viernes, diciembre 31, 2010

Y para acabar...

Será la última entrada del año. Sólo es para desear un Feliz Año Nuevo 2011.

Que el nuevo año venga cargado de felicidad.
Que el nuevo año depare todo lo mejor.
Que la celebración de esta noche sea inolvidable.

Y mañana ya amanecerá.

La vieja capa

Anoche, cuando hablaba de todas las cosas que dejamos atrás y de todas las cosas que nos quedan por vivir, soy consciente de que me quedaban otras muchas en el tintero. No se puede resumir todo un año en unos pocos párrafos. De alguna forma, tampoco hacía falta que dijera mucho cuando suelo ir describiendo el día a día intensamente.
Por otro lado, tengo esa sensación que siempre aparece en este día, como si te quitaras una capa vieja para ponerte una nueva, pero quedándote con lo mejor y desterrando lo peor. La capa nueva no tiene rasguños ni remiendos (en un año seguramente los tendrá). La capa nueva está llena de esperanzas, de ilusiones, de sueños y contiene mucho amor. No hay nada como entrar en el nuevo año cargados de sentimientos positivos.

Antes de la cena

Nos hemos ido a tomar algo. He sentido una impotencia terrible, al querer hacer algo y no poderlo hacer. En el Madison, no sé si ha sido por el calor, me ha dado un bajón de tensión. Al verlo venir, le he dicho a una amiga que me pidiera azúcar. Más o menos se me había pasado cuando hemos salido a la calle, pero caminaba que parecía estar flotando. En el Metropol, mis amigos me han dicho que me sentara y pidiera una Coca Cola. Me he sentado, pero he tomado otra cosa. Entonces ha aparecido ese ángel, lo tenía a menos de medio metro y quería desearle que pasara una buena noche, pero no podía moverme. Entonces he sentido la impotencia al no poder levantarme rápidamente para ir a darle dos besos, para mirarle a los ojos y susurrarle lo guapo que estaba.
Al marcharnos, unos minutos después, he tomado la dirección que ellos habían tomado un rato antes, pero no les he visto, quizás porque no tenía los sentidos al 100%. Finalmente, en vez de ir a tomar vinos a los bares de mi pueblo, he preferido quedarme en casa a recuperarme de alguna manera. Y le he escrito para decirle por qué no le he dicho nada más que "hola", y para desearle lo que me hubiera gustado decirle antes.

Es una putada, que pase la persona a la que adoras en cuerpo y alma y no poder decirle ni las buenas noches, porque un sudor frío te cubría el rostro en ese momento y eres consciente de que si haces algún movimiento brusco quizás vuelvas a sentir la tensión en la cuerda floja.
Supongo que le veré esta noche.

Últimos asuntillos del año

Nos hemos tomado una cerveza y nos hemos ido. Cuando estaba arrancando el coche, he comprobado quién estaba tan cerca y a la vez tan lejos, ya que hoy no nos hemos cruzado. Pensaba en ese momento que bien podría estar tomándome algo con él, y desearle un feliz fin de año.
He venido con un amigo hasta el pueblo, el marido de mi compañera de trabajo.
Luego hemos visto que estaban quitando un camión en la carretera. Había una grúa inmensa. A medida que nos acercábamos él me contaba que ha habido un accidente. Es que van demasiado rápidos, y luego pasa lo que pasa.

En mi pueblo hay muchísima niebla. Pero en las calles se ve algo más de gente.

Preparando la Nochevieja

Acabo de ir a por el disfraz. Será negro y dorado, con una serpiente en la cabeza, los ojos llenos de kohl y brazaletes en los brazos. Iré de egipcia y, pese a que mi pelo podría adaptarse perfectamente al disfraz, también este año llevaré peluca.

Recuerdo que hace una semana decía que no iba a salir, pero a medida que se iba acercando la Nochevieja me preguntaba cómo habría de quedarme en casa en fin de año.

Estaban abriendo la tienda cuando he llegado, no había aún nadie y enseguida he elegido un disfraz.

El último día del año

Empieza el último día del año, la jornada de los propósitos y de los despropósitos. Atrás dejamos 365 días llenos de todo: de alegrías, de lágrimas, de felicidad, de tristeza, de viajes, de esperanzas, de deseos, de instantes breves y profundos, de recuerdos, de amor, de horas inoportunas, de nuevos rostros que han ido apareciendo con el transcurrir de los meses.
Casi todas las personas que conozco tienen algún propósito para el año que dará comienzo en menos de veinticuatro horas. Pueden ser cosas materiales (comprarse una vivienda, por ejemplo) o cosas inmateriales -en las que no quiero entrar, aunque si el 2011 tiene tanto amor y tanto deseo como el que termina es bueno, ya que tendré un pedazo de felicidad entre los dedos-.
En estos momentos se me ocurren un sinfín de deseos para el año que empieza. Uno de ellos pesa mucho más que los otros. Ese deseo que hace que se desboque el corazón, que produce un escalofrío agradable en ciertas situaciones, ese deseo que te hace sonreír inconscientemente la mayor parte del tiempo, ese deseo que hace que te tiemble la voz al hablar, ese deseo que te hace soñar, ese deseo que te hace escribir misivas larguísimas cuya voz llega desde el corazón.
Es amor. Y él es un ángel. Alguien tan especial que me pasaría horas mirando a sus ojos contemplando un mundo perfecto. Alguien tan especial que me dejaría mecer por su sabiduría expresada con esa voz tan dulce. Alguien tan especial que le abrazaría cada mañana y cada noche. Alguien tan especial que con su presencia consigue que el día simplemente tenga otro color.
Y me siento viva. Quiero seguir viviendo la intensidad de esos instantes que, de alguna forma, guardo para mí. Quiero seguir sintiendo los latidos ensordecedores en mi corazón cuando él está próximo. Quiero seguir contemplando a las estrellas y encontrar sus recuerdos en ese firmamento titilante. Quiero seguir siendo consciente de que, aunque menos, sigue temblando mi voz cuando hablo con él. Quiero seguir soñando con él.
Y no quiero perder las ilusiones. Él siempre será un ángel. Lo ha sido en 2010 y lo será en 2011.

Por supuesto, seguiré guardando para mí todos esos momentos tan... especiales, mágicos, únicos.

En segundo plano quedan otros deseos, tangibles y palpables. Es el deseo de vivir cerca de donde trabajo. Quizás sea en 2011 y quizás no. ¿Quién sabe? Está ese otro deseo de viajar a Rusia hacia el mes de junio. Ya tengo marcados los días en que tengo intención de marcharme, porque cuando en enero lo diga tiene que ser fijo, pues mi pasaporte 'volará' camino de la embajada rusa (o el consulado) a principios de 2011.
También en 2011 me tocará una boda demasiado cercana como para no mencionarla aquí.

El último día del año se perfila en el horizonte como una jornada en que las horas pasarán muy rápidas.

