lunes, septiembre 30, 2024
En Puerto de la Cruz
domingo, septiembre 29, 2024
Atardecer en las nubes
sábado, septiembre 28, 2024
Cuando se trata de marchar
viernes, septiembre 27, 2024
Viaje a Roma: Final
Estamos a un día largo de coger un avión, de ahí que quisiera terminar de hablar sobre Roma, porque en diez días tendré muchas más cosas que decir, sobre una tierra que ya conozco pero que regreso con cariño. Aquí cerquita. Por eso hoy termino de hablar de nuestro viaje a Roma.
Generalmente suelo hacer un resumen general antes de expandirme con todas las cosas que vimos, pero esta vez lo dejé para el final porque me costó mucho empezar, ya que llegué y tuve un exceso de trabajo durante el verano, y el tiempo también acompaña para estar más tiempo fuera de casa, así que llevo casi dos meses escribiendo sobre nuestro viaje a Roma, a medida que el tiempo me lo ha ido permitiendo. Me gusta hacerlo porque revivo de nuevo todo el viaje, disfruto de nuevo con todos aquellos momentos y me gusta dejarlo como imágenes para el recuerdo.
Llegamos a Fiumicino un día por la tarde. Estaba cambiadísimo, remodelado y mucho más moderno. Enseguida buscamos el tren que nos llevaría hasta la estación de tren central, Termini, con todo ese trasiego de gente que va de un lado para otro. Es curioso porque tengo una foto de la estación desde el mismo lugar que la hice en 2006.
El tren también era más moderno. Cuando hace dieciocho años estuve en Roma el tren era de compartimentos, antiquísimo, y cómo traqueteaba. En el tren actual, aunque tampoco es uno de alta velocidad, sí es cierto que está preparado para las maletas, que hay más comodidad y los compartimentos han desaparecido.
En Termini le dije a mi novio que el hotel estaba cerca, muy cerca de la Basilica di Santa Maria Maggiore, por lo que sólo teníamos que coger una calle hasta la plaza de la basílica y buscar el hotel. Un hotel donde nos dieron una habitación al lado de un cura que se levantaba a rezar a las seis de la mañana y escuchábamos la letanía... durante varias veces al día. No estábamos mucho en el hotel, pero al estar tan cerca de la estación de Termini es cierto que muchos días íbamos sólo un rato a ducharnos, y es que el calor romano nos dejaba K.O.
Nos gusta callejear, así que empezamos a bajar cuestas hasta la Piazza Venezia. Mi novio me decía que luego había que subir, pero siempre le respondía que ya había autobuses. Lo de los autobuses era un caos. Como en Roma sólo hay dos líneas de metro (la tercera está construyéndose, de ahí que la Piazza Venezia esté levantada en un gran tramo), la gente se mueve sobre todo en el urbano; hay muchísimos autobuses pero también es cierto que van llenísimos, como sardinas en lata.
El primer día cogimos el metro para ir al Coliseo, y allí pillamos billetes para poder movernos por Roma durante tres días. Pero a partir de ese momento optamos por montarnos en los autobuses sin pagar, y es que las máquinas donde se clicaban los billetes no funcionaban en su mayoría. Hasta que la víspera de marchar nos llevamos un susto. Estábamos en un autobús llenísimo de gente, era la línea que iba desde Termini hasta el Vaticano, por lo que iba muy lleno. Nosotros nos dirigíamos al Panteón, y el autobús se pasó nuestra parada. Estábamos en la parte final del autobús, la gente desde atrás gritaba para que abrieran las puertas. Y entonces apareció un señor con el uniforme de ATAC (red de urbanos de Roma) pidiendo billetes y hacia la mitad del autobús hizo bajarse a un grupo de españoles que iban sin billete. Fue entonces cuando medio autobús, entre ellos nosotros, se vació... quiero entender que había bastante más gente que se subía a los autobuses sin pagar. Compramos un billete de día para poder movernos por Roma sin preocupaciones...
