
Tengo las manos frías. Siempre las tengo frías. Llevo guantes pero no suelo ponérmelos, quizás porque luego me cuesta más quitármelos. No es por pereza, sino porque el choque con el aire helado es terrible. Al menos, si tengo todo el tiempo las manos frías, llega un momento en que no soy consciente de ello.
Y esto me lleva a pensar en que debería entrelazar mis dedos entre los suyos. Me imagino que sus dedos denotan una dulce calidez. Al menos seguro que no tiene las manos tan frías como yo. Pero me lo tengo que imaginar...
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