Empiezan 365 días llenos de magia. Y si digo magia es porque el futuro siempre es desconcertante. Podemos saber lo que pasará tal o cual día, pero casi nunca es como imaginamos. Seguro que habrá magia cada mañana cuando mire a un ángel a los ojos, y habrá magia cuando por la noche contemple las estrellas. Habrá magia cuando quiera compartir algo especial a través de las palabras, mientras estoy escuchando voces desvirtuadas en un idioma extraño. Acabo de comprobar que en Moscú sólo son dos horas más que aquí.

¿Y el año que se va? Del año que acaba, me quedo con los instantes de él, las alegrías vividas, un viaje a Japón (que ¡a saber cuándo volveré a realizar un viaje así!), los momentos entrañables con mis amigos, las risas en cualquier situación, lo inesperado de ciertos trances, las horas de reflexión, los conocimientos que me han aportado otras personas, mis nuevos amigos de finales de verano y un sinfín de circunstancias más. Porque también ha habido tristeza, lágrimas, penas, dolor... pero ¿para qué voy a recordar todo eso, si siempre es mejor quedarse con lo mejor? Y es que lo que está claro es que el año nuevo ha de empezarse con la mejor predisposición posible.

Sin duda, es un buen momento para ir a soñar. Que nunca nos falten los sueños.

jueves, diciembre 30, 2010

Entonces aparece él

Eran las siete de la tarde.
Cerraba la puerta de la calle, cuando me he dado la vuelta y le he visto pasar de nuevo. Recuerdo su perfil, su concentración etérea, la fugacidad. Mi pensamiento deseando que girara la cabeza, el aire del vacío cuando ya ha desaparecido de mi campo de visión.

Guapísimo y fugaz. Como un ángel.

Las calles se tiñen de azul

La calle se ha cubierto de una neblina azulada y las luces navideñas, anaranjadas, resaltan entre lo que empieza a ser el inicio de la noche. Resulta todo muy entrañable, más en la época en que estamos. Y hace frío, un frío demasiado cortante.
En un ambiente tan idílico, que incita a la ensoñación, y a pesar del aire gélido, me encantaría pasear por esas calles azuladas con él.
Me pregunto dónde estará, aunque no cuesta mucho imaginar.

Le echo de menos. Me falta ese instante en que mis ojos se pierden en los suyos, siempre magníficos, siempre perfectos, angelicales. Me falta el deseo de querer acariciarle el pelo, el deseo de escuchar su voz reconfortante, el deseo de saber que está ahí al lado aunque no mire en su dirección.
Aunque le haya visto pasar, durante una ráfaga de segundo.

Abbey Road

¿Quién no recuerda la famosa carátula de los Beatles que seducía en el disco titulado Abbey Road? No hace mucho tiempo que fue noticia, ya que el Gobierno británico ha declarado esa calle como patrimonio nacional.
Lo cierto es que, muy lejos de Londres y a propósito del instante del mediodía, me imaginaba cruzando otro paso de cebra mucho más cercano, haciendo parar a los coches o a un solo coche. Me imaginaba que era yo la que cruzaba la calle en ese momento, sólo para mirar sus ojos, regalarle una sonrisa y enviarle un saludo, para susurrar al aire lo guapo que está...

El refugio

La cafetería es como un refugio en mitad del día, donde haces ese paréntesis del trabajo, que en ciertos días se convierte en algo necesario.
Las circunstancias han querido que hoy tuviera que ponerme en otra mesa lejos de la ventana, porque en el instante en que he llegado mi mesa de los jueves estaba ocupada.
Entonces me he levantado a pedir un café. He mirado hacia la calle y he sentido que se me desbocaba el corazón. Justo en ese momento paraba un coche en el paso de cebra. He conseguido ver un trozo de la matrícula y un atisbo de su pelo.
Todo demasiado fugaz, pero lo suficientemente intenso para sonreír ante la cercanía de ese ángel.
Seguiré leyendo un rato.
BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

Echando de menos...

Hoy le voy a echar de menos.
Mi amiga I. ha venido y hemos quedado a las 12.30 h. a tomar café.

Hoy no me he cruzado con ese ángel de mirada perfecta y ya le estoy echando de menos. Seguro que estaba guapísimo.

Me voy a comer.

También esta noche he quedado en el bar de mi pueblo. Acostumbrada a no salir por las noches, me resulta extraño, como poco.

Antes de medianoche

Anoche cerré los ojos antes de medianoche. Debía estar lo suficientemente cansada como para sentir que me faltaban las fuerzas para levantarme y apagar el portátil.

He soñado con él. Quizás por eso, por despertarme con su imagen angelical en mente, me encuentro hoy atrapando un pedazo de felicidad.

miércoles, diciembre 29, 2010

No hay palabras...

No creo que tarde mucho en ir a dormir. En estos momentos reflexiono sobre todo lo que me gustaría decirle a esa persona tan especial, sobre todo lo que me gustaría preguntarle, sobre todo lo que me gustaría susurrarle.
Le diría que es alguien especial mientras le miro a los ojos, le susurraría que estaba muy guapo hoy, le describiría toda la dulzura que emana de él.
Sé que debería ir a dormir, pero también soy consciente de que sobrepasará la medianoche hasta que finalmente decida dejar de lado el libro para embarcarme en ese mundo de sueños en que se mezclan los sueños con los recuerdos, un lugar intocable donde todo es perfecto, donde siempre aparece él.

Era una margarita

Esta vez era una margarita. No hace ni media hora me imaginaba dibujando una flor. No lo he hecho, porque había mucha gente alrededor mío.
En ese momento, le he sentido cercano. Ver algo de él me reconforta, porque imagino dónde estará y que se encontrará bien.

Ya podíamos habernos encontrado también hoy.

Después venía pensando en él. En lo especial que es... En muchas cosas. En la radio; recordaba sus palabras una noche al preguntarme cómo escuchaba esa cadena. Y sentía que los músculos alrededor de los labios se me relajaban y formaban una sonrisa.

Le quiero tanto...

Y hoy no me apetecía dibujar estrellas, sino una margarita.

Gajes de la tarde

La tarde no ha variado mucho respecto a la mañana. Gente y más gente. No me importa. Lo que ocurre a veces es que cambias de escenario y, si la otra persona te cae bien y tienes intereses comunes con ella, terminas tomando unas cañas. Cuando miras el reloj, te das cuenta de que has cerrado la oficina durante más de media hora...

No creo que tarde mucho en irme. Hoy sí que necesito dormir bien. Y soñar con él, con esa mirada en la que se concentra todo lo mejor del mundo, todo lo que no te encuentras a pie de calle, todo lo que hoy en día no se descubre en casi nadie.

A veces me gustaría caminar con él por la calle, por el simple hecho de caminar, de sentir su presencia cerca, de escuchar su respiración pausada, de dejarme hechizar por esa voz tan sensual...

