miércoles, enero 31, 2018

Un cumpleaños muy importante

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En febrero tengo un cumpleaños muy importante, y es el día 24. Es sábado. Mi sobrina pequeña cumplirá 4 años. Y llevo bastante rato mirando qué le puedo regalar. Con lo coqueta y presumida que es podría ser ropa, pero adora las muñecas, las casas de muñecas con todos los cachivaches. Y el problema del regalo es que tiene de todo, porque si no se lo han regalado a ella, lo ha recibido la mayor. 
Creo que el año pasado le regalé un tren de Peppa Pig que le entregué un día antes porque encontró el paquete en casa de mis padres. Y ni ella pudo esperar ni yo tampoco. El año anterior fue un vestido, que fueron dos, porque a la mayor le regalé uno igual. 
Desde que el Sombrerero Loco se quedara en mi casa en Reyes porque no le gustó tengo que andar con mucho tiento, no vaya a ser que lo que le regale me lo tire a la cabeza. De todas formas, ya le hemos explicado que su hermana y yo le hacemos el regalo juntas. Al menos este año me ha dicho que sí que me invita a su cumpleaños; el año pasado estuvo un mes diciéndome que no me invitaba.
Lo que más pereza me da de los cumpleaños infantiles es encontrarme una horda de niños pequeños con sus padres en la casa de mis sobrinas, más los abuelos y tíos. 
Tendría que haberle preguntado a mi sobrina mayor qué le regalamos a su hermana. 
Qué complicado. Creo que lo dejaré para mañana.

Luna llena

Cuando he visto la luna he pensado que podría hacerle una foto, cuando aún estaba a ras del horizonte y con un cielo anaranjado. Pero cuando la noche se ha cerrado ya ha sido imposible hacer una buena foto. Ni con una cámara japonesa he conseguido hacer una magnífica foto de la luna, aunque he marcado todas las opciones. 
Al menos los fuegos artificiales me salieron bien. Si no estoy mal informada hoy hay eclipse de luna.

Estoy a muy poco para bajar a una cafetería y preguntar qué ha ocurrido esta tarde. Si pasan dos camiones de bomberos y a los cinco minutos un tercero, y luego se escuchan más sirenas, no es cosa baladí. Aunque seguro que me enteraré mañana.

Este tiempo está loco

Veo el sol que hay esta tarde y no me puedo creer que en dos días vuelva a nevar. Según la previsión del móvil vamos a tener varios días de nieve.
Y yo que ya estaba pensando en un tiempo primaveral...

martes, enero 30, 2018

Despertarse con el sol

Hoy estoy especialmente cansada y no entiendo el motivo. Tampoco he hecho algo que me haya llevado mucho esfuerzo, en mi caso mental. Entiendo estar cansada después de una reunión, pero no sin haberla tenido. Anoche dormí bien, por lo que no comprendo cómo se me están cerrando los ojos en este preciso momento. Eso quiere decir que no tardaré mucho en estar durmiendo, lo que conlleva también que mañana a las siete de la mañana esté con los ojos como platos.
Mi dormitorio da al este y no me gusta bajar la persiana por completo. En verano veo amanecer muchos días porque el nacimiento del sol me despierta. Pero no es por la salida del sol por la que nunca bajo completamente la ventana. Es simplemente que no me gusta la oscuridad completa.
En la casa de mis padres mi dormitorio daba al oeste y tampoco bajaba la persiana por completo. En invierno dejaba que la luz de la calle entrara por las rendijas y en verano directamente la dejaba a la mitad, por lo que la luz del día entraba a raudales. Me gustaba despertar así. En invierno también lo hubiera hecho, pero me hubiera helado de frío, porque en la casa de mis padres las ventanas estaban compuestas por la parte superior correspondiente a la ventana y la parte inferior en madera, que llegaba desde la mitad al suelo. Es decir, eran como puertas, sólo que sin poder salir. Lo que ocurre con la madera en invierno es que permite que entre el frío, pero además... bajaba la persiana porque las inclemencias climáticas del invierno machacaban la madera. A cada poco tiempo había que lijar y pintar todas las ventanas. También en verano tenía que bajar la persiana completamente cuando daba el sol de la tarde. 
Vistas desde fuera esas ventanas son originales, la madera luce mucho, pero no deja de ser muy latosa. Ahora ya no me tengo que preocupar del sol ni del frío ni de bajar las persianas a tope. Ahora directamente dejo que entre la luz del sol y sigo gozando al despertarme cuando la luz del día me da en pleno rostro. 

Capota

Si a las seis pensaba en ponerme el pijama, a las siete me encontraba tomando una cerveza en el Capota, donde no debían tener la calefacción puesta... porque hacía mucho frío.
Me han dicho que el jueves vuelve a nevar. ¡Qué horror!

Los colores del cielo

Lo primero que llama la atención de este atardecer tan extraño es la luna, casi parece un queso, y luego los colores tan suaves.
Esta mañana me han preguntado dónde iba tan fresca con una chaqueta de entretiempo. Es que he visto el sol... y ya tenía calor.

Cosas del martes

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Después de llegar a casa no hace ni diez minutos sólo deseo ponerme a leer. Creo que he evitado venir antes porque sabía que me olvidaría de todo, como me ocurrió ayer.
Mi sobrina, la mayor, que además es mi ahijada, no para de preguntarle a su padre sobre mi coche. Porque si el coche está roto a ver cómo voy a trabajar. Yo ya sé que ese coche les encanta a mis sobrinas, quizás influye en que en verano las he llevado alguna vez delante a las dos, sin sillas ni nada. Yo les decía: "Y si me pillan los guardias, ¿qué les vais a decir?". 
En fin, es buena hora para relajarse y leer un poco. Hoy... que ya no tengo más obligaciones. Podría ponerme incluso el pijama.

