lunes, enero 31, 2011

Que salga el sol por donde quiera


Lo llaman la cuesta de enero y algo cuesta arriba ha de ser. Parece que han pasado seis o siete meses desde que acabara 2010 y a mí personalmente se me ha hecho larguísimo. Por algo lo llamarán la cuesta de enero.
Por fin se acaba el mes más largo del año. Ahora todo es cuesta abajo.

Que llegue cuanto antes el sol. El verano, el calor. Y quizás haga un viaje relámpago a Salamanca, aunque me llevaría a alguien muy especial.

La foto sólo podía ser de Salamanca (estatua temporal en la Plaza Mayor). La persona que sale en la foto es una 'gitana', mi mejor amiga, sin duda alguna.

A la hora de marchar

Caminaba por la calle cuando he visto que él aún estaba. Una parte de mí intuía que no me iría sin ver algo de él, como así ha sido. En ese momento me he girado, deseando inconscientemente que sus pasos repiquetearan sobre las calles mojadas a unos pocos metros. Anhelaba verle, escucharle, observar esa mirada angelical...

Luego he sentido un frío glacial y no recordaba dónde había aparcado el coche.

¿Qué le falta al día...?

Llevo varias horas rumiando qué decir. Y he optado por describir lo primero que me pase por la cabeza. Pero si dijera lo que me pasa por la mente esto sería un caos que no habría ni por dónde cogerlo. Entonces dedicaré unos minutos a una persona muy especial que, para el caso, también lo tengo en mente.
Le echo mucho de menos. Podría haberle visto esta mañana, pero me he cruzado de brazos, he preferido dejar que todo se asiente, que ayer fui un día brutal para mi corazón. Al menos, por la noche, llegué a una lucidez clarificadora. Los signos son evidentes.

Llevo dos días como en una nube. Y sigo pensando en él y siento que soy un poco más feliz. Y comprendo cuánto le quiero...

Debería irme.

Riña de gatos


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Hace mucho tiempo que dejé de leer los Premios Planeta, quizás porque, desde mi punto de vista, consideraba que muchas veces el que quedaba finalista era mejor que el ganador. Quizás estaba influida por el hecho de que es un premio literario donde el nombre del ganador es vox populi desde unos meses antes. No quiero decir que sea un tongo, pero se elimina el factor sorpresa y deja de llamar la atención.
Muchos Premios Planeta han dado a conocer a autores cuyo nombre no había sonado nunca. Entonces en 2010 se escucha que será Eduardo Mendoza. Considero que este escritor es excelente, que cultiva una prosa que nos enmarca en épocas concretas de la historia de nuestro país, como ocurría en La ciudad de los prodigios o en esta última novela. O bien te encuentras con novelas escritas con un humor mordaz, como ocurre en El misterio de la cripta embrujada o en La aventura del tocador de señoras.
Ya se hablaba bien de la novela y que sirvan estas palabras como merecido reconocimiento al autor.

La historia transcurre en la primavera de 1936, una época en que se estaban fraguando las bases de una guerra civil en un país donde olía a pólvora en cada esquina. Es novela negra enmarcada en nuestra historia más cercana. Me parece que ese instante concreto es uno de los más importantes de la historia de nuestro país, porque en las decisiones de ese momento histórico y en las manos de unos pocos estaba ese futuro del país que había de pasar por una guerra. Es obvio que el autor no ha escogido ese momento histórico al azar.
Anthony Whitelands es un profesor inglés, erudito en arte y especialista en Velázquez. Un día recibe un encargo que le llevará a Madrid. En España tiene que tasar un cuadro en la casa del duque de Igualada y él se queda sorprendido al descubrir un Velázquez desconocido. El cuadro le va a llevar a una trama internacional por la que se va a ver perseguido por unas fuerzas políticas y otras e incluso acosado por varias mujeres.
Se convierte en amigo del Jefe de la Falange, José Antonio Primo de Rivera; conoce a algunos militares que terminarán escribiendo su nombre en la historia de España, como Franco o el general Mola; se enamorará de la hija del duque de Igualada; la Embajada inglesa le busca y algunos eruditos de su país acuden a Madrid tras sus pasos; la policía, al mando del general Marranón, le envía varias veces a una celda; y un espía ruso de nombre en clave Kolia quiere acabar con él.
Pese a su estupidez para los asuntos de la vida, consigue regresar a su país, dejando tras de sí varias muertes y el lienzo quemado de un Velázquez pintado por un moro (aprendiz de Velázquez).

Emociones que aparecen al cerrar los ojos

Decía un chamán sioux que "lo que se ve con los ojos cerrados es lo que cuenta". Con los ojos cerrados veo a un ángel, veo la belleza y la magia que se desprenden de él, veo que es adorable, veo su mirada noble, su enorme sonrisa.
Siento el deseo de acariciarle, de pasarle la mano por el pelo, de mirarle a los ojos, de besarle, de escucharle.

Si cierro los ojos veo amor, un amor demasiado grande.

"Primero, únicamente se ama cuando se es amado.
Luego se ama espontáneamente,
pero deseando ser correspondido.
Después se ama incluso sin ser amado,
pero aún con la tendencia de que el amor sea aceptado.
Finalmente, se ama de manera pura y simple,
sin otro deseo ni otro gozo que el de amar". (La Mére)

Yo me encuentro en la última fase. He pasado por todas, pero nunca había amado disfrutando de ello y sin esperar nada a cambio. Porque nunca había AMADO, con mayúsculas. Es curioso.

