
Más de 200 entradas en el mes de marzo no es cosa baladí. Así visto, parece que estuviera más aquí que trabajando. Aunque escribir cada entrada depende del contenido y de lo que quiera decir, es algo que me lleva unos pocos minutos, por lo general, porque ya tengo en mente la idea de lo que quiero decir.
Esta profusión de creatividad o de expresividad quizás no me sorprende, porque suelo escribir más o menos según épocas. Durante el mes de marzo escribía como método de expresión, para decir lo que jamás le diría a él, porque el 99% de las entradas escritas en este mes tienen que ver, directa o indirectamente, con él.
Hoy he evitado escribir, aunque tampoco he tenido tanto tiempo. Pero estaba en la cafetería y estaba echando de menos no haber escrito nada aún, haberme centrado tanto en la oficina y en lo que tenía entre manos que escribir ha pasado a un segundo plano. La escritura llama a escritura. Si mi media fuera de una entrada diaria no lo hubiera echado de menos, pero la rutina de actualizar diez veces cada día me lleva a escribir más.
El motivo de que últimamente escriba tanto es claro. Necesito expresar, de alguna manera, lo que siento por él y la escritura, en ese sentido, es el medio más idóneo.
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