Terminando enero

Enero siempre es un mes que se me hace larguísimo, pero ya no queda nada para que termine. Pienso en la última Navidad y me da la sensación de que han pasado por lo menos tres meses desde entonces. Además, este mes tuvo como agravante el accidente de mi hermano, que al final todo quedó en un susto y yo me quedé sin coche. Eso supuso que la semana pasada tuviera una sobrecarga de trabajo, pero finalmente ya ha pasado y ahora me encuentro más descansada, más desahogada quizás. 
Me he volcado en las novelas de Pierre Lemaitre y cuando leo no pienso en nada más. Este mes llevo once libros leídos, aunque quizás sean doce antes de que acabe el mes. En el Tarro-Libros llevo más de once euros, todo porque al menos hay cuatro novelas donde he metido más de un euro, por criterios de calidad.
Viendo la hora que es, debería ir pensando en alisarme el pelo. Aún no he querido comenzar con Camille, eso lo dejo para antes de dormir.

lunes, enero 29, 2018

Rosy & John (Serie Verhoeven III)


Esta novela corta fue escrita con posterioridad a la trilogía, de la que aún me falta de leer Camille, pero cronológicamente se sitúa en tercer lugar, y así es como consta en el volumen que yo tengo. Es tan corta que ya la he leído. Básicamente esta novela fue una propuesta de una editorial, en la que se le propuso al autor escribir capítulos que no sobrepasaran las tres páginas de una pantalla normal, es decir, el tiempo medio que pasa un parisino en el metro entre dos trasbordos. Esta novela fue pensada a modo de folletín para smartphone. El propio autor indica que no es una novela al uso, y califica la trilogía como "una trilogía en cuatro volúmenes".
Es tan corta que se lee en un rato, como me ha ocurrido a mí, y lo mismo que las anteriores, no se puede parar de leer. 

Una bomba estalla en un cruce de calles parisino. Se trata de un obús, pero no causa víctimas mortales. John Garnier se presenta en las dependencias de la Brigada Criminal para demostrar la autenticidad del atentado, pero sólo quiere hablar con el comandante Camille Verhoeven, a quien conoce de verle en las noticias. Verhoeven está disfrutando de unos días de vacaciones, pero acude raudo a la Brigada para entrevistarse con el joven. En un principio no cree mucho en lo que dice, pero sabe que cuenta la verdad cuando una testigo se había fijado en él y le reconoce porque le había visto grabando la zona antes del estallido de la bomba. John, que se hace llamar Jean, le informa a Camille de que hay seis bombas más programadas para explotar una cada día, en los lugares más inverosímiles, sobre todo porque un obús de esas dimensiones debe estar escondido en lugares donde haya habido zanjas para acometer obras de envergadura. Para que Jean diga las ubicaciones exactas, le pide a Camille que se saque a su madre Rosie de la cárcel -se encuentra en prisión por haber atropellado intencionadamente a la novia de Jean con el coche-, 4 millones, cambio de identidades y un viaje de no retorno para Australia. Camille y sus superiores se niegan a ceder a ese chantaje, y se entrevistan cada día con Jean para que les informe dónde se encuentran el resto de obuses y a qué hora van a estallar.

El lector revive verdaderos momentos de estrés y pánico cuando descubrimos que el joven juega con todos, que pasan las horas y sigue sin soltar prenda...

No me ha gustado tanto como las novelas precedentes, pero vuelvo a reconocer que Pierre Lemaitre tiene un don para conseguir que no me despegue de la lectura durante mucho rato. Tanto como para olvidarme de todo (aunque me haya traído trabajo a casa) y perder la noción del tiempo. 
Cuando empecé a leer este volumen hace unos días decidí que leería otros libros breves entre una y otra novela del volumen, pero es que no puedo. Necesito terminarlo. Ha llegado un momento en que, aunque no cambie de temática, necesito seguir leyendo más de este autor. Es que ya es por curiosidad, porque quiero saber con qué originalidad vendrá en la última, Camille

EL AUTOR:

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Pierre Lemaitre nació en París en 1951. Antes de ganar el Premio Goncourt 2013 con su novela Nos vemos allá arriba, ya era un escritor de renombre en el género de la novela policíaca. Con Irène (2015, Premio a la Primera Novela Policíaca del Festival de Cine Policíaco de Cognac, Premio San Clemente, considerada Mejor Novela Negra del Año por El Periódico de Catalunya) inició la serie protagonizada por el comandante Camille Verhoeven, que incluye Alex (2015, Dagger Award 2013, Premio de Lectores de Novela Negra de Livre de Poche 2012 y uno de los libros del año según el Financial Times, en curso de adaptación al cine por James B. Harris, con guión del propio Lemaitre), Rosy & John (2016) y Camille (2016, Dagger Award 2015). Fuera de la serie llegaron, con una extraordinaria recepción por parte del público y de la crítica, Vestido de novia (2014, Premio del Salon du Polar 2009 y Premio Best Novel Valencia Negra, en curso de adaptación al cine) y Recursos inhumanos (2017, Premio de Novela Negra Europea, en curso de adaptación como serie de televisión). Además del Goncourt y de tres Dagger Awards, ha obtenido el Premio a la Mejor Novela Francesa 2013 de la revista Lire, el Premio Roman France Télévisions y el Premio de Libreros de Nancy-Le-Point, y su obra, con más de tres millones de lectores, está siendo traducida a treinta idiomas.

