jueves, noviembre 30, 2006

Frío


No me gusta el frío, ni me gusta venir con las manos heladas a casa. Me cuesta muchísimo que entren en calor, aunque las tengo siempre frías. Mi padre me las toca y me las frota a veces diciéndome: "Manos frías, corazón caliente".
Últimamente siempre las noto frías al volver de la calle. Aunque este año noto como menos frío que otras veces. Todavía no he sido capaz de sacar los abrigos que otros años en esta temporada hacía tiempo que llevábamos, ni los guantes, ni las bufandas. La calefacción la tengo al mínimo.

Los que no deben tener frío son los de ciencias, que están por ahí, rodeados de locales que les vigilan que no saquen las bebidas a la calle, con sus batas, que antes eran blancas, de todos los colores (anda que cuando tengan que lavarlas...).

Voy a cenar paellita picante. Cada vez que hago paella es más picante, por supuesto, adrede.

miércoles, noviembre 29, 2006

Caminante no hay camino, se hace el camino al andar


¿A qué aspira un peregrino a Santiago cuando se propone cubrir en un plazo relativamente corto de tiempo los más de 760 km. que cruzan España desde Roncesvalles a Santiago? ¿Quizás espera el perdón eterno, busca la fe que jamás encontró en su vida o quizás busca su propio camino?
¿Qué le hace a una persona sacrificar un verano para comenzar una travesía que no sabe si terminará en buen puerto? ¿La fe? Tiene que ser fe. No creo que nadie consiga llegar al final sin ella, y no sólo en lo que se refiere al Camino de Santiago, sino a todos los caminos, físicos y etéreos, que cruzamos a lo largo de nuestra vida. Aquel que viva el camino paso a paso, disfrutando del momento, de los paisajes y de las personas que salgan a su paso, sin querer llegar a la meta antes de tiempo, aquel llegará al final.

Es curioso. Hace mucho tiempo que quería describir las etapas del Camino de Santiago. Nunca lo he hecho y siempre he deseado hacerlo. No lo haría sola, y buscar a alguien de mi círculo que me acompañe es harto difícil pues les veo exclamar con sorpresa: ¡¿caminar hasta Santiago?!
¿Por qué a mí lo que menos me importa son las llagas y ampollas que puedan salirme en los pies, o los dolores, el cansancio, la deshidratación, dormir muchos días sobre el suelo... y a mi gente es lo primero que le viene a la mente? ¿Es posible que no miremos el Camino de la misma manera? No se trata de hacer el Camino, sino de vivirlo. Se lo escuché a un peregrino.

Mucha gente podría preguntarse por qué me llama tanto el Camino de Santiago. Es evidente. Desde que tengo uso de razón he visto pasar por mi pueblo miles y miles de personas que se dirigen hacia Galicia: andando, en bici, en caballo... Por mi pueblo, en La Rioja, pasan a diario miles y miles de personas, en invierno y en verano, de los confines más desconocidos del mundo y de todas las puntas de la península, famosos y desconocidos... Es un ir y venir que no cesa nunca, y cada vez va a más. Cada verano percibes que la horda de peregrinos crece cada vez más. ¿Debo de pensar que la fe crece cada año o que la inmensa mayoría de los que lo hacen cada año simplemente quieren llegar a Santiago como si fuera un viaje más, por el simple hecho de decir que ya lo hicieron una vez? No creo que sea sólo cuestión de fe, ni únicamente de devoción. Posiblemente sea más cuestión de fama. Y eso sí, los que lo hagan con fe seguro que repetirán.
¿Qué tiene este Camino que cada vez atrae a más y más gente de todo el mundo? Algo tendrá. No es el fervor del año 1000, cuando también grupos multitudinarios de fervientes cristianos peregrinaban hacia Compostela, Roma o Jerusalén, no es ese fervor que guiaba a las piadosas gentes del siglo X, desde luego que no es por ese sentimiento común de que en el año 1000 acabaría el mundo.
Tiene que haber algo también atrayente para que tanta gente en el siglo XXI acuda a ponerse de rodillas ante la estatua del Apóstol Santiago.

La verdad es que tantas veces he deseado hablar del Camino de Santiago que nada más que me he puesto a escribir sobre el tema las palabras salían a borbotones. Pero lo que es el camino en sí lo dejaré para otra ocasión. Quiero hacerlo desde aquí -internet es otra manera de viajar-, y algún día lo haré realidad, pues es un deseo que tengo desde hace mucho.
Hoy me he puesto a hablar del peregrinaje a Compostela gracias a un libro de Paulo Coelho que me acabo de terminar. No es ni con mucho uno de sus libros más famosos. No es tan célebre como El Alquimista ni como Brida, ni siquiera es tan extenso como otros, pero se lee tan intensamente como casi todas sus obras, pues llega hondo lo que dice en sus páginas.
En El Peregrino de Compostela (Diario de un mago), Paulo Coelho nos habla del viaje que emprendió hasta España para realizar el Camino de Santiago, un camino particular, donde se ponen sobre la mesa no sólo los resultados de emprender algo sino el esfuerzo que nos llevan a realizarlos de la mejor manera posible. De hecho, lo importante no es llegar a Santiago sino el Camino en sí, terminando de dotar a ese peregrinaje de la espiritualidad y transcendencia que nos llevan a tomar unas decisiones u otras dependiendo de cada momento particular y teniendo en cuenta todas las circunstancias que nos rodean.
Es necesario que saque fuera de contexto párrafos que son para reflexionar.

"El hombre nunca puede cesar de soñar. El sueño es el alimento del alma, como la comida lo es del cuerpo. Muchas veces, en nuestra existencia, vemos nuestros sueños deshechos y nuestros deseos frustrados, pero es necesario continuar soñando, pues de lo contrario nuestra alma muere.
La única manera de salvar nuestros sueños es siendo generosos con nosotros mismos".

"A nadie le gusta pedir mucho a la vida porque tiene miedo a la derrota".

"La Vía Láctea muestra el Camino hasta Compostela. No existe una religión capaz de juntar todas las estrellas, porque si esto sucediera, el Universo se volvería un gigantesco espacio vacío y perdería su razón de existir. Cada estrella, y cada ser humano, tiene sus características especiales. Existen estrellas verdes, amarillas, azules, blancas, existen cometas, meteoros, meteoritos, nebulosas y anillos. Eso que desde abajo parece un montón de puntitos iguales son, en verdad, millones de cosas diferentes esparcidas en un espacio mucho más allá de la comprensión humana".

"Aunque hable el idioma de los hombres y de los ángeles, aunque tenga el don de profetizar y tenga fe para mover montañas, si no tengo amor nada seré".

"Y como no sabemos que el Entusiasmo es una inmensa fuerza, responsable de la victoria final, la dejamos escapar por entre los dedos, sin advertir que estamos dejando escapar también el verdadero sentido de nuestras vidas. Culpamos al mundo por nuestro tedio, por nuestra derrota, y nos olvidamos de que fuimos nosotros mismos los que dejamos escapar esta fuerza arrebatadora que todo lo justifica".

"La única forma de saber cuál es la decisión correcta es sabiendo cuál es la decisión errada. Es examinar el otro camino, sin miedo y sin morbosidad. Después, sólo se trata de tomar la decisión".

"Un hombre que no sabe oír no puede escuchar los consejos que la vida le da a cada instante. Sólo quien escucha el ruido del presente puede tomar la decisión correcta".

"Los hombres que se juzgan sabios son indecisos a la hora de mandar y son rebeldes en la hora de servir. Consideran una vergüenza dar órdenes y una deshonra recibirlas".

"El esfuerzo es saludable e indispensable pero, sin los resultados, no significa nada".

"Alcanzarás tus sueños si descubres primero lo que deseas hacer con ellos".

[Momento de reflexión]

martes, noviembre 28, 2006

Ni siquiera nos damos cuenta


Si camináramos a la mitad de la velocidad de la que andamos normalmente veríamos el doble de cosas que no vemos habitualmente porque el estrés y las prisas no nos dejan verlo. Por eso, a veces conviene que paremos a observar lo que tenemos alrededor.
Cerca de mi casa tengo un museo con unas ventanas espectaculares. Después de varios meses reparé en esas ventanas ayer por la noche, porque un grupo de turistas señalaban hacia arriba, entonces paré y miré yo también a ver qué era lo que tanto les había sorprendido cuando yo nunca había visto nada donde ellos señalaban. Claro que no había visto nada, pues siempre paso por mi calle sin fijarme en la belleza de lo que me rodea.
Sí había observado que mi calle está llena de museos y parques, pero nunca me he detenido más de lo necesario, ni siquiera he entrado en los museos o he estado en los parques más de cuatro veces contadas. Siempre paso velozmente. Así que cualquier día me encuentro sorpresas como la de anoche.

Cuando las notas de la tristeza ajena te alcanzan


Un día te das cuenta de que los silencios son más amplios que otros días y sabes que pasa algo. Podría ser cosa tuya, pero no, en el fondo intuyes que la persona con la que estás hablando está melancólica y quizás nostálgica. Los silencios hablan por sí solos.
¿Y qué haces cuando la otra persona no quiere contarte lo que le pasa por la cabeza? Quizás, tanteando, darle unas palabras de ánimo, a pesar de que te diga que no las necesita.
A propósito de todo esto, hay un anuncio que me pone triste. Es sólo la canción. Esta canción es identificable con la persona que hoy estaba triste.
¿Qué es lo que nos llama la atención de la publicidad? A mí no me llama la atención nada, enseguida cambio de canal, pero esta música... me hizo mirar spot publicitario, que es de la XBox. Es posible que a mucha gente le atraiga el anuncio por esa música.
Se la dedico a esa persona, porque si cierro los ojos veo una flor, sólo una flor en medio de un campo verde y extenso, una flor tan frágil que podría romperse en cualquier momento, tan delicada que me pasaría horas mirando ese milagro de la naturaleza, tantas horas como las que me pasaría escuchando la canción, a pesar de que me produce cierta tristeza.

Michael Andrews feat. Gary Jules: Mad World

lunes, noviembre 27, 2006

"El Perfume"


No podía pasar el fin de semana sin terminar en una butaca de Van Dyck viéndola. Creo que todo el mundo sabe de qué va la película, aunque a mi acompañante se lo he tenido que explicar porque no ha pillado de qué iba la trama. Yo jugaba con ventaja: ya me había leído el libro, de hecho hace mucho tiempo que me lo leí, pero me acordaba perfectamente.
Lo peor de la película es la fantasmada final. Me ha decepcionado ese final tan "orgiástico".
En cuanto a decorados y ambientes, están bastante bien recreados, incluso hay escenas desagradables que a veces te hacen apartar la mirada.
Lo mejor de la película, desde mi punto de vista, son los primeros planos de Jean-Baptiste Grenouille (Ben Whishaw) descubriendo nuevos olores, intentando conocer todas las fragancias del mundo. Es donde mejor se nos transmiten las sensaciones olfativas, quizás donde mejor se conecta con el espectador al hacernos partícipes de ese sentido tan desarrollado del protagonista.
En conclusión, me ha gustado.


domingo, noviembre 26, 2006

Tantos mundos desconocidos ahí fuera...

