sábado, marzo 21, 2009

Otros tiempos, otros lugares, otras personas

Esta es Simoneta, la gata de mi hermano. Parece una rata. Sólo duerme y come, y cuando sale a buscar 'novio' no la vemos el pelo durante días. Supongo que regresa de nuevo cuando tiene hambre. Es una gata que se deja coger y acariciar y nunca se queja. Incluso ha intentado hacer buenas migas con Pakito, pero claro... Pakito es el rey de mi casa.

Hoy he terminado de hacer las labores que me propuse ayer. Lo malo del sábado es que cierran por las tardes casi todo. Aun así, hoy me pasaré a comprar ropa a Sfera y Massimo Dutti, pues las tiendas de ropa son las únicas que abren.
Cuando iba a Halcón Viajes me he acordado de otro día muy similar hace dos años. Recuerdo el sueño: viajar a Roma y tener los billetes en mano al día siguiente. Para mí, los mejores viajes son los que no se programan, los que haces sin pensar, como aquella vez. Si te pones a pensarlo nunca te terminas de mover (como les pasa a mis amigas de La Rioja). Y he intentado meterme en aquella persona de hace dos años, con aquellos nervios antes de coger el avión, cuando estaba finiquitando todo en la agencia. La única diferencia era el tiempo, porque entonces era julio y hacía un calor de mil demonios. Y me he acordado de algo que me pasó nada más llegar al Fiumicino o, más bien, cuando ya estaba en el centro de la ciudad por mis propios medios. Estaba en la estación de Termini cuando me llamaron por teléfono. "Hola, soy Nicola, te estamos esperando en el aeropuerto". Es curioso, todo un autobús esperando por ti, y tú ya llevabas media hora de tren hasta el centro (el aeropuerto de Fiumicino está a varios kilómetros de Roma, pegando a la ciudad de Ostia y, cuando aterrizas o despegas ves el mar en una impresionante panorámica desde las alturas). La verdad es que aquella vez no me informaron correctamente en Halcón Viajes, y yo desconocía que tenía que esperar al grupo y al guía para coger un autobús que nos fuera repartiendo por los diferentes hoteles. Yo llegué al hotel caminando, preguntando. Me dijeron que estaba cerca y llegué en unos diez minutos. Lo cierto es que estoy bastante acostumbrada a viajar como para no tener problema a la hora de desembarazarme en casi cualquier tipo de situación. La llegada a Roma fue cómica, pero lo fue más aquella misma noche cuando le pedí al camarero "Le conto, per cortesia" y se me acercó con el índice en alto para rectificar mis pequeños conocimientos de italiano: "Il conto, il conto". Obviamente, estoy más familiarizada con el francés. 
De momento me pregunto cuándo volveré a cogerme un avión con un destino, después de haber tardado cinco minutos en hacer la maleta. Mi amiga M. me ha hablado de un viaje que está proyectando a Brujas y Bruselas para septiembre. Pero sigo pensando que con tantos meses de antelación...

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