El ligero sopor de las tres

Después de la sobremesa me ha entrado un ligero sopor. Luego me he tumbado un rato a leer y he sentido muy pesados los párpados. En realidad me hubiera echado una siesta, pero sabía que no podía quedarme dormida.
Me he acordado de que, al mediodía, cuando iba hacia el coche, he visto el coche de un ángel. Tan cerca he pasado que hubiérale hecho un dibujo, pero al mirar atrás he visto a alguien que trabaja aquí cerca y sé que si me hubiera visto haciendo dibujos en la luna de algún coche iba a tener guasa conmigo durante semanas. Al final, he optado por seguir mi camino, no sin antes haber comprobado que esa persona tan especial no venía por el otro lado de la calle.
Al final, pese a que estuve anoche mirando disfraces, no escogí ninguno. Eso quiere decir que si a última hora decido salir en Nochevieja amortizaré uno de los antiguos, o no me disfrazo, o... no sé, porque lo cierto es que sigo sin ganas de fiesta.

Apenas le he robado esta mañana unos segundos.

Saturada o avasallada

Hoy me siento como saturada de información y de gente, o quizás avasallada. En parte, quizás mejor que me haya quedado aquí, porque la verdad es que no hago más que encontrarme con gente en todos los lados.
Cuando he tenido cinco minutos me he escapado a ver el álbum de Canarias (que me ha llegado hoy) a la cafetería, pero aún no he logrado verlo por completo. Ni un minuto libre.
Pero no ha importado, porque he visto a ese ángel de mirada perfecta. Estaba guapísimo. Ha sido el momento. Me hubiera gustado enseñarle el álbum y explicarle una historia en cada imagen.

Creo que me voy a casa.

Buenos días por la mañana

Hoy he decidido no ir a Ezcaray. Si surgiera algo, ya iría otro día. El próximo miércoles.

Entonces quizás sí que le vea. Ayer me alegró el día varias veces. Es tan adorable...

A las ocho estaba aquí como una campeona. Ni siquiera había amanecido.

Miradas que enamoran

Sonrío sin darme cuenta. Es sorprendente cómo una única persona puede convertir todo en algo mágico.
A veces me pregunto qué es lo que veo cada vez en sus ojos, y la respuesta sería algo complicado de explicar. Podría decir que en él veo una bondad increíble. También encuentro una nobleza que hoy en día ya no se encuentra en mucha gente. Descubro una dulzura impresionante. Son ojos inteligentes, observadores, precavidos. Son unos ojos a los que no se puede ocultar nada. Veo tantas cosas buenas en él que, cuando me cruzo con él en cualquier lugar, comprendo por qué le quiero tanto, porque me siento desbordada de un cariño infinito hacia ese ángel de mirada perfecta.

Dicen que los ojos son el espejo del alma...

martes, diciembre 28, 2010

De piratas


El disfraz elegido es el de piratas, amortizable desde que nos los pusimos ¿cuándo? ¿al despedir 2003 ó 2004? Hace ya unos años. Pero yo no iré de pirata. He ido a preparar el disfraz sólo para dejárselo a mi compañera de trabajo, puesto que ella sale con nosotras en Nochevieja. Aquel año ella no se disfrazó. Y como yo en principio no saldré se lo he preparado para que lo lleve ella.
Me gustaba ese disfraz. Teníamos garfio, pañuelo en el pelo y parche en el ojo, pero mi disfraz está lleno de cascabeles.

Si en 24 horas me llega quizás me termine disfrazando de egipcia o de geisha. El de geisha estaría bien, que todos los años no se vuela hasta Japón. Después de cenar me lo pienso.

Ahí mismo, al cruzar la calle

Ahí seguía...

Mi mirada se ha desviado hacia donde yo sabía y he comprobado que él aún seguía.
Entonces he mirado hacia el firmamento. No he encontrado estrellas, sin duda porque las nubes las ocultan. Pero, ¿quién quiere una estrella del cielo cuando en la tierra hay un ángel que tiene un halo más brillante que todas las estrellas del cielo?
Conducía y venía pensando en él. En lo mucho que le quiero. En lo adorable que es. En que mañana quizás no le vea y la jornada será algo más vacía. En que quizás salga en Nochevieja sólo para sentir el roce de su rostro al darle dos besos para felicitarle el nuevo año. Aunque respecto a lo último, lo llevo rumiando desde hace semanas y, a no ser que sea una decisión de última hora, tengo bastante claro que quiero tranquilidad esa noche.

A las ocho

Pensaba que eran las siete y es una hora más tarde. Creo que debo irme, y además mañana tengo que venir una hora antes.
Siempre que me encuentro con él parece que se para el tiempo, pero después da la sensación de que vuela. Supongo que me encuentro tan a gusto que no me doy cuenta de que las horas pasan raudas.

Estaba tan guapo... Me encantaría volver a cruzarme con ese ángel de mirada perfecta.

El deseo encubierto

Le miro y despierta el deseo en mí. Un deseo que no puedo describir. Un deseo que sobrepasa los sentidos. Un deseo que a veces me perturba y a veces me agrada.

Hoy deseaba abrazarle.
Esta tarde deseaba susurrarle una palabra mágica al oído.
En ese minuto deseaba enredar mis dedos entre su pelo.

Y decirle lo guapo que está, lo magnífico que es encontrarse con él en el lugar menos inesperado y a la hora más inoportuna.

Luego lo he pensado y me he preguntado: "¿Por qué no le habré invitado a un café?". Ni siquiera se me ha ocurrido en ese momento. Igual es que estaba tan concentrada en él que no podía pensar en nada más.

Ahora, al recibir un e-mail donde una amiga (o mi futura cuñada) me pregunta si sigo pensando en no salir en Nochevieja, he vuelto a ese instante de él, al "si salgo beberé cervezas", al "no quiero una resaca monumental como la del año pasado" (gracias al garrafón). Podría haberle dicho tantas cosas... Pero más que concentrarme en mis palabras, me concentraba en su mirada perfecta, en el sonido de esa voz tan sensual, en su cabello rebelde (que me encanta, me encanta).

Es un ángel. Me ha alegrado la tarde.

Al cruzar la calle

Lo mejor que puede ocurrir para empezar la tarde es cruzarte con ese ángel, intercambiar unas palabras con él, dejarte mecer por esa voz tan sensual, mirarle a los ojos y ver lo mejor del mundo en ellos.
Y comprobar de nuevo que hoy está guapísimo.

Sentir su magia de cerca.

Me encanta. Adoro sus ojos, sus labios, su pelo, su voz, sus manos, su rostro, su dulzura, su inteligencia...

Esta es una tarde dedicada a los sueños. Al aparecer él, todo es simplemente perfecto.

Una mirada llena de magia

Quizás sea un buen momento para marchar a casa. Aunque no me marcharé sin describir antes ese momento en que miras hacia la puerta y entra una persona especial. Te sientes desbordada de cariño hacia esa persona y tu mirada se desvía insistente en su dirección. Contemplas su rostro perfecto, su mirada angelical, su sonrisa entrañable y comprendes por qué le quieres tanto.
Es su magia...