El libro Yo puta de Isabel Pisano se lee rápidamente, sobre todo si se tiene en cuenta que son testimonios reales los que se cuentan en sus páginas. A modo de entrevistas, la autora nos cuenta el modo de vivir de una prostituta de lujo, de las mujeres que hacen la calle en Montera o incluso la manera de ganarse la vida de estas mujeres en otros países, cómo las mafias recurren a países pobres en busca de adolescentes que llevan a otros países engañadas... Es un sinfín de historias, a cual más escalofriante.
Las que más me llaman la atención, quizás por la impotencia y la rabia de que no se haga nada al respecto, son las "muñecas rotas", niñas que carecen de infancia, cruelmente engañadas por sus padres o padrastros, que abusaron de ellas a la más tierna edad, niñas que deberían estar jugando con sus muñecas en vez de patearse las calles en busca de clientes.
O la de aquella austríaca que se metió en las drogas siendo una niña (10 años) y que fue incitada por un "camello" a prostituirse para conseguir el dinero que necesitaba para su dosis diaria de heroína.
Me ha impactado la historia de las niñas del Amazonas, una población joven (no pasan de los 20 años porque están expuestas a todo tipo de enfermedades) que da placer a los habitantes del Garimbo. Se les llama garimbeiros a los buscadores ilegales de oro, que pagan con una pepita de oro su momento de placer sexual con estas niñas.
Llama la atención aquella mujer, ya mayor, cuyo sarcoma de Kaposi es evidente en la cara. El sarcoma de Kaposi no sabía lo que era y tuve que, aparte de aprenderme el nombre, buscar lo que era: un tumor frecuente en pacientes con SIDA.
Te habla de las mafias que controlan este mercado del sexo en casi todos los países, sobre todo en Italia y en Brasil, del efecto del SIDA sobre todo en aquellas mujeres que son traídas de África o de regiones muy pobres (están desinformadas al respecto y no saben lo que es un preservativo)... En fin, todo un mundo de engaño.
He echado de menos algunos países, como Tailandia, del que no se habla nada, y cuyo nivel de prostitución es bastante más elevado que la media. Ya que la autora pretende hacer un análisis exhaustivo del mundo de la prostitución me extraña que no haya profundizado más en la zona asiática.
En fin, hay testimonios en este libro que ponen la piel de gallina.

La importancia de ese momento


Balada para Adelina

Ayer tuve una conversación interesante sobre el momento, ese instante en que estás con una persona, ese momento que no volverá a nosotros más que en el recuerdo, porque nunca hay dos momentos iguales, parecidos eso sí, pero nunca iguales.
La persona con la que hablaba la conocí hace unos meses por internet. Me decía que le pusiera la web cam y mi respuesta fue negativa (siempre es negativa).
Un día me compré una web cam que casi nadie sabe que tengo porque nunca la uso. Hoy no sé para qué diablos me la compré porque está cogiendo polvo en la estantería. Debería regalársela a alguien.
Y recuerdo que le dije: "Si quieres verme podemos quedar y nos conocemos". Es extraño que salga de mí esta frase para con alguien de internet, pero me salió, quizás sin pensarla.

El instante que estás con alguien no se puede congelar más que en nuestra mente, en nuestros recuerdos. No es como una conversación por internet, o un minuto de web cam. No son esos trozos de tiempo que se pueden revivir más adelante volviendo a leer o a ver ese instante pasado. Pero no es igual que el momento de estar con alguien, de escucharle, de mirarle a los ojos, de cogerle de la mano. Ese momento jamás volverá.

A finales de verano estuve mirando conversaciones del pasado y al final te das cuenta de que no merece la pena volver a recordar ciertos instantes, que quizás es mejor no guardar ciertas cosas, bien porque te producen dolor o porque en tu fuero interno sabes que ya nada volverá a ser como antes. Una conversación por internet está llena de palabras que no significan nada si no van acompañadas de gestos, de la voz, si no puedes mirar a la otra persona a los ojos... y al final caen al vacío.
Ahora llegan a mí esos momentos en que recuerdas una voz, un perfume o una sonrisa. Ni siquiera son necesarias las palabras. Se para el tiempo y no se necesita nada más. Echo de menos esos momentos pero nadie de aquí me los puede dar.

Si he elegido la Balada para Adelina es porque me he acordado de la primera vez que la escuché, de las ágiles manos de una compañera de clase, su examen de 5º de piano era esta canción, y me llegó hondo. Quería que jamás que acabara esa melodía, y por supuesto, no es lo mismo escucharla aquí que revivir ese momento en un salón de actos lleno de alumnos donde la escuché por primera vez ante el silencio más absoluto interrumpido por la armonía de notas que salían del piano.

sábado, noviembre 25, 2006

Pasta a la carta


Estoy algo harta de comer tanto espaguetti con tomate y carne de todo tipo. Un día no viene mal cambiar. Me encanta probar aquí y allá en la cocina, aunque apenas lo hago. Me gusta cocinar pero no tengo tiempo para hacerlo todos los días. Por lo general, me tiene que apetecer mucho mucho una cosa, como hoy.
Ya los había hecho antes. Siempre que cocino echo de menos una enciclopedia de cocina que tengo en casa, donde empecé a copiar recetas que luego llevaba a la práctica. Y siempre la echo de menos porque me da una receta de un plato y no tengo que comparar. En cambio, cuando busco en google tengo tantas recetas del mismo plato, que no puedo elegir, sino sólo comparar. Y al final termino dándole mi toque y preparando lo que quiero cocinar según lo que yo crea más conveniente.
El caso es que no me gusta cómo cocina mi madre, así que me busco la vida. Nunca me paré delante de un puchero en casa para ver cómo se hacía. Sólo dos cosas aprendí a cocinar allí: paella y cocidos. Quizás es que nunca lo vi necesario hasta que tuve que buscarme la vida. Entonces ya era tarde para pedirle a mi madre que me ayudara.
Me consta que mis hermanos y yo hemos heredado buena mano para cocinar. Nuestra abuela materna cocina demasiado bien y eso ha llegado hasta nosotros. Yo no lo noto, y sobre todo lo noto en mi hermano R., porque es muy sutil cocinando, no sé, con clase, con estilo. Yo en la preparación no tengo ese arte que tiene él aunque reconozco que soy maestra en los sabores y, finalmente, mis platos saben mejor. Y mi hermano también lo sabe, así que como estemos los dos solos en casa, quien termina cocinando soy yo.
Estas navidades iré a ver a mi abuela y le pediré que me enseñe a hacer salsas, sobre todo para guisados. Porque hay algo que echo de menos y es la carne guisada. Y como todas las abuelas me enseñará no sólo salsas para carnes sino también para pescados y me volverá a preguntar: "¿Sigues sin probar el pescado?". Lo mejor de todo es que se sentirá útil y saldremos las dos agradecidas.

Hoy me apetece

Cenar espaguettis a la carbonara y voy a ponerme a hacerlos ahora. Estoy de antojos ^^ Y además me apetece cocinar.

viernes, noviembre 24, 2006

Agua y viento


Lo que más he oido esta tarde a través de la ventana era el silbar del viento, acompañado por gotas de agua que no han parado todavía.
Hacía mucho tiempo que no oía rugir al viento de esta manera. No se cansa. Es horrible salir a la calle.
Al menos no hace frío.

El colegio de monjas


Con 11 años me cambié a un colegio de monjas. No tuve más remedio pues en la escuela de mi pueblo al llegar a cierta edad tenías que ir a un centro donde continuar los estudios pues allí habías llegado al final.

Fue mi primer contacto con monjas, y quizás el más fructífero, pues había allí profesoras a las que cogí cierto cariño. Así me pasó con Felisa, que me daba Ciencias Sociales y Religión, a la que a la cara y delante de toda la clase le canté un "¡Ay qué risa, Sor Felisa!". Ya de joven me dedicaba a componer pareados para las situaciones más caóticas. Recuerdo que en ese momento hablaba de la obligación que teníamos de ir a misa todos los domingos. Y me reí.

Piedad llegó como monja nueva el mismo año que yo ingresé en el colegio. Por eso mismo, a mí y a los otros cinco que habíamos entrado en ese curso nuevos en la misma clase nos trataba especialmente bien, claramente: nos tenía pelota. Aunque yo la apreciaba mucho menos de lo que le hacía creer. Fue mi tutora ese año y en mi último curso allí (para entonces Piedad era directora del colegio, en dos años había conseguido subir al paraíso al que toda religiosa aspiraba). Me dio clases de matemáticas y ahora recuerdo en que en aquel tiempo disfrutaba con las ciencias exactas, seguramente porque Piedad nos inculcaba el amor a las matemáticas. Ojalá todos los profesores de matemáticas fueran como ella... Hoy puedo asegurar que es la mejor profesora de matemáticas que tuve nunca, teniendo en cuenta que las siguientes se limitaban a copiar ejercicios de libros, sin explicación, o con explicación para cerebritos que se sabían la lección casi mejor que la profesora. He visto cómo en mi clase, ya años después, una alumna que contaba con uno de los mejores expedientes de mi colegio, Paz, corregía a la profesora que no tenía ni idea de resolver un problema. Imagino que todo el mundo conoce a alguien así.
A Piedad la llamaban "La Rasca Rasca". Y es que no hay nada más horrible que ver a una monja restregándose con la esquina del pupitre en horas de clase. Al principio era muy espaciado, pero ese tic terminó convirtiéndose en la comidilla del colegio, hasta que le sacaron mote. En el último curso el picor continuaba y se había convertido en descarado. Para mí que en esos dos años las hemorroides le habían crecido demasiado, porque pasarse 60 minutos rascándose delante de 30 alumnos es para pensar que los bajos de la monja estaban habitados por una colonia de bichos a los que les debían molar las horas de matemáticas.
El último año Piedad se había convertido en una persona insoportable. Parece ser que el poder se le había subido a la cabeza. Nunca mejor dicho eso de que "el poder corrompe".

Mi primer año en aquel colegio fue un suplicio. Más que nada porque no conocía a casi nadie, y porque allí todos tenían su grupito, ya que casi todos los alumnos llevaban allí desde los 4 años.
Odiaba las clases de manualidades, porque la monja, cuyo nombre no recuerdo, aunque sí su mote (todas las monjas tenían un apodo cariñoso). "La Cochinillo" le venía que ni pintado por su parecido físico a un cerdo, y más que físico, era su cara. Parecía que tenía un hocico porcino, poseía la mujer unos ojos negros y pequeños y la cara redonda. La odiaba porque dividió la clase en dos sectores que ya están diferenciados incluso antes de nacer: chicos y chicas. Esta mujer pro-facha, además, hacía apología de un machismo intrínseco que se dejaba entrever en nuestra primera actividad manual, que era obligatoria tal y como ella la expuso: las chicas teníamos que hacer punto, pero no una bufanda que podría resultar cosa fácil, ¡no!, un muñeco de punto y luego se tenía que rellenar con nosequé. Los chicos mientras tanto raspaban con punzón aquellos cuadros que estaban tan de moda entonces, que debajo de las líneas grises salía plateado. ¿Por qué esa diferencia? He de apuntillar: sólo una chica terminó el muñeco de punto, y apostaría a que le ayudaron en casa, en cambio todos los chicos terminaron sus cuadros. Y también he de decir que tuve que empezar el muñeco varias veces y que cuando llegaba a mi casa era mi madre la que me cogía la labor y me hacía algo, pero claro, ella no había visto el muñeco. De nada servía lo que me adelantaba mi madre si la monja estaba empeñada en destrozarme el trabajo al día siguiente. La odiaba con toda mi alma, la odié... sólo ese año. Pues después descubrió que mis manos tenían mucha maestría en cualquier trabajo que propusiera (excepto en hacer punto). Bien, aprendí a hacer punto en condiciones hace tres años. Una amiga me enseñó, porque de repente quería hacerme una bufanda larguísima. Y me hice la bufanda.

