Vistas de San Sebastián desde el monte Igeldo
He visitado San Sebastián varias veces, en excursiones, con mis padres e incluso en agosto de 2015, porque me encontraba en una situación de desgaste y tuve que "escapar". Para mí San Sebastián es una de las ciudades más bonitas de nuestro país. Tiene todo: buena cocina, paseos agradables, mar, vida en las calles, es muy fácil orientarse, no hay nada lejos, y ya no digo nada si además, en pleno mes de noviembre, sale un magnífico sol que hace que paseemos en manga corta. Increíble, pero cierto.
La verdad es que ha sido un fin de semana fantástico, un viaje que me regaló mi novio para celebrar nuestro primer aniversario. Disfrutamos muchísimo. He recorrido lugares que ya conocía y otros los he visitado por vez primera.
Llegamos el viernes al Hotel Palacio de Aiete, que se encuentra en la zona de Aiete, elevado sobre el nivel del mar. Luego he sabido que ahí hay un palacio de estilo afrancesado, construido en el siglo XIX, y donde Franco pasaba largas temporadas. Hoy en día pertenece al Ayuntamiento de San Sebastián y es la Casa de la Paz y de los Derechos Humanos.
Cormorán desde el mirador del acuario
Nuestro hotel estaba cerca del parque y el palacio de Aiete, y además se llamaba igual. Pero nosotros queríamos ir al centro.
Casco viejo
San Sebastián es una ciudad muy recogida, cuyo punto central se encuentra en la playa de la Concha, una playa que casi se cierra y está protegida por los montes Urgull e Igeldo, y justo al lado se encuentra el centro, que alberga el barrio de Antiguo, el casco viejo donde se despliegan infinitos bares de pintxos.
Playa de la Concha
A mano derecha de la playa de la Concha, tras el monte Urgull, se encuentra la playa de Zurriola, un paraíso para los surfistas (y donde yo me alojé en 2015). Esta playa está en el barrio de Gros, donde van los donostiarras a tomar pintxos más baratos, ya que los de la Parte Vieja se han elevado mucho, debido al incremento de turistas franceses. Como ocurre en todas las zonas turísticas.
Playa de Ondarreta
A mano izquierda de la playa de la Concha está la playa de Ondarreta, que termina en la base del monte Igeldo, y hay un paseo hasta el Peine del Viento, las famosas esculturas de Eduardo Chillida.
Parte Vieja
A partir de aquí, sólo hay que dejarse llevar y perderse entre la gente, las playas, los paseos, los parques y los bares. Es tan agradable pasear por San Sebastián, hacerse fotos con esa antiquísima barandilla tan popular, o incluso caminar por la arena...
Playa de la Concha de noche
Llegamos a la playa de la Concha de noche y es que es tan maravillosa de noche como de día. Disfrutamos de la música callejera y de los espectáculos en el paseo marítimo, que no son pocos. Disfrutamos de las luces de la noria y de la música del tiovivo, que dan alegría al paseo.
Bar de pintxos en el casco viejo
Y de allí nos fuimos a la Parte Vieja a tomar unos pintxos. Es cierto que al principio pedíamos un único pintxo con la bebida, pero observamos en las mesas de al lado que muchos pedían varios pintxos. Nosotros con tres o cuatro por cabeza ya habíamos cenado.
Escaparate en el Beti-Jai
Llegamos al Beti-Jai, y me acuerdo de este sitio porque al salir había un escaparate con gente que ha dejado notas sobre la comida o sobre el bar, pero también tenía varias estrellas Michelín. Lo cierto es que tenía buenos pintxos, y ahí es cuando decidimos pedir mínimo dos en cada taberna.
Plaza de la Constitución, de noche
Después de salir, ahítos, del último bar, le llevé a mi novio a una plaza que no tiene mucho (creo que había tres o cuatro bares con terraza), una plaza con arcos y un tanto pequeña. Se trata de la plaza de la Constitución. Esta plaza es famosa, sobre todo, por celebrar la tamborrada donostiarra.