Hoy está guapo.

Siempre la una

Siempre me da la una. Quizás porque me resulta temprano marchar antes a dormir.

Me iré a soñar con un ángel, me iré a buscarle entre las estrellas. Y quizás mañana abra los ojos y sonría al empezar el día...

lunes, diciembre 27, 2010

Ayer vendrá

Estaba leyendo una revista a caballo entre lo religioso y lo literario cuando he encontrado una poesía de Luis Rosales, titulada Ayer vendrá, que me ha llegado muy adentro.

La tarde va a morir; en los caminos
se ciega triste o se detiene un aire
bajo y sin luz; entre las ramas altas,
mortal, casi vibrante,
queda el último sol, la tierra huele,
empieza a oler; las aves
van rompiendo un espejo con su vuelo;
la sombra es el silencio de la tarde.
Te he sentido llorar: no sé a quién lloras.
Hay humo distante,
un tren, que acaso vuelve, mientras dices:
soy tu propio dolor, déjame amarte.

Desde el principio el título ya me ha llamado la atención, quizás por el uso de un tiempo verbal futuro junto a un adverbio de tiempo en pasado. Por eso he seguido leyendo.
Supongo que a veces el pasado está demasiado presente en nuestras vidas, olvidando que siempre hay buenos momentos que están por llegar. A menudo escuchamos eso de "Cuando estaba en...", "Cuando iba a...", "Cuando hacía...", y sin darnos cuenta se pasan los minutos del momento presente.
Hace mucho que aprendí que tiempo pasado nunca vuelve y que, por malo que sea el presente, siempre es mejor que disfrutemos de ese momento actual. Porque dentro de lo pésimo siempre hay algo bueno. Puede ser una luz, una palabra, una mirada o un ángel.
Un tren podrá volver, pero no será el mismo que marchó. Las situaciones cambian según circunstancias, según personas y según el tiempo.
Yo no quiero olvidar ninguno de los minutos vividos este año que está a punto de acabar (son mágicos). Eso no quiere decir que los vaya a releer a menudo (lo haré, pero como algo eventual). El momento que vivía en ese momento era lo importante en ese preciso instante. Y yo disfruto describiendo esas situaciones, a veces caóticas, a veces felices, a veces amargas... que poco a poco se van difuminando entre las paredes de la memoria.
Siempre he pensando que el tiempo pasado no fue mejor, sino que lo mejor siempre está por llegar. Es el legado de una persona que no se cansa de vivir, sino que disfruta viviendo. Por eso sabía hace dos días que no había perdido las ilusiones.
Y luego está ese ángel de mirada perfecta que hace que cada momento sea único. Cada día disfruto de ese pedazo de cielo que redescubro en sus pupilas y cada día, en ese instante, saborearé el momento como lo que es: único.

El ayer vendrá, como dice el poeta, pero no podemos detenernos en ese ayer. El ayer trae nostalgia, trae recuerdos, trae rostros que creíamos olvidados, trae los errores de los que aprendimos, trae un sinfín de risas en las mejores situaciones de la vida. Es inevitable no recordar esos momentos en sepia de nuestro pasado, pero siempre es bueno ser conscientes de que eso ya pertenece al pasado. Vendrán otros momentos dignos de mención. Seguramente.

Los minutos que pasan

Llevo un rato pensando en una persona especial. El instante de esta mañana ha sido demasiado fugaz. Me pregunto dónde estará. Encontrarme con él sigue trayéndome alegrías constantes.

Me siento cansada físicamente. No creo que hoy me vaya muy tarde a dormir. Y a soñar.

El traje del perro


Como Yoguito últimamente siempre tiene frío (es de lógica: si tiembla de vez en cuando es porque tiene frío), le he traído un jersey. Está precioso, aunque creo que no le gusta, porque se queda parado. De todas formas, es sólo para ponérselo a modo de pijama.

Al caer la tarde

He ido a la floristería para comprar comida para el loro y juguetes para el perro. Al caminar por un parque mi mirada se ha dirigido hacia un lugar. He llegado a ver incluso una cabeza (creo saber de quién).
Desconozco dónde me ha dejado mi hermano el coche, porque nos los hemos vuelto a cambiar. El caso es que tengo que ir a buscarlo y me voy a casa. Estoy helada de frío y lo único que me apetece es disfrutar del calor del hogar.
Aunque si pudiera ir a tomar algo con ese ángel no me importaría pasar frío.

Al marchar

Íbamos al coche mi hermano y yo, ya que el suyo está en la chapistería. Entonces he visto de frente otro coche. Aunque iba con mi hermano no he podido evitar que mi mirada se desviara hacia el fondo de la calle.
Le he sentido cercano.

Esta tarde tendré que cambiar de coche.

Instantes fugaces

Hoy estoy un poco despistada, porque si se me hubiera ocurrido mirar el reloj unos minutos antes, es posible que hubiera salido antes. Al salir más tarde, sólo le he visto de refilón, guapísimo, por supuesto. La mirada se me ha ido hacia él, a aprenderme ese momento en que él todavía no había girado la cabeza hacia atrás. Me he imaginado que le abrazaba, que le acariciaba el pelo... Eso me trae retazos del sueño de la noche pasada...
Y esa dulzura... Me gustaría susurrarle tantas cosas...

Tan sólo una mirada

Si una única persona es capaz, a día de hoy, de sonsacarte una sonrisa, merece la pena ilusionarse por luchar por esa persona. Aunque sólo sea para quedar atrapada en esa mirada que contiene lo más bello de este mundo, aunque sólo sea por escuchar esa voz cadenciosa y sensual, aunque sólo sea para sentirte reconfortada por el abrazo invisible de sus alas, aunque sólo sea para redescubrir cada día su misteriosa sonrisa.

¿Libros electrónicos?

Mi hermano y yo, no hace ni una semana, estuvimos hablando de los e-Books. En ese sentido, pensamos de forma pareja, puesto que los dos pusimos cara de horror. Quizás porque los dos preferimos sentir la textura de un libro de verdad, escuchar el sonido de las páginas que vamos pasando...
En realidad, cuando me informé sobre los e-Books hace ya muchos meses, me pareció una idea genial, pero algo que me niego a utilizar.
Lo que me atrae es el iPad (entre sus numerosas funciones también se encuentra la de e-Book). Y es posible que le regale uno a mi hermano. Aunque considero que su precio es todavía algo elevado. Me tenía que haber traído uno de Japón, pero los que había eran de prueba...