Recuerdo a Arturo como el profesor-ogro de la gimnasia. Fue ogro en principio, pero ahí también demostré algo que no sabía que tenía hasta entonces: valentía. Tras haber pasado todos el examen del potro con algunas bajas, el último año teníamos que dar la voltereta en el plinto. Sólo los tíos lo hacían con todos los cajones. Las chicas no nos atrevíamos. Y fue su frase la que no sólo me impulsó a mí sino a todas las demás, o quizás al ser una la primera (yo) el resto siguió detrás: "O dais la voltereta en el plinto o tenéis todas un suspenso". Y allí estaba Ana adelantándose hasta ponerse la primera. Y di la voltereta, de hecho, me encantó hacerlo, ya no porque me gustara entonces dar volteretas por aquí y por allá, sino por la sonrisa de beneplácito de Arturo en aquel momento. Creo que le sorprendió mi actitud ese día en gimnasia, por lo general pasiva. Y desde entonces me miró con otros ojos. Fue mérito mío el hecho de que ninguna chica suspendiera gimnasia. Y suspender gimnasia entonces sería como suspender religión o alguna otra "maría".
Acababa de salir de un examen una tarde, y salía con antelación, además de que había sido la primera en terminar (si no recuerdo mal era de lengua y literatura). Así que me quedé en el patio esperando que algún compañero de clase saliera para charlar un rato. Y estaba enfrente del gimnasio, que tenía unos grandes ventanales con barrotes. Allí estaba Arturo con otra clase de alumnos. En medio tenía el plinto. Me reí. Y luego descubrí que eran los de 6º, la clase donde estaba mi hermano. De repente vi a Arturo en la ventana que me llamaba y me decía que entrara al gimnasio. Y entré.
Fue gracioso ver cómo Arturo hablaba en tercera persona de mí, y sobre todo les decía la manera en que había quitado el miedo al aparato que tenían delante. Como nota aparte debo aclarar que ése era el primer día que había sacado el aparato a la clase de mi hermano. Y Arturo aquella tarde me pidió, a pesar de estar en vaqueros, que les hiciera una demostración física para que comprobaran que el plinto no era nada terrible. Y así lo hice. Me aplaudieron, lo recuerdo. Miré a mi hermano que estaba anonadado, y quizás sorprendido. Y luego me contó en casa los comentarios de sus compañeros y lo orgulloso que estaba de mí. Arturo me despidió con un "Gracias". Estoy segura de que lo decía pocas veces.

Cuando llegué a aquel colegio si no te gustaba Madonna no estabas en la onda. Y a todas nos gustaba Madonna, así que teníamos las carpetas llenas de fotos de la cantante, junto a las dedicatorias infantiles que rellenaban las hojas de las carpetas. Realmente dudo que en aquel entonces nos gustara Madonna si entendiéramos lo que decía. Y creo que si las monjas controlaran el inglés (casi todas dominaban el francés, porque la sede principal franciscana estaba en Montpellier) nos prohibirían aquella publicidad de aquella "satánica" a quien el Vaticano no puede ni ver. A pesar de todo, teníamos el inglés obligatorio, de la mano de profesores laicos. Porque bien es sabido que en casi todos los colegios religiosos hay profesores casados y con hijos.
Madonna la había puesto de moda Esther. Tenía dos hermanas mayores y estaba claro de dónde salían las influencias. Y Esther pegó sus gustos musicales a toda la clase. Hoy sé que todas proclamábamos a gritos que adorábamos a la diosa musical (era nuestra diosa y por lo tanto un ejemplo a seguir), pero en secreto escuchábamos a Álex & Cristina, Marta Sánchez, Alejandro Sanz o Sergio Dalma. Claro que si no adorabas a un artista de índole internacional delante de todos estabas condenada al escarnio público. Supongo que ya entonces había censura. O aceptabas lo de la mayoría o si te manifestabas de forma diferente te exponías al rechazo de todos.

Allí hice mis tres primeras mejores amigas: Esther, Tamara y Laura, con las que sigo tratando, supongo que por lo cerca que vivimos, excepto con Tamara que, si no me equivoco mucho, vive en Londres y trabaja de peluquera, a pesar de que tiene varias asignaturas pendientes para acabar Empresariales. De las tres es con quien mejor me llevé, la que más secretos me contó y a la que más secretos conté, la que más confianza me inspiró siempre y en cuya casa pasé más tardes que en la de ninguna otra amiga futura. ¿Razón? En el momento en que mi familia y su familia se enteraron de que íbamos a la misma clase nos inculcaron a convertir nuestra amistad en duradera, como duradera era la amistad entre las dos familias.
Hoy en día me encuentro con su abuela por la calle y siempre me pregunta por todos y cómo me va, y me informa sobre la vida inglesa de Tamara. En pocas palabras: la abuela de Tamara se convirtió en la abuela que todos querían tener, para mí era como otra abuela. Pero la abuela de Tamara no era una abuela como las demás. Para Tamara sus abuelos llenaban los huecos vacíos de su vida. Mientras que los demás teníamos un padre y una madre, Tamara tenía un abuelo y una abuela con roles de padres. También tenía una madre, aunque era una palabra que sonaba lejana, como lejos estaba entonces para mí su madre. Vivía en Asturias y apenas venía a verla. Años después la conocí y era completamente diferente a Tamara.

Está claro que entonces estábamos forjando una personalidad que no termina de asentarse hasta muchos años después de terminar la adolescencia, así que todo lo que nos inculcaban lo absorbíamos por completo, como si fuéramos esponjas. Madonna me empezó a gustar de verdad años después, y todavía me gusta. Me parece una renovadora en el mundo de la música. Y aparte de que ahora entiendo sus canciones. En aquel entonces éramos incapaces de discernir entre lo que nos gustaba y lo que no, simplemente nos guiábamos por los gustos de la mayoría, quizás por miedo al rechazo. Pero llega un día que empiezas a opinar por ti misma y nadie puede imponerte sus ideas porque tienes la suficiente capacidad de diferenciar entre lo que te gusta y lo que no. Cuando eres niño y entras en un mundo donde ya todos se conocen, ya hay grupos hechos, selectos y elitistas, te tienes que amoldar de una manera u otra, con el fin de que te acepten.

Cuando llegué a Marianistas después fue una llegada diferente: allí nadie se conocía, todos éramos nuevos y es más fácil elegir. Aunque no es del todo correcto que diga que yo no conocía a nadie, pues en mi clase había un compañero que también estuvo conmigo en el colegio de monjas: Fernando. Y mientras en el colegio de monjas apenas habíamos hablado, en el colegio de curas teníamos largas conversaciones, tanto que un día, mientras estábamos en el patio con los balones de voleybol ensayando las posiciones de las manos, se puso como mi pareja y me dijo que por qué no éramos novios. Me sorprendió y me alegro de mi negativa entonces. Todavía conservo un oso de peluche que me regaló por mi cumpleaños, pero su actitud fue derivando en unas ideas demasiado negativas para él, incluso para el colegio, y allí los profesores le cogieron tirria: primero fueron sus vaqueros blancos con tirantes, luego sus botas con puntera de acero, luego las interrupciones en todas las clases de historia, sobre todo en el momento en que se hablaba de fascismos, y luego aquella frase que empezó a repetir hasta la saciedad y por lo que se ganó el rechazo de la gran mayoría, profesores y alumnos: "Mis dioses son Franco, Hitler y Mussolini". Cuando me fui nos habíamos distanciado tanto que jamás volvimos a saber el uno del otro. La razón no es otra que reprocharle sus ideas, que decirle mis opiniones en el sentido de: "Hubo una vez en que yo conocí a un Fernando mejor, el Fernando que ahora tengo delante es una persona extraña para mí. No comparto tus ideales, no puedes juzgarme por ello, como yo no puedo juzgarte por lo que pienses. Podemos hablar siempre que aparques tus creencias y no me saques ese tema." Y así empezó la ruptura de nuestra relación. Desde luego que era la persona que mejor le conocía del colegio, y por eso, ante ese cambio radical (supongo que adolescente), muchos profesores vinieron a preguntarme cómo era antes Fernando, que si me contaba cosas y tal. Yo me limitaba a callar, me entristecía ver a mi amigo así, y sólo me sacaron cosas puntuales de los tres años que habíamos pasado en el colegio de monjas, donde bien sabían ellos "apenas habíamos tenido relación". Hace siglos que no veo a Fernando. Era una persona muy inteligente, hijo de políticos, se tenía que atener a continuos cambios de residencia. Estoy segura de que habrá llegado lejos, o que llegará lejos, aunque no con la actitud casi violenta que tenía entonces en el colegio de curas.

Iba a hablar del colegio de monjas y he terminado, como siempre, en el colegio de curas. Y es que los mejores recuerdos de colegios me vienen de este último. ¿Quizás porque me llegué a convertir en líder, o porque mis gustos y creencias eran aceptados, incluso admirados? ¿O simplemente porque me llevaba bien con profesores y alumnos, con internos y externos? No lo sé, quizás es porque al estar interna la formación didáctica era más plena, en el sentido de que no sólo aprendías dentro de las aulas, sino también fuera. O simplemente porque los valores que nos enseñan a respetar en esa época de cambio, llamada adolescencia, son los que mejor se nos quedan grabados. Grabados para siempre.

¿Viernes de cine?


Hoy se estrena en España "El Perfume". Cuando me leí el libro no me llamó especialmente la atención, quizás es que mucha gente me dijo que "era el mejor libro que había leído jamás". Para mí no era así, incluso recuerdo sentirme agobiada en sus páginas. Tampoco es que no me gustara, la historia está tildada de unos tintes de originalidad que llaman bastante la atención.
Hace unos meses una persona a quien aprecio mucho (fijo que lee esto en el momento en que vea la imagen, y ya sabrá que va por él) me habló de la película que ya había sido grabada, pero no sabía cuándo se estrenaría. Y ayer me enteré. A veces viene bien hacer zapping en la tele.
Recuerdo que me encantó el cartel de la película.
Es posible que esta noche vaya a verla. Si tengo que elegir entre una noche de fiesta, alcohol y hombres y una noche tranquila de cine y palomitas, me quedo mejor con la segunda opción.

Un milagro en equilibrio

Personalmente Lucía Etxebarria es una autora que me entusiasma más bien poco, por no decir nada.
El día que terminé de leer Amor, curiosidad, prozac y dudas me prometí a mí misma que jamás un libro suyo volvería a caer en mis manos. Así que a pesar de tener Beatriz y los cuerpos celestes en la estantería de casa (por obra y gracia de una colección del periódico regional) ni se me ocurrió cogerlo.
Si este libro ha terminado en mis manos es porque alguien me lo ha recomendado. La Navidad pasada fue mi madre quien se lo regaló a mi hermano y éste quien me lo metió en la maleta para que me lo leyera. Me dijo que por muy pedante y estúpida que me pareciera la escritora debía darle otra oportunidad y leérmelo.