Haciendo tortillas en Ogi Berri
En la plaza de Guipúzcoa, quizás una de las plazas más céntricas de la ciudad, donde se encuentra el palacio de la Diputación Foral de Guipúzcoa, un ostentoso palacio que impone demasiado, descubrimos una cafetería-pastelería donde nos tomamos unos cafés antes de coger el autobús. Mientras, observábamos a los cocineros cómo despachaban cantidades ingentes de cajas con tortillas de patata.
Teatro Victoria Eugenia
El sábado cogimos un autobús que nos dejó junto al famoso Teatro Victoria Eugenia. De paso vimos la desembocadura del río Urumea junto al Kursaal.
Kursaal y desembocadura del río Urumea
Siempre me ha impresionado el edificio del Kursaal, esos cubos que parece que se caen al mar. Diseñado por Rafael Moneo, es la sede principal del Festival de Cine de San Sebastián. Su nombre proviene del alemán: Kur significa "cura" y Saal, "sala", por lo que su significado es "sala de curas". En general un Kursaal o Kurhaus era un elemento arquitectónico de los balnearios decimonónicos europeos, que luego derivó en sala multiusos.
Puerto de San Sebastián
De allí fuimos al puerto de San Sebastián, que es muy pequeño, pero aún conserva edificios típicos pesqueros. Aquí surgió la cofradía donostiarra de mareantes, pilotos de barco y mercaderes en el siglo XIII. Hoy es un lugar de paso, que se puede admirar por sus edificios antiguos, en cuyos bajos hay restaurantes o antiguas lonjas de pescadores.
Monumento homenaje a Aita Mari
En medio del paseo del puerto, en dirección al Acuario, hay una placa con un busto de bronce, homenaje a Aita Mari. Cuenta la leyenda que un hombre nacido en Zumaia, José María Zubía, conocido como Aita Mari, ya salía a faenar con catorce años, pero luego se enroló como marinero en barcos que hacían la ruta hacia América. Se le recuerda por su carácter modesto, desinteresado y bondadoso, fruto del cual participó en numerosos rescates de náufragos. El 9 de enero de 1866 se produjo un temporal que hizo naufragar a una nave que intentaba entrar en el puerto de San Sebastián. Aita Mari salió con otros hombres a rescatar a los náufragos, y cuando volvían un golpe de mar hizo volcar la barca, de la que se rescataron a todos menos a Aita Mari, cuyo cuerpo nunca apareció, convirtiéndose así en héroe y leyenda.
Entrada al acuario
Llegamos al acuario, que he visitado más veces. Para mí es uno de los acuarios más bonitos que conozco, y uno de los primeros en tener un túnel para poder ver a los peces en su hábitat natural.
Barrio de la Jarana (maqueta)
El acuario de San Sebastián se divide en dos partes muy diferenciadas. Por un lado, nos encontramos con un poco de historia marítima de la ciudad: cómo era el barrio de pescadores, la construcción de balleneros, las armas que utilizaban, hay réplicas de barcos históricos o incluso más modernos, explica la historia de las regatas de traineras e incluso hay una colección de trajes de dichas regatas.
Es interesante la historia sobre la caza de ballenas. Allí se explica la historia de muchos marineros que marchaban a Terranova a cazar ballenas, cómo eran los arpones y armas utilizados, cómo se cazaba en realidad una ballena, y hay una serie de objetos que han sido fabricados con algunas partes de la ballena.
Hay cierto momento en que parece que el visitante se encuentra dentro de un barco de hace varios siglos.
Después hay una parte donde se pueden contemplar fósiles marítimos, trilobites y algunas curiosidades sobre moluscos.
Lo siguiente es la parte del acuario como tal, donde la primera piscina brilla por su fosforescencia. Comenzamos por las medusas, para seguir viendo peces de colores, otros animales más grandes, moluscos... hasta llegar al túnel.
