De todos es conocido que la pizza se inventó en Italia, concretamente en Nápoles y, más concretamente, en la Pizzería Port'Alba, en pleno centro de la ciudad, aunque esto último no es tan seguro, lo que sí parece cierto es que esa pizzería debe ser propiedad de la camorra napolitana. Y es que las dos pizzas que más se comen en el sur de Italia son dos pizzas que apenas tienen ingredientes: la pizza Margarita y la pizza marinera.
La pizza Margarita, creada en honor a la reina Margarita de Saboya, lleva salsa de tomate, mozzarella, aceite de oliva y albahaca, mientras que la marinera lleva salsa de tomate, ajo en láminas, orégano seco y aceite de oliva.
Además de estas pizzas, probamos otras muchas, y en Nápoles no podíamos dejar de probar su famosa pizza frita. La diferencia está en que, en vez de meterse en el horno, se sumerge en aceite relleno. La probamos, pero... mejor las otras pizzas.
En Sorrento, en la Piazza Tasso nos sentamos en el Restaurante Aurora, donde se comía muy bien. Mientras yo pedía unos tallarines Ragú, típicos de esa zona, mi novio se pidió unos ravioli de queso de búfala.
En Sorrento, conocimos el Restaurante Capri Blu', donde terminamos yendo a cenar todas las noches de nuestra estancia en Sorrento. Era comida típica italiana, y cada día pedíamos un plato diferente. Que con un plato era suficiente... Allí conocimos una camarera viajera que nos recomendó algunos lugares que debíamos ver antes de marcharnos de Italia, como Rávena y la Capilla San Severo en Nápoles. Con respecto a Rávena, no fuimos por falta de tiempo, y en San Severo no pudimos entrar porque no había entradas y al día siguiente nos marchábamos.
Sin duda alguna, el día que mejor comimos fue cuando desembarcamos en Amalfi. Nos sentamos en la terraza de un restaurante con vistas al mar y aún recuerdo el sabor de los ravioli al limón... También allí comimos el mejor tiramisú y el mejor dulce de limón.
No se quedaba atrás el restaurante provinciano que había a la vuelta del hotel de Nápoles, donde se servía comida tradicional y donde, cansados de tanta pasta, comimos unos bistecs de ternera riquísimos. Era un lugar muy familiar, donde un hombre con gafas de cristales gruesos apuntaba a mano todo, incluso hacía la cuenta, acercándose mucho la libreta a los ojos. Pero no se equivocaría...
Como postre, en Sorrento, ciudad de los limones, tenía que haber muchos platos dedicados a este cítrico. Así que el dulce de limón estaba riquísimo. A veces también pedíamos tiramisú, que es uno de nuestros postres favoritos. Pero es que el dulce de limón era maravilloso.
En Sorrento, en una cafetería en medio de una calle llena de tiendas y gente, probamos los cannoli, todo porque leí una novela sobre Italia hace unos meses, salieron y le dije a mi novio que, pese a que habíamos estado varias veces en Italia, nunca habíamos pedido cannoli.
Un día probamos el limoncello, tenía que ser en Sorrento. Es cierto que está rico, pero no deja de ser un orujo de limón. No me extraña que lo sirvan en vasos pequeños.
Cuando vamos a Italia bebemos mucha cerveza y mucho aperol. Eso no puede faltar.
Mi novio, como adora los helados, también pidió un helado de limón en una calle céntrica de Sorrento.











































