sábado, marzo 20, 2010

Barcelona negra


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Este libro es real en cuanto trata varios de los casos policiales acaecidos en los últimos cuarenta años en Barcelona, algunos resueltos, otros no aclarados. Sólo y a veces muchos de los inspectores son disfrazados por un personaje ficticio. Ha sido interesante conocer ciertos crímenes y atentados acontecidos en Barcelona, y todo el trabajo que la policía lleva a cabo para poder dar carpetazo con final feliz, aunque sea éste efímero.

La vida en una frase

A veces, la vida de una persona se puede resumir en una frase: “Aquélla sí que era una hembra”.
Gedeón Peñaranda tiene sus días contados, pues el cáncer se ha extendido por su cuerpo y ahora sólo le queda esperar al final. Con su pupilo Javier, rememora sus primeros años en la ciudad condal como un policía bravo.
Gedeón forjó su respeto en la Comisaría de Hospital de Barcelona, pero nunca forjó muchas amistades. Siempre conocido en el Barrio Chino (ahora convertido en Barrio de Raval) por prostitutas, pequeños delincuentes, era considerado uno de los mejores policías. Así que le asignaron para formar parte de una brigada especial junto a otros inspectores de policía. Esa brigada, conocida popularmente entre sus compañeros como la “Brigada de la Teta”, se encargaba de limpiar las calles de la ciudad condal de los grupos de hampa internacionales que habían entrado a través de la prostitución, pero que además controlaban la droga, los robos de coches y otros turbios asuntos, pero las mafias, al tener el control de todo esto, también controlaban el dinero que entraba y salía de Cataluña. Así que la Brigada de la Teta se encargo de “limpiar” las calles de Barcelona que mafiosos y capos, de prostitutas y traficantes, la mayoría extranjeros y desarticular todas las bandas mafiosas en el más estricto silencio, aguantando las burlas de sus compañeros. En una de las redadas, Gedeón conoció a Daysi, la prostituta de piernas largas y grandes ojos de azabache, quiso sacarla de la calle y por dos veces más volvió a coincidir con ella. Su vida pasaba y había perdido el contacto con Daysi, por la que suspiraba, la protagonista de que su vida se pudiera resumir en una sola frase.
Antes del final, cuando el joven policía Javier viene a visitarle y recorren juntos las calles del Barrio de Raval, Gedeón siempre dice esa frase en alto, sin percatarse de que muy cerca de él hay una mujer entrada en años que le observa con sus grandes ojos azabache.

Gedeón es un personaje ficticio, así como su historia de amor. Lo demás (la “Brigada de la Teta”, las persecuciones a los mafiosos internacionales afincados en Barcelona y sus posteriores detenciones, etc.) es real.

El pájaro está en la jaula

Es lo que tiene la profesión de policía. Conoces a las personas malas en sus peores momentos, cuando han llegado al extremo de su maldad. Pero en esos peores momentos, en esos episodios trágicos y abominables, en esas situaciones extremas, también es cuando las personas buenas muestran su mejor aspecto, demuestran que no se limitan a ser buenas, sino que son grandes personas. Como Enrique Castro. Gran persona”.

Enrique Castro, alias Quini, futbolista del Barça y pichichi de la Liga de ese momento, fue secuestrado el 1 de marzo de 1981 y su captura duró 24 días. Los tres secuestradores, Fernando, Víctor y Eduardo, eran unos jóvenes sin experiencia. Esperaban a Quini un día para llevarlo al zulo de un piso de Zaragoza. Fernando, durante todas las noches, llamaba a María Nieves, la mujer del futbolista, pidiéndole dinero. Nunca se preocupaban del tiempo, aunque el rastreo de llamadas les llevaba hasta cabinas cercanas a Barcelona. Cuando prepararon el dinero del rescate, la esposa de Quini les facilitó la tarea de abrir una cuesta en Suiza donde despositar los cien millones de pesetas. En Suiza, fue sencillo que la policía española, en colaboración con sus colegas suizos, detuvieran a Fernando, que sólo había sacado tres millones de la cuenta que le habían abierto. Y Fernando cantó la dirección del piso donde retenían a Quini porque no quería enfrentarse a la mujer del futbolista. Fernando se arrepentía del secuestro.
La policía llegó a Barcelona en una apoteosis de pancartas que celebraban la liberación. Sin embargo, Fernando quiso perdonar a sus secuestradores, que pasaron diez años entre rejas.

