
Vengo literalmente acojonada. ¿En qué momento se me ha ocurrido salir a la carretera: cuando más niebla hay? No me he fijado a qué velocidad venía a casa, porque iba con los sentidos alerta. Cuando hay tanta niebla se pierde un poco la noción del espacio. Estás tan concentrada mirando las líneas difusas de la carretera que llega un momento que no recuerdas si has pasado la siguiente curva o en qué parte de las obras estás. Y es que es ésa: que la carretera aún tiene las líneas amarillas de obras, que por otro lado se ven mucho peor que las blancas normales. Podría ir a 40 ó 50 por hora por una carretera nacional en obras y, a medida que me acercaba a casa, se veía mucho menos aún.
Me temblaba el pie del embrague. Bueno, eso no es posible, porque no hay embrague, pero he venido un poco temblorosa. Cuando he metido el coche en el garaje he suspirado de tranquilidad.
Ahora bien, tengo que decir que al sacar el coche, hace un rato, he visto otro coche. He sonreído. La cercanía de ese ángel siempre reconforta. Me gustaría contarle mi pánico en la carretera no hace ni media hora.
Lo de la carretera es lo que más me impulsa a comprar una vivienda para evitar situaciones como la de regresar a casa con una niebla tan espesa como la de esta tarde.
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