El metro apenas lo cogimos, pero alguno cogimos. Era terrible entrar en la boca de metro, porque venía un sofoco impresionante, era como si te acercaras a un volcán del calor que hacía ahí dentro. Pero realmente los autobuses estaban mucho mejor comunicados que el metro.
Lo de callejear por Roma lo disfrutamos el último día. Fuimos a la Piazza del Popolo por la arteria principal, que está llena de tiendas. Había muchas tiendas de deportes, de corbatas, de joyas, de cafeteras italianas, de decoración...
Callejeando encontramos una tienda que a su vez era una cafetería, y nos trajimos cápsulas de café que elaboraban ellos. Nos las tomamos enseguida, y estaba muy bueno.
Regresando a la Piazza di Spagna desde la Piazza del Popolo cruzamos una serie de calles adoquinadas, con buganvillas, con inscripciones. Y es que eran muy pintorescas. Era una zona con galerías de arte, que empieza a llenarse de gente, tiendas y restaurantes a medida que te acercas a la Plaza de España. Y allí, en una de esas calles comimos, pero también tomamos en la Plaza de España uno de los helados más ricos que hemos comido jamás. Era de tiramisú y estaba exquisito (il ricco gelato italiano).
Roma es un lugar maravilloso. Tiene arte, tiene encanto. Nos podemos llevar por la imagen de los gladiadores en la arena del Coliseo o seguir a los curas por la Ciudad del Vaticano. Podemos bailar en las calles del Trastévere o tirar una moneda en la Fontana di Trevi. No nos cansaremos de observar a la Loba Capitolina amamantando a los fundadores de Roma. Tomaremos un café en lo alto del Castillo de Sant'Angelo, nos emborracharemos de tanto arte que nos va a salir por las orejas y pasearemos por sus numerosas plazas, entre piedras milenarias, junto a una cantidad terrible de iglesias. Y nos mezclaremos con la gente, con las multitudes de gente de todo el mundo que cada año visitan la ciudad. Una ciudad antiquísima que sigue enamorando a todo el que la visita. La ciudad eterna...
Viaje a Roma: Piazza del Popolo
La Piazza del Popolo o la Plaza del Pueblo es un lugar magnífico, adonde se llega directamente desde la Piazza di Spagna, aunque son tres las arterias que desembocan allí.
Es una gran plaza, diseñada en 1538, con motivo de crear una entrada a la ciudad desde el norte. Las dos iglesias "gemelas", que custodian el acceso desde el sur, son la Chiesa di Santa Maria dei Miracoli y la Basilica di Santa Maria in Montesanto, construidas por Carlo Rainaldi en el siglo XVII.
En el centro hay un obelisco de 36 metros de altura que fue transportado por el emperador Augusto desde Egipto.
Nos sentamos a la sombra, en las escaleras de una de las iglesias, para admirar la imponente plaza. Y es que hacía sol. Enfrente, a lo lejos, veíamos los carteles del Museo de Leonardo da Vinci, pero cruzar la plaza con ese sol podía ser terrible. Preferimos volver sobre nuestros pasos hasta la Piazza di Spagna.
jueves, septiembre 26, 2024
Viaje a Roma: Basilica di Santa Maria Maggiore
Nuestro hotel estaba muy cerca de la Basilica di Santa Maria Maggiore, así que puedo decir que la visita a este templo católico era casi obligada.
Es una de las cuatro basílicas patriarcales de Roma, que data del siglo V y corona el monte Esquilino, donde se dice que en el verano del año 358 nevó de forma milagrosa. De ahí que también se la llame Santa Maria della Neve. Cada 5 de agosto, un espectáculo de luz recrea el hecho en la Piazza Santa Maria Maggiore.
La basílica tiene varios estilos arquitectónicos. Cuenta con un campanario románico del siglo XIV, un artesonado renacentista, una fachada barroca del siglo XVIII y un imponente interior barroco.
