
Odio el teléfono. No me gusta mucho hablar con él. Y una de las cosas que peor me sientan es que a alguien le dé por llamarte justo cuando estás durmiendo.
En casa nos pasaba muchos días, y lo mejor es que mis hermanos y yo siempre esperábamos a que alguno se levantara a cogerlo. Por supuesto, yo nunca era la que se levantaba a ver quién era aquel a quien se le ocurría llamar por ejemplo un domingo a las 10 de la mañana. Y sobre todo dónde se habían metido nuestros padres que no lo cogían. Alguna vez ha pasado y fastidia bastante.
Anoche estaba rendida a las 10 de la noche, así que me llevé los apuntes a la cama y, tras haberme tomado una cucharada de jarabe para el catarro, me puse a mirarme nociones del idioma teutón. Me quedé dormida con los apuntes sobre la cama.
A las 11,30 sonaba el móvil. Como siempre que me despiertan no atino a adivinar quién puede ser y, sobre todo, como tiene la costumbre de hacer Rober, cuando me llaman desde un teléfono desconocido.
Como seguía grogui tuve que preguntarle varias veces quién era.
- Rober, me acabas de despertar.
- Oye, que mañana libro, que si te hace salir a dar una vuelta.
Las vueltas de Rober me las conozco, son parecidas a las de Sandra, esas de "volvemos pronto y nos dan las 7 de la mañana en algún garito de mala muerte".
- Estoy durmiendo, ya te lo he dicho.
- Pues nada, me volveré a casa y me quedaré sin salir.
Aquí es cuando llega el chantaje emocional de "dar pena" a ver si la convenzo de esta forma. Pero yo sé que Rober no se fue a casa porque cuando llega a los bares de ambiente, donde todo el mundo se conoce, siempre se queda con alguien. Además no es la primera vez que sale solo.
El caso es que yo estaba bajo los efectos del sueño y por lo tanto creo que fui algo borde. Ya lo arreglaré hoy.
En casa nos pasaba muchos días, y lo mejor es que mis hermanos y yo siempre esperábamos a que alguno se levantara a cogerlo. Por supuesto, yo nunca era la que se levantaba a ver quién era aquel a quien se le ocurría llamar por ejemplo un domingo a las 10 de la mañana. Y sobre todo dónde se habían metido nuestros padres que no lo cogían. Alguna vez ha pasado y fastidia bastante.
Anoche estaba rendida a las 10 de la noche, así que me llevé los apuntes a la cama y, tras haberme tomado una cucharada de jarabe para el catarro, me puse a mirarme nociones del idioma teutón. Me quedé dormida con los apuntes sobre la cama.
A las 11,30 sonaba el móvil. Como siempre que me despiertan no atino a adivinar quién puede ser y, sobre todo, como tiene la costumbre de hacer Rober, cuando me llaman desde un teléfono desconocido.
Como seguía grogui tuve que preguntarle varias veces quién era.
- Rober, me acabas de despertar.
- Oye, que mañana libro, que si te hace salir a dar una vuelta.
Las vueltas de Rober me las conozco, son parecidas a las de Sandra, esas de "volvemos pronto y nos dan las 7 de la mañana en algún garito de mala muerte".
- Estoy durmiendo, ya te lo he dicho.
- Pues nada, me volveré a casa y me quedaré sin salir.
Aquí es cuando llega el chantaje emocional de "dar pena" a ver si la convenzo de esta forma. Pero yo sé que Rober no se fue a casa porque cuando llega a los bares de ambiente, donde todo el mundo se conoce, siempre se queda con alguien. Además no es la primera vez que sale solo.
El caso es que yo estaba bajo los efectos del sueño y por lo tanto creo que fui algo borde. Ya lo arreglaré hoy.
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