hay un anuncio en la televisión que dice algo de inventar un idioma. Cuando lo he escuchado (porque ni siquiera lo he visto, sino que estaba como trasfondo de otra cosa en la que me mantenía concentrada) he imaginado que me inventaba palabras en clave, nuevas formas de decir las cosas y sólo lo compartiría con él. Por ejemplo, utilizaría el tiempo para decir "hace sol" y su significado real sería "te quiero mucho", o diría que "está lloviendo" pero querría decir: "qué guapo estás hoy".
Un idioma en clave con el que sólo nos entendiéramos los dos...

Sin imágenes

Al abrir la página principal del blog me encuentro que no hay imágenes, he entrado en otros blogs y ocurre lo mismo y, de hecho, lo he mirado desde otro navegador, desde donde se ve igual, lo que me hace intuir que es un problema del blog a nivel general. Ya se arreglará.
De hecho, no me deja siquiera subir imágenes.

Hoy volveré pronto

"Hoy volveré pronto", le he dicho a mi madre cuando me marchaba. Y sí, me voy ya, porque en casa me urge estar para hacer algo que aún tengo pendiente. Además, apetece marchar un día a las siete, al menos me dará tiempo a desconectar y a pensar en él.
Las siete es buena hora para marchar, así que, ahora que llega el buen tiempo, intentaré salir pronto para poder disfrutar de lo que resta de tarde.

El mar que vendrá

Si no me echo atrás en el viaje es porque ansío ver el mar, mojar los dedos de mis pies con las olas que llegan a la orilla, sentir la arena cálida en sendos paseos por la playa... Y me agobia lo de: vamos a ver cuevas, vamos de fiesta a tope, vamos... (sólo faltaría que dijeran que vayamos a procesiones). Quiero tranquilidad, no venir más agotada que lo que voy. Llevaré mi libreta de viajes para sentarme en la playa y dibujar el mar, escribir lo que me apetezca... y para eso necesito tranquilidad, soledad quizás. No quiero desprenderme del grupo, pero sé que necesitaré mis momentos íntimos, mis instantes de ensueño, quiero observar el mar, que me da la misma tranquilidad que... Con quien verdaderamente me gustaría ir es con cierta persona, para fundirnos con el mar...

Tras las vallas

Esta mañana ya había visto que los locales estaban poniendo metros de cinta y vallas para que no se aparque. Al salir me he encontrado con una magnífica valla delante del coche, así que he ido donde estaba el policía y le he preguntado si podía apartar la valla. Como estaba al teléfono, iba arrastrándola, ocasionando un ruido impresionante. El local ha esperado a que terminara para decirme que si no la podía haber cogido para evitar ese estridente ruido. Y le he respondido: "Haberme ayudado tú". "Sí, si me lo hubieras pedido, te hubiera cogido la valla yo...". Así ha quedado la cosa. Le he saludado al marchar.
Y luego he visto otro coche. Al menos esa persona no tendrá que lidiar con las vallas ni con los locales. He sentido que me tranquilizaba, que algo dentro se me ensanchaba. Tan cerca...

Al salir de casa

Al salir de mi pueblo, me he encontrado con dos amigos que también iban a trabajar. Coincidimos de vez en cuando al ir a trabajar, también al volver. Yo iba pensando en el día tan agradable que hace, entre otras cosas. Pensaba en la razón por la que anoche me fui algo malhumorada a dormir. Aunque se me pasó en cuestión de segundos.
Esta semana pasa pronto. La verdad es que tengo pocas ganas de irme el jueves a Suances, aunque esa idea terminará desapareciendo a medida que va acercándose el día de partida.
Tampoco me han enviado aún el coste del viaje a Japón. Hoy es un día de éstos en que hay mucho que hacer, aunque no urja.
En medio de todo... está él. Si me quedara habría bastantes posibilidades de encontrármelo de fiesta. A veces me da la sensación de que es alguien más ideal que real (será porque hace mucho que no le veo). A veces me da la sensación de que quiero a una persona que no pertenece a este mundo, como si fuera etéreo, como si fuera un ángel, inalcanzable, perfecto. Me muero por saber de él, por verle, por mirarle a los ojos, por cogerle de la mano... Me gustaría pasear con él, explicarle todo lo bueno que me aporta, hacerle partícipe de mis pensamientos...

