Seis días es lo que he tardado en leer una novela que no cogí con muchas expectativas. Desde hace varios meses he ido postergando esta lectura, influida por las opiniones negativas y críticas nefastas que he leído en diversos foros y blogs. El resultado es que cuando la he cogido no he podido parar de leer. Es cierto que he estado esta semana de vacaciones y que eso ha impulsado a que leyera mucho más, pero no siempre estaba leyendo. Lo cierto es que cuando llegaba a casa sólo quería coger el libro para seguir leyendo. Estoy fascinada por esta novela, igual que lo estuve con
La catedral del mar, y desde mi humilde opinión no son certeras las críticas desfavorables de esta novela. Ildefonso Falcones vuelve a deslumbrarnos una vez más.
Seis días para casi novecientas páginas avalan mi opinión favorable y positiva con respecto a esta novela, que está muy bien escrita, bien documentada y engancha de principio a fin, sobre todo porque el infortunio recela sobre el protagonista, Hugo Llor, que es incapaz de tener una vida tranquila y feliz.
El libro se divide en cuatro partes bien diferenciadas, que poco a poco van describiéndonos la vida del protagonista, desde su infancia hacia la madurez plena, donde finalmente alcanza la tan ansiada felicidad, pero para ello pasará por verdaderas penalidades, incluso estará a punto de perder la vida en varias ocasiones. Si
La catedral del mar giraba en torno a la construcción de la iglesia barcelonesa de Santa María del Mar, en la que un joven Arnau Espanyol participó y en la que terminó convirtiéndose en uno de los señores claves de la Barcelona del siglo XIV,
Los herederos de la Tierra da un giro de 360º, cuando el niño Hugo Llor se convertirá en un experto vinatero. Es decir, que esta novela ya no gira en torno a esta iglesia, sino al comercio del vino catalán y, más concretamente, a la creación del aguardiente.
Panorámica de Barcelona (siglo XVI), donde se ven las dos murallas y las atarazanas reales
Corren los últimos años del siglo XIV cuando Hugo Llor corretea por las calles de Barcelona. Trabaja en las atarazanas reales y su sueño es convertirse en jefe de
bastaixos, alentado por micer Arnau, el prohombre catalán que siempre le ha tratado bien. Sin embargo, la vida se tuerce cuando aparece en escena la familia Puig, que condenan a micer Arnau, que será ahorcado sin juicio alguno y sin nadie que pueda defenderse. Sólo la voz de Hugo se alza entre el público para intentar paralizar esa condena absurda. Como es un niño, Roger Puig le deja libre, pero manda tras de sí a su fiel criado, Mateo, un hombre que le persigue sin aliento y a quien Hugo deja tuerto de por vida. Hugo se da cuenta de que tiene que escapar de los Puig y recuerda cómo Arnau le dijo una vez que si algo le ocurría pidiera ayuda en la judería, que es donde le acogen. Una familia de viticultores le dará de comer y le enseñará a amar el vino y la recolección de la uva. Así, visitará las diferentes viñas catalanas de mano del judío Mahir mientras a la vez se enamora de su sobrina Dolça. La madre de Dolça es una viuda que practica la medicina; enseña su oficio a su hija Dolça y a una amiga de ésta, Regina.
También ayuda a escapar de la horca a Bernat Espanyol, hijo de Arnau, que desposeído de todo intenta asesinar a Roger Puig con una ballesta. Hugo le da dos monedas de plata para que huya y le desea suerte.
Hugo sabe que no puede hablar de su amor con nadie, pero cuando los problemas políticos se desatan en Barcelona, Dolça se entrega a él en el terreno de la viña, también le aconseja con respecto a la maldad de Regina. Hugo se sabe feliz, pero entonces acontece el asalto a la judería, donde numerosos cristianos castellanos han llegado a la ciudad y claman venganza, por lo que asesinan a los judíos, violan a sus mujeres, saquean sus casas y prenden fuego a todo. Hugo se vuelve loco buscando a su amada Dolça, pero no encuentra a nadie de su familia en su casa, mientras descubre que Regina está siendo violada y la salva de sus captores. Decide ir al palacio donde obligan a los judíos a convertirse al cristianismo y el que no acepta la conversión es asesinado en ese preciso momento. Cuando Hugo mira a Dolça ella decide la muerte, no sin antes mirarle y asegurarle que ha sido feliz. Dolça muere a manos de Mateo, el perro calvo, a quien tanto odia Hugo.
Después de eso, Hugo sigue trabajando en la viña, que sigue siendo propiedad de Mahir, pero como él no aparece, la sigue trabajando Hugo, de donde conseguirá escanciar el mejor vino de Cataluña. Esto llega a oídos de los Puig, que deciden contratarle como su botellero personal. Ni Roger Puig ni Mateo le reconocen. Hugo recibe la visita de un hombre de confianza de Bernat, que le pide que espíe para ellos, por lo que recibirá una buena recompensa.