De momento, seguiré con los libros de papel...

domingo, diciembre 26, 2010

Mis amigos navarros

Debo unos cuantos correos electrónicos. Últimamente no he escrito más que a todos mis amigos para enviarles una foto. Para ello tuve que recopilar sus e-mails que tenía 'extraviados' en correos electrónicos que en la actualidad brillan por sus telarañas (hotmail, yahoo).
La foto que envié es una prueba de boda. Cuando una de mis compañeras de trabajo se casó en julio con un amigo de mi pueblo les dimos un puzzle en donde salían ellos: tenían que hacerlo en un plazo determinado de tiempo y hacerse una fotografía junto al puzzle vestidos tal y como salen en la imagen del puzzle. Me la dieron el viernes y me guardé una copia en el ordenador, pero además la imprimí. Recuerdo que él me dijo: "Mira a ver qué haces con esa foto". Recuerdo que le contesté: "Es para mostrársela a todos antes de la cena, porque muchos posiblemente no lleguen a ver el e-mail hasta el lunes". Si él supiera que la foto está colgada en el tablón de anuncios de uno de los bares más populosos de mi pueblo...
¿Por qué tenían que hacer la prueba? Si no la hacían, nunca podrían recibir los X.000 € ingresados por la totalidad de los amigos de mi pueblo (y no somos pocos). Al final, se la entregaríamos, pero es necesario que hagan algún tipo de mérito simbólico. La prueba era sencilla.
Ese es el único correo electrónico que he escrito estos días, concretamente en la tarde de Nochebuena.
Debo algunos e-mails de estos días, pero cuando escribo tiene que ser con ganas y escribir por escribir no va conmigo. No me va escribir dos líneas por cumplir, sino que cuando lo hago tiene que haber algo de ingrediente, algo que se saboree, tiene que ser algo más profundo.

Pero había un correo electrónico que me urgía escribir. Era a los hermanos navarros, Joxe y Ángel, que conocí en Canarias. Los últimos días en Tenerife llegué a echarles de menos. Y es curioso cómo la diferencia de edades no suponía un impedimento para entendernos perfectamente. En cierto modo, puede decirse que 'me adoptaron'. Cuando hablo de la diferencia de edad, estamos hablando de Joxe, que está jubilado y era de fisionomía enfermiza, y Ángel, que trabaja en una metalúrgica y está a punto de jubilarse. Lo cierto es que congeniamos, no sé si por la cercanía de nuestras procedencias, no sé si es porque ellos también son viajeros incansables...
A ellos les he escrito hoy. Tenía ganas de contarles cosas, de intercambiar fotos quizás, pero sobre todo quería ponerme en contacto con ellos (ya que si yo no lo hacía ellos difícilmente podrían encontrarme). Cuando les iba a escribir mi correo en una servilleta de papel me dijeron que empezara yo y les explicara quién era. Les di mi palabra de que empezaría escribiéndoles, pero había pasado un mes largo y la Navidad se ha echado encima. Canarias queda lejos (aunque seguro que disfrutan de una agradable temperatura, mientras aquí estamos a varios grados bajo cero) y no podía terminar el año sin desearles lo mejor para 2011.
Una de sus aficiones es la fotografía y en su página web me he metido antes de escribirles. Me ha gustado muchísimo. Recuerdo las risas que se echaron cuando les explicaba que yo soy nula como fotógrafa, pero hago fotos de todo. Algunas, muy pocas, se salvan de la quema de la hoguera.

Seguro que ellos no tardarán tanto tiempo como yo en ponerse en contacto conmigo.

De algo más quería hablar que no tiene nada que ver con los e-mails, pero se me ha ido el santo al cielo. Sé que era un trocito de felicidad porque, al pensarlo, he sonreído. Sólo que mientras escribía lo anterior me ha resultado imposible retenerlo. Volverá...

Unas palabras que no se escribirán

En estos momentos me gustaría enviarle el mensaje que no le envié hace unos días (es que este año me aparté del teléfono en Nochebuena). Sólo para preguntarle si está bien. Él seguro que estará bien. O podría preguntárselo mañana, pero por las mañanas es diferente: él siempre está con gente.
De repente me han entrado unas ganas inmensas de decirle algo, de hacerle saber -indirectamente, eso sí- que a veces me acuerdo de él.

No sé. Pienso en él y me siento mucho mejor que en las últimas semanas.

Cosas del domingo

El perrito estaba dormitando en la alfombra de mi habitación cuando le he dicho: "Vamos". Es una de las pocas palabras que entiende, o al menos el sonido sabe que va relacionado con salir a la calle. A pesar del frío, me apetecía despejarme. La nieve que aún cubre los jardines de mi pueblo se ha convertido en hielo, pues iba crujiendo a nuestros pies.
Estoy pensando que el martes es el día de los inocentes. Este año le va a caer al cartero. Como todos los días nos coge un caramelo de piñones, es posible que el martes se encuentre otro tipo de caramelo. Hay días que le escondemos el bol para que no coja, o se lo vaciamos y le decimos que se nos han acabado... Pero todos los días coge un caramelo, así que posiblemente le hagamos alguna con los caramelos.

Tengo ganas de verle. Es como si me faltara el sol.

Quizás mañana amanezca nevado o, lo que es peor, helado.

Horror Vacui

En arte, el horror vacui se utiliza para definir la angustia de los artistas para que ningún espacio de su obra quede vacío. Es una expresión latina que significa “miedo al vacío”. El resultado es que las obras acaban recargadas, porque no hay ningún espacio libre.

Puedo asegurar que últimamente siento una angustia similar al horror vacui artístico. Tengo tantos espacios vacíos que me sobrecoge. Y lo peor es que no sé muy bien cómo llenarlos. Sé que es algo temporal, pero desde hace unas semanas siento que he perdido la ilusión por todo. Lo parece, aunque soy consciente de que mis ilusiones siguen ahí.

Ni siquiera tengo ganas de escribir.

sábado, diciembre 25, 2010

25 de diciembre, ¡¡fun, fun fun!!

Resulta mágico abrir los ojos y mirar a la calle. Esto sí que es una blanca Navidad. En días como hoy, que no hay que coger el coche, resulta especial ver que todo en la calle está blanco, que sigue nevando.
Ya habían comentado en las noticias que íbamos a disfrutar de una blanca Navidad.

Mi hermano y su novia, por fin, han dado la noticia de que se casan en agosto de 2011. Y menos mal que no han esperado más, porque a mí todo el mundo me preguntaba y no sabía muy bien cómo salir de esa situación. No se me daba bien negar algo que sabía desde hace semanas sin que se me notara...