Hipercor: Crónica de una masacre

El 19 de junio de 1987 se produjo en Barcelona el mayor atentado perpetrado por la banda terrorista ETA: el atentado de Hipercor. Durante los meses previos, se había ido constituyendo el Comando Barcelona de la banda, y preparándose para realizar la gran masacre. A priori, la banda, formada por la navarra Josefa Ernaga, el gallego Domingo Troitiño y el castellano Rafael Caride Simón (sorprende que ninguno sea nacido en el País Vasco), ya había puesto otras bombas en empresas catalanas de origen francés, pues su objetivo inmediato era desarticular los fondos galos empleados en industrias españolas.
En el atentado, por el que buscaban causar terror en la población civil, mueren 21 personas. Habían colocado un coche bomba en el aparcamiento del supermercado con 30 kilos de amonal, al que habían añadido gases inflamables (de ahí la bola de fuego que se creó al explotar).
La persecución duró casi tres meses. Mientras Rafael Caride es enviado por la dirección de ETA a Francia para refugiarse, Josefa y Domingo vuelven a Barcelona. El primer indicio que lleva a la policía hasta ellos, es la aparición de un coche abandonado y averiado que uno de los terroristas había alquilado; después es la llamada de una señora de Castelldefels, que dice que tiene unos vecinos muy raros. Es la pista buena, la que les lleva a su detención justo cuando estaban preparando otro atentado. El único que tardaron más en apresar fue Rafael Caride, que se mantuvo escondido en Francia y la policía le detuvo en 2000.

Gafas grandes para matar

El 20 de mayo de 1998, el mosso d’Esquadra Javier Guerra es asesinado de un tiro en plena Ciutat Vella, en la ciudad de Barcelona. El hombre iba vestido de paisano, junto a un compañero, persiguiendo a un atracador que no dudó ni un segundo en sacar una pistola y pegarle un tiro.
Todo había comenzado en una entidad bancaria, donde dos hombres entraron a atracar la caja. Como ésta, por medidas de seguridad, tardara casi un cuarto de hora, Dino Marcelo Martínez se pone nervioso y comienza a encañonar a empleados y clientes del banco. Tras coger todo el dinero que había suelto en caja, comienzan la huida a través de las calles de Ciutat Vella, perseguidos por dos mossos d’Esquadra que se encontraban en el banco en el momento del atraco. Cuando uno de ellos les intenta detener, Dino Marcelo no duda en pegarle un tiro. Es el momento en que los dos hombres se separan y Dino entra en un bar, donde encañona a todo el mundo. Los policías le esperan fuera y el asesino no tiene más remedio que deponer su arma y permitir que le arresten. En el interrogatorio, le preguntan el nombre del cómplice, que decide mantener oculto, pero lo que les confiesa es que él es el autor de otros crímenes que aún están abiertos en los archivos policiales. Al preguntar a testigos de esos otros crímenes, éstos coinciden en que el asesino llevaba unas enormes gafas graduadas, tal y como las que lleva Dino Marcelo. El colgante de oro con el nombre de Emilio les da el indicio del que puede ser el verdadero cómplice: un amigo que Dino había hecho en prisión y con el que había mantenido algo más que la amistad. Emilio Girón Sisa es detenido poco después.