Hugo no quiere ser espía, por lo que a la mínima oportunidad dejará de serlo. También el trabajo en la viña se le queda grande, por lo que termina comprando dos esclavos a los que les otorgará la libertad. El hombre se escapa con el dinero, mientras la mora, Barcha, le será fiel durante toda la vida.
Monasterio de Santa Maria de Jonqueres
Una noche llega Regina con una niña recién nacida. Es hija de la hermana monja de Hugo, Arsenda, que se encuentra en el Monasterio de Jonqueres, pero Regina no se lo dice, únicamente le pide que la cuide como si fuera su propia hija. Hugo se niega en un principio, pero Barcha le convence para que la adopte como a su propia hija, a la que pondrán por nombre Mercè.
Hugo manda misivas sobre los barcos que los Puig fletan en Barcelona, ya que al tener acceso al palacio de Roger Puig escucha conversaciones. En esas cartas, como él no sabe leer ni escribir, le ayuda Regina, con la que tendrá una relación de adulterio, pese a que su marido, un doctor judío, se encuentra en casa. Barcha le conmina a que encuentre una esposa y Hugo se encapricha de Eulàlia, la hija de un corredor de vinos. Cuando se lo dice a Regina, ésta enloquece y le dice que se va a convertir para que se anule su matrimonio y poder casarse con ellos. Pero Hugo ha firmado el contrato y como aval ha puesto la viña, que la perderá en favor de Eulàlia al decidir no casarse con ella. Se casará con Regina, y lo pierde todo. Son desposeídos de la viña y la casa, por lo que alquilan una casa en el Raval. Regina se presenta en casa de Roger Puig para ayudar a la condesa, y se llevará consigo a Mercè, que ya es toda una adolescente.
En cuanto a la religión, nos encontramos en pleno Cisma de Occidente, con uno de los papas encerrado en el castillo de Peñíscola. Con respecto a la situación política, el conde catalán Martín muere sin dejar descendencia, lo que deja abierto el debate sobre el más idóneo para acceder al trono catalán. Los Puig abogan por el conde de Urgell, pero será Fernando de Antequera quien se imponga en el trono, y con él llega el almirante de sus barcos, Bernat Espanyol.
Cuando Hugo se presenta ante Bernat, que antes de ser almirante real ha sido corsario, éste le reprocha que no haya vengado a su padre asesinando a Roger Puig. Desde entonces Bernat no quiere saber nada de Hugo, pero consigue una buena dote para su hija Mercè. Bernat se presenta en el palacio de los Puig y les despoja de todo, incluida también a Regina, que es dama de compañía de la condesa, pero Mercè tiene que vivir con el nuevo conde de Navarcles, del que se termina enamorando. Como nadie puede pagar una dote tan elevada para Mercè, ella decide casarse con Bernat, de cuya unión nacerá un niño, Arnau.
Barcha, por su parte, ha sido encarcelada por entrar en un templo cristiano disfrazada, cuando aún sigue siendo musulmana. Espera sentencia en casa del obispo y entonces es cuando se descubre que Mercè ha desaparecido. Barcha conseguirá descubrir dónde se encuentra Regina y dará su vida por Mercè.
Hugo descubre que su hermana Arsenda es abadesa de un convento en El Garraf, va a verla y le dice que está buscando a su hija, pero la abadesa Beatriz reniega de ese "engendro del diablo". Regina es emparedada y mientras muere, la amante liberta de Hugo la lleva aguardiente para emborracharla y que así confiese dónde se encuentra Mercè. Mientras, Bernat ha anulado su matrimonio con Mercè al descubrir que es hija del diablo, y decide casarse con una rica heredera catalana, Marta.
Hugo rescata a su hija, pero Mercè sólo quiere estar con su hijo. Por el mayordomo de Bernat descubren que el niño está siendo envenenado y que su vida corre peligro, por lo que le secuestran y se lo llevan a El Garraf, donde las monjas cuidarán de él. Mercè aún superará las torturas para que confiese que ha intentado raptar a su hijo, y como no llega la confesión la dejan libre. Pero Bernat llega de Nápoles y descubre dónde está su primogénito. Sor Beatriz se lo entregará a cambio de la vida de Mercè y Hugo, y no sin antes darle a leer la carta donde se habla del envenenamiento del niño.
Bernat irá al palacio del padre de su esposa, pero allí le darán muerte. Ha hecho testamento en favor de su hijo Arnau y dispone que sea su madre quien cuide de él. A partir de ese momento todos pueden disfrutar de una felicidad que llevan buscando toda la vida. Hugo incluso ha comprado la viña de Vilatorta e intenta hacer uno de los mejores vinos catalanes.
Con más de nueve millones de ejemplares vendidos de sus obras en todo el mundo, Ildefonso Falcones se ha consagrado como uno de los escritores españoles más difundidos.
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