Creo que va siendo hora de ir al encuentro de los sueños.

No digas 'nunca jamás'

Ya sé lo que me pasa. Nunca lo he tenido tan claro como hoy. ¿Algo que me quita el sueño? ¿Tan pronto estoy llorando, tan pronto estoy riendo? ¿Cambios bruscos de humor? Y una imagen perpetua en la mente, una imagen en la que pienso y sonrío, una imagen que me da fuerza cada día, una imagen que me reconforta, una imagen adorable, querida, amada.

Lo que ocurre es obvio. He aquí una descripción de lo que me ocurre:

"El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser".

Es que mi estado de ánimo de hoy es de todo menos normal. Pero hay una explicación, al igual que existe un motivo por el que desee evitar a esa persona tan especial a toda costa: temo estar enamorándome de él.
Seguiré cruzándome con él, seguiré describiendo lo perfecta que es su mirada, lo sensual que es su voz y seguiré sintiendo ese cosquilleo en el corazón.

Ahora todo lo de las últimas horas tiene sentido.

domingo, enero 30, 2011

Noche tempestuosa

Ni el agua caliente del baño reconfortante de las ocho de la tarde ha conseguido liberarme de ese sentimiento de estar precipitándome al vacío. Pensaba en ello y me sentía terriblemente descorazonada.
Realmente hoy siento que me pesa demasiado el corazón.

El sol volverá a salir mañana. Quizás mañana me ría de todo esto. Lo que son las desdichas del querer...

La muerte de Acteón

Tiziano, La muerte de Acteón (1570), National Gallery, Londres

Entre los innumerables lienzos que pintó Tiziano en el siglo XVI, tengo que rescatar La muerte de Acteón, basado en uno de los mitos de la Antigüedad clásica.
Cuenta la fábula que el joven Acteón va de caza y, por cosas del azar, sorprende desnuda a Diana (diosa romana de la caza). Al verse sorprendida, la esquiva diosa le lanza una flecha y lo convierte en ciervo. Acteón es despedazado por su propia jauría de perros de caza, sin que pueda hacer nada por evitarlo.
Para pintar este suceso, Tiziano elige un punto intermedio en el decurso de la fábula: lo esencial ya ha ocurrido. Quien no sabe el principio ni el final del mito no comprende esta pintura. Tal vez cuando Tiziano pintó el cuadro la mitología clásica era conocida por todos. Se desconoce por qué el pintor eligió ese momento y no otro. Es el momento en que la falta ya ha sido cometida y la flecha ha sido lanzada, aunque Acteón no se ha convertido completamente en ciervo. Lo demás es cuestión de tiempo, porque el desenlace es inevitable.
Si he elegido escribir sobre este lienzo es porque, en cierto modo, hoy me siento como el joven Acteón, cuando la flecha ya ha sido lanzada y el final es irreversible. Esa flecha no conlleva la muerte física, sino la muerte de algo de corte espiritual.

sábado, enero 29, 2011

La isla del hada

Imagen relacionada
"Como en cualquier otro talento, no es posible un goce completo de la música si no hay una segunda persona que aprecia su ejecución. Y tiene en común con los otros talentos la posibilidad de producir efectos que pueden ser plenamente disfrutados en soledad".

El narrador habla de una isla mágica que tiene dos lados opuestos: uno luminoso y lleno de vida, con infinitas mariposas y flores, mientras el otro está sumido en la más completa oscuridad. Cuando abre los ojos, de repente descubre un hada que va rodeando la isla en una canoa, introduciéndose en varias ocasiones en la negrura de la isla y saliendo cada vez a la luz más triste y más etérea. Cada vuelta a la isla corresponde con un año de vida de las hadas, por lo que cada vez que sale a la parte luminosa de la isla, el hada es un año mayor.

Indecisión

Lo cierto es que no me apetece mucho salir. Quizás porque hace un frío terrible. Pero hay algo que me impulsa a marchar, algo que me hace olvidar el frío y todo lo demás.
Y miro a la calle y me da pereza coger el coche, aunque sé que finalmente lo haré, porque también necesito desconectar.
Hoy ha sido un día de descanso del bueno. Lo necesitaba y lo he cumplido. Me he dedicado a hacer esas pequeñas cosas que me gusta hacer.

He de irme.

La sonrisa de los sueños

"Hacen falta cuarenta músculos para fruncir el ceño, sólo quince para sonreír". (Swami Sivananda)

Es un magnífico momento para pensar en los sueños que vendrán. Seguramente soñaré con ese ángel de mirada perfecta. Eso me agrada, porque él siempre me hace sonreír.

Quizás tenía que haber salido esta noche, pero hace tanto frío...

viernes, enero 28, 2011

Buscando entre la niebla

No voy a salir hoy. En principio es por el frío, pero también porque me apetece leer un rato y descansar íntegramente. Basta que yo no salga para que él sí que lo haga y no nos encontremos. Pero ya le veré otro día. Al final, siempre terminaré soñando con él y, aunque no es lo mismo, él seguirá presente en mi mente.
En estos momentos me gustaría preguntarle tantas cosas, me gustaría contarle mi experiencia claustrofóbica de esta mañana y hablar con él del resto de las horas de la mañana de hoy.