EL LIBRO:

Título original: Rosy & John
Autor: Pierre Lemaitre
Traductor: Juan Carlos Durán Romero
Editorial: Alfaguara (1ª edición, en noviembre de 2017)
Número de páginas: 121
ISBN: 9788420428390

Valoración: 10/10

Estas son las portadas de las novelas que originalmente se editaron por separado:


RETOS:
Y lo incluyo en el mes temático: Enero: mes de la novela negra.

Noche estrellada

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Noche estrellada, Van Gogh

Hoy es una de esas noches llenas de estrellas, lo que vaticina que mañana saldrá el sol porque el firmamento está despejado.
Las noches estrelladas me recuerdan a algunos cuadros de Van Gogh, también a las noches de verano en mi pueblo, cuando todavía éramos adolescentes y nos sentábamos en círculo cerca de alguna farola, o incluso hacíamos hueco entre los trigales donde aún no se había cosechado y mirábamos el cielo, contábamos historias -generalmente de miedo- y entonces daban las doce y yo me tenía que ir a casa. Porque aunque vivía en un pueblo tenía, como algunas amigas más, toque de queda. 
Sí, las estrellas me recuerdan a aquellos lejanos veranos, cuando aún estábamos todos, cuando el tiempo transcurría despacio. Tiempo después muchos de los amigos que venían en verano dejaron de venir, otros rehicieron su vida lejos, algunos vendieron las casas... 
Me gusta mirar el firmamento. Hoy me he conformado con ver la Osa Mayor y la Osa Menor. Y cuando las he encontrado he pensado en que mañana haría sol, y el sol me hace sonreír más. 

Alex (Serie Verhoeven II)


He terminado la segunda novela de la Serie Verhoeven sin darme cuenta. Cuando he visto los agradecimientos me he quedado pensando en lo bueno -verdaderamente bueno- que es Pierre Lemaitre. Es que no tengo palabras. Cada novela, a su modo, engancha al lector de una manera impulsiva y recalcitrante. Es más, voy a seguir leyendo la tercera, ya que es la más corta del libro, y es muy posible que la reseña esté entre hoy y mañana. Sé lo que ocurrirá después de Lemaitre: que no habrá novela cuya lectura me llene lo suficiente. Igual debería coger algún clásico... De momento seguiré con este autor. Hay que leerlo para entender cómo consigue enganchar de esa manera: su estilo, su originalidad, sus personajes, la historia en su conjunto, los giros que hace, la maestría de su narrativa, y lo inesperado. Realmente seguimos sin esperarnos esos finales.
Dice el autor en el prólogo que la de Alex es una novela para hacer sentirse identificado al lector. 

[OJO: Podría haber 'spoilers' de la novela anterior, Irène.]

Alex Prévost es, aparentemente, una joven agradable, dulce, agraciada, que vive en París. Le gusta mudarse a menudo y probarse pelucas diferentes. Es enfermera de profesión y es una joven observadora. 
Una noche es raptada a la salida de un restaurante ante un hombre que se queda estupefacto y paralizado, pero que termina llamando a la policía. 

Alex se despierta en un almacén. Un hombre al que no conoce le dice que se desnude y que se meta en una extraña caja donde no puede tumbarse completamente pero tampoco puede sentarse, lo que podría atrofiar sus músculos. Alex comprende que el hombre quiere ver cómo se muere lentamente, y cuelga la jaula cada día. Va a verla a diario dos veces, descuelga la jaula y hace fotos con su móvil. El hombre apenas habla, pero un día dice algo que le hace pensar y Alex comprende que es el padre de Pascal Trarieux.

Han pasado unos años desde que Camille Verhoeven no llegara a tiempo para salvar a Irène y a su hijo no nato de una muerte cruel. Fue hospitalizado y necesitó ayuda psiquiátrica. Desde entonces, cuando ha vuelto a las dependencias de la Brigada Criminal de París se le han asignado casos menores, y sobre todo sin relación alguna con crímenes de sangre o raptos.
Pero Le Guen esta vez ha decidido llamarle para que se ponga a investigar el caso de la joven raptada. Camille llega a la Brigada sin ganas: no quiere hacerse cargo de un caso que, en su origen, se asemeja bastante al secuestro de Irène. Vuelve a hacerse cargo de su grupo, Armand y Louis, ya que Maleval fue expulsado de la Brigada por su "colaboración" con el asesino de Irène. 
Nadie sabe quién es la mujer, una joven cuya desaparición nadie ha denunciado. Camille comprende que tiene que visitar la calle donde fue raptada y descubre las cámaras de una farmacia, gracias a las cuales consiguen ver parcialmente la matrícula de la furgoneta donde se la llevaron. Jean-Pierre Trarieux es acorralado por la RAID, pero antes de desvelar el paradero de su víctima se suicida en la autopista. 
Una llamada de un graffitero que ha descubierto una especie de jaula en un almacén abandonado en las afueras de París alerta a la policía... 
Pero Alex es una superviviente y como hace días que su secuestrador no aparece y las ratas del almacén cada vez son más osadas, decide hacerse cortes para mojar con su propia sangre la cuerda de donde cuelga la caja...
Cuando la policía llega al almacén Alex ha desaparecido. Comienzan a buscarla como locos y a seguir la pista de Pascal, también desaparecido sin haberlo encontrado. Llegan a una antigua casa donde Alex, que se hacía llamar Nathalie, puso un depósito de agua en el jardín. La policía lo vacía y descubre el cadáver de Pascal, pero descubren que su garganta ha desaparecido en un amasijo de carne, debido posiblemente a una especie de ácido (lo que luego se descubrirá que es ácido sulfúrico para baterías de coches). Camille ya no quiere dejar el caso y prosigue buscando otros casos donde la víctima ha sido rociada con ácido sulfúrico muy concentrado, él ya se ha dado cuenta de que Alex "no es trigo limpio", y lo que se encuentra es una asesina en serie, cuyos crímenes no parecen tener relación entre sí. Camille ha dibujado un esbozo de Alex que se le parece bastante, gracias a las fotografías que Jean-Pierre Trarieux tenía en su móvil, pero no es suficiente, ya que los testigos que la han visto o que han tratado con ella recuerdan diferentes nombres o cambia el color de ojos y de pelo...

