
Desde que entró la Ley Antitabaco en vigor me duran los paquetes de tabaco varios días. Por tanto, fumo menos, así que ahorro en salud, y además a la larga se tiene que notar en el bolsillo. Ahora se ven corrillos de gente junto a las puertas de los bares charlando de más cosas aparte del tiempo.
Es una situación esperpéntica.
Aunque he comprobado que tampoco me afecta tanto. Al no notar ese tufillo a tabaco tampoco me llama.
Es curioso, porque en mi casa también se ha instaurado la Ley Antitabaco y no me queda más remedio que bajar las escaleras y salir a pasearme por el jardín, ir a la terraza y apoyarme en una columna de ladrillos para mantenerme oculta de miradas indiscretas o abrir la ventana de mi habitación y sacar medio cuerpo fuera. Sea cual sea, la situación es que si fumar menos es más saludable, no sé hasta qué punto aguantaré sin pillarme una pulmonía.
De todas formas, a todo nos acostumbramos tarde o temprano.
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