
Conocer a un ángel sólo puede ocurrir una vez en la vida. Soy consciente de que la perfección humana no existe, pero si existiera llevaría su nombre. Un día recala en nuestra vida alguien especial, alguien que es capaz de sorprendernos cada vez, alguien que se hace querer desde el mismísimo momento en que te mira, alguien con una sabiduría excepcional… En ese momento eres consciente de que acabas de conocer a un ángel y eso es algo que no ocurre todos los días, a veces ni siquiera ocurre en toda una vida.
Una mirada da paso a las palabras y sus palabras dejan entrever su sabiduría, su forma de pensar, su inteligencia. Cada vez le conoces un poco más y cada vez te gusta más lo que descubres a través de esa ventana. Llega un día en que te sorprendes pensando en que le quieres con locura. Llega un momento en que te das cuenta de que los sueños sin él no son sueños y los días sin él carecen de color.
Cada instante de él te ha ido brindando un pedazo de felicidad. Y cuando él está cerca no puedes dejar de sonreír.
Él es como un mago que un día me ‘tocó’ el alma. A su paso todo es perfecto.
Él hace que cada día sea único, mágico, que sea motivo de alegría.
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