Como entramos en domingo, en una de las capillas (Cappella Paolina) estaban dando misa. Y, obviamente, se rogaba silencio.
Para mí una de las cosas más impactantes de la basílica fue la estatua a tamaño agigantado del Papa Pío IX frente al retablo, aunque en un piso inferior, rezando elevando la mirada al cielo.
Entre el maravilloso icono que había en una capilla, el techo barroco impresionante sobre todo donde se encuentra la cúpula, nos fijamos en que también -si queríamos- podíamos confesarnos, porque las confesiones se realizan en varios idiomas.
A modo de curiosidad, tengo que decir que las luces de la basílica fueron inauguradas por los Reyes de España (los eméritos), y hay una inscripción en español que informa de ello.
Fue una visita enriquecedora.
Viaje a Roma: Gastronomía
Aunque aún me quedan algunas cosas que contar de Roma, sí quiero hablar de la gastronomía. Porque comer en Italia es un placer, y beber. Empiezas a enumerar cosas y no paras: desde la cantidad de pasta fresca en una cantidad ingente de pastas, los tiramisús que tanto nos gustan, un gelato y las larguísimas colas en las heladerías, los elaborados capuchinos y, por supuesto, el aperol.
Mi novio y yo adoramos beber aperol, aunque esta vez hemos combinado con jarras de libros de cerveza o con vino.
El centro histórico es carísimo para comer, casi te piden propinas a punta de pistola, y no es que se coma especialmente bien, a no ser que decidas empeñar un riñón.
Donde comimos bien de verdad, y repetimos, y tripitimos, fue en el Trastévere, además amenizado con luces y música. No es caro y se come bien, y es que está a tiro de piedra de la Piazza Venezia, cruzando el Tíber.
La primera noche estuvimos en el centro, en las cercanías de la Fontana di Trevi. Comimos en una terraza en la calle, con un trasiego incesante de gente en todas las direcciones. El restaurante parecía pequeño, pero dentro había un enorme patio descubierto donde había un comedor gigante. Es uno de los pocos sitios donde nos permitieron pedir una pizza para compartir.
En el Trastévere probamos uno de los mejores tiramisús que uno puede tomar en Roma. Nos gustó el encanto pintoresco de este barrio. Es que hemos pensado que cuando volvamos a Roma nos alojaremos aquí.
Y qué decir de la pasta, en todas sus variedades, con o sin queso, al dente. Es que ir a Italia es comer pasta rica siempre.
Antes de entrar en los Museos Vaticanos nos comimos unos helados que estaban riquísimos, pero hacía tanto calor que se derretían con la mirada.
La víspera de marchar volveríamos al Trastévere a comer en el restaurante Carlo Menta, donde nos regalaron un libro. Allí pedimos vino para acompañar la bebida y, por fin, encontré un suculento plato de pasta con champiñones.
Cuando en 2006 visité Roma por primera vez, junto al Circo Massimo, entré en un pequeño restaurante que estaba casi vacío, con mesas de plástico y algo "cutre", y allí comí el mejor plato de pasta que he comido nunca: espaguetis con champiñones. Aún se me hace la boca agua de lo rico que estaba. Así que no dudé en buscar un lugar donde pusieran unos espaguetis tan ricos como aquellos.
También requieren especial atención las tostas con aceite y tomate que nos servían para ir picando mientras sacaban la comida. Todo muy mediterráneo.
Hubo un día, cenando en el centro, donde pedí una lasaña vegetal que estaba riquísima. Y sí, se parecía mucho a la musaka griega.
Y uno de los sitios que más nos gustaba para tomar un aperitivo a media tarde era la Piazza di Santa Maria Maggiore, ya que teníamos el hotel muy cerca, y había varios restaurantes en la plaza que tiene el mismo nombre que la enorme basílica que se asienta allí mismo. Y es que pides unos aperol y te sacan una serie de platos de todo tipo de picoteo.