Ayer me comentaron mis amigas que reutilizáramos un disfraz de hace varias Nocheviejas. Mi respuesta fue que me parecía bien, aunque realmente no creo que salga en fin de año. Y realmente es lo que creo desde hace varios días.

viernes, diciembre 24, 2010

La nueva ley antitabaco

Siempre he pensado que la nueva ley antitabaco no tiene mucho futuro. En parte, si fuéramos independientes de Europa, posiblemente no se nos hubiera instaurado tal reforma. Y si no fuéramos europeos, posiblemente hubiera una reforma a la ley pasados unos meses. Porque esta ley implica pérdidas para el Estado y hay que tener en cuenta que estamos pasando por una época de crisis en que cualquier entrada de dinero para el país es beneficiosa. Pero ¿somos conscientes de los impuestos que pagan los fumadores? Si en Canarias el Camel costaba 1,4 € y aquí valía (antes de la subida) 3,65 €. En Canarias no se pagan impuestos por tabaco (ni por alcohol, ni por otras tantas cosas). Entonces, más de la mitad de lo que cuesta una cajetilla de tabaco en la Península va a engrosar las arcas del Estado.
A mí la ley me gusta porque fumaré menos, y al fumar menos compraré menos. Es de lógica que también pagaremos menos impuestos indirectos por fumar. Porque si no se va a poder fumar en ningún sitio, ni el ambiente va a estar cargado de humo, y además se nos discrimina de esta manera... casi es mejor plantearse dejarlo. De fumar menos a no fumar nada sólo hay un paso y nos están poniendo la base para dejarlo definitivamente.
Y esto lo digo porque puedo estar sin el cigarro después del desayuno o después de las comidas, pero por las noches, junto a la copa, siempre nos faltará algo. En épocas de calor, no importa, pero con el invierno a la vista, a ver quién sale a la calle a echarse el pitillo.

Un baúl de sorpresas


Cuando mi hermano me decía que me llenaría un baúl de libros, conociendo mi afición a la lectura, no me lo terminaba de creer. Entonces ha llegado y me ha plantado esa caja encima de la cama. Dentro había pequeños paquetes. Mientras mi hermano y su novia contenían la respiración, yo iba abriendo todos los paquetes.
Sorprendentemente y sin la lista que les prometí que iba a hacerles, ninguno de esos libros está repetido. Será la primera vez...
Se han acordado hasta de regalarme una guía de Rusia. El año pasado mi hermano me trajo una de Japón. Él sabe que no me voy a echar atrás.
Está genial. Tengo lectura variada para varios meses.

Ojo al guiño a las portadas de las novelas de Moccia en el diseño de la caja.

Creo que debería ir vistiéndome para ir a tomar unos vinos antes de la cena, que luego se me echará el tiempo encima.

Eran las tres


Cuando a las tres iba por la calle apenas se veía un alma. Además llovía mucho.
De todas formas, me encanta la torre de la catedral, con todos sus adornos, lucernarios, vanos y... su altura imponente.

Hoy se me ha hecho tarde. Creo que debería ir a dormir, a soñar con él. Quizás mañana no le vea. Hay mucha gente que ya está de fiesta. Me seduce el vermout del mediodía. De hecho, creo que no iré a las ocho, sino como el resto de los días.

Me pregunto dónde estará ese ángel. Le echo tanto de menos...

jueves, diciembre 23, 2010

El primer día


Resultado de imagen de el primer dia libro
El primer día es una historia de amor. Aunque es triste.
Lo que me gusta del libro es que resulta ameno, por lo que se lee bastante rápido.
Empieza con dos historias paralelas: por un lado, las vivencias de él; por la otra parte, las experiencias de ella. Al llegar a la mitad de la novela, ocurre el encuentro entre los dos amantes, aunque en realidad es un reencuentro.

'¿Dónde empieza el alba?', se pregunta Adrian en la Academia de Londres donde trabaja. Desde que era un niño, esa pregunta siempre ha rondado su mente. Él es un astrofísico que ha tenido que regresar, por problemas de salud, del desierto de Atacama en Chile, al no soportar su corazón las grandes latitudes.
'¿Cuál es el origen de todo?', se pregunta Keira desde el valle de Omo, en Etiopía, donde dirige unas excavaciones en busca de los restos humanos más antiguos. Una tormenta terminará con su expedición, por la que se verá obligada a regresar.
Un niño etíope, huérfano de padre y madre, le ha regalado un extraño colgante, objeto por el que comenzará una magnífica aventura. En la Fundación Walsh de Londres, los dos viejos conocidos, Adrian y Keira, se reencontrarán. Keira conseguirá ser financiada por la Fundación, mientras que Adrian se tiene que contentar con su fracaso. Keira olvida el extraño colgante en casa de Adrian y regresa a Etiopía.
Cuando en una tormenta, Adrian descubre que el colgante africano emite una especie de estrellas, comprende que está viendo una reproducción de una constelación que desapareció hace varios cientos de años. Entonces decide ir a buscar a Keira. Los dos juntos emprenderán un camino de amor, siguiendo a las estrellas y buscando otros colgantes. Pero un grupo de ancianos, poseedores de un colgante de similares características, quieren apoderarse no sólo del colgante de Keira, sino también de los conocimientos que puedan adquirir. Tras varios intentos de apartarlos, en China son arrollados por un coche y terminan en el río Amarillo.
Tres meses después Adrian despierta en casa de su madre y recuerda que Keira murió en sus brazos. Pero cuando uno de sus amigos revela las fotos y ve a Keira tal como la recuerda en sus últimos minutos de vida, comprende que quizás el colgante que llevaba al cuello la haya salvado. Y regresa a China en su busca.

Pero no sabemos si Keira ha sobrevivido.

Otro de esos días

Hoy es otro de esos días sin él...

Sin su presencia.
Sin su mirada.
Si su sonrisa.
Sin su luz.

El encanto de una urbe de enormes dimensiones

Nunca me he sentido a gusto en las ciudades grandes, aunque a veces me gusta visitarlas. Lo cierto es que no me agradaría vivir en la capital de un país. He caminado por muchas, pero soy consciente de que siempre serán ciudades de paso. Reconozco que todas y cada una de ellas tienen su encanto. Pero es una parada fugaz.

Me gusta regresar a Madrid de vez en cuando. Pero llegado cierto momento necesito volver a los parajes que ilustran mi entorno.

Pero no he comenzado a escribir en este momento para dilucidar las ventajas y desventajas de una ciudad grande.

Pensaba en el amanecer. No un amanecer cualquiera. No un amanecer junto a la playa. No un amanecer en una montaña. Era un amanecer en una gran ciudad.
El amanecer es un momento del día que resulta mágico. En una ciudad, y ‘mi ciudad’ era Madrid, me imaginaba las calles despejadas, la claridad que trae una especie de neblina previa a la mañana, los ruidos ajenos de un vehículo aislado, el sopor desmesurado de una ciudad que aún no ha comenzado a despertar. Era una solitaria Gran Vía invernal sin un alma que recorriera sus aceras, mientras el reloj del edificio de Telefónica parpadeaba su hora al ritmo del corazón.
Obviamente, en mi imaginación no estaba sola. Ese amanecer, cargado de tal romanticismo, de una magia estremecedora, no podía ser perfecto si no estuviera acompañada de un ángel.

Un amanecer en la gran ciudad… A veces, una ciudad enorme nos aporta enormes sorpresas imaginativas.

miércoles, diciembre 22, 2010

22 de diciembre

He estado comprobando lo que les había tocado a mis padres en la lotería. Como carezco de décimos, tengo que mirar los de ellos. Me gusta teclear el número y apartar los premiados, que no son muchos. Es curioso, porque siempre traigo décimos de todos los sitios y siempre me termino quedando sin ninguno (Madrid, Canarias...). Con todo y con ello, siguen quedando en casa.
Sigo pensando que en mi casa la persona más afortunada es siempre mi madre. En sus décimos siempre suele haber pedreas y suele tener varios, y siempre son los de Benidorm.