Me gustaría tanto darle un abrazo en este preciso instante...

Las buenas acciones del día

Lo cierto es que a las cuatro y media estaba llamando al timbre del piso de arriba para agradecerle su ayuda a primera hora de la mañana. Por supuesto también quería pagarle la llamada. Seguro que aquella señora no esperaba que a esa hora llamara a su puerta agradecida. Ni que anoche hubiera vaticinado que tuviera que sentirme agradecida por un gesto que me ha sacado de apuros.
Después me he encontrado a alguien conocido. Un señor al que veo pasar la mayor parte de los días por la oficina y con el que habitualmente suelo charlar. Iba cargando dos maletas y le he acompañado ayudándole a llevarlas. Su esposa venía por detrás. Lo más terrible es que tiene un nombre raro, bíblico creo, y no me he acordado de su nombre hasta que me he despedido de ellos.

Y llovía en Logroño... Llovía tanto que me han salido tirabuzones, aunque sólo en la parte del pelo que no estaba cubierta por el gorro amarillo. El mismo gorro que me lleva a pensar en un ángel. Me pregunto dónde estará. Llevo varios días sin verle y le echo mucho de menos.

Claustrofobia en ciernes

Voy a contar una historia que podría ser terrible para alguien que padezca claustrofobia.
Eran las diez de la mañana de un día cualquiera. Había mucho que hacer para ese día, pero la persona en cuestión necesitaba pasar antes por el baño.
Un segundo personaje estaba a punto de salir por la puerta, dejando sola a la primera persona.
El cuarto de baño era un habitáculo de dos por dos metros, suficiente para que cupiera un vater, un lavabo y una diminuta bañera. A la hora de abrir, la puerta parecía de hormigón y la manilla no abría de ninguna manera. Lo intentaba una, dos y tres veces. No había nadie en la oficina a quien acudir. El teléfono móvil se ha quedado encima de una mesa. Entonces se fijó en la minúscula ventana que daba acceso a un patio interior. Era una ventana de aluminio, con dos planchas correderas. La abrió y descubrió que dos ventanas de la oficina daban a ese mismo patio de luces. Parecían cerradas. El suelo del patio estaba a unos dos metros y debajo había un enorme charco. Las posibilidades de salir al patio eran las más acertadas, pero si las ventanas estaban cerradas tampoco era plan de romper el cristal con el leño sobre el que se asentaba una triste maceta. Miró hacia arriba y empezó a lamentarse de su situación. No faltó quien escuchó y se asomó a la ventana. En unos minutos le había explicado a aquel alma caritativa su situación y le había dado un número de teléfono para que el receptor hiciera lo que tenía que hacer.
El tiempo corría. Ya llevaba veinte minutos allí y nadie aparecía. Mientras, el resto de vecinas, se apuntaban a la conversación que se había originado en el patio de luces. Cinco minutos más tarde llegaba una persona a la oficina para hacerse cargo de la situación. Un rato después llegaba en cerrajero para abrir la puerta en un santiamén. 45 minutos perdidos en un cuchitril de baño y las vecinas aplaudiendo la hazaña.
Esta mañana me he quedado encerrada en un cuarto de baño, en la misma situación que he descrito. Una vecina ha llamado a mi hermano y él a la persona que podía acceder al piso. Durante la espera, los minutos iniciales han sido horribles, pero después, cuando hablaba con las mujeres, solidarizadas con mi causa, todo ha sido más llevadero. Cuando hablaba con ellas me imaginaba escribiendo cómo ha empezado mi día.
Y tenía que pasarme allí toda la mañana. Aunque no esperaba salir a las cuatro y media.
En un rato estaré en casa. Allí donde esta mañana había tanta niebla...

BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

'Gracias' a tiempo

"Si la única oración que dijeras en la vida fuera 'gracias', con ello bastaría". (Maestro Eckhart)

Desconozco quién fue este señor, pero ¡cuánta razón tenía! ¿Quién no necesita a veces que le den las gracias por algo? Es algo tan fácil de decir. O incluso el hecho de darlas, por cualquier cosa que nos parezca insignificante nunca sabemos cuándo el receptor necesita escucharlo. Es una única palabra que podría hacer sonreír a la otra persona.
Se me ocurre alguien a quien estaría dándole las gracias todos los días. Quizás es por todo lo que me aporta, aunque supongo que él no lo sabe.

Esta noche me siento agradecida por tener estrellas ahí arriba, aunque la niebla las oculte. No importa, porque yo sé que están ahí. Me siento agradecida por partir hacia unos sueños donde siempre aparecerá la imagen de una persona muy especial, una persona que siempre me da alegrías. Me siento agradecida por él...

Y ahora es un buen momento para ir a contarle secretos a la almohada.

Entonces comprendí que había conocido a alguien tan especial que el mundo se quedaba pequeño para albergar su alma, su mirada, sus manos, su voz, su sonrisa, su... TODO.

