
Ahora, a finales de noviembre, va a hacer dos años que conocí a Joan. No nos conocemos en el sentido estricto de la palabra, sino a distancia. Nos conocimos por internet y la nuestra es una amistad especial, que ha ido perdurando con el paso del tiempo y que se ha hecho cada vez más estrecha. Quizás si nos conociéramos en persona todo sería muy diferente.
Actualmente hablamos menos, aunque siempre suele haber saludos. Con un "¿Qué pasa, bruja?" suele hacerme sonreír a cada poco. O sino hablamos por teléfono.
Es raro que de toda la gente que he conocido en el irc Joan se haya convertido en uno de los mejores amigos, por no decir el mejor. Ninguna "amistad" que he tenido vía internet ha perdurado tanto como ésta.
Cuando en noviembre de 2004 crucé mi primera palabra con Joan fue un insulto, y a partir de ahí lo único que intercambiamos fueron palabras soeces hasta decir basta. Y como siempre me pasa con aquellas personas con las que todo empieza mal terminamos llevándonos demasiado bien.
El primer gesto de confianza por su parte me vino varios meses después, cuando ya hablábamos casi a diario, y me contó un problema. Le animé, hablamos mucho tiempo y pareció que terminó sintiéndose algo mejor. No sé por qué me eligió a mí para decirme lo que le pasaba por la cabeza, pero lo hizo. Es uno de los primeros secretos que compartimos, algo que jamás conté a nadie (era un secreto). Después fui yo la que empezó a confiar en él, contándole muchas cosas, él me aconsejaba (sobre todo en lo que se refiere a los hombres, teniendo en cuenta que él es un ligón y que puedo fiarme de lo que me diga al respecto) quizás a veces me contaba lo que le agobiaba su trabajo o simplemente lo que había hecho el último fin de semana.
Así comenzó una amistad que dura hasta hoy y espero que siga durando mucho más. La verdad es que me gusta saber que siempre está ahí, como él sabe que yo siempre estaré dispuesta a hablar con él.
Con el paso del tiempo se ha convertido en una especie de hermano, o algo parecido, pues a él le cuento cosas que no se me ocurriría jamás contar a mis hermanos. Nunca le he visto más que como un buen amigo y quizás eso es lo que ha hecho que la amistad siga su camino.
Hace unos días hablamos. Ya no lo hacemos a diario. Pero hablar con Joan es como un respiro, me inspira calma, confianza y me produce carcajadas. Ni siquiera me riñó por no haberle enviado todavía lo que le traje de Roma, y eso que él sabe que lo tengo preparado. Cualquier día se lo mandaré...
Es curioso, pues sin conocerle parece como si le conociera desde siempre. Eso me pasa con muy poca gente, y sobre todo me pasa con gente que conozco en persona. La verdad... me alegro de que esté ahí. ¡Anda que no me ha tenido que consolar veces ni nada! O yo a él, quizás es que nos parecemos en el sentido de que nos agobiamos por nimiedades y por eso sabemos animarnos mutuamente.
Por Joan.
Actualmente hablamos menos, aunque siempre suele haber saludos. Con un "¿Qué pasa, bruja?" suele hacerme sonreír a cada poco. O sino hablamos por teléfono.
Es raro que de toda la gente que he conocido en el irc Joan se haya convertido en uno de los mejores amigos, por no decir el mejor. Ninguna "amistad" que he tenido vía internet ha perdurado tanto como ésta.
Cuando en noviembre de 2004 crucé mi primera palabra con Joan fue un insulto, y a partir de ahí lo único que intercambiamos fueron palabras soeces hasta decir basta. Y como siempre me pasa con aquellas personas con las que todo empieza mal terminamos llevándonos demasiado bien.
El primer gesto de confianza por su parte me vino varios meses después, cuando ya hablábamos casi a diario, y me contó un problema. Le animé, hablamos mucho tiempo y pareció que terminó sintiéndose algo mejor. No sé por qué me eligió a mí para decirme lo que le pasaba por la cabeza, pero lo hizo. Es uno de los primeros secretos que compartimos, algo que jamás conté a nadie (era un secreto). Después fui yo la que empezó a confiar en él, contándole muchas cosas, él me aconsejaba (sobre todo en lo que se refiere a los hombres, teniendo en cuenta que él es un ligón y que puedo fiarme de lo que me diga al respecto) quizás a veces me contaba lo que le agobiaba su trabajo o simplemente lo que había hecho el último fin de semana.
Así comenzó una amistad que dura hasta hoy y espero que siga durando mucho más. La verdad es que me gusta saber que siempre está ahí, como él sabe que yo siempre estaré dispuesta a hablar con él.
Con el paso del tiempo se ha convertido en una especie de hermano, o algo parecido, pues a él le cuento cosas que no se me ocurriría jamás contar a mis hermanos. Nunca le he visto más que como un buen amigo y quizás eso es lo que ha hecho que la amistad siga su camino.
Hace unos días hablamos. Ya no lo hacemos a diario. Pero hablar con Joan es como un respiro, me inspira calma, confianza y me produce carcajadas. Ni siquiera me riñó por no haberle enviado todavía lo que le traje de Roma, y eso que él sabe que lo tengo preparado. Cualquier día se lo mandaré...
Es curioso, pues sin conocerle parece como si le conociera desde siempre. Eso me pasa con muy poca gente, y sobre todo me pasa con gente que conozco en persona. La verdad... me alegro de que esté ahí. ¡Anda que no me ha tenido que consolar veces ni nada! O yo a él, quizás es que nos parecemos en el sentido de que nos agobiamos por nimiedades y por eso sabemos animarnos mutuamente.
Por Joan.
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