Conocí a Victoria Holt cuando uno de mis hermanos me regaló La señora de Mellyn. El libro seguía la misma línea argumental que Jane Eyre (joven institutriz que se enamora del señor de la mansión donde ha acudido a educar niños).
En aquella época me entusiasmó, junto Flores en el ático y el resto de sagas de V.C. Andrews. Ahora, casi todos sus libros me parecen tan similares que me terminan aburriendo. Sin embargo, cada vez que veo uno me hago con él.
Lo cierto es que, más que el argumento, lo que de verdad me gusta de esta escritora es el ambiente decimonónico creado alrededor de los personajes: enormes castillos que conocieron mejores tiempos, rincones escondidos, largos viajes en barco y las frondosas y alegres praderas de la campiña inglesa.
Sin embargo, a este libro le falta profundidad. Cuando habla de Constantinopla apenas toca la otra cultura, por poner un ejemplo.
Rosetta Cranleigh es una joven inglesa que vive cerca del Museo Británico, donde trabajan sus padres, dos eruditos especializados en la cultura egipcia. Embarcados en un mundo de libros y papiros antiguos, Rosetta (su nombre es en honor a la piedra Rosetta) tiene una infancia feliz en las cocinas de la casa junto a los criados. A pesar de las distracciones de sus progenitores, que nunca tuvieron especial interés en su hija, le buscan una institutriz, Felicity, con la que trabará una amistad intensa y sincera.
De repente, los Cranleigh deciden embarcarse a Sudáfrica, donde tienen programadas unas conferencias. Deciden que Rosetta debe acompañarles, así como el joven erudito Lucas Lorimer, que ya había estado en la casa.
La relación entre Lucas y Rosetta se estrecha, pero ella conoce a un marinero, John Player, con el que empieza a charlar por las mañanas. El barco naufraga y los tres jóvenes se encuentran en el mar. John consigue subirse a un bote y salva la vida de Rosetta y Lucas.
Después de muchos días bajo el sol, los tres jóvenes consiguen llegar a un islote deshabitado. Lucas tiene una herida grave en la pierna, que le entablillan como mejor pueden. Ante la imposibilidad de moverse, los otros dos le dejan en la playa con un silbato por si apareciera un barco. Mientras, John se sincera con Rosetta y le confiesa su verdadera identidad. John es realmente Simon Perrivale que, acusado de asesinato, ha tenido que huir de Inglaterra. Rosetta confía en él cuando le dice que es inocente y que ha huido porque no tiene medios para demostrar lo contrario.
El día que aparece un barco no saben lo que les espera. Les rescatan unos corsarios que les llevan a Constantinopla, donde Simon y Rosetta son vendidos como esclavos a un pachá. Rosetta es introducida en un harén, donde su pelo rubio y sus ojos azules causan estupefacción, mientras Simon se ocupa de los jardines. Rosetta teme el momento en que el pachá pida una concubina. Sin embargo, una francesa que lleva mucho tiempo allí y conoce las intrigas la ayuda. Cuando Rosetta salva la vida de su hijo, Nicol y el eunuco jefe ayudan a escapar a Rosetta y a Simon. En la embajada, los dos jóvenes se despiden. Él aún no puede volver a Inglaterra, donde le arrestarán.
Rosetta es recibida con todos los honores. Su madre murió en el naufragio y en su casa es su tía la que pone orden, la misma que intentará encontrarle un buen esposo. Después de reponerse, Rosetta decide ir a Cornualles a visitar a Lucas. Éste le explica que al estar lisiado, los corsarios pactaron con él y les envió una joya a cambio de su libertad. La casa de los Lorimer está cerca de la mansión Perrivale y Rosetta empieza a interesarse por todos ellos, aunque mantiene oculto el secreto de Simon.
Cuando en Perrivale se ven necesitados de una institutriz será Rosetta la que se presente en la mansión y convierta a la pequeña Kate en una niña dócil. Según las noticias de los periódicos, Edward Perrivale trajo a Simon a la mansión cuando contaba cinco años. No dijo nada y por su religiosidad los rumores sobre la paternidad de Sir Edward se convertían en algo borroso. Los dos hijos legítimos del matrimonio, Cosmo y Tristan, fueron educados con Simon. Cuando llega la viuda Dorrell, los tres se enamoran de ella. Cosmo, el primogénito y heredero, es asesinado y Tristan encuentra a Simon cubierto de sangre junto al cadáver y con el arma en las manos.
Rosetta descubre que Mirabel estaba enamorada de Tristan y que había ido a abortar a Londres. Sin embargo es el padre de la viuda el verdadero asesino, que también intenta silenciar a Rosetta. El mayor Durrell se suicida y aparece el verdadero testamento, donde Sir Edward confesaba su primer matrimonio, que dio como fruto un hijo, Simon, y que le dejaba todo en herencia.
Los abogados publican la noticia en periódicos de todo el mundo. Y Simon regresa desde Australia, donde ha comprado una casa. Pero algo les frena. Rosetta se da cuenta de que está enamorada de Lucas, y no de Simon.
No hay comentarios:
Publicar un comentario