Los avatares de la vida

Llevo dos días exactos en etapa de reflexión. Sobre la vida, sobre lo rápidas que pasan las semanas, sobre él, sobre la gente que me rodea y en general sobre todo.
El motivo de que se haya desencadenado esta etapa de reflexión es la madre de una amiga. Es sorprendente la sonrisa que luce en el rostro cada miércoles, lo que disfruto en su compañía a mitad de semana..., pese a lo que está pasando, porque lleva dos años de operaciones continuas y parece la historia de nunca acabar. Mañana vuelve a tener consulta rápida, de éstas que avisan de un día para otro y que no traen nada bueno. La vez anterior era noviembre y en una semana la llevaron a quirófano. Esto mina la moral de cualquiera.
Esto me lleva a pensar en alguien muy cercano a mí que ya no está aquí para contarlo. Aún se me pone la piel de gallina al recordar a mi tío, al recordar sus ganas de vivir en ese último año, al recordar su eterna sonrisa. Estoy casi segura de lo que me diría respecto a esa persona tan especial. Sería algo como que la vida es demasiado breve para pararse a contemplarla, me animaría a tirarme de cabeza, me instaría a luchar por lo que quiero o, hablando con propiedad, por aquél a quien tanto quiero. Como si todavía hoy pudiera escucharle...
En fin, lo único que me apetece es taparme hasta la nariz y dormir. Debería estar nerviosa esta noche. Mañana es un día largo.

jueves, enero 27, 2011

Si escribiera todo lo que quiero decir

Hoy es una de esas tardes en que me apetece mucho escribir. Pero no aquí ni en ningún otro sitio, sino a una persona en concreto, a alguien especial. Es un deseo muy fuerte, no ya de saber cómo está, que espero que bien, sino de hacerle saber que a veces me acuerdo de él, de decirle lo que no pronunciaría en voz alta, de describirle lo mágicos que son los días gracias a él, incluso -como hoy- cuando no nos cruzamos a media mañana. Me gustaría susurrarle lo guapo que está, lo magnífica que es su mirada, me quedaría escuchando su voz y me deleitaría con esa sonrisa que da color a cada jornada.
Pero no voy a decir nada, aunque le esté echando tanto de menos.

Las duras horas de la víspera

Me pregunto dónde estará ese ángel de mirada perfecta. Puedo imaginármelo, pero prefiero hacerme esa pregunta, aunque la respuesta sea obvia, porque así me entretengo unos minutos pensando en él.
Hay momentos en que simplemente desearía perderme en su mirada y abrazarle muy fuerte.
Hoy siento que falta algo. Podríamos haber coincidido, de no ser porque tenía que marcharme esta mañana rápidamente justo a la hora en que suelo cruzarme con él. A veces la fortuna no está de mi lado.

Estoy un poco nerviosa. Un poco nada más, porque lo que parecía imposible no es tan difícil como parecía en un principio. Eso es lo que hay. Estoy segura de que mañana todo irá bien.

Campos nevados

Con todo lo que tengo que hacer en la oficina, he tenido que parar el ritmo para centrarme en lo mío. Así que pasaban de las cuatro cuando he cogido el coche y he venido a casa. He visto que él ya había llegado y he sentido su cercanía. No me importaría tomar algo con él, pese al frío. Esto me recuerda a que hoy no le he visto y mañana tampoco voy a coincidir con él.
Voy a dedicarme a lo que tengo previsto para esta tarde.

Ojalá deje de nevar. ¡Cómo odio la nieve!

Nevando...

Estaba claro que iba a terminar nevando. Parece que ha parado. Yo preferiría que dejara de nevar.
Creo que ya ha terminado mi jornada laboral por esta semana.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

A dos pasos del sueño

Reconozco que hoy se me caen los ojos, por lo que me voy a dormir antes de lo habitual. Supongo que los últimos días me he marchado demasiado tarde y me he levantado demasiado pronto.
Me iré a soñar con esa persona tan especial, esa persona a la que hoy tanto he echado de menos. Seguro que estaba guapísimo, como siempre. Me pregunto si él también estará soñando ya.
Mañana será otro día.

"Felices aquellos que saben
que detrás de todas las palabras
está lo que no se puede decir".
(Rainer Maria Rilke)

miércoles, enero 26, 2011

Nueve y media de la noche

Estar en la oficina a las nueve y media de la noche me hace recordar un título de cine que era algo así como: ¿Qué hace una chica como yo en un sitio como éste?
Cada día me voy más tarde, aunque es cierto que mañana vendré más tarde y me iré antes. Es de lógica. Ahora sí, lo que me he propuesto hacer está terminado.
Quedan dos días y aún sigo sin estar nerviosa.

Le echo de menos. Pese al frío y aunque las agujas del reloj siguieran dando vueltas, me gustaría encontrarme con ese ángel de mirada perfecta.

Ahora sí que me voy, que si me dejo llevar me dan las diez aquí y no me entero.

Una incipiente ronquera

Me estoy quedando ronca. No he parado de hablar por teléfono desde que he llegado esta tarde. El resultado es que la garganta me empieza a flojear. Sé de uno al que le haría gracia que un fin de semana no pudiera hablar. Es curioso, porque aún tengo que hacer algunas llamadas más, aunque no sé si será hoy.
Habitualmente no suelo notar nada en la voz, pero hoy reconozco que me tira, siento que la estoy forzando y eso conlleva el riesgo de que pueda quedarme afónica.
Sólo me he quedado afónica dos veces en mi vida...