Llegados a este punto descubriremos que Alex no es sólo una asesina en serie, sino además una víctima con la que se han ensañado con creces. Y es que al final ella sólo está cumpliendo su propia venganza. Una historia de chantaje, venganza, asesinatos y parentescos familiares que no dejan indiferente al lector.

EL AUTOR:

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Pierre Lemaitre nació en París en 1951. Antes de ganar el Premio Goncourt 2013 con su novela Nos vemos allá arriba, ya era un escritor de renombre en el género de la novela policíaca. Con Irène (2015, Premio a la Primera Novela Policíaca del Festival de Cine Policíaco de Cognac, Premio San Clemente, considerada Mejor Novela Negra del Año por El Periódico de Catalunya) inició la serie protagonizada por el comandante Camille Verhoeven, que incluye Alex (2015, Dagger Award 2013, Premio de Lectores de Novela Negra de Livre de Poche 2012 y uno de los libros del año según el Financial Times, en curso de adaptación al cine por James B. Harris, con guión del propio Lemaitre), Rosy & John (2016) y Camille (2016, Dagger Award 2015). Fuera de la serie llegaron, con una extraordinaria recepción por parte del público y de la crítica, Vestido de novia (2014, Premio del Salon du Polar 2009 y Premio Best Novel Valencia Negra, en curso de adaptación al cine) y Recursos inhumanos (2017, Premio de Novela Negra Europea, en curso de adaptación como serie de televisión). Además del Goncourt y de tres Dagger Awards, ha obtenido el Premio a la Mejor Novela Francesa 2013 de la revista Lire, el Premio Roman France Télévisions y el Premio de Libreros de Nancy-Le-Point, y su obra, con más de tres millones de lectores, está siendo traducida a treinta idiomas.

EL LIBRO:

Título original: Alex
Autor: Pierre Lemaitre
Traductor: Artur Jordà
Editorial: Alfaguara (1ª edición, en noviembre de 2017)
Número de páginas: 341
ISBN: 9788420428390

Valoración: 10/10

Estas son las portadas de las novelas que originalmente se editaron por separado:


RETOS:
Y lo incluyo en el mes temático: Enero: mes de la novela negra.

Aprendí a sonreír

Me pone nerviosa no conseguir dormir cuando hace una hora que debería estar soñando. A la una en punto he apagado la luz y, una hora después, sigo con los ojos bien abiertos.
Después de dar vueltas en la cama he encendido la lámpara y he pensado que podría seguir leyendo. Para estos casos debería tener un libro de emergencia, un libro que me dé sueño, cosa que no va a ocurrir con la novela actual.
Espero conseguir pegar ojo en un rato. Voy a leer un poquito más...
Tendré que poner al mal tiempo buena cara.

Como ratones de biblioteca

Sin darme cuenta he traspasado el ecuador del libro de Pierre Lemaitre y vuelve a ocurrirme como con Irène, que no puedo parar.
Llega a ser otro libro y ya me hubiera quedando dormida leyendo. Pero esta noche no, me encuentro expectante.
Es probable que Alex lo acabe mañana.

domingo, enero 28, 2018

Paseando libros

Hoy me he dado cuenta de que no tenía batería en el libro electrónico a media hora de marcharme. Aunque lo he puesto a cargar, finalmente he optado por llevarme una antología de cuentos de Truman Capote. Pero ni lo he abierto.
La cuestión es que no podía llevarme el volumen de Lemaitre conmigo porque pesa mucho. Y tenía que llevarme algo para leer. Pero no sé para qué: si están mis sobrinas no voy a leer nada porque desde el minuto uno me acaparan.
Mi hermano pequeño pregunta a ver qué hago que sólo quieren estar conmigo. Y yo le digo que los niños en general sólo necesitan que se les preste un poco de atención. Pero está claro que soy la tía favorita.
Será el último día que pasee un libro de aquí para allá.

En casa ya

He ido a comprar pan y estaba todo lleno de gente. No me creo aún estar en mi casa tan pronto. Ni siquiera me ha dado la sensación de haber comido en Logroño, quizás por ese momento de niñas que me ha gastado algo más de energía. Pero parece un viaje relámpago.
El caso es que como la tarde acompaña hay mucha gente en todos los sitios.

Nos vamos

Después de los columpios les he dicho a las pequeñas que nos fuéramos, y me han dicho que teníamos que tomar un café en la nueva pastelería, que no nos podíamos ir todavía. Yo, café, pero ellas Cola Cao y un brownie para las dos.
Luego se han empezado a desmelenar y me las he tenido que llevar.
En casa las he dejado... jugando a las cartas.

Columpios


En cuanto me ven mis sobrinas no me dejan ni respirar. Después de poner Disney Channel se han subido a mi espalda y me han dejado baldada. Así que les he dicho de ir a la calle. "Mamá no nos va a dejar". Claro que les ha dejado, creo que mi cuñada estaba encantada de perderlas de vista durante un rato.
Creo recordar los columpios diferentes; al menos el suelo está cambiado.