Finalmente, esta vez sí que pedimos una serie de cervezas variadas, para ir probando. Peroni, Moretti e incluso una cerveza de Cerdeña (esto fue cuando esperábamos para ver las Catacumbas de San Sebastián).
En el centro del círculo
miércoles, septiembre 25, 2024
Paréntesis
martes, septiembre 24, 2024
Viaje a Roma: Palazzo di Montecitorio
En uno de nuestros paseos por Roma, llegamos sin querer al Palazzo di Montecitorio. Sabíamos que albergaba algo de la política porque había muchos vehículos de los carabinieri pero también muchos periodistas, justamente ese día estaban expectantes.
El Palazzo di Montecitorio es un edificio histórico ubicado entre la Piazza del Parlamento y la Piazza di Monte Citorio, que alberga la sede de la Cámara de los Diputados de la República italiana.
En 1653 Inocencio X encargó a Bernini la construcción de una residencia para la familia Ludivisi. Ubicado en una colina, se cree que en la época romana se celebraban aquí las asambleas electorales (de donde proviene mons citatorius). Bernini diseñó un edificio que se adapta a la estructura urbanística. La fachada del palacio sigue el recorrido curvo de la calle y elementos de piedra casi sin labrar, de los que emergen hojas y ramas rotas, que simulan un edificio construido en roca viva.
La plaza contiene un obelisco egipcio de granito rojo, del siglo VI a.C.
Por allí cruzamos por la Piazza Colonna, donde se encuentra la columna de Marco Aurelio, construid en mármol y fechada en el año 193. En la cúspide de la columna se encuentra la estatua de bronce de San Pablo, colocada ahí en el siglo XVI por orden del Papa Sixto V.
Viaje a Roma: La ciudad histórica
Desde el Circo Massimo, decidimos ir a buscar la iglesia de Santa Maria in Cosmedin, donde se ubica la Bocca della Verità, aunque no entramos al porche, sino que la vimos desde fuera porque pegaba el sol y había fila. Desde allí tomamos la Via del Teatro di Marcello para llegar hasta la Piazza di Venezia. Aquí hay una serie de monumentos antiguos fantásticos, que bien merecen una mención.
A un lado quedaba el Arco di Giano (Arco de Jano), un cuádruple arco romano de dieciséis metros de altura. Seguramente data del siglo IV. No se considera un arco triunfal, sino que más bien estaría indicando uno de los límites del Foro Boario. Es una estructura con nichos y medias cúpulas en forma de concha. Dentro de estos nichos había pequeñas columnas que se arrancaron en la Edad Media, al construir una fortaleza en la parte superior. Seguramente en sus orígenes estaba coronado por una pirámide.
El Templo de Hércules Vencedor tiene planta circular con peristilo griego (completamente rodeado por columnas). Data del año 120 a.C. y consiste en una cella circular dentro de un anillo concéntrico de columnas corintias.
El Templo de Portuno es del siglo I a.C. Se trata de una construcción religiosa con columnas de orden jónico, coronadas por un frontón en su parte delantera. Se cree que estuvo dedicado a Portuno, divinidad protectora del puerto fluvial.
Aunque hay muchos más edificios en esta calle, o al menos ruinas y restos de edificios antiquísimos, termino con el Teatro Marcello, un antiguo teatro parcialmente conservado. Su construcción fue iniciada por Julio César antes de su asesinato y fue terminado por Augusto entre los años 13 y 11 a.C.
Se considera uno de los primeros espacios escénicos permanentes de Roma. Fue dedicado a Marco Claudio Marcelo, sobrino y heredero de Augusto, ya que el príncipe había muerto prematuramente antes de que se terminara el edificio. Cuando las obras aún no habían concluido, Augusto celebró aquí los Juegos Seculares, cantados por Horacio.











