Las horas en Ezcaray

Este es uno de estos días en que la mañana se pasa tan rápido que, cuando te quieres dar cuenta, es casi la hora de comer.
Lo primero que he visto al desaparcar ha sido su coche. He sentido su proximidad y he vuelto a mirar la hora: quizás si hubiera salido antes me lo hubiera encontrado.
Al llegar a Ezcaray me ha saltado la alarma. Como no suelo ponerla ni quitarla habitualmente, y como estaba hablando con una persona que me he encontrado por la calle, la alarma ha empezado a sonar. He sentido todas las miradas clavadas en mí e incluso creo que me he sonrojado. Ahora viene la segunda parte: tengo que ponerla antes de marchar. Si vuelve a saltar, me da algo.
Después ha salido el sol y he estado callejeando, esta vez acompañada por una persona. Y ahora es un buen momento para marchar a casa. Le echo de menos.

Un sueño sólo es un sueño

"Lo cosechado siempre es menor que lo sembrado,
lo vivido siempre es menor que lo soñado". (Mario Satz)

Es cierto que la imaginación tiende a magnificar todo de una manera sublime. Y los sueños van de la mano de la imaginación. ¿Qué haríamos sin sueños? Personalmente, si careciera de sueños los días amanecerían demasiado oscuros; quizás tampoco este rincón de internet tendría razón de ser. Hay sueños y sueños, y los sueños en los que aparece esa persona tan especial son únicos. A veces incluso muchos se repiten, aunque cambien algunos ingredientes, pero siguen siendo únicos.
Cuando recuerdo ciertos momentos que han ocurrido realmente no me sorprende comprobar que son radicalmente diferentes a como los esperábamos o incluso que hubieran variado de haberse dado otras circunstancias. Esto me lleva a pensar en lo perdida que me encuentro en su presencia, de lo nerviosa que me pongo en ocasiones. Claro que sé por qué es, pero en cierto modo hay una parte de mí que nunca sale al exterior y esa parte es justamente la que me gustaría mostrarle a él. Antes me ponía también más nerviosa que ahora, así que supongo que poco a poco iré dando más de mí y dejando de lado ese escudo que inevitablemente se convierte en una coraza.
Supongo que todas las personas a las que en el pasado nos han hecho daño nos cubrimos con una coraza protectora. En mi caso es de manera inconsciente, ojalá pudiera quitármelo y mostrarle mi alma tal cual. Aunque es verdad que me da la sensación de que él ya la ve. Con esa mirada, ¿cómo no iba a ver lo que hay en mí? Además, a esto hay que añadir que no puedo ocultarle nada.
Y, sin embargo, por muy bellos que sean mis sueños, no cambio por nada un minuto de él. Al fin y al cabo, los sueños sólo son aire y al aire volverán, pero él está ahí. Su mirada perfecta existe, su rostro es palpable, sus palabras se pueden escuchar proyectadas en esa voz tan sensual y su sonrisa se puede observar siempre con una pizca de misterio. Seguiré soñando, la mayor parte de las veces con él, pero siempre preferiré que me tiemble la voz en su presencia, que mis ojos se desvíen porque no quieren quedar atrapados en la profundidad de su mirada, que a veces no sepa qué decirle o que me ruborice porque me ha encontrado observándole. Como tal, siempre es preferible lo real, aunque sea mínimo. Pero me iré a soñar, que ya va siendo hora. Con él, por supuesto. Y aunque separen leguas, que mis pasos me vuelvan a llevar a él mañana y, si no, cualquier otro día. Quiero verme envuelta en su magia.

martes, enero 25, 2011

Una emoción atrapada en un minuto

Una emoción se concentra en un minuto pasajero, en un minuto que se irá, en un minuto que es único. La vida está llena de emociones.
Lo peor de las emociones es que son tan efímeras que al minuto siguiente ha desaparecido ese minuto de gloria, ese minuto que a veces es como estar en el paraíso.
Lo mejor de las emociones es que tenemos la capacidad para describirlo, para cerrar los ojos y rememorar todo lo que sentíamos en ese momento. E incluso volvernos a estremecer, si se da el caso.
Cerrando los ojos podría recordar casi al cien por cien su mirada perfecta de esta mañana, su rostro angelical, esa voz tan sensual... Y volver a soñar.
Que no desaparezcan esas emociones que nos ponen la piel de gallina...

Es hora de marchar.

Fiestas variadas

Otro año más he buscado el calendario de la Fer, porque parece ser que es uno de los pocos sitios fiables. Han cambiado las fiestas. Este año sí que hay San Jerónimo Hermosilla en septiembre y no en mayo. Además es fiesta el Lunes de Pascua, que no recuerdo que el año pasado fuera, y el día de Santiago, que cayó en domingo el año pasado.
Lo demás se queda igual.

Creo que no tardaré mucho en marchar.

Cuando llega la magia

De algún modo yo sabía que iba a encontrarme con él. Y en cierto momento mis pies me han llevado a él, sólo quería escuchar su voz, mirar a esos ojos perfectos, descubrir que estaba guapísimo. Al acercarme me he dado cuenta de que tengo muchas cosas que contarle y que no tengo tanto tiempo para hacerlo.
Después le he visto pasar. Me hubiera ido con él, a cualquier sitio...
Aunque luego he comprobado que estaba tan cerca como siempre.

