domingo, febrero 18, 2018

Cosas que vienen así

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A veces las cosas vienen como vienen y no queda más remedio que aceptarlas y sobrellevarlas como mejor se pueda. Es como el tiempo, que todo el mundo se queja, pero no podemos cambiarlo, y al final el tiempo siempre es el que tiene que ser. Yo antes me quejaba mucho del tiempo, pero llevo muchos años que apenas me quejo, sólo cuando nieva o hace viento, pero como no se puede cambiar, que haga lo que tenga que hacer. 
Así que cuando a veces vienen las cosas de una manera inesperada, como es el caso de lo de mi abuela, no queda más remedio que mirarlo todo desde un cristal de colores. Porque tengo la suerte de haber disfrutado mucho de mis abuela, que mucha gente no puede decir lo mismo. 
Antes, cuando vivían en su pueblo, pasaba mucho por su casa. Ahora mi abuela está en una residencia, cerca de donde viven mis padres. Es un paseo de diez minutos. La buena mano en la cocina nos viene de ella, y yo no cocino por falta de tiempo, pero cuando me pongo me salen cosas ricas, casi sin proponérmelo. 
A veces las cosas vienen como vienen, y como no se pueden cambiar no queda más remedio que resignarnos. 
Sé que soy muy afortunada por tener la abuela que tengo.

Cuando tenía unos doce años estaba en la casa de mis abuelos y me encontré una muñeca que era de mi altura. Le pregunté a mi abuela y me dijo que esa muñeca me la habían regalado cuando era pequeña. Era Rosaura, una muñeca de un tamaño descomunal que se puso muy de moda en los años 80. Mi abuela me explicó que la muñeca estaba en su casa porque cuando me la regalaron me asusté, ya que era más grande que yo y también debía decir cosas o cantar. Como me asustó tanto la dejaron en casa de mis abuelos. Y mi abuela fue la que me explicó por qué motivo estaba la muñeca allí. 
Allí se quedó. Le dije a mi abuela que ya era mayor para jugar con muñecas, y al cabo de un tiempo había desaparecido. Seguramente que la regalaría. 
Mi abuela siempre me explicaba las cosas. Si le preguntaba ella me respondía, básicamente porque había preguntas que a los padres costaba más hacer. Llegó un momento en que no pudo explicarme más cosas, porque había momentos en que no sabía dónde estaba. 
Mi abuela tiene demencia senil, por lo que siempre que voy a verla deseo que me reconozca.

2 comentarios:

Dyhego dijo...

¡Triste final, K!
Por lo menos has disfrutado de abuela muchos años y sabe que, cuando la visitas, recibe un dosis de amor y cariño.
Salu2.

K dijo...

Es cierto, eso es lo único que me reconforta. Y en la situación actual, es mucho.

Saludos