jueves, marzo 19, 2009

El reloj de cuco

Mi tío P. siempre me ha agasajado con regalos desde que tengo uso de razón, lo que nunca hizo con mis hermanos ni con mis primos. Alguna ventaja debía tener el hecho de nacer mujer en un nido de varones.
Uno de los primeros regalos que me hizo, cuando aún no llegaba a comprender su funcionamiento, fue un reloj de cuco. Me taladraron la habitación para colgarlo. Era una casita de madera con dos niños que se dirigían hacia un cubículo que quedaba a un lado y, cuando el reloj daba las horas, de ese cubículo salía una bruja y, encima de la esfera, un cuco cantaba incansable (fuera la hora que fuera).
Era feliz escuchando el tic-tac del paso del tiempo, aunque mis padres no eran de la misma opinión. Desde su dormitorio oían al pajarraco cada noche, a cada hora, sin parar. Y yo, acostumbrada a dormir con ese sonido, ni me daba cuenta. Cada mañana, mi madre paraba el reloj y, cuando yo entraba a mi habitación, lo volvía a poner en marcha de nuevo. Recuerdo que tenía que saltar porque no llegaba al péndulo que estaba parado justo donde comienzan las cadenas que sostienen las piñas.
El reloj de cuco sigue colgado donde siempre, pero ya no sale a cantar las horas. 

Los relojes de cuco siempre han producido un magnetismo incontrolable sobre mí. Hace unos años, cuando estuve en la Selva Negra, me sentí en el paraíso. Allí fabrican relojes de cuco a mano y los veía por todos los sitios, delicados y con una manufactura exquisita, con miles de detalles que se escapaban con una simple ojeada. Ni que decir tiene que traje uno, mucho más grande que el mío. No era para mí: se lo regalé a mi tío P.

Un poco de historia...
Los relojes de cuco tienen su origen en el siglo XVIII en la Selva Negra. Llevaban un pájaro autómata que, a cada media hora, aparecía del interior del reloj diciendo "cucú". En Sachonach se pueden ver los relojes de cuco más grandes del mundo.

1 comentario:

J.R.Infante dijo...

Conozco esas sensaciones porque en mi casa paterna era casi una devoción el mantenimiento del reloj de cuco - que también vino de Alemania -.Funcionaba día y noche y a mí me pillaba lejos del salón y por tanto de noche no me molestaba; con las primera horas del día siempre lo escuchaba y me resultaba agradable el soniquete de ese cu-cu, cu-cu con el que me entretenía contando las horas.
Aún está en la misma casa, ya no funciona, sigue colgado en la pared y significa un gratísimo recuerdo de la persona que ritualmente le tiraba de las cadenas para evitar que las pesas tocasen en el suelo.
Todo un símbolo.
Un beso