Lo prohibido es una invitación clara a saltarse las normas, a probar ese fruto prohibido. Hoy he recordado otros amaneceres blancos y he estado pensando en el colegio donde estudié BUP y COU. Estuve cuatro años interna y pasábamos hambre. Entonces el colegio tenía mucho terreno donde arrendaban hectáreas destinadas a árboles frutales. Allí proliferaban los manzanos.
No suelo comer manzanas y no es porque no me gusten. Es que cuando era pequeña varios dientes de leche se me cayeron al morder manzanas, así que cada vez que muerdo una manzana recuerdo que se me caían los dientes (es una de las pocas cosas que me da dentera). Es como si me costara morder una manzana. Prefiero otras frutas más blanditas.
Pero en el colegio era otro cantar. Los alumnos teníamos terminantemente prohibido coger manzanas ni ningún otro fruto de ningún árbol. Sin embargo, a finales de septiembre o principios de octubre los manzanos del colegio estaban cargadísimos de manzanas brillantes, esas manzanas que invitan a cogerlas y probarlas. Y a veces nos aventurábamos entre los árboles, que eran colindantes a uno de los patios de recreo, para coger una manzana. Cuando íbamos generalmente lo hacíamos en pequeños grupos. Quien iba delante era el que más riesgo tenía porque era al primero que podían ver y, por tanto, castigar.
Yo creo que me gustaban las manzanas del colegio porque estaban prohibidas.
Por supuesto, algún castigo me cayó. Pocos castigos para la cantidad de manzanas sustraídas. Un día apareció entre los árboles mi profesor de Historia. Ese día no me llevé ninguna manzana pero sí un "el viernes después de comer me buscas". Los castigos en mi colegio eran siempre los viernes por la tarde. Varios profesores iban recopilando una lista de alumnos castigados y, cuando eso ocurría, nos mandaban a barrer diferentes dependencias del colegio. A las chicas generalmente nos mandaban a las aulas, a los chicos les mandaban barrer el patio o recoger hojas. Una vez me tocó recoger hojas porque al profesor en cuestión se le habían acabado los castigos... y desde aquel día decidí hacer menos travesuras. De todas formas, también aprendí a buscar al profesor cuando ya había asignado todos los castigos e iba a buscarle a la sala donde estaba tomando café. Me decía que no tenía remedio, y es que en realidad nos llevábamos bien. Llegó un momento en que me decía que me marchara a casa. En 1º de BUP me dio Lengua y debí caerle en gracia por el hecho de no tener faltas ortográficas. En COU me dio Historia Universal, y me terminó regalando un libro con un mensaje especial. Fue un libro de despedida. Yo creo que le daba pena que en COU me dedicara a estudiar y que los castigos los hubiera dejado aparcados al terminar BUP.
Después de abandonar el colegio fue uno de los profesores con quienes me seguí carteando durante años. Con él, y con tres más.
Cuando pasan los años te das cuenta de que ellos siempre sabían dónde estábamos y que si no nos pillaron cogiendo más manzanas era porque hacían la vista gorda. Pero ellos lo sabían. Lo habían hecho alumnos décadas atrás y lo seguirían haciendo las nuevas generaciones que vendrían detrás de nosotros. Ellos siempre lo supieron, pero a veces me acuerdo de lo ricas que estaban las manzanas del colegio... y todo porque estaban prohibidas.