Mi impresión y tras leer las dedicatorias finales es que es una especie de autobiografía de la escritora, pues en esas páginas es donde te enteras que es madre de una niña, cuya foto expone sin ningún pudor en la portada del libro. Es cierto que a la hora de escribir siempre se dice mucho de la persona que escribe. Me atrevo a asegurar que tal y como la protagonista del libro hace, la autora escribe una carta a su hija recién nacida que termina convirtiéndose en libro.
Hay párrafos que sí que se me han quedado grabados, quizás es que son pequeñas dosis milagrosas, o simplemente identificaciones directas con esos apartados.
Debo reconocer que en principio el libro no me entusiasmaba mucho, pero he de decir que hay un momento en que esa sensación da un giro inmenso, casi al final, cuando las piezas del puzzle empiezan a encajar, quizás empiezas a mirar con otros ojos lo que tienes delante.

No voy a contar más que someramente de qué va. Eva Agulló es una escritora joven que acaba de ser madre. A su hija, a quien ha puesto de nombre Amanda, le escribe la historia de su vida, para que en un futuro sepa quién era su madre y por qué nació, porque su progenitora se dio cuenta de que nunca supo mucho de su madre, que lo poco que sabía de ella era porque terceras personas se lo habían contado, y ya no podrá preguntárselo.

Hay partes del libro que requieren una atención especial, sin duda por lo que vienen a expresar, o quizás porque en este momento tienen una significación mayor que la que podrían tener en otros instantes. Me quedo con uno del final.

"Me gustaría que comprendieras que sólo cuando una decide dejar de ser hija de alguien, hermana de alguien, mujer de alguien, sólo cuando se atreve a mencionar su nombre a solas sin tener que definirlo siempre a partir de una preposición, sólo en ese momento empieza a ser persona por sí misma."

"Syriana"


Tengo que buscar un resumen sobre la película porque me he enterado poco y mal sobre lo que iba. Si Freud me dijera que la definiera en una sola palabra mi respuesta sería rápida y concreta: "Petróleo".
Con un poco de esfuerzo conseguiría describir el marco a través del cual giran todos los personajes, lo que hacen e incluso lo que dicen, si con eso debo imaginarme lo que contaban los árabes en sus largas conversaciones (pues la película estaba sin subtítulos). Así que si un tercio de la película está en árabe sin traducir es posible de que no haya llegado a comprender plenamente ciertas cosas, aunque sí la dosis de antiamericanismo que deja al final, que por supuesto me ha calado hondo, bastante hondo, consiguiendo que me solidarice con los árabes, amos del 90% del petróleo mundial pero sin voz ni voto para controlarlo. Al menos ese es el mensaje que se puede pillar al final: EEUU domina el mundo del petróleo y estás con la primera potencia o no estás. Más claro no lo pueden dejar.

"Syriana" se desarrolla en el marco de intrigas y corrupción de la industria mundial del petróleo. Desde los poderosos intermediarios de Washington a los trabajadores de los yacimientos petrolíferos del Golfo Pérsico, las múltiples tramas de la película se entrelazan para arrojar luz sobre las consecuencias humanas de la cruel búsqueda de poder y riquezas.
La historia transcurre en un país petrolero del Golfo, donde el joven y reformista príncipe Nasir (Alexander Siddig) busca dar un giro a las viejas relaciones comerciales con Estados Unidos. Nasir, el aparente heredero al trono, acaba de garantizar los derechos de perforación de gas natural –que han pertenecido durante mucho tiempo a Connex, un gigante de la energía en Texas– a una empresa china. Esta transacción supone un duro golpe para Connex y los intereses americanos en la región. Killen, una compañía petrolera menor de Texas, propiedad de Jimmy Pope (Chris Cooper), acaba de obtener los derechos de perforación en los codiciados yacimientos de Kazajstán. Esto hace que Killen resulte muy atractiva para Connex, que necesita ahora nuevos territorios para mantener su capacidad de producción. Cuando las dos compañías se fusionan, el trato pendiente atrae la atención del departamento de Justicia, y Sloan Whiting, un poderoso bufete de abogados de Washington, es llamado a investigar.
Bob Barnes (George Clooney) es un veterano agente de la CIA que se aproxima al final de una larga y honorable trayectoria pero le prometen un ascenso tras una última misión secreta: asesinar al príncipe Nasir. Pero cuando uno de sus contactos le abandona y el intento de asesinato fracasa estrepitosamente, la CIA convierte a Bob en su chivo expiatorio. Dean Whiting (Christopher Plummer), director de Sloan Whiting y uno de los hombres más poderosos de todo Washington, intenta deshacer el trato de Nasir con los chinos. Él sabe que el hermano de Nasir, el joven e inexperto príncipe Meshal (Akbar Kurtha), mostrará una disposición más favorable a los intereses comerciales norteamericanos.
En el otro extremo de la escala salarial del país de Nasir, se hallan los trabajadores inmigrantes de los campos de energía, cuyas vidas se ven afectadas de manera drástica por las políticas de la familia real y los caprichos de la industria. Jeques y trabajadores, inspectores del gobierno y espías internacionales, ricos y pobres, famosos e infames... Cada uno representa un pequeño papel en el vasto y complejo sistema que propulsa la industria, y, sin embargo, ninguno de ellos es consciente de la auténtica magnitud del explosivo impacto que tendrán sus vidas en el mundo.

jueves, noviembre 23, 2006

Una mirada que me exaspera


A veces veo unos ojos que me miran fijamente. Es una mirada serena, que denota la máxima tranquilidad. La veo sobre todo formando parte de las peores pesadillas, en los inframundos infernales o en la parte más negra de cualquier cosa que me rodea.
Lo peor es que veo esos ojos cuando menos me lo puedo esperar ni imaginar. Y duele. Duele levantar la cabeza y verlos cómo me miran ¿siniestramente?
Soy incapaz de saber si la mía es una mirada de desprecio o animada, o simplemente si se viste de juez para dictar una pena que jamás se escribirá en un papel, sino en los recovecos más escondidos de mi mente, un juez que está condenado a condenar antes de saber los detalles concretos y más ocultos de la historia.
Es una mirada exasperante, pero no puedo apartar los ojos de ella. Me anima a seguir incluso a sabiendas de que ya no puede decirme nada ni indicarme el camino. Me intenta hablar pero mis oidos están tapiados para ella. Me intenta decir más cosas pero hace tiempo que cerré los ojos para ignorarla. Esos ojos expresan una delicadeza extrema, un dolor incalculable... por eso abren una vieja herida cada vez que aparecen ante mí. Ojalá no los volviera a ver.

miércoles, noviembre 22, 2006

Cuando algo no sale como esperabas


Esperas ansiosamente algo, y sobre todo esperas los mejores resultados, pero cuando ha pasado te das cuenta que no ha salido ni remotamente parecido a como esperabas, incluso sabes que ha salido mal, que el esfuerzo no ha servido para nada. Entonces te entran unas ganas inmensas de tirar la toalla. Debes empezar de cero y no hay ganas. Incluso contienes las lágrimas que pugnan por salir (no arreglarán nada).
Quizás la próxima vez sea mejor. O al menos lo espero.

martes, noviembre 21, 2006

"Un pueblo llamado Dante´s Peak"


Dante´s Peak es considerado uno de los mejores pueblos para vivir. Situado junto a la montaña Santa Elena, todos los habitantes se echan a la calle en son de fiesta, mientras bajo sus pies el volcán que lleva siete años dormido comienza a despertarse.
Llega Harry (Pierce Brosnan), un geógrafo que ha sido enviado por su jefe para investigar la zona tras haber detectado movimientos sísmicos. Y se entrevista con la alcaldesa para pedirle que ponga en alerta al pueblo pues el volcán está a punto de estallar.

Visita sorpresa


Hoy han venido mi padre y mi hermano a Salamanca. Me encanta que vengan pues hace meses que no les veo. Los únicos contactos que tenemos son a través del teléfono. Ya es hora de volver a casa. Así que ahora los adornos navideños que empiezan a decorar todos los rincones de Salamanca parece que están acelerando el tiempo que queda para que llegue la Navidad.
Hoy también me he cruzado con el vecino que todos los fines de semana se dedica a hacer botellones al ritmo de Melendi mientras algún amigo suyo alcoholizado desentona a grito pelado la música del asturiano.
Y terminé de ver toda la primera temporada de "Prison Break". Me quedé con un interrogante infinito que terminará en que no podré resistirme a agenciarme, de alguna forma, la segunda temporada, aunque sea en inglés.

lunes, noviembre 20, 2006

30 de diciembre: ya está liada


Hoy he recibido información sobre el mercado que se va a hacer en mi pueblo el 30 de diciembre, un mercado organizado por el cura (que ni siquiera sé cómo se llama) y donde se ha implicado todo mi pueblo.
En principio me toca hacer de cerera junto a unas amigas. Ni idea de hacerlo, aunque seguro que participaré. No hay nada como actividades de estas para romper con la monotonía de las tardes invernales.
La verdad es que tal y como me lo han contado suena bien, así que habrá que participar, aunque sólo sea por ese ambiente festivo.

Lo que no se dice


Lo más hiriente de todo lo que escuchamos es lo que no se dice.

Quizás aquellas palabras que alguna vez esperamos y nunca llegaron.
O aquellas despedidas donde nadie levantó la mano para decir "adiós".
Quizás aquellas frases de consuelo que nunca llegan cuando deben o siempre llegan tarde.
O aquellos saludos que nunca se dijeron, bien por orgullo, bien por vanidad, bien por soberbia.

Una palabra a tiempo es la mejor garantía de salvar algo que está en la cuerda floja. Y los silencios son el peor aliado en esos momentos de espera. Por eso es necesario buscar a alguien que pueda hacer llegar a nosotros el mensaje que necesitamos oír en un determinado momento.

Sin duda, lo más doloroso siempre será lo que quede en el tintero sin pronunciarse jamás.

domingo, noviembre 19, 2006

"Armageddon"

La Biblia llama a este día Armageddon: el fin de todas las cosas.

En tiempos pasados no me hubiera imaginado sentarme en el sofá y ver una película de este estilo, así que pedí opiniones hace unos días y me aconsejaron que la viera.
Tampoco hubiera pensado que una película así iba a desatar mis lágrimas de tal manera.
Y tampoco me imaginaba que iba a ver a un Ben Affleck tan bien como sale aquí.

Un asteroide gigante se dirige hacia la Tierra, cuya colisión producirá la destrucción de nuestro planeta. Desde la NASA urden un plan para acabar con el asteroide antes de que el gran pedrusco acabe con la Humanidad.
Así que buscan a los mejores perforadores del planeta, perforadores petroleros que no se imaginan la misión que tienen que llevar a cabo en el espacio exterior.
Harry (Bruce Willis) es el mejor perforador petrolífero. En su barco tiene al mejor equipo que uno pueda imaginarse, locos sí, pero en ellos deposita su gran confianza. Allí también está su hija Grace (Liv Tyler), enamorada de su mejor hombre, A. J. (Ben Affleck), a quien no le queda más remedio que despedir ante la perspectiva de que este hombre termine casado con su hija.
Harry decide ir al espacio con su grupo de hombres para hacer perforar el asteroide, introducir una bomba que lo destruya y desviar su trayectoria de la Tierra.