Hoy me siento cansadísima. No entiendo por qué. Hay días que duermo menos horas y me encuentro hiperactiva y esta noche, pese a que la gata me ha despertado de madrugada, he dormido muchas horas y me siento vapuleada.

Ahora, al acabar el día (aunque todavía queden unas dos horas para que vaya a dormir) siento que me falta algo. Siempre podré echar mano a los infinitos recuerdos de él...

Hora de marchar a casa

Es pronto para ir a casa, pero creo que es lo que voy a hacer. Al menos, esta tarde no hay niebla y mi pueblo no se asemejará a un lugar fantasmal, propicio para las historias de terror.
Lo que ocurre es que, al no desconectar a mediodía, se hace largo. También siento cierto cansancio. Y es que de madrugada la gata me ha despertado y recuerdo que me ha costado conciliar el sueño de nuevo.
Hoy siento que me falta algo. Es ese instante mágico...

Después de la lotería... seguimos igual. Salut!

En el grupo de amigos nos han tocado 120 €, que no es mucho si tenemos que dividir entre 22 personas. Supongo que servirá de excusa perfecta para costearnos una cena, aunque no nos llegue. También nos ha tocado en el décimo del grupo de Burgos pedrea. Ni siquiera recordaba que con lo sobrante del bote compramos un décimo, ni siquiera recordaba que el número era el 11713 y ni siquiera recordaba dónde se había comprado (si hubiera sido yo, estoy segura que no escogería esa terminación). Creo que pudieron comprarlo al día siguiente en la cafetería del chico cuya característica más visible era una enorme sonrisa radiante. Tan enorme era su sonrisa que parecía que tenía los músculos de la risa pegados con silicona, y no exagero.
Al llegar, he optado por quedarme aquí a comer. Me apetecían patatitas bravas. Me he mojado, porque no para de llover. Vaya día tristón. Creo que si caminara con una persona muy especial no me importaría tanto mojarme, incluso creo que no me daría ni cuenta. También he comprobado que han abierto la cafetería de enfrente. Quizás tenga que ir a tomar un café de vez en cuando.
En este momento me está entrando un ligero sopor.

En Ezcaray

He hecho todo lo que tenía que hacer en Ezcaray, así que no creo que tarde mucho en coger el coche y regresar. Hay algo de niebla, pero mucho menos que ayer.

Me gustaría cruzarme con él. Quizás mañana. Seguro que estaba guapo.

Un año cargado de… magia

Si rebobinara los últimos doce meses, es posible que la imagen angelical de alguien muy especial se reiterara sin cesar. A veces con risas, a veces con lágrimas, pero siempre él. Es magia y quien dice magia dice amor. Estos últimos meses comprendí que le amaba sin haber buscado amarle. Al principio no quería creerlo, pero no podía negar la evidencia. Así que lo terminé aceptando.

Enero amaneció lluvioso. Recuerdo que esa primera semana caminaba por la calle y crucé unas palabras con alquien que hasta fin de año conocía de vista únicamente. Y en Nochevieja le hice una pregunta. Al regresar a la oficina en enero, esa persona me dio respuesta a lo que le había preguntado varios días antes.
Entonces le echaba mucho de menos. Apenas le veía y no comprendo cómo podía soportar su ausencia. Recuerdo que temía que sus rasgos se difuminaran hasta acabar en el olvido, aunque, en el fondo, sabía que eso jamás ocurriría.

Enero dio paso a febrero, mes en el cual se iba perfilando una idea. Era un viaje, pero ningún viaje que yo hiciera en 2010. Una ilusión. Un sueño sin cumplir. La respuesta a esa propuesta llegó el primer día de marzo.

Recuerdo que reflexionaba que con él me hubiera ido al fin del mundo si hubiera hecho falta. Y tenía miedo, porque a veces el miedo llega sin avisar. Él nunca supo de ese miedo. Pero, pese a ese temor, hubiera corrido el riesgo, con todo lo que conllevaba.
Entonces comencé a escribir. Cada noche escogía un color y escribía. Realmente le escribía a él, contándole todo lo que quería compartir con él. Obviamente jamás le llegaron estas palabras, muchas cargadas de una tristeza plausible.

Abril comenzó con un viaje a Cantabria. Volví a ver el mar. Y el mar me llevó a recordarle. Estaba asimilando que le quería desde hacía mucho tiempo, aunque hasta entonces no había querido aceptarlo. A mediados de mes lloré por una llamada que jamás llegó. Y en ese momento dolió.

En mayo buscaba la naturaleza que me traía su imagen perfecta a la memoria. Imaginaba que le describía todas las sensaciones, pensaba en él y le echaba de menos en silencio.

Y en junio le dije que me iba al otro lado del mundo. Todos y cada uno de los días que estuve en el país del sol naciente me acordaba de él. Pensaba en todo lo que me gustaría compartir aquellas vivencias, aquellas experiencias, aquellas novedades con él, y además lo plasmaba en palabras. La primera noche decidí contárselo, y así transcurrieron los días.
En las montañas, concretamente en Kanazawa, la guía nos iba a mostrar los restaurantes y yo me escabullí porque me urgía encontrar un Posto(*) antes del cierre. Y desaparecí ante los ojos de todos.
Uno de los momentos más mágicos del año es cuando volví a ver su sonrisa, al regresar de Japón. Me sentí ‘tocada’.

En julio comienza una época radicalmente diferente, porque su ausencia se evaporó y entonces apareció el ángel. Cada día, al verle, sentía una alegría inmensa. Miraba sus ojos y veía perfección en ellos. En el fondo me reconfortaba verle casi todos los días, porque al cruzarme con él sentía que todo estaba bien, que él estaba bien.

En agosto comprendí que cada día iba queriéndole un poco más. Y no me importó. Porque querer a un ángel es complicado, pero reconforta.

Llegó septiembre y soñaba que hacía crujir las hojas caídas bajo nuestros pies, mientras le cogía de la mano y me dejaba llevar por él.

En octubre le veía en cada estrella. Y cada noche, siempre con esa dulzura que le convierte en único, siempre con su mirada llena de nobleza con la que hace quererse.

En noviembre me volví a marchar y también rememoré sus rasgos mientras tomaba el sol en una playa canaria.

Y en diciembre… Diciembre es todavía hoy. Esta mañana estaba guapísimo. Sigue siendo un ángel de alas de plata, una persona especial a la que quiero con locura y, sobre todo, sigue siendo él: indescriptible, misterioso, único, noble, dulce, majestuoso, sublime, encantador, adorable…

‘Mañana’ será enero y él continuará siendo ese ángel que me brinda tantas alegrías cada día.