Apetece

Con este sol apetece mucho ir a tomar el vermout y comer a Logroño. Ya sé lo que me va a tocar después de comer, porque mis sobrinas están pendientes cada vez que digo que tomaré un café en el bar, ya que para ellas eso significa ir a los columpios.

Estatuas de bronce

Oporto

Mis amigas se ríen de mi fijación por las estatuas de bronce. Y es que si no me hago yo misma una foto con la estatua, me pararé sólo para hacer foto de la estatua. No hay lugar donde no vaya y haya estatuas que no me lleve una imagen conmigo. 
Es cierto que Haro está llena de estatuas, pero anoche descubrí algunas que no había visto antes. Así que cada cinco minutos me paraba y sacaba el móvil. Mis amigas me instaban a seguir y yo les decía: "Primero, la estatua". 
Eso me ha recordado a que en Oporto pasaba siempre por la plaza del Ayuntamiento donde me encontraba siempre con una estatua junto a un buzón y me paraba cada vez para contemplar la imagen desde todos los ángulos. 
Hoy en día en muchas ciudades nos encontramos con estatuas de bronce dedicadas a celebridades y también a personas cotidianas. En Haro hay toda una colección dedicada a los diferentes procesos del vino. Personas anónimas, con sus rostros concentrados en el encorchado del vino o en la construcción de una barrica. Por algo la llaman la capital del vino.

Lo que puedo decir con absoluta seguridad es que no hay estatua que no cause atracción en mí como para dedicarle unos minutos. Algo en esas estatuas me hechiza, me atrae.
Oporto

Haro...


Me gusta bastante ir a Haro, me gusta el ambiente, me gusta el tapeo, adoro que haya estatuas a cada poco.
Es que esta tarde sabía que no había vuelta de hoja: a la Herradura de Haro o a La Laurel a Logroño.
Hace frío, y la perspectiva de quedarse en casa leyendo era muy halagüeña, pero prefería estar en la calle y mezclarme con la gente.


sábado, enero 27, 2018

A las ocho y media

Ya sabía yo que como hubiera hoy un intercambio de mensajes no cenaría en casa. Lo que más me apetece es leer hasta perder la noción del tiempo, pero creo que puedo dejarlo hasta mañana. De momento, he quedado a las 20.30h. y no sé qué nos deparará la noche. A cenar ya no vendré a mi casa, y no sé dónde terminaremos hoy. Me veo en la Laurel, pero también podría ser Haro o cualquier lugar donde nos apetezca ir. Todo se verá...
Pese al frío, creo que me apetece mucho más estar con gente que quedarme en casa. 

Sábados de manta y libro

Dice mi hermano que estoy muy bien al calor de mi casa, que a veces le gustaría quedarse una tarde de sábado sin hacer nada, olvidándose de todo. En cierto modo, cuando viene a mi casa, hay horas que nos dedicamos a remolonear. 
Anoche vinimos tarde a mi casa, cenamos cuando daban las once de la noche y yo me fui a leer. Él debió ver una película entera y se asomó para decirme que apagara la luz. Yo ya tenía los ojos cerrados y es que el último libro de Ishiguro me daba sueño. Hoy he reanudado la lectura de Lemaitre con Alex. Y en la segunda página ya me tenía enganchada por algo que ha dicho donde me he sentido plenamente identificada:

Que el amor es un compartimento maltrecho de su existencia... Así que he seguido leyendo.
Mi hermano también ha venido a comer. Y se ha quedado viendo otra película. Le he preguntado si quería un libro. Con la cantidad de libros que hay en mi casa... pero ha preferido el sofá y la película. No sé si ha terminado de verla. Me hace gracia porque en menos de un día se va a empachar de películas. Que yo sepa ahora está en el cine con su familia viendo una película infantil, Ferdinand
Creo que no tengo necesidad de salir por hoy. Ya he salido hoy a por el pan y sólo de pensarlo siento frío. Porque hace demasiado frío hoy. Si estuviera en la casa de mis padres añadiría la chimenea, pero me conformaré con la manta. 

Gatos callejeros

Hay un sitio aquí donde los gatos rodean los vehículos, siempre están ahí.
Yo pasaba, y no es que me gusten mucho los gatos, me he dado la vuelta y me miraban. Y les he susurrado que siguieran mirando mientras sacaba el móvil.
Ahora sólo les tengo que decir a mis sobrinas que los gatos me miran cuando voy a hacer una foto y ellas no.

Olor a limpio

Los sábados son jornadas que dedico a la limpieza. Generalmente una persona sola ensucia poco, pero a pesar de ello no soporto ver una pelusa en el suelo. En cuanto veo polvo o pelusas me pongo a estornudar.
Nunca quise hacerme las pruebas de las alergias. Pero que tengo alergia a algo eso es seguro. Creo que al polvo. Esta mañana me he levantado estornudando y he pensado en que tenía que limpiar. Y entonces he dejado de estornudar. Si es que el mejor médico es uno mismo.
Al menos mientras estaba dedicada a mis tareas de limpieza, interrumpidas por un libro de vez en cuando, ha salido el sol.

Los restos del día


Reconozco que me gustó mucho más la otra novela que leí del autor, esta me ha llegado a aburrir y me quedaba dormida leyendo, porque en ciertos momentos se me ha llegado a hacer algo pesada. 
Lo cierto es que se trata de un buen retrato de los mayordomos que existían en las mansiones señoriales inglesas de los años 50. Quizás el mayordomo y su manera de pensar sin inmutarse por nada y ante nada es lo que dota de pesadez a la novela. Al final te das cuenta de que esa rigidez, esa vida dedicada a que todo estuviera perfecto en una casa ajena, hace que haya perdido algo personal más importante, lo que tenía ante sus ojos pero que su severidad no le deja ver, y al final no era tan importante haber servido tan diligentemente a un hombre que, en definitiva, era pronazi. Pero el mayordomo no cuestiona a su señor, sólo en ese viaje se empieza a dar cuenta de muchas cosas. 

