viernes, enero 21, 2011

Llegaron al Polo Sur

Frank Hurley, Atrapados en el hielo
"Desde mi infancia he soñado con llegar al Polo Norte,
y aquí estoy, en el Polo Sur". (Roald Amundsen)

Las palabras a veces son como una obra de arte: tienen muchas interpretaciones, tantas como estrellas hay en el cielo. Amundsen no hablaba metafóricamente, sino por la realidad del viaje que acababa de hacer: fue el primer hombre en llegar al Polo Sur. Y su aventura sería un precedente a viajes posteriores. Pocos años después sería Shackleton el que organizaría una expedición a bordo del Endurance para atravesar el Polo Sur a pie. Pero Shackleton fracasaría al quedar el barco encallado entre el hielo. Uno de los libros más sobrecogedores que he leído nunca es La prisión blanca, que detalla la experiencia de Shackleton y es agobiante porque están atrapados entre el hielo, sin radio y sin pocas provisiones para salir con vida de aquella cárcel helada. Sí que eran aventureros en el siglo XIX.
Sin embargo, a mí la frase me da para pensar en que a veces nos dirigimos a algún sitio y cualquier cambio, por mínimo que sea, podría hacernos cambiar la trayectoria, terminando en un sitio muy diferente al que habíamos pensado en principio. Porque la vida a veces no sabemos qué nos tiene preparado. Generalmente siempre nos esperan cosas buenas, pero muchas de esas cosas ni siquiera llegamos a imaginarlas. En esta incertidumbre se encierran muchos de los misterios de la vida, que se van desenvolviendo a medida que van pasando los días.
No me iría a ninguno de los polos. Hace demasiado frío, hay seis meses de oscuridad y seis meses en los que el sol no se oculta nunca y si no me gusta la nieve, el hielo me gusta aún mucho menos. No iría, pero conozco a alguien que es demasiado aventurero. Con él, en cambio sí que iría. Tenía razón Amundsen, porque lo que en un principio no haría motu proprio, sí que lo haría cambiando una sola circunstancia. Nunca se sabe...

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