(*) Posto: A los japoneses no les preguntes por un Post-Office, porque ellos abrevian cogiendo la ‘O’ de Office y añadiéndola al Post inicial, por lo que se crea el Posto (más parecido al italiano que al inglés).

martes, diciembre 21, 2010

El circo navideño

Para algunos la Navidad comienza con la llegada del invierno (21 de diciembre), para otros se inicia la noche de la primera 'comilona' (24 de diciembre) y para algunos más empieza con la cantinela de los niños de San Ildefonso (22 de diciembre). Reconozco que yo pertenezco al último grupo. Más que desear una feliz Navidad, yo deseo suerte para la lotería.
Seguramente que si nos tocara un pellizco sería de gran ayuda.
Iba a ponerme a despotricar contra estas fechas que me parecen más melancólicas que felices, pero he recordado que esta mañana le he dicho a alguien que odio la Navidad. No lo recuerdo, pero posiblemente también se lo dijera el año pasado. Lo que tenía que haber hecho es desearle unas felices navidades.

Esta es una época que impulsa al consumismo exacerbado. Hay que comprar regalos. Y yo pregunto: "¿Quién dicta esa obligación de regalar porque sí?". Otro año más, no me introduciré en el laberinto de tiendas para comprar a unos y a otros. Porque ya se sabe que si regalas a una persona quedarías mal si no regalas al resto. Por otro lado, me alegro de que se nos haya echado el tiempo encima para hacer el 'amigo invisible' porque así podré confirmar en enero que realmente no he hecho ningún regalo.
A mí me hace más ilusión recibir cosas cuando no me las espero, en un día normal, que no tiene nada de especial, no cuando lo marcan los comercios. Del mismo modo, yo hago regalos cuando me apetece. Y, por supuesto, siempre prefiero comprar recuerdos de los lugares donde estoy de viaje.
Si ahora tuviera que hacer un regalo, sólo se lo haría a una persona. Pensando en el frío que hace posiblemente le regalara un jersey. Aunque mi intención era hacerle una bufanda. Creo que mis nociones de hacer punto no se han quedado tan relegadas en el olvido, pero sí olvidé, cuando pensé en ello, comprar los ovillos de lana. Así que la bufanda tendrá que esperar. Eso es un regalo de verdad porque lo habré hecho con el corazón, porque habrá salido de mis manos (siempre que el año que viene no se me olvide de nuevo comprar la lana). Desde mi punto de vista, los mejores regalos son los que puede 'fabricar' uno mismo, no los que vienen con etiquetas de tienda.

Dejando aparte el consumismo, este año la proliferación de Santa Claus que suben por los balcones ha disminuido un poco. Y menos mal... Se entiende que a mí ese anciano bonachón de barba blanca no me cae bien. Lo cierto es que yo siempre fui de Reyes Magos. Santa Claus es un invento de Coca Cola (aunque la gran marca internacional lo pintó de verde, el rojo llegó después), lo que hace un guiño encantador a la globalización ('palabro' del que todo el mundo hablaba hace unos años y nadie comprendía lo que significaba).
Consumismo y globalización. Va bien servida la Navidad... de momento.

Entonces tenemos que hacer frente a uno de los grandes problemas navideños en época de crisis: los alimentos que terminan colocándose en las dos noches especiales. Si miramos a la cesta de la compra, ¿alguien podría explicar por qué nos sacan un ojo de la cara cuando vamos a comprar las cigalas de Nochebuena? Precios que no son habituales, sino que se han incrementado con motivo de las fechas. Estoy segura de que yo no comeré ningún tipo de alimento que provenga del mar. Ni mazapanes, ni polvorones, ni turrón, ni Ferrero Rocher... Ni siquiera me gusta el champán.
Pero lo peor de las cenas de Nochebuena y Nochevieja es que siempre habrá una silla vacía donde hace cuatro, cinco, seis años había alguien. Y aquí es donde se convierte la Navidad en una época emotiva y triste: echas de menos a los que ya no están, pero no hace tanto estaban aquí. Es una época donde los vacíos y las pérdidas se intensifican y no puedes hacer nada. La silla vacía es el recordatorio palpable de que somos humo.

También es una época muy religiosa. Hace años que soy no practicante en cuanto a la religión, por lo que no me acerco a los templos religiosos más que como cuestión de arquitectura e historia. Cuando dan a besar al Niño Jesús, ¿nadie se ha fijado en el moretón que tiene en la pierna? Me producía rechazo posar mis labios ahí, así que siempre echaba un beso al aire.
En cuanto a los villancicos, me parecen canciones demasiado tristes, aunque muchas letras sean alegres. El coro de la iglesia de mi pueblo canta los villancicos de tal forma que te hacen reír. Algunas cantoras te regalan unos gallos dignos de mención. No creo que haya cambiado mucho esto: que yo sepa, siguen cantando las mismas mujeres que hace unos años. Hay una señora, la madre de un amigo mío, que tiene una voz portentosa, pero la mayor parte de las veces es emborronada por el resto. Sin palabras.

Pero aún no he terminado, que quedan la Nochevieja, la Cabalgata de los Reyes Magos... El día 6 de enero tienes ganas de que todo termine. En mi casa hace unos años era el peor día, porque al ser el cumpleaños de mi madre se reunían muchas personas en mi casa a celebrarlo. Lo que ocurría es que en vez de disfrutar de su día, mi madre tenía que contentar a los treinta comensales que habían ido a felicitarla. Desde hace unos años, nos vamos los cinco a comer a un restaurante, lo que mi madre agradece.
Y bien, ya termina la Navidad. Ahora toca quitar todos los adornos, ¡que comienza la cuesta de enero!

Hoy hemos estado mirando el calendario laboral de 2011. Una de mis compañeras ha puesto en rojo el 10 y 11 de mayo. La he mirado y le he dicho: "Tú no vendrás esos días, pero yo el 12 desde luego que no estaré aquí". Dice que lo ha mirado en internet. Obviamente yo tenía razón, que por algo estudié en SD y sé cuándo es el día grande de las fiestas de mayo.
Al mirar el calendario he pensado: "Dos semanas en junio que me voy a Rusia, una semana en julio que me tengo que ir obligatoriamente algo más cerca, una semana en noviembre en que posiblemente vaya a Lanzarote". Lo único que no sé con seguridad es lo de Rusia, aunque será que sí. Mi hermano ha dicho que a él le gustaría ir, pero tanto él como yo sabemos que este año no podrá venir conmigo (y es un motivo diferente al del año pasado, que en algún momento del futuro comentaré).

Después de esta gran diatriba sobre la Navidad, que por mucho que diga que no me guste (es que se me encoge el corazón; debería ser un momento alegre y me parece muy triste, al contrario de lo que ocurre en Semana Santa), en algún momento llega a contagiarme, aunque suele ser muy poco. Sin embargo, es un buen momento para desear a todo el mundo una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo 2011. Y, por supuesto, suerte mañana a todas aquellas personas que jueguen a la lotería.