Un domingo para recordar

Haciendo un recorrido a lo largo del día, me da la sensación de que ha sido un domingo para recordar, quizás por las vivencias, quizás porque lo verde me ha hecho sentir en paz conmigo misma, porque ha depurado las impurezas que podía albergar mi alma. Por supuesto, allí le he sentido muy cercano, como si estuviera a mi lado y pudiera compartir con él todo aquello, como si formara parte de mí, aunque en realidad no ocurra ni una cosa ni la otra.
Yo creo que se lo podría describir, pero ya no sería lo mismo. Me entristece pensar que eso que acabo de escribir no ocurrirá. Si sigo pensándolo me voy a ir alicaída a dormir y no quiero que eso ocurra.
Supongo que, a medida que pasan los días sin saber nada de él, empiezo a sentirle como alguien etéreo, alguien cuya imagen podría difuminarse de un momento a otro... En el fondo y, aunque lo intente evitar, es mi corazón quien sufre.
Pero estoy casi segura de que, en cuanto me entre la somnolencia, le recordaré en toda su dulzura y conseguiré dormir de un tirón.

Poco más de medianoche

Esta noche se me hará algo más larga. Hace un rato estaba pensando en que el próximo domingo es ya abril, que se acerca vertiginosamente el aniversario de mi nacimiento (por llamarlo de alguna forma) y que aún no tengo muy claro cómo vamos a ir a Cantabria ni nada. Tenía que haber ido al café esta tarde, pero con 50 ejercicios prácticos de contabilidad pesaba más la obligación... Es curioso, pero incluso me ha llegado a gustar, ¿será porque lo entiendo todo?
Es el primer día que no escribo antes de cenar, sólo porque estaba centrada en otras cosas. Hoy será en verde, quizás por el paseo de esta mañana. Realmente ya he escrito esta mañana, cuando estaba allí, así que hoy lo haré por duplicado, porque ahora me está apeteciendo realmente escribir.

domingo, marzo 28, 2010

Lo que resalta


Entre todas las cosas que nos rodean siempre hay algo que nos llama la atención, por la razón que sea. Puedes estar en medio de una explanada, antesala de un espléndido bosque, rodeada de encinas y robles, con cascotes de ramas y bellotas en el suelo y, de repente, una flor resalta entre el verdín y las ramas. Una débil florecilla de color violáceo.
En lo que me rodea, día a día, hay alguien que resalta siempre, que me da una fuerza inesperada, le vea o no, que atrae mi atención de una manera inusitada. Él tiene esa luz que a veces sirve de guía en la oscuridad.

