
Grandiosa película de una época de caos en el gran Imperio Ruso. Magnífica asimismo es la figura del unicornio como símbolo de poder. Y sublime la imagen del anacoreta que sube a la montaña después de afirmar que no volverá a bajar hasta que no llegue una época de tranquilidad y estabilidad a Rusia.
En 1598 muere el zar Boris Godunov. Moscú se ve amenazado por el ejército polaco y los boyardos. Un complot asesina al joven heredero y a su madre, dejando viva a la princesa Kseniya (Violetta Davydovskaya), a la que el comandante polaco (Michal Zebrowski) secuestra y chantajea para convertirse en zar.
Andrei (Pyotr Kislov) es un joven esclavo que se cruza con el barco de la princesa. Él era un niño y sus padres eran criados de los Godunov, cuando los polacos entraron y asesinaron a mucha gente del pueblo, incluidos a sus padres.
Ahora quiere que el caballero español, Álvaro (Ramón Langa), compre sus servicios y convence a un italiano, Kolska (Artur Smolyaninov), que se convertirá en su mejor amigo. En una emboscada, el español pierde la vida y Andrei suplanta su identidad, ofreciendo su servicio como mercenarios a los polacos. Así está cerca de la princesa, a la que confiesa su nombre. Pero su defensa por los indefensos rusos hace que el comandante sospeche. Condenado a la horca, Kolska consigue salvar a su amigo y escapar al interior de una ciudad sitiada. Andrei se lleva consigo a Kseniya. Los polacos no consiguen entrar en la ciudad, pero la princesa escapa chantajeada de nuevo por el polaco (ella quiere recuperar a su hija Julia, pero sólo el comandante sabe dónde está). Los rusos pierden sus esperanzas y la consideran una traidora, así como también a Andrei. Pero algunos hombres le apoyan, descubren que han aunado sus fuerzas para echar de su territorio a gobernantes extranjeros, y les han vencido. El enemigo marcha sobre Moscú, pero el pueblo ruso unido les echará. La princesa será absuelta de sus pecados y Andrei se enfrentará al polaco en una pelea a muerte, con la victoria del ruso.
Llega la época de paz y muchos son los aspirantes al sillón del trono. Será Mijail Romanov (1613) el zar que restablezca la tranquilidad. Los Romanov se mantuvieron en el poder durante trescientos años.
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