Clic

Antonio Lainez es un periodista de El Exprés de Barcelona. Acaba de ser degradado de posición en el periódico por haber puesto a un alto directivo de una empresa, relacionado con el Gobierno, entre la espada y la pared. Si antes trabajaba en la sección Nacional, acaban de pasarle a la sección de Sucesos, sección en la que nadie quiere estar. El día antes de entrar a trabajar en esa nueva sección, Toni va en su coche cuando un cilindro metálico le aprisiona la sien. Un hombre le secuestra en su propio coche y se lo lleva por las calles de Barcelona hasta el prostíbulo Heidi. El secuestrador ha disparado por dos veces la pistola en la nuca del periodista, pero ésta sólo ha hecho “clic”, signo de que se ha encasquillado. Está claro que no es el día en que Toni ha de morir.
Mientras, la policía sigue el rastro de dos pistoleros que han atracado el supermercado Día de una de las calles del centro: Manuel Pedro Medina Velázquez, alias el Americano, y Manuel Sorra Morales, alias el Matagatos. El Matagatos es reducido con facilidad, no así el Americano, que termina escondido en un burdel regentado por su hermana, la Sole, y gracias a que la policía conoce este parentesco es como dan con el Heidi, donde atrapan al Americano y sacan con vida de allí a Toni, que ya no es la misma persona que varias horas antes.

Los especialistas del puzzle

Un búho agarrando una bandera catalana con sus patas y una espada partida es el distintivo de este grupo tan especial. ‘Sacrificio, técnica y constancia’, su lema. Con su trabajo sigiloso han sido durante decenios los vigilantes de los delitos que más golpean a la opinión pública: los asesinatos. Con su tarea han logrado completar en la mayoría de ocasiones ese dramático puzzle cuyo premio es conocer quién está detrás de la violencia y de la muerte”.

El Departamento de Homicidios de la Policía es un lugar donde no se descansa nunca. Siempre hay asesinatos que resolver, criminales que buscar, todas las piezas se enlazan a modo de puzzle hasta encontrar un resultado: positivo, en caso de que haya una prueba básica; incompleto en caso de que existan muchas pruebas pequeñas que, en conjunto, forman una base sólida, pero que muchos jueces desestiman, dejando al criminal en libertad.

Cuando se resuelve un caso el ambiente del grupo huele a relax, un estado placentero que desgraciadamente es tan efímero como la llegada de una nueva llamada. Pero son minutos que podrían untarse en una tostada. Son densos, son consistencia, con el valor añadido de sentirse satisfechos por haber realizado un buen trabajo. En cambio, en el listado de casos anuales, además de los más mediáticos, se producen investigaciones laboriosas, ejercicios de alta escuela policial que, en ocasiones, no logran el reconocimiento buscado, no porque no se hayan hecho las cosas bien, sino porque algún elemento ha impedido que el culpable dé con sus huesos en prisión”.

El asesino del Putxet

Juan José Pérez Rangel sigue encerrado en la prisión catalana Quatre Camins, por el asesinato de dos mujeres en enero de 2003. Juan José, más conocido como el asesino del Putxet o el asesino del parking, es un joven que en todo momento ha creído en su inocencia. Crea sus propias teorías para decir que él no ha matado a nadie, pero la policía encuentra pruebas suficientes para encerrarle durante 52 años.
María Ángeles había dejado su coche en la plaza 15 del aparcamiento cuando se encaminaba hasta la salida. Allí, en un hueco cercano al ascensor, le esperaba Juan José con un cuchillo y con un martillo de encofrador. El cuerpo sin vida de María Ángeles es encontrado por sus hijos varias horas después, tapado con una bolsa de basura. Cuando hacen la autopsia, comprueban que ha muerto por las contusiones creadas por el martillo cuando alguien la golpea en la cabeza, no por las cuchilladas que ha recibido por todo el cuerpo.
Once días después, Mayte ha dejado su coche en la plaza número 15 de un piso inferior del mismo garaje. Casi todos los días le acompaña su marido, porque ella teme que le ocurra lo que le ocurrió a la otra mujer, pero ese día Ruperto no ha podido acompañarla. Juan José la espera en un hueco cercano al ascensor, cuando Mayte repara en aquel hombre ya es demasiado tarde. Esta vez el asesino no ha llevado el cuchillo, con el martillo de encofrador le basta para acabar con la vida de Mayte, robarle la cartera y taparla con una bolsa de basura.
Tanto en uno como en otro, la cara de Juan José es grabada por las cámaras del cajero automático, así como de la estación de tren cercana. Tras la muerte de María Ángeles, había cogido el teléfono móvil de la mujer y comienza a torturar a su marido. Le exige que le prepare dinero para aportarle documentación respecto al asesinato de María Ángeles y finalmente le da un lugar: el Bare Nostrum, que el asesino describe perfectamente. La policía apuesta hombres frente al bar, porque intuyen que el asesino, del que tienen todo menos su nombre, acudirá alguna vez a ese pub. Y así es: un día Juan José aparece y dos policías le piden el DNI como registro rutinario. Juan José no ve nada anormal en ello y sigue su camino. Poco tiempo después y temiendo que pueda volver a matar, la policía le detiene y, cuando se celebra el juicio, es enviado inmediatamente a la cárcel.