En contacto con la natura


La verdad es que Yoguito se ha tumbado nada más llegar a casa. No está acostumbrado a caminar tanto. Siempre que esté en mi mano y el tiempo acompañe, le haré caminar, porque necesita un poco de campo de vez en cuando. No es lo mismo corretear diariamente por el jardín, que es un espacio limitado y con muy poco tiempo, que correr en un espacio abierto y sin límites (exceptuando la carretera, de donde intento mantenerle alejado), durante una mañana de domingo en que el tiempo parece no correr a tu lado.
Es sorprendente las cosas que se descubren cuando vas caminando. Es una carretera por donde pasamos varias veces a la semana, casi siempre en coche, pero no observas lo que tienes alrededor hasta que no decides ir un día de paseo, cuando la vida camina más lentamente, y descubres, por ejemplo, que se ha llevado a cabo una reforestación, porque hay innumerables protecciones cilíndricas que protegen arbolitos que aún están por desarrollarse.
Escuchas los sonidos de la naturaleza: pájaros e insectos en su mayor parte, orquestando una melodía extraordinaria. De repente, te llegan las voces amortiguadas por las copas de los árboles de los de Protección Civil, con los que has coincidido nada más llegar. Se trata de disfrutar en soledad de la naturaleza. Y, cuando te vas, una parte de ti quiere quedarse allí, saboreando todas las fragancias de la primavera.
Y eso que aún se ven los colores ocres y marrones del otoño, en los árboles y zarzas sobre todo, porque aún no han empezado a verdear. Es el 1º de mayo cuando todo está más florido y ese mismo bosque se convierte en éxtasis para los sentidos.
He estado escribiendo, mientras Yoguito se enredaba entre las ramas bajas de algún árbol añejo. Estoy pensando en que apenas disfruto de esta naturaleza que tenemos al lado de casa. ¡Cuántos quisieran tener algo así tan cerca! Allí aprendí a conducir, daba mis clases prácticas de coche, cuando me sacaba el carnet (siempre iba yo sola con el coche, no necesitaba que me acompañara nadie, anda que si me pillan...); allí he ido con mis amigas a leer, a tomar el sol, a fumar a escondidas, a echar litros, a pasear a los sobrinos de algunas, a coger moras en los albores de septiembre... Pero, sobre todo, a disfrutar de esa naturaleza tan magnífica.

El campo

A menos de un kilómetro de mi casa hay bosque. Parece ser que hoy que no tiene intención de llover y además brilla un sol muy tenue. Me apetece llevar al perrito de paseo al campo, que le hace falta campo. Y a mí me apetece, incluso tengo muchas ganas de dar ese paseo.

Lo del cambio de hora descoloca un poco. Cuando me he despertado he pensado en que era aún muy pronto, hasta que me han recordado que anoche se cambió la hora.

Sí, me voy un rato a contagiarme de naturaleza.

Un sentimiento indescriptible, indefinible, inexplicable

Ahora comprendo por qué cuando siento que le quiero mogollón, siento por extensión que quiero a todo el mundo. Supongo que siempre lo he sabido, pero nunca había reflexionado sobre ello: he abierto mi corazón y no hay una fisura ni una grieta, sino que es el reflejo del alma limpia, pura, el alma que ama. Mi corazón nunca ha brillado con tanta intensidad, nunca ha latido con tanto frenesí, nunca ha estado tan colorado... que temo que pueda llegar a resultar herido.
¿Será posible que le quiera tanto...? Me cuesta delimitar la línea en que empecé a sentir algo que tiene más fuerza que yo, que se me escapa de las manos para dirigirse a él, que me lleva a soñar algo tan hermoso y tal cantidad de cosas inimaginables, que convierte mi vida en un sendero de rosas y espinas, que me lleva a pensar en él más tiempo del que quisiera...
Y pensando en él, ya va siendo hora de encaminarse al mundo de los sueños, otra dimensión donde él también aparece como una constante.

sábado, marzo 27, 2010

La estela de los aviones

Cuando venía a casa, aparte de fijarme en el sinnúmero de estrellas que había, he observado dos estelas de aviones que se cruzaban formando una X justo encima del campanario de mi pueblo. Me ha hecho gracia. ¿Justamente se tenían que cruzar encima de mi pueblo? Me tranquiliza saber que los aviones tienen rutas muy sincronizadas y que un choque sería algo bastante excepcional.
Hoy necesito tranquilidad. Teniendo en cuenta que el fin de semana que viene va a ser terrible en cuanto a fiesta se refiere, prefiero quedarme en casa. Aunque me muero por verle... Se puede soportar (de momento).
Las estelas de los aviones ya se han difuminado.

