
Tengo ganas de salir de fiesta, aunque tengo más ganas de encontrarme con él. Me pregunto si le veré hoy. Antes me funcionaban las corazonadas, pero ahora éstas se entremezclan con el deseo de verle y no puedo distinguirlas de ese anhelo por encontrarme con él. Y es algo que dejo al azar, porque no hay un guión preparado de antemano. Es decir, algunas de las veces que he ido a verle siempre pienso antes qué decirle, aunque no funciona, ya que cuando estoy delante de él se me olvida todo y, al final, siempre tengo que improvisar. Lo casual está impregnado de esa naturalidad que conlleva lo inesperado.
Es hora de ir a prepararse. Al final, le vea o no, lo que está claro es que yo le llevo conmigo, vaya donde vaya, haga lo que haga, y no es que le lleve en la mente, es que le llevo en el corazón.
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