domingo, octubre 31, 2010

Lo que depara la noche


No sé qué hacer esta noche. Mis amigos se iban a la Herradura cuando estaba a punto de darme un baño gratificante con mucha espuma. Miro hacia la calle, cuyo pavimento mojado resalta a la luz de las farolas, y me apetece poco ir de fiesta. Y eso que esta noche habrá ambiente, ya que es Halloween.
Y quizás esté ese ángel de mirada perfecta. En realidad me gustaría verle.

El invierno... cada vez más cerca


Con este día apetece de todo menos salir. De hecho, había quedado para ir a dar una vuelta sobre esta hora y no me apetece nada. Lo que de verdad me gustaría sería estar con él, compartir unos minutos con él y escucharle como si fuera la primera vez. Observarle concentrado en su trabajo, porque estoy casi segura de saber con certeza dónde podría encontrarse en estos momentos.
De todas formas, esta noche saldré de nuevo.

Acaba octubre, y me parece muy lejana la noche en que comenté el inicio del mes con Oktober, Oktober... Oktoberfest. En definitiva, que ha sido un mes largo e intenso.

De anoche guardo un recuerdo muy nítido. En medio de los árboles miré al cielo y me encontré con un sinfín de estrellas relucientes. Y pensé en él... Era medianoche.

Dibujando estrellas en la niebla

Ha empezado a llover. El cambio de hora me ha desorientado un poco.
Al buscar sitio para aparcar he visto un coche y he sonreído inevitablemente. He estado a punto de ponerme en contacto con él para preguntarle dónde estaba. Al final no lo he hecho porque otra idea se iba moldeando en mi cabeza: "Una cerveza y no más". He aparcado en el hueco que quedaba libre al marchar los guardias. Detrás de mí desaparcaba otro. Mucha gente, muchas quintadas, un fin de semana largo... Y el temor a un control de alcoholemia ha hecho el resto. Así que he estado tomando zumos. Buscándole también. Tenía ese deseo imperante de verle...
Ha llegado un momento en que he optado por marchar a casa. Reconozco que llevo todo el día con un terrible dolor de cabeza y, aunque se ha atenuado en las últimas horas, la presión seguía en el cogote. Se pasará durmiendo. De todas formas, un amigo me ha dado un truco muy relajante para que el dolor de cabeza pase, un remedio que es interesante por desconocido. Me ha dicho exactamente que, justo donde el cerebro se hunde hacia dentro, tenemos un hueco. Si cogemos dos pelotas de tenis y las colocamos ahí, nos tumbamos y miramos para arriba... se relajan por completo la cabeza y los hombros. Esto ocurre porque, si colocamos las pelotas de tenis en el lugar exacto, no permiten que miremos con la vista hacia arriba, sino que nos obligan a mirar hacia abajo. Al intentar mirar para arriba los músculos se relajan. He de probarlo.
Cuando iba hacia el coche, me veía dibujando estrellas. Sólo que él ya no estaba...
Me hubiera gustado verle; seguro que estaba guapísimo. Es hora de dormir. Mañana más...

sábado, octubre 30, 2010

Ese sentimiento que me descoloca

Cuando miro hacia atrás, me sorprende comprobar que estoy amando a un ángel y muchas veces me siento atrapada en un sentimiento muy intenso hacia él y me siento a gusto sintiendo lo que siento. Miro sus ojos y veo lo que no encuentro (ni he visto) nunca en el resto de la gente. Supongo que eso es amor. Ver en la otra persona lo que no ves en nadie más.
Le siento muy cercano, porque he pasado por un lugar donde está. No conducía yo, pero con todas las charangas y quintadas ocupando las calles, la persona que conducía ha salido por otro lugar. Y... sé que estaba.
Me gustaría verle esta noche, mirarle a los ojos, encontrarme con su sonrisa reconfortante, escuchar esa voz tan sensual y tocarle las manos. Quiero susurrarle lo guapo que está, porque estoy segura de que estará guapísimo.

Hoy sólo puedo amarle.

El acontecer del sábado

He quedado para ir a tomar algo a SD. Tengo ganas de salir esta noche. No tengo tiempo para escribir ahora...

Tarde de tranquilidad

Se me ha pasado la tarde volando, a pesar de que sólo he dormido durante una hora y, como muchas otras veces, ha sido el teléfono el que me ha despertado.
Me he enganchado al álbum digital sobre Japón, tanto que estoy a punto de acabarlo.

Esta tarde he soñado con él. Quizás, si el tiempo no hubiera empeorado tanto, hubiera salido esta noche. Deseaba tanto verle, quedarme atrapada en su dulzura, imaginarme las historias que salen de sus labios con esa voz tan sensual, mirarle a los ojos y encontrar toda la perfección del mundo en ellos...

Pero al final... he preferido quedarme en casa. Oigo silbar al viento y me pregunto si él también lo escuchará...

viernes, octubre 29, 2010

Antes de la siesta

Hoy no le he visto, aunque ya me hubiera gustado. Seguro que estaba guapísimo.
Cuando me iba, en cambio, su coche estaba tan cerca que incluso podría haberle dibujado algo en el cristal. Entonces le he sentido muy cercano. Tenía prisa. Eran las 16.30h. cuando me marchaba a lavar el coche y estaba comiendo a las cinco de la tarde, porque hoy tenía que terminar un asunto antes de irme. La magnífica noticia es que estoy libre de obligaciones todo el fin de semana, que tiene pinta de tormentoso (lo digo mirando al cielo, que está demasiado oscuro).
Necesito una pequeña siesta.
Es genial, porque podría verle cualquier día de fiesta. Es que últimamente no me lo encuentro mucho y ardo en deseos de verle, de escucharle, de perderme en sus ojos, de disfrutar de los breves momentos en que aparece ese ángel...
Creo que me voy a la siesta. A soñar con él.