Tuvimos suerte porque no había mucha gente en el túnel, lo que nos permitía observar de cerca a los tiburones cuando nadaban sobre nuestras cabezas.
Pero nos hicieron mucha gracia las rayas, porque se ponían encima, que parece que tienen rostro y parecía que nos estaban haciendo burla. Tanto que al hacer fotos daba la sensación de que posaban para la foto.
También me quedaba pegada al cristal donde se podían ver a los caballitos de mar. Me parecen unos animales tan adorables, me trasladan tanta paz...
Cuando salimos del acuario cogimos un ascensor que nos llevó al mirador. Lo de los ascensores en medio de la calle es algo habitual en San Sebastián, hay tantas cuestas que enseguida te encuentras un ascensor que te lleva arriba o abajo. Desde el mirador había unas maravillosas vistas del mar y, sobre todo, del puerto.
Barra de pintxos en Baztan
Del acuario nos dirigimos de nuevo a la Parte Vieja, donde nos tomamos unos pintxos típicos. En Baztan ya nos dieron una hoja donde señalábamos los pintxos que queríamos, que estaban en la barra señalados con números. Lo cierto es que es una comodidad, porque es un sistema más rápido de servir y la gente no se acumula en la barra.
Casa Gandarias
También nos acercamos a Gandarias, donde tienen fama las croquetas. Esta taberna estaba recomendada por alguien de aquí que estudió en San Sebastián, pero fue imposible entrar, siempre estaba llenísima de gente, y eso que fuimos varias veces.
Kiosko del Boulevard
Después de comer pasamos por el Boulevard, una amplia calle llena de árboles y con un magnífico kiosko modernista. Siempre está llena de gente y merece la pena. Está llena de tiendas y en realidad es zona de paso para ir desde la Parte Vieja hasta la playa de la Concha.
Ayuntamiento de San Sebastián
También pasamos varias veces junto al Ayuntamiento, que es un edificio que no dejó de sorprendernos, debido a su majestuosidad y lo imponente que es. En su bajo alberga la Biblioteca Pública de San Sebastián.
Desde la playa de la Concha, monte Urgull y estatua del Sagrado Corazón de Jesús
Decidimos dar un paseo a lo largo de la playa de la Concha hasta el palacio de Miramar. Hubo un momento que incluso bajamos a la playa y paseamos bajo la arcada tan característica de la playa. Pero nuestro objetivo era ese antiguo palacio.
Para llegar pasamos por un artístico túnel decorado con colores marítimos, que integraba humedades a semejanzas de los líquenes marinos, con una iluminación magnífica. Se trata de un proyecto de integración del arte en el espacio urbano. Es interesante, porque de lo contrario sería un túnel negro, feo y oscuro.
Palacio de Miramar
El palacio de Miramar, hoy convertido en un hotel de lujo, tiene un aspecto de un cottage inglés. Fue construido en 1893 a petición de la reina María Cristina de Austria, que veraneaba en San Sebastián. Tras barajar otros lugares como el monte Urgull o Aiete, la reina se decantó por este lugar, donde había una ermita que hubo de ser trasladada. Hoy en día la ermita se encuentra entre las calles del barrio del Antiguo. Tiene unos magníficos jardines y unas vistas maravillosas.
Regresamos al centro volviendo sobre nuestros pasos, admirando los edificios que miran al mar, lo bien cuidada y mantenida que está esta ciudad. Porque debe ser genial tener un pisito en uno de esos edificios. Sobre todo porque San Sebastián es el lugar de España donde más caro vale el metro cuadrado.
Sus palacetes son dignos de recordar, y por aquí tengo que dejar plasmadas las imágenes de edificios tan bonitos.
Atardecer desde la playa de la Concha
Atardecía cuando llegamos a la playa de la Concha. Y nada que adore más que un atardecer junto al mar, aunque el sol no se meta por el horizonte del agua, sino por detrás del monte Igeldo.