Estaba guapo. Tan adorable como siempre. Me pregunto si él, al mirarme a los ojos, puede leer que en esos momentos me muero por besarle, por acariciarle, por escucharle, por desearle, por amarle...

Mirando en los recuerdos

Estos son unos segundos que dedico a vaciar la mente. Son esos instantes en que necesitas descargarte de todo, quitarte todo el peso y las preocupaciones, esos momentos para relajarse y permitirte sentirte ligera como una pluma.
Es entonces cuando una imagen, un recuerdo, una mirada empieza a acuñarse lentamente, como si tuviera más fuerza que el resto de imágenes, de recuerdos, de miradas. Porque esa imagen forma parte del recuerdo y en ese recuerdo aparece esa mirada angelical, esa mirada que contiene todo lo mejor del mundo.
Podría pasar un día entero navegando en la profundidad de su mirada y sentir que ha sido cuestión de minutos. Nunca me canso de mirar a esos ojos henchidos de nobleza, bondad, calma, inteligencia.
Y bien, con esa imagen perfecta en mente es un buen momento para ir a dormir.


"La felicidad no es un destino al que llegar,
sino una forma de viajar".

lunes, enero 24, 2011

¿Qué haría...?

Últimamente, cuando voy a hacer algo que no suele salirse de la normalidad, siempre me pregunto qué haría él en mi lugar, o cómo lo haría, o cómo sería hacer cualquier actividad con él.
Claro que una actividad habitual con él se convertiría en especial, en única, y posiblemente sería diferente.
Algo tan normal como dormir, ducharse o cenar... en su compañía sería algo demasiado magnífico. Esto me recuerda a que anoche pasé frío, pese a estar tapada hasta la nariz.

Cuando marchaba

Pensaba que me iba tarde, pero siempre hay alguien que se va más tarde todavía. El caso es que en momentos como ese, cuando sé que él aún sigue, me imagino yendo a un lugar donde venden pizzas y llevarle una recién hecha. Quedarme a cenar con él y dejarme llevar por esos instantes en su compañía. Lo que ocurre es que no sé cómo se lo tomaría. Después me marcharía y le pediría que no se fuera tarde.
En ese momento me imaginaba parando el coche detrás y buscarle. Aunque sólo fuera para desearle buenas noches.
Sería cuestión de minutos, porque sé perfectamente la razón de que aún siga ahí. Lo que ocurre es que, cuando está él, el tiempo siempre pasa muy rápido y me cuesta mucho despedirme de él.
Iré a cenar.

Momentos de él

Cuando me pongo a evocar cualquier instante de él de los últimos años (dos en marzo) encuentro magia en cada uno de ellos. Recuerdo casi a la perfección el primer día que le vi, recuerdo como una noche única el momento en que le conocí, recuerdo la luz plateada de la luna unas semanas después, recuerdo estar sentada en una terraza del centro de Antwerpen (Amberes) queriendo compartir con él todo lo que veían mis ojos, recuerdo cuando me cruzaba con él por la calle y me temblaba la voz (aún hoy me tiembla en ocasiones)... Y cada uno de esos momentos es único.
Le quiero tanto...

Debería pensar en marchar, que esta tarde tengo cosas que hacer cuando salga. Aunque en casa también pensaré en esa persona tan especial.

Al pensar en él

Podría decir muchas cosas, aunque sólo diré que estaba guapísimo. Que me ha encantado encontrármelo por la calle y que me ha encantado volver a verlo después. Que echaba de menos su mirada, su voz, su dulzura. Estaba guapo.
Echaba de menos esos momentos que la semana pasada brillaron por su ausencia. Aunque me gustaría comentarle algunas cosas, que pueden esperar. También me gustaría preguntarle dónde estuvo el sábado. Y por pedir que no quede, viendo el sol me imagino caminando por ahí con él, aunque sin darle la mano, pues mis manos están habitualmente heladas y a él no me atrevería a decirle que "manos frías, corazón caliente".
Y es que tengo las manos tan heladas que hasta me cuesta escribir.

Medianoche en el reloj

El campanario está demasiado cerca como para que las doce campanadas pasen desapercibidas. Debería ir pensando en dormir, a soñar con él. Le echo mucho de menos. En cierto modo es como si me faltara algo.
Es sorprendente cómo un día te das cuenta de que estás queriendo sin darte cuenta, cómo todo tiene un color diferente y cómo con sólo pensar durante segundos en esa persona tan especial sientes una alegría inmensa.
Es bastante probable que mañana le vea y eso me impulsa a irme al encuentro del mundo de los sueños para que las horas pasen rápidamente y llegue ya ese momento.

Estoy pensando en que sigue siendo un ángel adorable. Me pregunto si estará ya durmiendo.

domingo, enero 23, 2011

La futura cubierta del frontón


El espectáculo que se ve desde mi ventana es impresionante, a la vez que horrible. Ayer, al abrir la ventana, descubrí el armatoste del frontón, de un rojo chillón, que me llamó la atención soberanamente.
Claro que estoy informada de que van a cubrir el frontón. De hecho, no hace mucho que estuvimos comiendo en una bodega que está pegando y las obras ya habían empezado. Pero ayer me sorprendió ver lo rápido que va todo. La armadura de hierro actual no me gusta.