"Big Fish"

Algunos peces no se dejan pescar. No es que sean más rápidos o más fuertes que otros, es sólo que han sido como tocados por la gracia.

Como otra película más de Tim Burton, esta también te deja con una infinidad de ideas bailando por tu mente y una pregunta: ¿por qué no? o una moraleja: creer en algo aunque parezca inverosímil. Y como en todas sus historias, la ternura y la delicadeza de los personajes te llegan de tal manera que es posible que una lagrimilla asome en tu rostro.

Will Bloom nunca había creído las historias que su padre le contaba, para él eran mentiras increíbles dotadas de exageraciones y personajes de leyenda irreales. De hecho, su hijo era la única persona que no creía en las palabras de su padre. Para el resto era una persona especial, un gran pez al que el océano se le quedaba pequeño.
Ed Bloom era una persona tan sociable que siempre iba contando la historia de su vida a la gente y a todo el mundo le caía bien. Gracias a ese carisma y a su gran corazón, Ed siempre se convertía en el alma de las fiestas. Sus historias eran en cierto modo difíciles de creer: desde un gran pez que era realmente el alma de un ladrón, un pez que nadie había conseguido pescar, y Ed tuvo la genial idea de poner en el cebo su anillo de compromiso para cazarle; hasta cómo volvió a conseguir su alianza matrimonial con sólo pedírselo; o cómo fue a la casa de la bruja del pantano que tenía un ojo de cristal en el que si mirabas fijamente podías ver cómo te ibas a morir; o cómo habló con Karl, el gigante, y lo sacó de Asthon, pero se marchó con él a la ciudad; de cómo cruzó un bosque encantado llegando a un pueblo que no venía en los mapas, Espectro, donde le quitaron los zapatos para que no pudiera marcharse; o cómo llegaron a un circo donde Karl encontró su destino y Ed vio por primera vez a Sandra Templeton y se paró el mundo; de cómo se quedó trabajando gratis con la gente del circo a cambio de que el jefe, un hombre lobo, le diera información cada final de mes sobre la mujer que le había enamorado a simple vista; o cómo llegó a la ciudad donde estudiaba Sandra y le dedicó su amor románticamente hasta que plantó un jardín de narcisos (su flor preferida) enfrente de su ventana; de cómo para no cumplir tanto tiempo en el ejército se fue a misiones especiales donde unas siamesas japonesas le ayudaron a escapar y todos le daban por muerto... Y así muchas historias más.
La única historia que jamás contó es lo que había visto en el ojo de la bruja. Y un día cae enfermo. Así que después de unos años sin hablarse, padre e hijo se vuelven a reunir de nuevo e intentar hacer las paces. El hijo sigue sin creer la historia, pero sus bases se tambalean en el momento en que llega al cuarto donde su padre guarda todas las cosas de su vida. Y así es como empieza a creer que las historias que su padre contaba no eran tan falsas como él creía.

Miel


Hacía siglos que no tomaba leche con miel. De hecho, hace días que llevo diciendo que antes de dormir debo tomar un vaso, pero siempre me da pereza, y siempre pienso en que cualquiera de estos días pararé de toser. Claro que llevo ya bastantes días tosiendo, de hecho sólo toso. Lo peor del resfriado ya ha pasado, pero la tos es imparable, sobre todo en el momento en que empieza.
Ya hace tiempo que compré un bote de miel para este menester, y ni siquiera había quitado el precinto... hasta hoy. Y no pararé de tomar leche con miel antes de dormir hasta que no se vaya la tos.
De pequeña me comía la miel a cucharadas. Como le gustaba a mi padre y yo intentaba copiarle en todo pues a mí también me gustaba la miel. Me gustaba todo lo que él comía. Así que le empecé a imitar en todo, no sólo en gustos.
Cuando veo el anuncio de un padre y una hija desayunando a la vez mientras están leyendo, de hecho es un anuncio para fomentar la lectura en los pequeños, me veo a mí misma en mi infancia.
Siempre que tomo miel me acuerdo de las primeras veces que la tomaba. Aunque ahora por lo general apenas la prueblo, sólo por necesidad, como ahora.

"Quédate a mi lado"


Un hombre, dos mujeres, dos niños. Una larga enfermedad y la muerte acechando.
Luke (Ed Harris) y Jackie (Susan Sarandon) llevan divorciados varios años. Los dos intentan rehacer su vida de la mejor manera posible. Y sobre todo siguen siendo amigos.
Luke vive con su novia, Isabelle (Julia Roberts), con la que tiene intención de casarse. Sus hijos odian a su madrastra gracias a las ideas negativas que su madre les mete en la cabeza, aunque Isabelle intenta hacer lo imposible por ganárselos, incluso elegirlos a ellos por encima de un trabajo al que antes dedicaba toda su vida: la fotografía.
Un día diagnostican a Jackie un cáncer linfático que no tiene cura. Ante su inminente final, termina haciendo las paces con Isabelle, con su marido e incluso convence a sus hijos de que deben ver la parte positiva de la persona que formará parte de su futuro cuando ella se vaya.

No he podido evitarlo. He llorado.

Tu recuerdo


Lo sé... tu recuerdo no
debería vivir aún.
Pero sigue presente
y duele tanto, tan profundamente
que el alma que era mía
huyó en tu búsqueda.
El dolor nunca acaba
de día, de noche
de todas las horas de todos los minutos
con sus infames e hirientes segundos.
Camino en busca de paz
y siempre regreso a mi lugar
con las manos vacías, el ánimo cansado,
el sueño extraviado.
Sólo queda refugiarme en tu recuerdo
pendiente de la vaga promesa
que un día me hicieran tus labios:
"Volveré".

sábado, noviembre 18, 2006

Tranquility


Hace unos años colgaba de la pared de enfrente de mi cama un póster que tenía por título "Tranquility". El hecho de despertar cada mañana y que tus ojos se posaran directamente en aquel paisaje me producía ciertamente esa sensación de calma y tranquilidad que era la intención del fotógrafo de la imagen.
Quizás es una calma parecida a la que siento últimamente. He intentado dibujar de algún modo aquel paisaje, pero mis trazos son nerviosos y dan la sensación de todo lo contrario a tranquilidad.
La imagen era un lago al atardecer. Se veían un dique y un árbol en un primer plano. Y en estos momentos me acabo de acordar que al fondo había montañas. Cuando anoche lo dibujaba me olvidé de los picos del fondo.
Tendría que buscar ese póster y volverlo a colgar enfrente de mi cama. Era muy dulce la sensación de despertar y que fuera ese paisaje lo primero que veían tus ojos al comenzar el día.

Esos momentos previos al sueño


Anoche me pasó una cosa muy extraña. Nunca antes me había pasado. Me caía de sueño y me fui a la cama, pero como siempre antes de dormir tenía que leer al menos un poco. La cuestión es que el libro que me estoy leyendo dan más ganas de dormir de lo que podía imaginarme. La autora es Lucía Etxebarría y todavía dudo que llegue al final, pues esa especie de "monólogo" sobre la mujer liberada a cargo de un bebé, sola e independiente, que tiene que sobrevivir en un mundo hostil resulta demasiado aburrido. Ni siquiera he llegado a las 100 páginas, y hace bastante tiempo que lo empecé. En resumen: me resulta un coñazo.
Cuando tras varios párrafos se me cerraron los ojos aún tuve fuerzas para apagar la luz. Lo extraño viene ahora. Estaba cayendo en el sopor anterior al sueño, y era consciente de ello. De repente abrí los ojos y me dio la sensación de que había una sombra en mi habitación, una sombra que se perfilaba a la luz de una vela (no tengo velas en casa, y si alguna hay está de adorno, pero ni siquiera las enciendo). La sombra se metió en mi cama y me rodeó con los brazos. Yo sentía la presión, pero no tenía fuerzas para defenderme. Los miembros no me respondían. Se veía tan real que me entró pánico, un temor indescifrable. Y no quería quedarme dormida.
Estuve luchando contra el sueño durante un rato. Quería comprobar que no había nadie en la habitación, aunque yo notaba la presión de unos brazos a mi alrededor. La mente a veces se inventa unas paranoias increíbles. Luché contra el sueño y al final conseguí encender de nuevo la luz e incluso me levanté.
Evidentemente no había nadie. Me quedé pensativa un rato, pues había sido tan real que me había dado miedo. Luego he dormido sin sobresaltos hasta que me he despertado.

viernes, noviembre 17, 2006

Un e-mail


Marta me ha escrito un e-mail hoy. Realmente no me lo ha escrito hoy, sino hace unos días, aunque yo lo he leído hoy. Me ha hecho ilusión tener noticias de ella, y que me contara todo lo que estaban haciendo por allí.
Echo de menos a mis amigas. Por una vez no me ha preguntado cuándo voy, como si supiera la respuesta a esa pregunta. Y por una vez es posible que se equivoque y que nos veamos antes de lo que imagina. Pues ella piensa que volveré para Navidad y yo tengo en mente volver en el próximo puente, que no es seguro, como nada que pasa bajo los brazos de esa impulsividad que me caracteriza. Cualquier día entraré en una agencia de viajes y cogeré el billete sin pararme a pensarlo, para que luego no me pueda arrepentir.

Textos largos


Espero no volver a escribir en mucho tiempo un texto tan extenso como el del viaje a Roma. Es un texto que ya tenía redactado desde hace unos meses, nada más llegar. Sino es posible que no recordara muchos de los detalles que en él se relatan. Ayer simplemente lo pulí un poco.
El problema de un texto tan largo y con tal cantidad de imágenes es que se me traba el blog. Creo que no tiene nada que ver la extensión, sino las fotos. Tuve que reeditarlo varias veces porque nada más subirlo salían textos montados sobre las imágenes y todo con un desorden inaudito. Guiándome por el detallismo de la perfección conseguí, a duras penas, reordenarlo y terminé dándole un aspecto legible.
Que el blog me diera errores me sacaba de quicio. Creo que me pasé colgando imágenes, pero un texto sin imagen pierde mucho. Ya dije, al regresar de Roma, que traía algo más de 500 fotos. Evidentemente no las subí todas, eliminadas quedaron aquéllas donde yo salía y alguna más que no se veía bien o que estaba repetida.
Me hizo bien recordar aquellos momentos que pasé en la capital italiana.

jueves, noviembre 16, 2006

Roma: lo que fue y lo que es

En verano muchos fueron los que me pidieron, a mi vuelta de la capital italiana, que contara cosas sobre aquel lugar. Varios meses después, cojo los fragmentos y las imágenes que recopilé en su momento.

