
Había oído ya hablar de este día pero no sabía que San Martín fuera el 11 de noviembre (información recopilada del telediario de hoy) sino que pensaba que los últimos días de sol eran en octubre.
Si no fuera porque ya ha anochecido podría decirse que hoy era como un día de verano. Lucía el sol, no había nubes en el cielo y se podía ir en manga corta. De hecho me ha recordado a los primeros días de mayo. Quizás se deba a que he pasado por el parque de San Cristóbal. No he podido evitar mirar hacia el segundo piso del bloque donde viví los dos últimos años. Sobre el balcón del salón seguía el cartel de "Se alquila". Me han venido a la mente recuerdos entrañables, las horas que pasé en ese parque, la gente que vi pasar, las tardes que tenía que sortear a los numerosos perros que pululaban por allí mientras sus dueños hablaban entre ellos, los niños jugando en el césped... Curiosamente los días que mejor recuerdo son aquellos en los que lucía el sol, como esta mañana. Pocas veces me acuerdo de los días invernales. Una vez el parque nevado, donde mi maleta y yo resbalábamos entre el hielo mientras mis compañeras me acompañaban pisando ese manto blanco y haciendo unas fotos que se perdieron...
Pero sobre todo cuando recuerdo las tardes invernales me viene a la mente un nombre: Carlos. Y diálogos de muchos tipos, como cuando me decía: "Hoy me he acordado de ti porque está nevando". Y se acordaba porque alguna vez le había dicho que odio la nieve y el frío. "Hoy me he acordado de ti..." Todas esas tardes gélidas se acordaba de mí, por cualquier nimiedad. Me pregunto qué estará haciendo ahora y si a veces también se seguirá acordando de mí. Aunque reconozco que yo de él me acuerdo poco, igual es que no quiero pensar en él.
Espero que siga luciendo el sol, aunque estemos en invierno.
Si no fuera porque ya ha anochecido podría decirse que hoy era como un día de verano. Lucía el sol, no había nubes en el cielo y se podía ir en manga corta. De hecho me ha recordado a los primeros días de mayo. Quizás se deba a que he pasado por el parque de San Cristóbal. No he podido evitar mirar hacia el segundo piso del bloque donde viví los dos últimos años. Sobre el balcón del salón seguía el cartel de "Se alquila". Me han venido a la mente recuerdos entrañables, las horas que pasé en ese parque, la gente que vi pasar, las tardes que tenía que sortear a los numerosos perros que pululaban por allí mientras sus dueños hablaban entre ellos, los niños jugando en el césped... Curiosamente los días que mejor recuerdo son aquellos en los que lucía el sol, como esta mañana. Pocas veces me acuerdo de los días invernales. Una vez el parque nevado, donde mi maleta y yo resbalábamos entre el hielo mientras mis compañeras me acompañaban pisando ese manto blanco y haciendo unas fotos que se perdieron...
Pero sobre todo cuando recuerdo las tardes invernales me viene a la mente un nombre: Carlos. Y diálogos de muchos tipos, como cuando me decía: "Hoy me he acordado de ti porque está nevando". Y se acordaba porque alguna vez le había dicho que odio la nieve y el frío. "Hoy me he acordado de ti..." Todas esas tardes gélidas se acordaba de mí, por cualquier nimiedad. Me pregunto qué estará haciendo ahora y si a veces también se seguirá acordando de mí. Aunque reconozco que yo de él me acuerdo poco, igual es que no quiero pensar en él.
Espero que siga luciendo el sol, aunque estemos en invierno.
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