A casa con el deber cumplido

Poco me he equivocado cuando en el Studio 54 les he dicho a mis amigas que igual tenía que estar hasta las diez. No son aún las diez pero, entre que recojo, voy al coche y llego a casa me darán las diez. No sé si saldré esta noche, me apetece pasar una noche tranquila, quizás viendo una película (siempre lo digo pero en el momento de la verdad siempre se me hace tarde y considero inoportuno poner la televisión cuando en una habitación cercana puede haber alguien durmiendo).
Además, me apetece escribir, aunque lo haré después de cenar, creo que hoy toca el color rojo.
Lo que es cierto es que me voy con la satisfacción del deber cumplido, algo que no pude hacer durante la semana debido a la profusión de llamadas y visitas que no me dieron tiempo más que a atenderles en primera persona, dejando de lado otras cosas como la de hoy.
¿Que es sábado? Sí, pero yo disfruto haciendo lo que he venido a hacer. Tranquila, sin gente, concentrada al 100%... A veces pensando en él. Y me voy pensando en él...

En la misma ciudad

En estos momentos nos encontramos en la misma ciudad (si es que a esto se le puede denominar 'ciudad'). Sería cuestión de minutos coger el coche, acercarme hasta la otra punta y comprobar si está y, de paso, entrar a saludarle.
Sé que no lo voy a hacer, más que nada porque no quiero ir hasta allí, aunque me muera de ganas por verle, pero es que además estoy aquí para levantar trabajo que durante la semana no he podido hacer y que quiero que esté listo antes de que comience la próxima semana.
Sonrío al pensar que él está tan cerca.

Me descubro soñándote

"Me descubro, sin ti, mirándote.

Es un acto inconsciente, una comunión de anhelo y calma, una danza detenida...

Y las palabras brotan sutiles, [y simplemente hablamos y callamos].

He soñado contigo. He soñado con el crepitar del fuego, la cama deshecha, la mar brava, la noche despierta.

He soñado contigo y no precisaba otro sentido que soñar.
He soñado contigo y he sanado mi deseo con la mirada que viste tu piel".

Hoy es uno de esos días en que me encuentro romántica, que tengo tiempo para pensar en él, un sábado en que le añoro, que me cuesta mucho esfuerzo no decirle nada. Es uno de esos días en que le imagino en mil situaciones distintas, con millones de personas variopintas. Hoy es uno de esos días en que me gustaría susurrarle al oído, entrecruzar mis dedos con los suyos, caminar sin rumbo, mirarle directamente a los ojos para saber lo que quiere decirme haciendo partícipe al silencio de esas palabras no pronunciadas. Hoy es uno de esos días en que tengo una terrible necesidad de él...

Despertar en sábado

Me he despertado a las nueve, pero no me encontraba bien y aún sigo en pijama, leyendo, imaginando cómo tiene que ser despertarse un sábado por la mañana a su lado, observando cómo sube y baja su pecho al respirar y velando sus sueños.
Fuera se oye silbar al viento, aunque un sol primaveral ha iluminado el día. Tengo intención de ir a la oficina a hacer unas cosillas, si no es por la mañana, será por la tarde. Ahora es cuando noto que hay un coche menos.
Voy a volver a la cama a pensar en él, aunque me entre el sueño.

Una mirada, un mundo

A veces me gustaría ver a través de esos ojos. Unos ojos que proyectan una mirada tan penetrante que me da la sensación de que ven más allá de las personas, más allá de la piel. Unos ojos sinceros, cargados de bondad, tranquilizadores.
Me gustaría mirar a través de sus ojos, no para descubrir lo que ve en mí (o en otras personas), sino para acercarme a sus pensamientos.