Despertar en domingo

Ayer le estuve buscando entre la gente. Posiblemente estuviera o quizás no, aunque su coche estaba allí. Le eché de menos, tanto que estuve a punto de preguntarle dónde estaba. Al pensarlo mejor, preferí no decir nada.
Creo que llegué a casa sobre las cuatro, con un frío terrible. Y soñé con él.

sábado, enero 22, 2011

La desconexión

Esta tarde ha habido un momento en que he desconectado del tema "Despedidas", me he sentado en otra mesa y me he puesto a escribir. Aunque estábamos en un bar donde cada vez había más gente, estaba con la mente en otro lado.
Porque de repente anhelaba verle, escucharle, mirarle a los ojos y quizás tocarle. Imaginaba dónde podía estar, imaginaba que me ponía a caminar, imaginaba que le robaba unos minutos de su tiempo, imaginaba que me quedaba observando la delicadeza con que hace todas las cosas. Pero sabía que no puede ser.
Es posible que esta noche le vea. Debería ir pensando en marchar.

Rincones tan conocidos


Habré pasado una infinidad de veces por ese rincón y la mayor parte de ellas ni siquiera he prestado atención a esos arcos que llevan ahí varios siglos. De pequeña estudiaba muy cerca, por lo que he caminado junto a esa parte de la catedral miles y miles de veces.
Ayer caminaba por allí a última hora de la mañana. Observaba la belleza silenciosa de esa calle que, pese a la hora, en ese momento estaba vacía. Pensé en que quizás él también ha pasado por allí en innumerables ocasiones y pensé en lo que me gustaría caminar por allí con él.
Quizás no nos fijamos muchas veces en lo que nos rodea, pero a veces nos encontramos descubriendo rincones junto a los que siempre hemos pasado y en los que nunca nos hemos fijado. Un día te encuentras descubriendo lugares muy próximos que cuentan con una belleza insólita.


Los minutos del sábado

Hemos quedado en un ratito en el Metropol. Anoche lo cerramos o, al menos, cuando nos íbamos sólo quedábamos nosotros. Lo cierto es que no me apetece nada ir, sobre todo cuando tengo otras cosas más urgentes que hacer, aunque en cierto modo el tema de una de las despedidas me toca de cerca, tanto como para no ignorarlo y tanto como para ser parte organizadora del evento. Aunque la próxima semana me encuentre con el agua al cuello. Yo quería mirarme los apuntes esta tarde, pero me temo que hoy no podrá ser.
Lo que me gustaría hacer esta tarde sería estar con él. Simplemente disfrutar de esa compañía que anoche eché de menos. Creo que soñé con él, aunque ahora no tengo más que notas difusas que se expanden por mi mente sin poder unir unas y otras.
Debería ir preparándome.

Cada viernes más tarde

Cada viernes hay menos gente y cada vez llego más tarde a casa. No lo entiendo.
Lo cierto es que los bares estaban desolados, apenas había gente y hace tanto frío... Yo tenía ganas de dar una vuelta y, en cierto modo, esperaba encontrarme con ese ángel de mirada perfecta. No estaba, supongo. Pero estaban los del teatro y, entre ellos, una señora que una vez me cedió la vez en correos. Cuando se han ido, ha quedado todo vacío.
Me hubiera gustado verle, susurrarle al oído que está guapo, preguntarle qué tal la semana y perderme en esa mirada perfecta...
No importa que apenas haya nadie, lo que importa es desconectar un poco. Sí importa que él no estuviera esta noche.

viernes, enero 21, 2011

La tranquilidad de la tarde

Me he puesto a leer y casi me quedo traspuesta. Así que he optado por salir al parque de al lado con el perro. Desde allí se ve la carretera y, por tanto, todo el ajetreo recién recuperado de la misma. A ver si esta vez es la definitiva y la terminan, que ya vale con las obras.
Estaba pensando en él.

Antes de que se vaya la luz

No creo que tarde mucho en marchar. Ya debería haberlo hecho, pero estoy haciendo tiempo para ir a recoger algo. Así que me darán las cuatro. También estoy haciendo tiempo para que venga mi compañera y así irme a tomar un café con ella.

Es increíble que haga tanto sol con el frío que hacía esta mañana temprano. O anoche, que estaba helando. Hoy es de estas tardes en que apetece pasear por las calles junto a un ángel. Eso me recuerda algo, pero como ahora estoy perezosa para coger la cámara con las fotos que lleva dentro, lo dejaré para después.
Le he visto de espaldas, pero eso no quita para decir que hoy también estaba guapo.

Caminando a destiempo

Caminaba por la calle y he visto a varias personas justo delante de mí, aunque algo lejillos. A esa persona tan especial le hubiera reconocido desde un sinfín de millas de distancia. Después le he vuelto a ver de espaldas, en uno de esos momentos en que me gustaría acercarme sigilosamente y abrazarle, tal cual.
Echo de menos su mirada.