Roma es una ciudad que enamora y, a la vez, decepciona. Cuando caminas por sus calles da la sensación de que respiras aires de hace siglos, da la impresión de que estás viviendo en otra época, da la sensación de un poder, ya obsoleto, que se refleja en cada piedra de sus monumentos, en cada fachada de sus viviendas, en cada adoquín de sus calles... Roma tiene un patrimonio inmenso, tanto que dudo que reciba tantas subvenciones para cuidar de tanto edificio antiguo. Dudo porque el estado en que se encuentran dichos edificios es deprimente y lastimoso. Los romanos no cuidan lo que tienen, y eso se hace evidente para el viajero que visita la ciudad, con la ilusión de encontrarse un Coliseo intacto y que realmente se cae a pedazos, un circo que es simplemente una inmensa explanada donde no hay nada que ver (¡ojo! el Circo Massimo viene anunciado en las guías como algo importante y cuando llegas te preguntas dónde diablos está ese circo tan importante), unos parques que parecen selvas, donde hay animales por todos los rincones, un Foro que está en mal estado, donde los capiteles se encuentran alineados por las sendas por las que pasas... Y realmente esto es lo que decepciona: el mal estado en que se encuentra todo, sobre todo si se añade el hecho de que las basuras se acumulen en las calles desprendiendo un fétido olor que impregna también las paredes de esos monumentos. Y es que en Roma no hay contenedores. De ahí que los restaurantes a la hora de comer sean detectados antes por el olfato que por la vista. Otra cuestión que no es muy positiva es que apenas hay semáforos. Muchas veces temí ser atropellada en las calles italianas. Sí que hay pasos de cebra, pero allí -cosa extraña- los automóviles tienen preferencia a los peatones. Así cruzaba yo un paso de peatones (sin semáforo) hacia la Piazza della Repubblica, cuando un coche casi me lleva por delante. Y mientras cruzaba la calle el conductor pitándome (a saber la sarta de improperios que me soltó en italiano y no entendí).
A pesar de todas estas cosas, que no ponen a Roma en muy buen lugar, la ciudad está dotada de un encanto especial. Su gente es acogedora, son buenos anfitriones, te hablan por donde quieras que vayas, tienen una gran simpatía y les encanta ver la ciudad llena de turistas. En cierto modo, los italianos son zalameros, y sobre todo risueños. Y conocer un país no es sólo conocer sus monumentos ni su historia, sino conocer su gente, sus tradiciones, entrar a formar parte, durante unos días, de ese otro mundo, mezclarse con ese entorno al que no perteneces y pasar inadvertida, mientras saboreas con los ojos todo aquello que te rodea, mientras asumes y guardas para ti esas pequeñas curiosidades que te harán recordar ese viaje y mientras recoges en tu mente todas esas experiencias que ocurrieron allá.
Hay una parte de la ciudad de la que es mejor hacer un inciso aparte: la Ciudad del Vaticano. Entrar en la sede de la Iglesia Católica Apostólica supone un cambio respecto a la otra ciudad que es Roma. La inmensa plaza oval de Sant Pietro está llena de Carabinieri (policía italiana), es una plaza que no puede ni compararse con el resto de plazas de Roma. Allí todo destila belleza y limpieza. Allí no verás basura acumulada, lo que realmente se acumula es gente, gente de todo el mundo, gente de todas las razas, clérigos y laicos. El Vaticano es, sin duda, la parte de Roma que más valor tiene, y no me refiero al valor religioso que le da la gran mayoría, sino el inmenso valor económico, el amplísimo patrimonio que tiene tras sus muros. Ya sorprende por ejemplo encontrar allí esculturas que imaginabas que eran propiedad del Estado italiano, esas esculturas que estudié una vez en Historia del Arte, véase: "El Laocoonte y sus hijos devorados por serpientes". ¿Quién iba a imaginar que la célebre e impresionante escultura se iba a encontrar en los museos pontificios? Así era. Las propiedades de los curas son tan vastas como incalculables.
Así que Roma, en definitiva, es un mundo de contrastes: lo que fue y lo que es, Roma como ciudad y el Vaticano como poder eclesiástico sobre gran parte del mundo, los restos de aquel Imperio que dominó el mundo y la ciudad que lucha en las sombras por lo que no volverá a tener, la pobreza mendicante que rodea las calles romanas y la riqueza que se respira en San Pedro, el Tíber rodeado de las inmensas cúpulas que rayan el horizonte al atardecer...

El viaje

No sé a qué hora llegué al aeropuerto de Barajas, comí frente a los monitores donde te informaban de la puerta y hora de embarque. Estaba ya en la zona vip, había pasado la policía que por una vez no me pitó (El cinturón y los zapatos me suelen pitar siempre).

La primera foto es del hall, antes de abandonar la maleta.









La puerta de embarque para Roma-Fiumicino. Fiumicino es una terminal del aeropuerto Leonardo da Vinci. Está a media hora del centro de Roma en tren, en el oeste, junto al mar. Al aterrizar no lo vi porque no estaba junto a la ventana (se me olvidó pedirla). Pero al despegar se ve la costa italiana... Es precioso. Ese mar Tirreno...

Esta es la estación de tren de Termini, en el centro de Roma y a 10 minutos de mi hotel. Hay dos personas señaladas. Y como se puede observar la gente está mirando y riéndose. El que está detrás, de pantalones amarillos, debía estar loco y se puso a perseguir al otro, éste se reía de él y no paraba de dar vueltas. Era un show.

Esta es la parte superior de la entrada a la estación de tren más importante de Roma, mientras debajo la gente se reía de un pobre loco que no sabía lo que decía ni lo que estaba haciendo.


Tras dar mi nombre en el hotel, dejar las maletas, ducharme y prepararme, en tiempo récord estaba de nuevo en la calle. Pasaba en las inmediaciones, buscando el metro más cercano, que estaba en línea recta, por la Via Cernaia.
Ese edificio es Santa Maria degli Angeli. Un monumento que tenía excavaciones.

La Via Cernaia era bastante larga, y por la noche daba algo de miedo. Cuando volvía la primera noche, después de cenar, andando (sobre las 11), dos coches me empezaron a hacer señas, no iban juntos, me hice la loca, pero tenía que cruzar la calle y uno de los coches paró justo al lado del paso de cebra. Cuando iba a cruzar, me decía algo y le salté en mi castellano más castizo: Lárgate, anda y le hice gestos con una mano, sin mirarle, como diciendo: Fuera, fuera. Al lado había una parada de autobús con gente, así que tampoco tenía tanto miedo. Pero algo sí que pasé. En Italia... una chica sola... pufff El tío se largó, claro.

Piazza della Repubblica

Era una semicircunferencia partida en dos por una calle. Allí tenía el metro más cercano, pero de poco me serviría porque lo cerraban a las 9 de la noche. Además sólo había dos líneas. Y después de lo de los coches que me invitaban a subir en primer día opté por coger los autobuses, que me dejaban casi al final de la Via Cernaia.


El metro por dentro. Aparte de cutre, las escaleras están súper empinadas. Yo no podía mirar para abajo, por algo tengo vértigo.



Piazza di Spagna

Había carruajes en casi todos los sitios turísticos, que te enseñaban la ciudad. Me recordó a los que hay en el parque María Luisa de Sevilla. Junto a los carruajes había personajes vestidos de centuriones romanos. En el Coliseo llegaban a más porque los había disfrazados también de gladiadores.




Estos edificios y estas palmeras están junto a los escalones.


Esto es en el otro lado de las escaleras. Como puede apreciarse hay mucha gente, casi todos turistas.


La fuente que está justo debajo.
Roma está llena de fuentes de todos los tipos y en todos los rincones. A cada pocos pasos tienes un chorro de agua potable. Y es algo normal, que hace mucho calor. Deberíamos tener más fuentes en España, no sólo de decoración, sino también para beber.

Aquí ya iba subiendo. Luego se ve una foto de las famosas escaleras desde abajo.






Hay una persona señalada, mira para arriba. Después de hacer esta foto, se levantó y empezó a seguirme. Miraba para atrás y le veía detrás. Creo que me perseguía, aunque no estoy tan segura. Estaba a una distancia prudencial. El caso es que yo subí las escaleras por su lado y me dijo algo, le miré y pasé, y siguió hablándome, pero yo seguí a lo mío, es que soy muy borde con los desconocidos, ni contesto ni nada.


Esto es desde arriba ya. Hice la foto, miré para un lado y el negro detrás.
Después bajé rapidísimamente y me fui al metro directa para ir hasta la Fontana di Trevi. Allí perdí de vista al negro y ¡menos mal!
Vale, falta la foto de las escaleras de la Piazza de Spagna, pero sale más adelante.

La boca de metro de Spagna.
Podría haber ido andando, pero quería perder de vista a mi perseguidor.
El caso es que Roma te lo puedes recorrer andando sin mucho esfuerzo. Todos los restos de arte, monumentos, etc. están juntos, en el centro. Así que me di mis paseos.
Sólo vi un museo. Allí casi todo lo tienes al alcance de la mano, a pesar de algunas filas horrorosas.

Fontana di Trevi y alrededores

Todas las fachadas de los edificios están policromadas, y sino tienen alguna escultura, o vírgenes... Además caminabas y sólo veías banderas italianas colgando de los balcones, los restos de la euforia futbolera italiana en el Mundial.

Este tipo de fachadas me recuerdan algo a Lisboa. Para mí Roma es una mezcla entre Madrid y Lisboa, los portugueses peor, claro, pero los españoles mucho mejor. Roma es señorial, pero son los restos de una vieja gloria, que deberían restaurar, son los resquicios de un pasado legendario de lo que fue en cierta época. Los italianos son descuidados, desordenados, dejados...
Con el patrimonio que tiene es una pena que lo conserven así de mal. No estuve por la noche en el Coliseo, pero me imagino las bolsas de basura al lado y me da penilla.

Este edificio está ya frente a la Fontana di Trevi. Justo debajo había mimos. Todos los mimos que vi eran iguales. Iban de blanco, con una sábana y una corona, imitando a los grandes dioses romanos.


Sin palabras... Es preciosa. Anochecía entonces, y estaba llena de gente, aunque llegué al borde del agua. Me hubiera gustado verla de día, pero creo que no era mal momento aquel en el que estuve, y después no tuve tiempo de volver. Te ofrecían flores, y todo el mundo tiraba su moneda.

El agua es clarísima y se ven las monedas en el fondo. ¿No era Dan Brown el que habla de dónde van las monedas de esta fuente?
Si mal no recuerdo era en Ángeles y Demonios, que transcurre en Roma.


Mi primera cena en Roma, en las inmediaciones de la Fontana di Trevi. Cené lasaña y ahí es donde me puse a escribir postales bajo los efluvios del Lambrusco.




Lasaña, lambrusco y tiramisú. Este postre en cada sitio te lo ponen de una manera y con mil motivos decorativos diferentes.
En esta terraza me pasó una cosa curiosa a la hora de pedir la cuenta. Mis conceptos de italiano son bastante nulos en lo que respecta a una conversación fluida, aunque yo lo intentaba, y entendía perfectamente, y como la mejor manera de integrarse es hablando el idioma, le dije al camarero cuando me miraba: Le conto, per cortesia. Empezó a reírse y se me acercó sonriéndome y haciendo gestos, era para regañarme pero en buen plan: Il conto, il conto. Mi fallo fue poner el artículo masculino francés, y no el italiano.

La Piazza della Repubblica de noche. Es preciosa. Hasta aquí fui acompañada. Yo me iba a coger un urbano cuando delante de mí veo un grupo de chicos y chicas. Uno de los tíos llevaba una camiseta del Barça y le dije un "Visca Barça". El caso es que se dieron la vuelta y me preguntaron si era española y yo: Sí, española y del Barça. Me puse a hablar con ellos y en Repubblica nos despedimos. Eran casi todos de México, majísimos.