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Salisbury, Inglaterra

Inglaterra, julio de 1956. Stevens lleva décadas como mayordomo en Darlington Hall, una mansión venida a menos. Varios años atrás falleció míster Darlington y sus herederos tuvieron que venderla. El nuevo propietario es un millonario estadounidense que ha recibido la casa y a su mayordomo. En cierto momento, el nuevo dueño decide marcharse un tiempo a Estados Unidos y le insta a Stevens a coger su coche, un Ford último modelo, y que se vaya de viaje por el país, ya que Stevens nunca ha salido de la mansión.
Stevens decide vivistar a miss Kenton en Cornualles; esta mujer fue ama de llaves en Darlington Hall en los años 20, después de que Alemania perdiera la guerra y que un grupúsculo de dirigentes nazis se presentaran a las elecciones para ganarlas (y terminar creando un verdadero terror en Europa). Míster Darlington recibe en su casa a celebridades de varios países -entre ellos al embajador alemán- y celebra recepciones, ante las que Stevens no oye ni dice nada, pero en realidad y como mayordomo oye todo, aunque no será en ese viaje que hace varias décadas después cuando se dé cuenta de lo que se estaba tramando en la casa de míster Darlington. 
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Pueblo de Devon (similar a lo que podría ser Moscombe), Inglaterra

Así, Stevens visita Salisbury, Mortimer's Pond, Tauton, Moscombe, Little Compton y Wewmouth. En todos los sitios que visita le confunden, por su vestimenta y por el coche que lleva, con un gran señor. De hecho, es curioso cómo los habitantes del pequeño pueblo de Moscombe se acercan a la casa donde un matrimonio le ha alojado porque Stevens constituye una novedad y todos quieren conocer a ese gran señor.

En definitiva, al final nos deja con un sabor agridulce, ese momento en que cualquiera puede pensar en su vida: "¿cómo hubiera sido mi vida si hubiera hecho esto otro?". Pregunta que sólo sirve para martirizar a una persona. Yo creo que al final debemos ser consecuentes con nuestros actos y nuestras decisiones, y creer de verdad que hemos tomado las elecciones correctas, sin pensar en lo que hubiera ocurrido de haber escogido otro camino. Es una pregunta que no merece la pena hacerse, porque podría llevar a lamentarse (como en el caso de los protagonistas), sino que deberíamos pensar en lo bueno que nos depara la vida que hemos elegido.

EL AUTOR:

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Kazuo Ishiguro nació en Nagasaki en 1954, pero se trasladó a Inglaterra en 1960, y en la actualidad vive en Londres. Está considerado uno de los mejores escritores contemporáneos, fama que ha rubricado la concesión del Premio Nobel en 2017. Es Oficial de la Orden del Imperio Británico y Caballero de las Artes y las Letras por el gobierno francés. Su obra ha sido traducida a más de cuarenta idiomas. Es autor de siete novelas -Pálida luz en las colinas (Premio Winifred Holtby): "Ha sabido mantener el perfecto equilibrio entre la suavidad de las formas y la tensión dramática. El material narrativo está magistralmente controlado" (J. A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia); Un artista del mundo flotante (Premio Whitbread): "Novela hecha de aire, de leves crujidos interiores. Un verdadero esfuerzo de equilibrio narrativo" (Eloy Tizón, El Mundo); Los restos del día (Premio Booker): "Una novela deslumbrante" (Félix Romeo); Los inconsolables (Premio Cheltenham): "Un gran texto de asombrosa verbalidad, insólito por la tradición que recupera, falsamente realista, desestabilizador, provocativo, audaz, que revela el enorme talento que subyace en la escritura" (Robert Saladrigas, La Vanguardia); Cuando fuimos huérfanos: "Una de las mejores novelas que he leído en los últimos tiempos" (J. Ernesto Ayala-Dip, El Correo);Nunca me abandones (Premio Novela Europea Casino de Santiago): "Lo que hubiera sucedido si Un mundo feliz hubiera sido escrita por el autor de El proceso... Una fábula intensamente humana sobre mundos que se han vuelto intensamente inhumanos" (Juan Gabriel Vásquez, El Periódico); y El gigante enterrado: "Mezcla absorbente de fábula y de épica que se unen en una narración hilarante y onírica" (Diego Gándara, La Razón)- y un libro de relatos -Nocturnos: "Un virtuoso de la lengua inglesa, tan sutil y riguroso como su maestro, Henry James. Los cuentos que componen Nocturnos van construyendo, uno detrás de otro, algo así como una trama musical" (Alberto Manguel, El País)-, obras extraordinarias que Anagrama ha publicado en castellano.

EL LIBRO:

Título original: The Remains of the Day
Autor: Kazuo Ishiguro
Traductor: Ángel Luis Hernández Francés
Editorial: Anagrama (9ª edición, en octubre de 2017)
Número de páginas: 253
ISBN: 9788433911209

Valoración: 7/10

RETOS:

viernes, enero 26, 2018

Marcas en el calendario


Hay días que están marcados irremediablemente en el calendario. Pero hay días que sería mejor no recordar. Supongo que será cuestión de tiempo que esas fechas se vayan difuminando.
El 26 de enero de 2014 fallecía mi abuelo materno. Recuerdo la terrible tormenta que se abatió sobre nosotros cuando regresábamos del cementerio.
El 27 de enero de 2012 fallecía mi tío Pepito, medio hermano de mi padre, pero muy querido para mí. El tío que siempre me inculcó el amor por la lectura y que nos mostraba su extraordinaria sabiduría en cualquier ejemplo de la vida diaria.
El 28 de enero de 2015 fallecía mi tío Cele en el hospital. Se fue apagando lentamente, y aún recuerdo la última visita al hospital, donde con una mirada me dijo tanto, tanto que no imaginaba que sería la última vez.
A veces es mejor no tener tan buena memoria. Son días que aún me siguen poniendo la piel de gallina.