Además, siendo sábado por la tarde, el paseo estaba animadísimo. Recuerdo un acordeonista que tocaba de lujo, y allí nos pusimos a bailar, porque sonaba tan bien, y luego estás con la persona a la que quieres...
También había bailarines, marionetas, músicos de conservatorio y un sinfín de gente que da mucha alegría al paseo junto a la Concha. Y si te asomabas a la barandilla, incluso aún se veía algún valiente bañándose en el mar.
El domingo amaneció soleado. Es curioso el buen fin de semana que nos salió para ser mediados de noviembre. El caso es que decidimos subir a la azotea del hotel, que contaba con un spa y un gimnasio, sólo para obtener unas vistas de los alrededores. Aún nos quedaba medio día por delante.
Catedral de San Sebastián
Mientras buscábamos la parada del autobús a Igeldo, topamos con la catedral. Se trata de la Catedral del Buen Pastor, construida a finales del siglo XIX e inspirada en la catedral de Colonia. Domina por su verticalidad.
Playa de Ondarreta
Cogimos un autobús hasta la avenida de Zumalacárregui. En realidad queríamos coger el número 16 que te deja en el edificio del funicular, pero un joven nos escuchó y nos recomendó otros autobuses que nos acercaban hasta la entrada al funicular. En el autobús que nos dejó junto a la playa de Ondarreta, una señora nos indicó dónde estaba la entrada al funicular y dónde estaba el Peine del Viento. Es más, nos acompañó hasta las célebres esculturas de Chillida, y cuando nos preguntó de dónde éramos nos dijo que tenía mucha familia en localidades riojanas.
El Peine del Viento XV (en vasco Haizearen orrazia) es un conjunto de esculturas de Eduardo Chillida. Está compuesto por tres estructuras de acero, de diez toneladas de peso cada una, incrustadas en unas rocas frente al mar Cantábrico, cuyas olas azotan.
La obra fue finalizada en 1976. Además de las esculturas, la zona fue acondicionada con salidas de aire y agua que se abastecen de las olas que rompen contra las rocas y las esculturas.
Edificio del Funicular del monte Igeldo
Regresamos hasta las canchas de tenis, por detrás de las cuales hay que ir hasta entrar en el edificio del funicular.
Con más de cien años de vida, el funicular no se ha modernizado, pero salva los 151 metros de desnivel que hay entre la playa de Ondarreta y el monte Igueldo. Fue inaugurado por la reina regente María Cristina en el año 1912. Su equipación se encargó a una empresa suiza... y ahí sigue.
Torreón del monte Igeldo
Tras salir del funicular, las escaleras tienen escritas antiguas marcas de publicidad de la época en que se construyó. Quizás patrocinaron y colaboraron para financiar el funicular.
El mar Cantábrico desde el monte Igeldo
Arriba hay unas maravillosas vistas de toda la bahía de San Sebastián. También hay un parque de atracciones y un torreón que alberga exposiciones marítimas. Lo cierto es que merece mucho la pena subir al monte Igeldo. Arriba hay un parque de atracciones, que es uno de los más antiguos de nuestro país, aunque como era casi la hora de comer, casi todas las atracciones las estaban cerrando. Cuando bajamos del funicular nos encontramos el autobús número 16 en la puerta, así que lo cogimos para ir a la Parte Vieja a comer de pintxos.
Y es que los pintxos en San Sebastián están de lujo, aunque son algo caros, pero es un fin de semana, qué le vamos a hacer.
Playa de Zurriola
Terminamos en la playa de Zurriola, donde había surfistas cogiendo olas. Y es que venían olas grandísimas.
Y de allí nos despedimos de San Sebastián hasta la próxima.
A mí es una ciudad que me gusta muchísimo, y seguro que volveremos más pronto que tarde.
***Igeldo está escrito como es la palabra en vasco. Que no haya escrito Igueldo no es fruto de una equivocación, sino que está hecho aposta. Simplemente me apetecía escribirlo así.