
Estoy algo harta de comer tanto espaguetti con tomate y carne de todo tipo. Un día no viene mal cambiar. Me encanta probar aquí y allá en la cocina, aunque apenas lo hago. Me gusta cocinar pero no tengo tiempo para hacerlo todos los días. Por lo general, me tiene que apetecer mucho mucho una cosa, como hoy.
Ya los había hecho antes. Siempre que cocino echo de menos una enciclopedia de cocina que tengo en casa, donde empecé a copiar recetas que luego llevaba a la práctica. Y siempre la echo de menos porque me da una receta de un plato y no tengo que comparar. En cambio, cuando busco en google tengo tantas recetas del mismo plato, que no puedo elegir, sino sólo comparar. Y al final termino dándole mi toque y preparando lo que quiero cocinar según lo que yo crea más conveniente.
El caso es que no me gusta cómo cocina mi madre, así que me busco la vida. Nunca me paré delante de un puchero en casa para ver cómo se hacía. Sólo dos cosas aprendí a cocinar allí: paella y cocidos. Quizás es que nunca lo vi necesario hasta que tuve que buscarme la vida. Entonces ya era tarde para pedirle a mi madre que me ayudara.
Me consta que mis hermanos y yo hemos heredado buena mano para cocinar. Nuestra abuela materna cocina demasiado bien y eso ha llegado hasta nosotros. Yo no lo noto, y sobre todo lo noto en mi hermano R., porque es muy sutil cocinando, no sé, con clase, con estilo. Yo en la preparación no tengo ese arte que tiene él aunque reconozco que soy maestra en los sabores y, finalmente, mis platos saben mejor. Y mi hermano también lo sabe, así que como estemos los dos solos en casa, quien termina cocinando soy yo.
Estas navidades iré a ver a mi abuela y le pediré que me enseñe a hacer salsas, sobre todo para guisados. Porque hay algo que echo de menos y es la carne guisada. Y como todas las abuelas me enseñará no sólo salsas para carnes sino también para pescados y me volverá a preguntar: "¿Sigues sin probar el pescado?". Lo mejor de todo es que se sentirá útil y saldremos las dos agradecidas.
Ya los había hecho antes. Siempre que cocino echo de menos una enciclopedia de cocina que tengo en casa, donde empecé a copiar recetas que luego llevaba a la práctica. Y siempre la echo de menos porque me da una receta de un plato y no tengo que comparar. En cambio, cuando busco en google tengo tantas recetas del mismo plato, que no puedo elegir, sino sólo comparar. Y al final termino dándole mi toque y preparando lo que quiero cocinar según lo que yo crea más conveniente.
El caso es que no me gusta cómo cocina mi madre, así que me busco la vida. Nunca me paré delante de un puchero en casa para ver cómo se hacía. Sólo dos cosas aprendí a cocinar allí: paella y cocidos. Quizás es que nunca lo vi necesario hasta que tuve que buscarme la vida. Entonces ya era tarde para pedirle a mi madre que me ayudara.
Me consta que mis hermanos y yo hemos heredado buena mano para cocinar. Nuestra abuela materna cocina demasiado bien y eso ha llegado hasta nosotros. Yo no lo noto, y sobre todo lo noto en mi hermano R., porque es muy sutil cocinando, no sé, con clase, con estilo. Yo en la preparación no tengo ese arte que tiene él aunque reconozco que soy maestra en los sabores y, finalmente, mis platos saben mejor. Y mi hermano también lo sabe, así que como estemos los dos solos en casa, quien termina cocinando soy yo.
Estas navidades iré a ver a mi abuela y le pediré que me enseñe a hacer salsas, sobre todo para guisados. Porque hay algo que echo de menos y es la carne guisada. Y como todas las abuelas me enseñará no sólo salsas para carnes sino también para pescados y me volverá a preguntar: "¿Sigues sin probar el pescado?". Lo mejor de todo es que se sentirá útil y saldremos las dos agradecidas.
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