viernes, marzo 26, 2010

Tratado sobre las estrellas

Cuando por las noches alzo los ojos al cielo y me encuentro con esa oscuridad cargada de estrellas me siento muy diminuta, pero siento también que formo parte de esa inmensidad, que sólo soy una pequeña pieza de un puzzle gigantesco.
En las noches de verano me quedo extasiada mirando hacia el firmamento, me gusta observar las estrellas e intentar reconocerlas.
Intento buscar a Andrómeda, galaxia cercana a la Vía Láctea, que siempre cuesta mucho esfuerzo encontrar. Es complicado dar con ella, aunque haya un deseo terrible por encontrarla. Eso me recuerda a él: las pocas veces que le veo, la inexistencia de coincidencias para que nos encontremos de manera fortuita, con ese anhelo ferviente por cruzarme con él en cualquier lugar. Y disfrutando del momento en que eso ocurre.
Más allá, muy cerca se encuentra la constelación de Casiopea, que es más sencilla de encontrar, en forma de W, que siempre, desde la primera vez que me la enseñaron, me ha aportado tranquilidad, como esa persona. Siento que esa constelación me reconforta, me abraza con su brillo….
También a veces soy capaz de encontrar partes de la constelación de Orión, que me recuerdan lo mucho que le quiero, a pesar de no saber nada de él, que me recuerdan que cada día le quiero más que el anterior.
Pero hay una estrella única, que no necesita la oscuridad para regalar su brillo y su luz. Se trata de él, porque cuando aparece se oscurece todo lo que está alrededor y camina con luz propia. Con su única presencia todo lo demás carece de importancia. Él tiene su propia luz, su propio magnetismo, su propio brillo, su magia…

¿Para qué quiero estrellas en el cielo si conozco una estrella aquí abajo?

¿Cómo lo vamos a hacer?

10 personas, 1 único cuarto de baño, 1 apartamento a 30 metros de la playa, 8 camas... Vamos a tener que hacer turnos para entrar en el baño y llevar al menos dos sacos de dormir y dos colchonetas hinchables...
Vamos a parecernos a los chicos de Gran Hermano. Al menos se ha tratado del tema de la comida: yo igual peco de sibarita, pero prefiero comer fuera, aunque algunos se empeñan en llevar comida desde aquí. Les hemos puesto una condición: "si se cocina y se friega no habrá diferencia de género, todos haríamos de todo". Que nos conocemos...

De tormenta

En el horizonte se ha puesto oscuro. Buena tarde hemos escogido para ir a la ermita, aunque no importa, porque estaremos dentro. Con el sol que hacía cuando he regresado a casa... Al menos hoy no me echaré una siesta de veinte horas. Prefiero estar en la ermita que en casa, aunque en casa me concentre en él y me sienta desbordada de sentimientos. Claro que como le llevo conmigo allá donde vaya, aunque no tenga tantas horas que dedicarle, seguiré sonriendo igualmente. Siempre hay algo que me lo trae a la mente, esté donde esté.

En el coche San Fernando

En la radio sonaba la de A San Fernando, un ratito a pie y otro caminando y me he encontrado cantando. Mi mente ha volado a él, a que le cantaría al oído esa estrofa que dice: "Llévame a ese cine, al de las sábanas blancas. O córtame el pelo, o vamos a robar naranjas. En cuanto amanezca, nos subimos a la parra a hacer el amor sobre el lucero del alba". Y no me importaría cantársela a él, aunque luego se mofara porque canto fatal. Mi mente ha seguido volando. De repente me encontraba en una explanada de césped, los dos tumbados, mi cabeza sobre su pecho, mirando al cielo, susurrándole en bajito otra estrofa de esa canción: "Súbeme al monte de las siete verdades o bésame, o bésame como tú sabes, como tan sólo tú sabes. Como tan sólo, tan sólo tú sabes".
Manolo García tiene magníficas letras. Me hacen soñar. Con él.

Al comenzar la tarde

Yo iba decidida a un inmueble donde había un instalador poniendo algo. Iba a pedirle algo, aparte de que también iba memorizando una lista de preguntas que hacerle, y todas las preguntas tenían relación con una tercera persona.
Pero el instalador no estaba cuando he ido yo, así que me he quedado sin lo que iba a pedirle y sin respuestas sobre lo que quería preguntarle.
Quizás mejor así. La coincidencia ha querido que no estuviera. Realmente no soy yo la que habla con él cuando tenemos que hablar con él. Para no mezclar... Casi lo prefiero.