Se equivocaron de Ronnie

Cuentan los padres que sobrevivir a la muerte violenta de un hijo es un ejercicio de dolor insoportable. El daño es tan agudo que uno siente que le van a estallar las entrañas por dentro y necesita abrir la boca para que se escape el llanto en silencio, y así dejar un poco más de espacio a la pena. Reinaldo y Rosa viven con el corazón destrozado desde que el 28 de octubre de 2003 un cuchillo segó la vida de Ronnie, su hijo menor”.

Ronnie Tapias era un joven de diecisiete años que salía de su instituto una tarde de otoño cuando un grupo de Ñetas le acuchillaron y asesinaron ante una multitud de testigos menores de edad. En principio se dijo que Ronnie pertenecía, quizás por su origen colombiano, a una de las muchas bandas de sudamericanos que han hecho profusión en los últimos años en grandes ciudades españolas, en concreto de los Latin Kings, acérrimos enemigos de los Ñetas. Pero Ronnie jamás perteneció a ninguna banda, él era un joven normal que se alejaba de broncas. Fue un error. Los Ñetas buscaban a otro Ronnie y la policía debió dar antes con él, que confesó creer que al que realmente querían asesinar era a él y fue protegido.
Los asesinos, un grupo de Ñetas, entre los que había menores de edad, fueron condenados, todos por igual independientemente de quien diera la puñalada mortal, con los mismos años de cárcel, mientras los padres de Ronnie recuerdan a su hijo menor entre lágrimas, sin alimentar el odio por los asesinos de su hijo.