Frío glacial

Hace mucho frío. Huele a nieve. Espero que no nieve este fin de semana, pero sí que se siente una bajada brutal en las temperaturas.
Por fin es viernes. Se agradece que llegue ya el fin de semana. Necesito desconectar, que esta semana ha sido un poco cuesta arriba. Eso me recuerda a que, en siete días, será un día en que estaré toda la mañana escribiendo sobre unas materias que no me he mirado aún.
Quizás la próxima semana salga una hora antes por las tardes.

A esta hora me gustaría abrazar a alguien muy especial. Quizás esté durmiendo aún.

Llegaron al Polo Sur

Frank Hurley, Atrapados en el hielo
"Desde mi infancia he soñado con llegar al Polo Norte,
y aquí estoy, en el Polo Sur". (Roald Amundsen)

Las palabras a veces son como una obra de arte: tienen muchas interpretaciones, tantas como estrellas hay en el cielo. Amundsen no hablaba metafóricamente, sino por la realidad del viaje que acababa de hacer: fue el primer hombre en llegar al Polo Sur. Y su aventura sería un precedente a viajes posteriores. Pocos años después sería Shackleton el que organizaría una expedición a bordo del Endurance para atravesar el Polo Sur a pie. Pero Shackleton fracasaría al quedar el barco encallado entre el hielo. Uno de los libros más sobrecogedores que he leído nunca es La prisión blanca, que detalla la experiencia de Shackleton y es agobiante porque están atrapados entre el hielo, sin radio y sin pocas provisiones para salir con vida de aquella cárcel helada. Sí que eran aventureros en el siglo XIX.
Sin embargo, a mí la frase me da para pensar en que a veces nos dirigimos a algún sitio y cualquier cambio, por mínimo que sea, podría hacernos cambiar la trayectoria, terminando en un sitio muy diferente al que habíamos pensado en principio. Porque la vida a veces no sabemos qué nos tiene preparado. Generalmente siempre nos esperan cosas buenas, pero muchas de esas cosas ni siquiera llegamos a imaginarlas. En esta incertidumbre se encierran muchos de los misterios de la vida, que se van desenvolviendo a medida que van pasando los días.
No me iría a ninguno de los polos. Hace demasiado frío, hay seis meses de oscuridad y seis meses en los que el sol no se oculta nunca y si no me gusta la nieve, el hielo me gusta aún mucho menos. No iría, pero conozco a alguien que es demasiado aventurero. Con él, en cambio sí que iría. Tenía razón Amundsen, porque lo que en un principio no haría motu proprio, sí que lo haría cambiando una sola circunstancia. Nunca se sabe...

jueves, enero 20, 2011

Un dibujo en el cristal


A mi madre no le va a hacer gracia mañana ver un dibujo en el cristal. Cuando pasaba mis dedos por el frío cristal imaginaba que los pasaba por otro lugar. Y esa imagen solitaria me ha hecho sonreír.
Ha quedado bien. Me gustaría mostrárselo.

La noche está muy clara hoy. Había una luna casi llena que eclipsaba a los millones de estrellas que apenas parpadeaban.

Al final de la tarde

Se ha alargado la tarde, tanto que apenas me he dado cuenta, aunque ha estado todo más tranquilo que ayer. Ya es jueves, lo que equivale a decir que se acerca rápidamente el fin de semana. Y el fin de semana me acerca más a él.
Sin embargo, hoy estoy preocupada por un tema personal, algo que en principio no debería afectarme y, pese a ello, me afecta.
Por eso, en estos momentos, al pensar en esa persona tan especial me permito sonreír, quizás porque al pensar en él se esfuma parte de la preocupación anterior.
A veces creo que me gustaría describirle ese desasosiego, que no está relacionado con él, para escuchar sus palabras reconfortantes, para que me dé su opinión. Supongo que es una de las miles de cosas que me gustaría compartir con él.
Me pregunto dónde estará.

Tendré que ir cerrando el chiringuito.

Todo se dulcifica

No tengo palabras para describir esa mirada tan dulce. Reconozco que hoy estaba mosqueada, porque había tenido un pequeño altercado por teléfono, pero ha sido verle a él y sentir que todo a mi alrededor se dulcificaba.
Estaba guapísimo, no podía ser de otra forma.

Debería irme, que luego se me echa el tiempo encima.

¿De dónde ha salido...?

No hace mucho estaba con una piruleta en forma de corazón. Algo tan simple como chupar una piruleta antes de dormir hace que sonría, quizás porque he recordado de dónde ha salido esa piruleta, por qué estaba ahí y no en otro lugar.
La piruleta ha hecho que fuera a lavarme los dientes por segunda vez esta noche, pero también me ha traído la imagen de la sonrisa y la mirada de un ángel. Le echo de menos. Siento como si me faltara algo, aunque sé que esta noche, cuando en unos minutos cierre los ojos, volveré a soñar con él. Me encanta soñar con él.

Lección moral al final del día

"Todos los problemas tienen la misma raíz: el miedo.
El miedo desaparece gracias al amor.
Pero el amor nos da miedo". (Anthony de Mello)

Esta noche me siento completamente identificada con esas palabras. Quizás desde hace algunos meses llevo pensando en ese temor que a veces me mortifica. Y, sobre todo, me descubro amando como nunca he amado. Lo mejor es que todo es más perfecto.

Debería ir a dormir. A soñar...