domingo, marzo 15, 2009

La sombra de otro tiempo

Quizás este relato de H.P. Lovecraft es, de todos los que he leído, el que mayor simbolismo político contiene. Fue escrito a finales de 1934 y principios de 1935. Teniendo en cuenta estas fechas, que Hitler llegó al poder en 1932 y que, para la época del relato, ya empezaba a sembrar ese terror racial, cuando H.P. Lovecraft habla de la Gran Raza de Yith, una raza de seres inteligentes superior a la humana, cuyo tipo de gobierno es un socialismo fascista... es inevitable no pensar en lo que estaba ocurriendo en Europa en aquella época (y lo que aún estaba por llegar). Es curioso observar cómo, además, el nombre del protagonista, Nathaniel, es de origen judío; no creo que sea una mera coincidencia. 
Desde mi punto de vista, creo que Lovecraft utiliza este simbolismo para dar su propia versión desde una perspectiva literaria y, finalmente, no se hace complicado relacionar los hechos históricos con el paralelismo ideológico de este relato. 

Nathaniel Wingate Peaslee, profesor de Economía en la Universidad Miskatonic de Arkham, tiene una afección de amnesia que le durará cinco años. Un día, en medio del aula, se desvanece y pierde todos los recuerdos. Su familia le ve como un extraño y todos, menos uno de sus hijos, le abandonan. Es entonces cuando el profesor Peaslee empieza a interesarse por los libros de la famosa biblioteca de Miskatonic y entra en contacto con libros prohibidos sobre magia oscura (los famosos Manuscritos Pnakóticos, el Necronomicon, el Libro de Eibon, De Vermis Mysteriis, etc.). Aunque pierde la memoria, tiene conocimientos extensos sobre otros temas que en su verdadera identidad jamás había estado interesado.
Al cabo de cinco años, un extranjero acude a su casa y, al día siguiente, continúa orando en la lección de economía, justo donde la había dejado, como si ese lapsus de cinco años no hubiera existido.
Después de esto, empieza a interesarse por la psicología y por los diferentes estados de amnesia, pero son los mitos folclóricos los que le darán las explicaciones más plausibles, aparte de extraños sueños que le llevan a través de los tiempos hasta una época que dista a 150 millones de años hacia atrás.
Comprende que su mente ha estado cautiva por unos seres que estudian el futuro y el pasado y que escogen ideas según sus circunstancias, perfeccionándose de tal forma que se constituyen como una raza superior a la humana. Es la Gran Raza de Yith, venida desde las estrellas y asentada en la Tierra a través de millones de años. Peaslee descubre una arquitectura superior a la humana, una biblioteca que tiene un tipo de conservación de ejemplares único, y él escribe toda su sabiduría. Los seres que le rodean son una especie de conos con tentáculos y pinzas, con tres ojos en la parte superior y únicamente con los sentidos del oído y la vista desarrollados. Y cuando se mira a sí mismo se sorprende al ver que él no está dentro de su cuerpo humano. En cada sueño él escribe en su inglés materno, a pesar de que los seres de la Gran Raza utilizan unos extraños jeroglíficos para comunicarse. A medida que le otorgan más libertad, descubre plantas y animales que existieron en época de los dinosaurios, y unas ruinas negras sin ventanas a los que todos los de la Gran Raza temen (cosa curiosa cuando son tan sabios).
Peaslee comienza a escribir en una publicación científica el contenido de sus sueños hasta que recibe una carta desde Australia Occidental. Robert Mackenzie ha leído sus artículos y le habla del descubrimiento de unas piedras con extraños grabados, aparte de aconsejarle que organice una expedición científica. Los fondos para el grupo de exploración se los entrega la Universidad Miskatonic y se lleva consigo a varios eruditos, entre los que se encuentra su hijo.
En una explanada desértica, encuentran los restos de construcciones de una antigua civilización. Peaslee, que por las noches no puede dormir, se acostumbra a dar paseos por las ruinas y la arena, hasta que repara en unos jeroglíficos sobre piedra negra. Al quitar la arena encuentra un pasadizo que le lleva al subterráneo y, conscientemente, él conoce el camino que ha de seguir hasta encontrar la cámara donde supuestamente están sus escritos. El viento empieza a silbar con mucha fuerza y teme a las trampillas abiertas, ahora sin vigilantes, de donde venían los temores de la Gran Raza. Llega hasta la cámara y se lleva uno de los libros, bien conservado, pero el viento le persigue y cae en el negro abismo. Cuando despierta, se encuentra en la arena y no tiene el libro que le podría haber servido de prueba. Lo único que recuerda es que ese manuscrito no estaba trazado con jeroglíficos, sino escrito en inglés.

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