Via Cernaia, uno de los pocos semáforos que vi, cuando ya había pasado el miedo de los coches que se me paraban al lado y caminando a toda hostia para llegar cuanto antes al hotel. AVANTI!


El cartel del hotel. Hacía esquina. Realmente molaba.








2º día
Nada más levantarme me cogí un autobús a Sant Pietro.
Esta es la parada del autobús. Creo que eran sobre las 9,30 de la mañana.
En el Vaticano hay carteles señalando cómo debes ir vestido. Nada de pantalón/falda por encima de las rodillas, y nada de tirantes ni escotes. Todas mis camisetas ¡¡eran de tirantes!! Lo pensé antes de salir pero decidí arriesgarme. Por supuesto que entré. Esto es para contarlo, poner una foto mía de aquel día en el Vaticano y decir: Así entré en la basílica, a pesar de la normativa de la ropa.
Hay que echar cara a todo. Si no me hubieran dejado me hubiera acercado a un puesto cercano a comprarme algo para ponerme encima. Y vendían pañuelos para ponerse por los hombros, pero eran horrososos y tenía claro que pasaba de gastarme unos euros por un pañuelo que ni siquiera mi abuela se pondría.

Es impresionante. Todo el arte que tiene el Vaticano, un valor incalculable, la Iglesia tiene dinero por todos los lados. Yo me quedé impresionada. Y realmente lo que más vale de Roma, aunque me pese admitirlo, es el Vaticano. Además es lo que más cuidado está; estos curas...

La plaza ovalada que forma parte de otra plaza más grande, alargada. El Vaticano se construyó sobre un circo romano y sigue la misma dirección. Quizás debiera hacer una foto al libro, impreso por la Editorial Vaticana, que me compré allí. También tienen oficina de Correos.










El obelisco del centro.






La fachada que tantas veces hemos visto por la tele... en cuyos balcones aparece el Papa de vez en cuando a decir su universal: Orbi et orbe...



También tenía fuentes, a cada lado del obelisco.
Hay muchísima gente. La fila para entrar en la basílica era inmensa, aunque cuando me fui era más larga todavía. Tienen controles como en los aeropuertos para entrar dentro.


La guardia suiza del Vaticano... parece sacada de un circo...








Las esculturas de la parte superior de la fachada principal... Impresionantes.





La plaza de San Pedro desde la puerta principal.





Los techos...

La cripta con tumbas...

La tumba de Juan Pablo II.
Me tuve que arrodillar después de hacer la foto porque el guarda que estaba al lado me miraba mal, o quizás me miraba mal por mi vestimenta... preguntándose quizás cómo me habían dejado entrar así.
No exagero cuando digo que había gente casi desmayada en las inmediaciones de la losa donde yacen los restos del anterior Papa, mucha gente llorando y mi paso por allí fue terrible, en el sentido de que no me gustó ver a tantos religiosos rezando por el alma del pontífice fallecido, como si con esos rezos pudiera volver.

De nuevo la guardia suiza, aquí más de cerca porque pasábamos a su lado, aunque no nos podíamos acercar.




Para ir a los Museos Vaticanos, que era lo que a mí me interesaba, tenías que dar la vuelta al edificio. Es la fila más larga que pillé. A pleno sol, los negratas vendían bolsos de pega imitando grandes marcas, pañoletas para taparse los hombros, estaban los de Seguridad de Roma y desde una furgoneta repartían agua gratis, supongo que para asegurarse de que nadie se deshidratara bajo el sol. Cuando das la vuelta al Vaticano y ves que ¡¡es una fortaleza!! te quedas loco.


El muro exterior de Sant Pietro, junto al cual iba la fila de gente para entrar en los Museos Vaticanos.




La puerta del Papa, inmensa...







La salida del Museo. Cuando estaba junto a la puerta escucho detrás de mí en castellano: Pues a esta chica no la van a dejar entrar por los tirantes. Me di la vuelta y me lo repitieron. Y yo: Ah, pues en la basílica sí que me han dejado entrar. Eran de Valladolid. Había mucho español. También aquí entré en tirantes, pero aquellas señoras estaban seguras de que me pararían en la puerta, donde también había un cartel con la indumentaria que se debía llevar encima.

Aquí es cuando te quedas como loca. Techos, cuadros, esculturas, jarrones... Todo impresionante.




Este es un jardín, llamado "de la piña", aunque la piña no estaba. La bola que hay en el centro es un globo terráqueo formado por dos círculos concéntricos.












Otra de las fuentes de ese jardín. El agua es así de clara en todas las fuentes de la ciudad.





El Vaticano está lleno de galerías inmensamente largas, no se ve el final. Y todo es arte por los cuatro costados.



Vistas de Roma desde el Vaticano.



Estatua de Apoximenos.










Un claustro lleno de escultura... Ahí están muchas de las estatuas que yo estudié en Historia del Arte y que imaginaba que serían propiedad estatal de Italia, no que estaban en el Vaticano.


Si no me equivoco mucho y por lo que lleva en la mano, debe ser Perseo con la cabeza de la Medusa.






Ésta ni idea, un dios posiblemente (castrado).







Tampoco lo sé, aunque me da que es uno de los continentes.





¡Eureka! El "Laocoonte" ¡propiedad de los curas! Increíble. Pensaba que era una escultura más grande de lo que es, sí, es grande, pero yo me la imaginaba mucho más gigante. Que vi esculturas titánicas al lado de esta. Es impresionante verlo en directo.



Tampoco sé quién es.








No hice fotos a todas las esculturas ni a todos los cuadros, sólo de los que me llamaban la atención. Sino sería la historia de nunca acabar.


Esto es una copia a lo bestia del interior del Panteón. Hasta la cúpula es parecida.


Las estatuas de esta sala eran gigantes. Dos metros mínimo sobre un pedestal de otros dos metros.

Más salas...



Todo el suelo estaba decorado con mosaicos y teselas, pero muchos no se podían pisar.






No sé por qué hice una foto a esta diosa de ¿la fertilidad, la maternidad? Hay que fijarse en la cantidad de pechos que tiene. Lo que no entiendo es cómo los curas no se los han tapado.




La sala de los mapas... No se ve el final. Policromada con pinturas varias y doradas, es inmensamente larga. En sus paredes sólo hay pinturas de mapas...







Y cruzando salas y más salas... llegamos al momento más esperado de todos...
¡TACHAN! La Capilla Sixtina. Prohibido hacer fotos y tal. Pero como es Italia y las normas se las saltan a la torera... todo el mundo hacía lo que le salía de la manga. Sí, yo también hice fotos.





Nos dirigimos a la salida. También hay restaurante, pero prefería comer fuera. Me cansé de tanto arte... Visto mi objetivo, la obra pictórica magna de Miguel Ángel, sólo quería salir de allí.




Ésta es la escalera de bronce que te conduce hasta la salida.







El muro del Vaticano. Así se veía desde la terraza desde donde comí un revuelto de pasta de cuyo nombre no me acuerdo. El caso es que quería sacar a los negros de los bolsos levantando el campamento cada vez que aparecía un coche de los Carabinieri, pero sólo saqué el coche de los polis.
Y la comida, acompañada con agua, que tenía mucha sed debido al horrible calor de la capital italiana.


El Vaticano no es sólo San Pedro, sino también los alrededores, en cuyas tiendas te podías encontrar estas perlitas:



La Ciudad del Vaticano fue una ciudad fortificada, de cuya muralla aún quedan restos.




Las calles son turísticas 100%. En esa última se ve un buzón y un estanco.

Desde todos los sitios se ve la cúpula del Vaticano, mira que hay cúpulas en Roma, pero esa se ve desde todos los lados.


Y de repente aparece el castillo de Sant´Angelo, también propiedad de la Iglesia.

Es precioso.

El puente de Sant´Angelo y el Tíber...


Y el castillo:


Las vistas desde el castillo:



Estos son los edificios anexos a Sant Pietro.





El interior del castillo de Sant´Angelo.







En el castillo está prohibido hacer fotos, aunque aquí hay una persona que "no entendía los carteles en italiano".




Había armas de guerra, como catapultas.








Había capillas antiquísimas.








Ésta es la escalera de salida.





Más partes del castillo...

... y los cañones...



Es curioso cómo contrasta toda esta maquinaria bélica con las palabras de paz que anuncia el Santo Pontífice, sobre todo teniendo en cuenta que el castillo también es propiedad del Vaticano.

Ya fuera del castillo, y antes de cruzar el puente de Sant´Angelo me encontré con esta panorámica de la playa del Tíber. Con el calor que hacía ganas daban de bajar y refrescarse abajo, pero me quedaba mucho por ver.

El puente es precioso:






Caminando por Roma en busca de una plaza...





Cada rincón tiene su historia, todas las piedras la cuentan...
Callejuelas estrechas y banderas de Italia por todos los lados...




Edificios que llaman la atención por sus motivos artísticos, edificios que no tienen por qué ser oficiales ni están abiertos al público.



Piazza Navona


Esta plaza me recuerda a una plaza de Munich, también de forma ovalada, en cuyos laterales había terrazas y tiendas de recuerdos.

Los alrededores de esta plaza estaban totalmente volcados al turismo.








Algo típico... en las gelaterias no sólo vendían helados, sino también recipientes de plástico llenos de melón y sandía, y para refrescar venían bien, a pesar de las pepitas... No pude con todo.




El Panteón. Me encantó este edificio.





El pórtico.




El interior.





El frontispicio.
Me senté en las escaleras del obelisco de enfrente y me puse a dibujarlo en mi cuaderno de viaje. Unos niños españoles al lado me miraban con curiosidad.



Esto me lo encontré por la calle. Es sorprendente que cada pared, cada muro, cada rincón es arte.



El templo de Adriano


La Piazza Colonna y una columna copia de otra más antigua (la columna trajana), que luego sale por ahí:



Y justo cuando pasaba junto al Palazzo Montecitorio, que estaba con andamios, por lo que no se veía la fachada, me encuentro con un Guernika, que me llamó la atención. Siempre nos fijamos más en las cosas que nos resultan conocidas o más cercanas. Este Guernika estaba hecho de teselas, como si de un mosaico se tratara.


Y caminando llegué, casi sin darme cuenta, a la Piazza Barberini, donde había metro.



Cuando llegué al Coliseo (Colosseo) me impresionó. Siempre lo vemos en los libros y no parece tan grande como realmente es. De verdad que me lo imaginaba más chico. Salir del metro y ver ese edificio que ha soportado el paso de los años... tan inmenso...
Así es tal y como se ve desde que sales del metro. Hay de más de gente.



Si miramos a mano derecha se ve una parte del Foro.





Y en el centro, entre el Coliseo (a la izquierda) y el Foro (a la derecha) se vislumbra la parte de arriba del Arco di Constantino; es el más grande de los que vi, pues luego se ven otros arcos, pero son más pequeños.


El Coliseo es un anfiteatro. Un teatro y un anfiteatro se diferencian en la forma, en el anfiteatro ovalada o circular, en el teatro semicircular.



Aquí está de más cerca. Los italianos lo podrían conservar mejor. Hay partes que están movidas o casi caídas.
Aquí es donde empezaba la fila cuando yo llegué. Estoy segura de que cuando salí era aún más larga. Hasta que entré rodeé la mitad del Coliseo. No me gusta esperar filas, pero ésta y la del Vaticano merecían la pena.