Tardes de lluvia

No para de llover y no tiene pinta de parar. He ido al supermercado y no se me veía con la capucha. Creo que no me importa mojarme mucho.
Menos me importaría si luego no tuviera que salir de casa.
Mi hermano se queda a dormir en mi casa, y es que ayer le decía: "Pues a veces he echado de menos comer contigo o que te quedes a dormir en mi casa" y como hoy se nos hará tarde ha decidido quedarse.

7 a.m.

Anoche me quedé dormida sin darme cuenta. Perdí la página del libro, aunque por lo menos llegué a apagar la luz.
Hace diez minutos ya no soy capaz de volver a cerrar los ojos, he buscado la página donde me quedé y he desayunado.
Por fin es viernes. No sólo va terminando la semana, sino que enero está también en las últimas.

jueves, enero 25, 2018

Estrenando paraguas

Hoy he estrenado un paraguas, y es que no suelo llevar paraguas. Pero hay algo que me gusta menos que los paraguas, y es que no me gusta el papel mojado.
Así que he estrenado un paraguas de color azul.
No entiendo que la gente se queje de la lluvia, pero ¿es que no recuerdan las restricciones de agua hace tan sólo dos meses? A mí me encanta la lluvia, y mojarme, y saltar en los charcos con mis sobrinas, y el olor a tierra fresca, y el arco iris. La lluvia es vida...

Febrero: mes temático del amor

Un mes más me apunto al mes temático, que organiza Laky en su blog Libros que hay que leer.
Se trata de leer, durante el mes de febrero, al menos una novela de amor (no tiene que ser de género romántico, sino que es suficiente con que tenga una historia de amor).
Las instrucciones se encuentran AQUÍ.

Mis novelas de febrero:
- Déjame quererte, de Jud Baltimore

Irène (Serie Verhoeven I)


Cuando en un principio compré este compendio de cuatro novelas de Pierre Lemaitre, mi intención era leerlo de seguido. A medida que avanzaba y que me centraba en la historia, empecé a pensar que sería mejor descansar entre una y otra. Y ahora, que me encuentro en 'shock' tras un final inesperado, he comprendido que tengo que desconectar y leer otros libros entre medias. 
Como originalmente eran cuatro novelas separadas, así las voy a leer, y así las voy a reseñar. En realidad me cuesta mucho hacer esta reseña porque la historia me ha impactado de una manera brutal. Es que no sabría decir si es por una especie de efecto-espejo que, como el propio Lemaitre nos explica en el prólogo, el lector cree estar leyendo una historia cuando en realidad está leyendo otra. Y es que es así, tal cual, y esa muestra de originalidad, así como toda la trama que nos engancha de principio a fin, nos envuelve en un halo de misterio del que es difícil sustraerse. No sé qué haré esta tarde si no consigo escapar de esta historia que, aunque ya haya terminado, aún sigo en ella. Es por eso que no voy a empezar otro libro hasta que vuelva más tarde, es que no puedo empezarlo. 

El nexo común de todas las novelas es Camille Verhoeven, un comandante de la Brigada Criminal de París, muy inteligente y con el instinto muy afilado, que tiene 1.45 de estatura, pero eso no le ha impedido llegar a lo más alto: fue el primero de su promoción y es un hombre respetado en la Brigada, de ahí que todo el mundo le llame 'comandante' y le trate de 'Usted'. Pero Camille es una persona muy cálida. No sólo le vamos a conocer en su trabajo sino además en su vida familiar. Camille está casado con una actriz de nombre Irène, que ahora está de baja porque esperan un bebé. Ella está embarazada de más de ocho meses, y se queja un poco de la soledad por la que pasa cuando Camille tiene que ausentarse por un crimen que no deja a nadie indiferente.