Es mi hora chanante, esto quiere decir que aún estoy aquí, pero es como si estuviera ya lejos. Viernes por la tarde, un café abajo y a disfrutar de las horas de ociosidad que me brinda el fin de semana, aunque mañana tenga que venir por la mañana a hacer una cosilla.

Un viernes de locura

Los viernes son criminales. No puedes hacer mucho, porque tienes que atender a la gente. A mí no me importa escuchar a la gente, aunque a veces tenga que cortar la conversación, porque siempre hay quien te cuenta las penas y ese tiempo yo lo necesito. Lo que no soporto es que me griten por teléfono. Según el día, me quedo callada o me pongo a la defensiva o me cabreo, aunque siempre sin levantar la voz. Es sorprendente cómo soy capaz de contenerme con la gente, aunque a veces el simple hecho de contenerme, a pesar de que a la otra persona me gustaría decirle unas cuantas cosas, hace que me sienta mal. No debería permitir que nada me afectara, pero es cierto que a veces los problemas de la gente los convierto en algo mío, y me llegan muy adentro.
He comprobado que lo mejor es dejar que la otra persona se desahogue y quedarme en silencio. Llega un momento en que se dan cuenta de que te has callado y preguntan: "¿Sigues ahí?". Es increíble la de personas que necesitan simplemente que les escuche alguien, que necesitan desahogarse... Yo les dejo hablar. A veces una se entera de pequeños problemas domésticos que no vienen al caso, pero la gente los cuenta, a modo de desahogo, simplemente para que al final les des algunas palabras de ánimo.
He comprobado que, cuando alguien te grita, termina pidiendo disculpas siempre y varias veces. Así que ya no me altero por nada.

Pero es cierto que necesito descansar, que entre ayer y hoy no he vivido nada más que para el trabajo. Así que me merezco una tarde libre con mi amiga Y., que para lo poco que viene... Esta tarde seguro que tocará café en la ermita.

La estrella

A mi padre le ha llegado hoy un paquete que he osado abrir. El repartidor lo ha traído aquí cuando pone la dirección de mi casa, pero se lo pasaré por alto (si me lo hubiera entregado a mí le hubiera dicho algo, pero afortunadamente para él no se lo he cogido yo). Y me he encontrado con la historia de las estrellas de Mercedes.
Cuando volví de Alemania la segunda vez, les tuve a todos delante de la televisión (que yo previamente había grabado) viendo el Museo Mercedes-Benz, que hay en Stuttgart, donde también hay una calle (Mercedesstraße) y una parada del metro. En Munich, junto al Estadio Olympia, está el Museo BMW (aunque éste no lo vi).
Me ha gustado el estuche con todas las estrellas.

Acunada en sus brazos

Me he tumbado tan sólo unos minutos sobre la cama y casi me quedo dormida. De repente, me encontraba cubriéndole de besos desde la cabeza a los pies, sin dejar un hueco libre, aprendiéndome de memoria todos los pliegues de su piel, dibujando estrellas sobre ella, susurrándole palabras que no se pueden escribir. Y he sentido su abrazo cálido, apacible, tranquilizador, y mientras me acunaba en sus brazos de aire sentía la somnolencia que precede al sueño.
Es un buen momento para irse a dormir, acunada en sus brazos o no, pero queriéndole más que la última vez.

Un cordel para que nada se escape

Me parece extraño que lleve escribiendo, a modo de rutina, tan sólo 25 días. Me da la sensación de haberlo estado haciendo toda la vida, respecto al tema que me lleva cada noche a susurrar su nombre a las estrellas, a imaginarle en cada momento, a preguntarme qué estará haciendo ahora o después... Me da la sensación de llevar escribiéndole toda una vida, y son sólo un montón de días, que han acumulado un montón de colores, y que acabo de atar con un cordel dorado, lo que no significa que mañana no vaya a escribir. Al añadir el sobre de hoy, he comprendido que ya era un montón significante como para atarlo todo. Sólo por comodidad. Mañana seguiré escribiendo en el silencio de la noche las notas de una canción jamás escrita.