A pesar de estar al aire libre no se puede fumar dentro. Las huellas del tiempo se ven perfectamente entre sus piedras. Del suelo de la "arena" no queda nada, hay una parte con un tablado para enseñar a la gente cómo debía ir. Lo que se ve en el centro es donde estaban las jaulas y los gladiadores.




Las gradas ya no hacen escalones, sino que corren rectas hacia abajo.






El centro del Coliseo:

Vistas desde el Coliseo.

El Arco de Constantino que se ve a mano izquierda, y más al fondo, en dirección al Foro, el Arco de Tito, diminuto, en comparación con el otro.


Eso forma parte del Foro, pero es de un Foro posterior, ampliado el que todos conocemos como Foro Romano. Ese que se ve es el llamado Foro Imperial.
Recordando aquellas clases de Historia Universal... Tras la creación de Roma, los romanos pasaron por varios tipos de política. Primero fue monarquía, después república, y tras la expansión por el continente y por África (después de Aníbal "el Cartaginés") se convirtió en el Imperio Romano, que tras los excesos de la buena vida terminó decayendo lentamente.
Pues el foro comienza a construirse en la época de la República y se extiende durante el Imperio, de ahí que en el Foro Romano se distingan las diferentes etapas de su construcción. Esa vista que se ve es de la última etapa política de Roma.

Una parte de la Domus Aurea:
Todo el espacio comprendido entre el Coliseo y esto, traducido del latín "casa dorada", era antes del famoso incendio de Roma por aquel loco de nombre Nerón, un palacio perteneciente este botarate (ya lo decía Obélix: Están locos estos romanos). El Coliseo lo mandó construir Vespasiano tras el incendio sobre las ruinas del palacio de Nerón en el siglo I.


Me senté en una cafetería a tomar un capucchino y agua, que ese día hacía de más de calor. Tanto... que esa tarde en el Foro me cogió el sol, porque por la noche en el hotel tenía los hombros rojos.



Esta parte del Coliseo es la que quedará grabada en mi "cuaderno de viajes" para la posteridad. Mientras tomaba el café dibujaba. No me salió mal.



Cuando me levanté, me hizo gracia este coche. Es como si viene un "guiri" a Madrid y ve un 600, pues más o menos en ese plan.




Arco di Constantino





Toda Roma -al menos el centro- está empedrada con adoquines, pero en esta parte el suelo estaba formado por piedras enormes.
Los romanos sabían lo que hacían, y si yo les admiro por algo es por lo magníficos arquitectos que eran, y no sólo respecto a construcciones, comunicaciones... sino por el hecho de ser capaces de construir canales para llevar agua de un sitio a otro, acueductos, etc.

Este camino lleva al Foro Romano, que comienza justo en el Arco di Tito, ubicado al final. De las siete colinas de Roma yo estuve en unas cuantas, aunque no en todas. La colina donde se encuentra el Foro es el Palatino, aunque no subí a lo más alto hasta la tarde.

Foro Romano, todavía se aprecian varios templos.
















He ido subiendo, hasta terminar de ver el Foro desde arriba.
Desde la foto del arco, donde comienza el Foro, esa colina que va subiendo es el Palatino. La colina donde me encuentro en la última foto es el Capitolino.
El Capitolino está formado por un Museo (al que no entré) y por el Campidoglio, que es un edificio inmenso, con fuentes de dioses gigantes donde venía bien refrescarse después de la caminata al sol.

Pero antes de llegar a la plaza del Campidoglio me encontré con esto. La figura original, más grande y sin estar expuesta a las inclemencias del tiempo, se encuentra en este museo del Capitolino, donde no entré.
La imagen no necesita mucha explicación porque todo el mundo sabe que Rómulo y Remo, fundadores de Roma, fueron amamantados por una loba cuando eran pequeños.



El Campidoglio: la fachada.









La plaza del Campidoglio.






El pie enorme de uno de los dioses apostados en la fuente, junto al que yo me había sentado (uno de los pocos lugares con sombra en esos momentos).


Tras un pequeño descanso a la sombra y tras haberme refrescado en esa fuente (que no era de agua potable), decidí bajar del Capitolino, pensando que ya no tendría que subir más escaleras en todo el día... ¡Ilusa de mí! Si Roma sólo tiene cuestas y colinas.

En imágenes anteriores se veía un edificio de mármol blanco que surcaba el cielo. Desde aquí también se veía.
Bajando ya del Capitolino, el edificio de mármol blanco me llamaba la atención, aunque no me apeteciera mucho subir escaleras bajo ese sol inmenso (tampoco me imaginaba que habría de ser tan horrible el ascenso). El mármol llama la atención y a los romanos les sale barato el mármol porque tienen cerca las minas de Carrara, de las cuales los clásicos supieron abastecerse y aprovecharse muy bien.

Piazza Venezia


El edificio que se ve ahí es el Palazzo Venezia.






La famosa Colonna Traiana (columna de Trajano).





El edificio de mármol es el Monumento a Vittorio Emanuele II.

Guardado por policías y con una llama eterna a cada lado, subía las escaleras justo a la una del mediodía, en el momento en que hicieron el cambio de guardia.
La verdad es que no me llaman mucho la atención los cambios de guardia. Cuando vas a cualquier ciudad la gente se emociona viéndolo. A mí es algo que me atrae poco o nada.




Una llama que nunca se apaga.






No te podías sentar en las escaleras. Enseguida venían los Carabinieri, que rondaban por allá, y te levantaban. Yo no me senté, pero unos japoneses a mi lado sí, y les levantaron.



El monumento no tiene mucho que ver, es simplemente el monumento en sí, una obra de arte magnífica que surca el cielo romano.




Las vistas desde allí son impresionantes.





Es un edificio oficial y a la columnata de arriba no se podía subir.


Cuando ya bajé busqué un lugar para comer y qué mejor que rodeada de tanta piedra...
Esta vez no se me olvidó apuntar el nombre del plato, que no necesita ni siquiera traducción: Tagliatelle ai Funghi Porcini.
La lechuga se quedó. Me gusta la lechuga, pero no las hojas de fuera. Y esas eran las más verdes. A mí me gustan las hojas del corazón de la lechuga.

Teatro Marcello
Yo pensaba que se trataría del Circo Massimo, pero no, miré el mapa y el Circo que quería ver no era éste. Hay una parte de la fachada del Teatro Marcello que está restaurada y contrasta con la antigüedad de su alrededor.
Aquí no se podía entrar, pero podías caminar entre sus piedras. Todos los edificios que estaban alrededor del Teatro Marcello formaban parte del mercado romano.






Esto son unas termas, fácilmente reconocibles.
Lo que está claro es que los romanos construían todos los edificios importantes juntos. No hay que olvidar que en esta zona me queda el Foro a un lado, el mercado a otro y que todavía quedan más edificios por ver. Están todos juntos y se pueden recorrer andando.

Por aquí me dedicaba a buscar el Circo Massimo (que no debía estar lejos) y me perdí entre tanto monumento, pero encontré cosillas preciosas. No es de extrañar que me perdiera buscando el susodicho Circo, pues cuando estás delante te cuesta comprender que es eso mismo lo que estás buscando.
Esta foto es la colina del Aventino.

Otros monumentos que me encontré en esta pequeña pérdida y que no sé el nombre.






Templo de Portuno







Templo de Hércules Vencedor







Arco di Giano





Y por fin encontré el Circo Massimo.
¿Es normal, una explanada sin nada, que venga en las guías como si fuera algo tan importante?




Al final se veía esto.






Y volví de nuevo al Palatino, que queda justo encima del Foro Romano. La entrada del Coliseo me servía aquí también.


Las vistas eran preciosas.












El calor era inmenso, pero había fuentes, como en toda Roma, de agua potable.




Desde el Palatino se ve el Foro, que por la mañana había recorrido.
El Arco di Tito y el Colosseo desde el Palatino.




El Foro Romano y la Iglesia de Santa Francesca Romana.






La torre del Campidoglio y el Monumento a Vittorio Emanuele II desde el Palatino.




Y de repente, en lo que creía que eran unos servicios habilitados allí en medio, me encontré con esto.
Era precioso.




Ya de vuelta, pasado el Arco di Tito en dirección al Colosseo, a mano izquierda quedaba el Foro Imperial.





Me despedí del Coliseo con fotos.






Los puestos que había al lado del metro. Me hacían gracia; vendían Coliseos en miniatura y disfraces de gladiadores. Uno de esos Coliseos en miniatura ocupa un lugar preferente en el salón de mi casa.







Cogí el metro y me fui a la Piazza del Popolo. El obelisco estaba en obras.






Estas escaleras estaban en un lateral de la Piazza del Popolo.







No subí, no, estaba algo harta de subir y bajar tanto escaleras como cuestas.






De todas formas, la Piazza del Popolo, perteneciente ya a otra época, me gustó bastante.




Desde allí comencé a caminar, y pasé por otros edificios algo menos interesantes, como el Mausoleo Augusto, que ya había cerrado.






La tienda Ferrari, a la que no quise entrar porque me terminaría gastando una pasta.






Y en esa misma calle, ante mis ojos apareció de nuevo la Piazza di Spagna.
Allí me cogí el metro hasta Repubblica porque quería ir hasta Santa Maria Maggiore, la catedral de Roma, que sabía que estaría cerrada, pero al menos para verla por fuera.



Desde Repubblica hasta la catedral tenía que ir andando y de repente apareció ante mí este edificio. No lo reconocía, había estado antes ahí, pero desde esa perspectiva no lo conocí al principio. Es la estación de Termini.




Si Alemania me llamaba la atención por la cantidad de bicicletas amontonadas en las calles y plazas, Roma llama la atención por la cantidad de motos.







Y carteles donde compran oro. Me hacía gracia verlo.






La plaza de Santa Maria Maggiore.








Y la catedral por detrás. Ya no tenía ni fuerzas para dar la vuelta y ver la fachada. Estaba demasiado cansada.






Termini por dentro.





Último día. Mi intención era ir a la Via Appia Antica y ver las catacumbas, y en el metro vi que la anunciaban. Craso error. El metro me llevó a una especie de suburbios.

El Parco della Via Appia Antica





¿Cómo es posible que en medio de Roma tengan un parque tan mal conservado como éste, con cuatro pedruscos, y un circo como el de arriba, sin nada que ver? Al final, estuve caminando a ver si llegaba a la Via Appia Antica, pero no la encontré. Como me quedaban pocas horas para ir al aeropuerto me fui de compras.



Aquí me dirigía a coger el tren que me llevaría al aeropuerto.







En el aeropuerto, que era de color verde, lo primero que se ve es un Vitruvio.




En la sala de espera, que nos cambiaron la puerta de embarque y sólo lo dijeron en italiano, pero lo entendí perfectamente. Da la sensación que era como volver de Cataluña, que te estás unos días y entiendes perfectamente lo que dicen. En Italia es parecido.

Y la hora de espera en el avión. Había huelga de controladores en Barcelona, así que tuvimos que esperar hasta que nos dieran vía libre para despegar. Ya me veía durmiendo en Fiumicino, aunque no me hubiera importado.