Los Latin Kings son de origen estadounidense. Las bases actuales de los Latin Kings fueron escritas en 1986 en la prisión de Collins, en Nueva York, por el líder cubano King Blood. La banda creció en Brooklyn, donde en 1998 una redada en la que participaron más de mil policías permitió detener a 94 de sus líderes. El credo de la asociación se exportó después a ciudades ecuatorianas como Quito y Guayaquil, donde se han convertido en auténticos mercenarios. Y fue precisamente en Guayaquil donde el entonces jovenzuelo Eric Javier Velastegui fue coronado rey a la temprana edad de diecisiete años. El mismísimo King Mos, el Padrino de los Latin Kings en Ecuador, coronó al chaval y le bautizó King Wolverine, en homenaje al superhéroe de la serie animada X-Men. En julio de 1999, Velastegui llegó a Madrid huyendo de la policía de Ecuador y de las bandas rivales. Se instaló en el piso de una de sus tías en Galapagar, a las afueras de la capital. Cinco meses después regresó a Ecuador y solicitó a King Mos su permiso para constituir la Sagrada Tribu de los Latin Kings en España. King Mos se lo dio y le nombró el Padrino. El 14 de febrero de 2000, Velastegui fundó en Madrid la Sagrada Tribu América Spain (STAS), los Latin Kings. Pero nadie tuvo conciencia real de quiénes eran y de lo que hacían hasta que la policía detuvo en mayo de 2003 a Velastegui, acusado de robar, agredir y violar a una pareja en la Casa de Campo de Madrid.
Los Latin Kings se llaman entre ellos ‘hermano’ o ‘hermanito’ y sus colores son el negro, que representa a los difuntos, y el dorado del sol, que da brillo a su corona. Los reyes llevan collares de 360 cuentas amarillas y negras intercaladas de cinco en cinco, porque cinco es el número simbólico de los Latin Kings. Y cinco son sus mandamientos fundamentales: respeto, honestidad, unidad, conocimiento y amor.
Por otro lado, La Biblia de los Ñetas, un manuscrito de treinta folios, detalla todo lo que debe saber y hacer un buen hermanito. Los día 30 de todos los meses, a las ocho en punto de la tarde, todos los Ñetas asisten a una ceremonia que llaman El Grito. Con los puños dirigidos al cielo gritan ‘Ñeta’ tres veces en reconocimiento al fundador de la banda, Carlos Torres Iriarte, alias la Sombra, que murió asesinado en una cárcel puertorriqueña el 30 de marzo de 1981. Ésta es una de las 82 respuestas que debe responder bien el que quiera superar el examen de ingreso a esta banda, fundada en 1979 en la prisión de Oso Blanco de Puerto Rico, por un grupo de reclusos tras su enfrentamiento contra la organización Los Insectos, que dominaba la cárcel. Los Ñetas saltaron las barreras de la cárcel y hoy son una banda estructurada y jerarquizada que tiene a los Latin Kings como sus principales enemigos. El ingreso al grupo se hace con un juramento sobre la bandera de Puerto Rico. El saludo de los Ñetas se realiza colocando el dedo índice sobre el anular, y significa que el hermano mayor cuida del menor. El nombre proviene de la cultura caribe taína y significa ‘nuestra vida’. Sus principios son: lucha, comparte, progresa, vive en paz y armonía”.

Caso Permanyer: un crimen casi perfecto

Anna Permanyer, psicóloga de profesión y perteneciente a la clase media acomodada de Barcelona, desapareció el 27 de septiembre de 2004, cuando entró en el edificio Atalaya, ubicado en la Diagonal, para hablar del alquiler con su inquilina Carme Badia. Nunca más salió del edificio y el conserje fue el último que la vio con vida. El marido de Anna y sus cuatro hijos no dan crédito a que una mujer feliz desaparezca de la noche a la mañana sin dejar rastro. Poco tiempo después, concretamente el 11 de octubre, el cadáver descompuesto de la psicóloga es encontrado en la zona del Garraf, en Sitges. Es entonces cuando comienza la persecución e investigación de la principal sospechosa, Carme Badia, que tiene un historial de antecedentes que la implican incluso en el asesinato de su ex marido. El móvil parece ser económico, que queda claro cuando ella muestra a la policía el contrato de arras por la venta del piso de Atalaya, en virtud del cual, Carme habría entregado una cantidad elevadísima a Anna Permanyer y si ésta no cumplía se le devolvería íntegramente a Carme el doble del dinero desembolsado. Parece ser que la firma del contrato era la de Anna, que podría haber sido coaccionada la tarde en que desapareció. Su marido alegó que jamás habían tenido intención de vender ese piso, porque tenían decidido ir a vivir allí en cuanto se jubilaran. Las pruebas son débiles, pero comienzan a cercar a Carme. Cuando la noticia se filtra a los medios de comunicación, el juez manda detener a Carme y a sus dos cómplices: una mujer que la obedece sumisamente y un octogenario. Tras dos años en prisión, se celebra el juicio y el jurado popular envía a la cárcel a Carme y al anciano, mientras deja en libertad a Anabel por no existir pruebas concluyentes contra ella.

Encuentra tu lugar

Dos jóvenes policías recuerdan sus primeros años por las calles de Barcelona, persiguiendo a los “tironeros” (o más comúnmente conocidos como 'carteristas'). Veinte años más tarde se vuelven a reunir y descubren el paso del tiempo por las mismas calles que recorrían cuando eran dos jóvenes despistados y esmirriados.

Si uno es capaz de imaginar lo que te explican los otros, también formas parte de esa vivencia”.

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