Dos prostitutas han sido encontradas asesinadas en un loft en una zona industrial de Courbevoie. Sus cuerpos aparecen desmembrados, a trozos, en un espacio bastante lujoso. Camille y su equipo comienzan a investigar el entorno de estas dos prostitutas. Así conocemos a los hombres que se encuentran al mando de Camille: Louis, un hombre que va a la comisaría de punta en blanco, un personaje salido de la aristocracia y que podría vivir de las rentas, pero un día decidió hacer algo rentable e ingresó en la policía, donde parecía que no encajaría, pero que finalmente se ha convertido en la mano derecha del comandante Verhoeven; Armand, el hombre que más tiempo lleva junto a Camille, un hombre tan meticuloso como rácano, que no gasta un duro ni para tomar un café; Maleval, un joven que vive para las mujeres, que muchos días aparece en la comisaría como si hubiera estado toda la noche de fiesta, un novato que conoceremos mejor a lo largo de la novela, porque será el que se meta en problemas, el punto débil; el comisario LeGuen, un hombre que admira a Camille, que no sólo es su superior sino su amigo, que cree en el instinto de Camille, pero le pide siempre pruebas sólidas.
Camille descubre que el asesinato de Courbevoie, firmado con un tampón de caucho, guarda relación con otro asesinato transcurrido dos años atrás en Tremblay, donde una prostituta fue encontrada en un contenedor partida en dos y convertido en un caso sin resolver. También ahí el asesino había dejado su firma. Cuando Camille se encuentra en su casa leyendo el informe de Tremblay, cree recordar que es una recreación de un libro, que la puesta en escena es una copia exacta de la descripción del crimen que James Ellroy cuenta en su novela La dalia negra. Así que decide contactar con un experto universitario en novela negra, Ballagher, a quien le da datos para que busque una novela cuya descripción corresponda con el asesinato. Sin embargo, será un librero quien se ponga en contacto con la policía para indicar que el asesinato de Courbevoie es clavado a lo que Bret Easton Ellis describe en su novela American Psycho
Camille no tiene dudas y explica a LeGuen y a la jueza Deschamps que están buscando a un hombre versado en la novela negra, un asesino en serie, pero ellos le dicen que necesitan pruebas más sólidas, que no creen en su intuición. 
Además, hay un periodista de Le Matin, Philippe Buisson, que quiere llegar a un acuerdo con Camille, y de repente empieza a contar con pelos y señales en qué punto se encuentra la investigación de la Brigada Criminal, lo que entorpece enormemente la investigación. 
Camille decide que ha llegado el momento de poner en conocimiento de las diferentes policías europeas si hay algún crimen que concuerde con lo que ellos tienen. Se salta las normas, y termina viajando a Cardiff, donde se entrevista con un inspector que le cuenta que una joven fue encontrada en un parque, violada y estrangulada, vestía ropa pero le faltaban las bragas. Camille pide ayuda al librero, que le dice que corresponde a Laidlaw, de William McIlvanney. En ese momento, Camille pide al catedrático una selección de una serie de novelas negras y le entrega una lista de casos sin resolver en los últimos cinco años, donde hay elementos inexplicables. También ha respondido a un anuncio en una revista de novela negra y el asesino ha contactado con él. Es su salvoconducto para que no le retiren del caso.
Pero al asesino aún le quedan otros crímenes por cumplir, porque tiene que reanudar su gran obra. Y Camille va unos pasos por detrás, con la impotencia de no poder descubrirle a tiempo, con la presión de los medios de comunicación, que han apodado al asesino como "el Novelista", y con una esposa a punto de dar a luz...
Todas las novelas que aparecen existen en realidad, lo que viene a engrosar mi listado de libros pendientes.

Lo que sorprende es esa segunda parte, cuando realmente descubrimos lo que dice Lemaitre en su prólogo: que realmente creemos estar leyendo una historia pero estamos leyendo otra. Es verdaderamente impactante. Y es que no puedo decir nada más. Aún lo estoy digiriendo. Hacía tiempo que un libro no me causaba tal cúmulo de emociones de todo tipo. Lemaitre es bueno, es verdaderamente bueno...

EL AUTOR:

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Pierre Lemaitre nació en París en 1951. Antes de ganar el Premio Goncourt 2013 con su novela Nos vemos allá arriba, ya era un escritor de renombre en el género de la novela policíaca. Con Irène (2015, Premio a la Primera Novela Policíaca del Festival de Cine Policíaco de Cognac, Premio San Clemente, considerada Mejor Novela Negra del Año por El Periódico de Catalunya) inició la serie protagonizada por el comandante Camille Verhoeven, que incluye Alex (2015, Dagger Award 2013, Premio de Lectores de Novela Negra de Livre de Poche 2012 y uno de los libros del año según el Financial Times, en curso de adaptación al cine por James B. Harris, con guión del propio Lemaitre), Rosy & John (2016) y Camille (2016, Dagger Award 2015). Fuera de la serie llegaron, con una extraordinaria recepción por parte del público y de la crítica, Vestido de novia (2014, Premio del Salon du Polar 2009 y Premio Best Novel Valencia Negra, en curso de adaptación al cine) y Recursos inhumanos (2017, Premio de Novela Negra Europea, en curso de adaptación como serie de televisión). Además del Goncourt y de tres Dagger Awards, ha obtenido el Premio a la Mejor Novela Francesa 2013 de la revista Lire, el Premio Roman France Télévisions y el Premio de Libreros de Nancy-Le-Point, y su obra, con más de tres millones de lectores, está siendo traducida a treinta idiomas.

EL LIBRO:

Título original: Travail soigné
Autor: Pierre Lemaitre
Traductor: Juan Carlos Durán Romero
Editorial: Alfaguara (1ª edición, en noviembre de 2017)
Número de páginas: 376
ISBN: 9788420428390

Valoración: 10/10

Estas son las portadas de las novelas que originalmente se editaron por separado:


RETOS:
Y lo incluyo en el mes temático: Enero: mes de la novela negra.

Locura de día

Hoy estábamos en la oficina y a todas nos parecía que era viernes. Lo comentábamos y pensábamos que aún queda para el fin de semana.
Yo me he quedado en la oficina. Craso error. Porque la gente a veces no entiende que no puedo dedicar a nadie ni cinco minutos. He terminado con dolor de cabeza.
Pero al final ha venido un hombre a preguntarme cómo convertí el coche en vehículo histórico. Le he hecho un esquema de los sitios donde tiene que ir, los costes y el ahorro. Y finalmente se me ha encendido una bombilla: "¿Pero tiene 25 años?". Me ha dicho que aún no, y le he explicado que no podrá hacer nada hasta que el coche cumpla los 25. Se ha marchado encantado, y a mí esa conversación me ha parecido una liberación, porque no tenía nada que ver con mi trabajo diario.
Ahora, cuando lo pienso, he decidido embarcarme en la lectura hasta que me tenga que marchar de nuevo. El dolor de cabeza ha remitido.