lunes, diciembre 27, 2010

Ayer vendrá

Estaba leyendo una revista a caballo entre lo religioso y lo literario cuando he encontrado una poesía de Luis Rosales, titulada Ayer vendrá, que me ha llegado muy adentro.

La tarde va a morir; en los caminos
se ciega triste o se detiene un aire
bajo y sin luz; entre las ramas altas,
mortal, casi vibrante,
queda el último sol, la tierra huele,
empieza a oler; las aves
van rompiendo un espejo con su vuelo;
la sombra es el silencio de la tarde.
Te he sentido llorar: no sé a quién lloras.
Hay humo distante,
un tren, que acaso vuelve, mientras dices:
soy tu propio dolor, déjame amarte.

Desde el principio el título ya me ha llamado la atención, quizás por el uso de un tiempo verbal futuro junto a un adverbio de tiempo en pasado. Por eso he seguido leyendo.
Supongo que a veces el pasado está demasiado presente en nuestras vidas, olvidando que siempre hay buenos momentos que están por llegar. A menudo escuchamos eso de "Cuando estaba en...", "Cuando iba a...", "Cuando hacía...", y sin darnos cuenta se pasan los minutos del momento presente.
Hace mucho que aprendí que tiempo pasado nunca vuelve y que, por malo que sea el presente, siempre es mejor que disfrutemos de ese momento actual. Porque dentro de lo pésimo siempre hay algo bueno. Puede ser una luz, una palabra, una mirada o un ángel.
Un tren podrá volver, pero no será el mismo que marchó. Las situaciones cambian según circunstancias, según personas y según el tiempo.
Yo no quiero olvidar ninguno de los minutos vividos este año que está a punto de acabar (son mágicos). Eso no quiere decir que los vaya a releer a menudo (lo haré, pero como algo eventual). El momento que vivía en ese momento era lo importante en ese preciso instante. Y yo disfruto describiendo esas situaciones, a veces caóticas, a veces felices, a veces amargas... que poco a poco se van difuminando entre las paredes de la memoria.
Siempre he pensando que el tiempo pasado no fue mejor, sino que lo mejor siempre está por llegar. Es el legado de una persona que no se cansa de vivir, sino que disfruta viviendo. Por eso sabía hace dos días que no había perdido las ilusiones.
Y luego está ese ángel de mirada perfecta que hace que cada momento sea único. Cada día disfruto de ese pedazo de cielo que redescubro en sus pupilas y cada día, en ese instante, saborearé el momento como lo que es: único.

El ayer vendrá, como dice el poeta, pero no podemos detenernos en ese ayer. El ayer trae nostalgia, trae recuerdos, trae rostros que creíamos olvidados, trae los errores de los que aprendimos, trae un sinfín de risas en las mejores situaciones de la vida. Es inevitable no recordar esos momentos en sepia de nuestro pasado, pero siempre es bueno ser conscientes de que eso ya pertenece al pasado. Vendrán otros momentos dignos de mención. Seguramente.

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