sábado, marzo 21, 2009

Hop-Frog

Ésta es la historia de un rey que murió, junto a siete de sus cortesanos, a manos de su bufón. El rey era tan bromista que siempre estaba con chanzas y risas. Hacía muchos años que habían raptado de entre los enanos a Hop-Frog, convertido en bufón de la Corte, y a Trippetta, una bailarina a la que todos adoraban. Los dos cautivos se habían hecho amigos inseparables.
Un día, al rey se le ocurrió celebrar una mascarada, y estaba con siete de sus cortesanos cuando hizo llamar a Hop-Frog para reírse y que les diera ideas de un disfraz original. Como el rey sabía que el bufón enloquecía al tomar vino le obligó a beber. Fue Trippetta la que salió en su defensa y el rey le tiró el vino a la cara. Entonces a Hop-Frog le llegó la elocuencia y una idea empezó a tomar forma en su cabeza. Les sugirió disfrazarse de Orangutanes Encadenados y hacer su aparición en el salón de baile a medianoche.
Trippetta era la encargada de preparar la decoración de ese salón, así que se supone que también fue su cómplice al cambiar la luz por antorchas de fuego y dejar libre de impedimentos la araña del techo. Las llaves de las cadenas del rey sus siete súbditos las tenía Hop-Frog que, finalmente, se venga de todas las ofensas que había cometido el rey, acercando una antorcha a sus trajes de lino y quemándolos vivos.

Algunos estudiosos ven en Hop-Frog a los compañeros de Carlos VI quemándose vivos en el famoso Bal des Ardents. Se sabe que Poe no leyó las Crónicas, y que posiblemente meditó frente a una miniatura que evoca el accidente, donde se ve en una de las salas del hotel Saint-Pol a los jóvenes príncipes metidos en sus disfraces de hombres salvajes cubiertos de pelos de la cabeza a los pies y ardiendo bajo las arañas de madera donde se consumen las velas de sebo.
Sin embargo, Poe pudo enterarse de este episodio a través del artículo del Broadway Journal (febrero de 1847), donde se contaba cómo Carlos VI y cinco cortesanos se disfrazaron de sátiros y cómo se incendiaron sus trajes. A esta fuente, podría agregarse Frogère, relato de un tal "Px" publicado en el New Monthly Magazine (1830), acerca de un bufón de la corte del zar Pablo de Rusia que, víctima de una broma cruel de su amo, se presta a colaborar en su asesinato.
Hay quien ve en Hop-Frog un valor simbólico: la realidad, tirana, mantiene en esclavitud a la imaginación, la obliga a servir de bufón, hasta que ésta se venga de una manera terrible.

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