viernes, diciembre 24, 2010

Eran las tres


Cuando a las tres iba por la calle apenas se veía un alma. Además llovía mucho.
De todas formas, me encanta la torre de la catedral, con todos sus adornos, lucernarios, vanos y... su altura imponente.

Hoy se me ha hecho tarde. Creo que debería ir a dormir, a soñar con él. Quizás mañana no le vea. Hay mucha gente que ya está de fiesta. Me seduce el vermout del mediodía. De hecho, creo que no iré a las ocho, sino como el resto de los días.

Me pregunto dónde estará ese ángel. Le echo tanto de menos...

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