El tiempo corre

En estos meses del año los días son demasiado breves para poder apreciarlos en toda su plenitud. Las tardes acortan y, de repente, miras hacia la calle y ya ha anochecido. Esta semana se me ha pasado volando, aunque los efímeros momentos en que me encuentro con ese ángel se conviertan en momentos demasiado intensos para que pasen desapercibidos.
Me mira un instante y me siento desbordada de un inmenso cariño hacia él. Creo que nunca había sentido algo tan intenso ni nada parecido a como me siento ahora, a lo que siento hacia él. Y es que nunca había conocido a alguien que concentrara en su persona tantos atributos, tantas virtudes, tan grandes cualidades. Seguramente tendrá cosas que no me gusten, seguro. Aunque en realidad me gusta todo de él. Es tan adorable.

Le quiero tanto...

A partir de mañana puedo disfrutar de un fin de semana sin obligaciones... hasta el martes. Seguro que se pasará rápidamente. No me han comentado nada de nuestro supuesto viaje a Madrid, así que es posible que nos quedemos aquí. Eso quiere decir que... quizás pueda reducir un poco mi deuda de cervezas.

Desde que le conozco todo tiene otro color...

Debo ir a dormir, aunque mañana empezaré a ir a las ocho, porque a las siete no hay nadie por la calle y aunque me gusta el silencio ya no es tiempo de levantarse, como en verano, a las 6.30 h. de la mañana. Me voy a soñar con él, que ya debería estar durmiendo.

jueves, octubre 28, 2010

¿Con quién...?


De unos meses a esta parte, cualquier situación en que me encuentre, cualquier pensamiento que imagine, cualquier sueño que tenga... siempre aparecen compartidos. Compartidos con un ángel que tiene una mirada perfecta, unas manos que parecen de terciopelo, una voz tan sensual que te hace estremecer, una sonrisa enigmática, una personalidad demasiado atrayente...
Debo de quererle mucho, tanto que ni yo misma puedo decir cuánto. Sin embargo, cualquier circunstancia que aparezca ante mis ojos, incluso las que no se ven, las imagino compartidas con él. Incluso a veces me pregunto qué haría o qué diría él en mi lugar, quizás por su sensatez o quizás por su amplitud de miras...
Me reconforta mucho pensar en él. Es como si fuera la mano amiga que en algún momento de la vida necesitamos...

A gusto

No hace mucho tiempo estuve en Burgos. Conocí gente de todos los rincones de este país. Y llevo una tarde de risas con ellos. Fue un acierto ponernos en contacto a través del correo electrónico.
Desde hace años uso Google Talk, y siempre abro mi correo en primer lugar, antes que todo lo demás. Por tanto, no tengo que estar abriendo el correo electrónico cada vez, lo que es una comodidad.

Debería irme a casa. Lo cierto es que se ha hecho tarde.

Llevo pensando mucho tiempo en una persona especial. Esta mañana le he visto apenas unos segundos. Estaba guapísimo, pero ha sido, dentro de lo efímeramente posible, demasiado efímero. Me pregunto dónde estará. Me gustaría ir a tomar algo con él, pese a la hora. Y también me gustaría irme a la playa con él...

Necesito...

Hoy necesito verle, necesito que se pare el tiempo, necesito perderme en esa mirada celestial.
Daría cualquier cosa por cogerle de la mano y mostrarle el mundo tal y como lo ven mis ojos, susurrarle todo lo que siento al sentir el dulce contacto de sus dedos, acariciarle el rostro y retener ese momento, pasar mis dedos por su pelo...

Lo que me falta

Llevo tantas horas sin verle que le estoy echando mucho de menos. Me gustaría contarle tantas cosas y me gustaría abrazarle y hundir mi rostro en su pecho. Seguro que sería algo reconfortante. Me pregunto si ya estará durmiendo.
Necesito verle mañana, perderme durante unos segundos en esa mirada angelical y que sólo exista él en esa milésima de tiempo que me hace sonreír cada día.

Es tarde. Así que lentamente me embarco en el mundo de los sueños.

Sol y playa en noviembre

Cuanto más miro hacia el sur, más me seduce la idea de sol y playa. Realmente me he cansado de mirar tantos destinos y no quiero ir a ninguno de ellos en plan mochilera.
Cuando era pequeña mi padre me hacía rabiar diciendo que me habían comprado en Canarias, donde habían ido de luna de miel. Y mis ojos están puestos en Canarias en estos momentos. Necesito un descanso, necesito ver el mar, necesito sol, necesito caminar descalza por la arena, necesito escribir en cualquier cafetería con aroma a guanche. Cuanto más lo pienso más me seduce esa idea. La balanza se equilibra a favor de Canarias porque quiero ver el mar desde la ventana, mire hacia donde mire, por sus playas doradas, por el clima cálido la mayor parte del año.

Va a ser esa. Mucho sol, mucha playa y descanso total. Sobra decir con quién volaría hasta allí.

Lo que me está pasando ahora no me había ocurrido nunca. Estoy cansada de mirar tantos países.

Miraré al cielo para que haga buen tiempo en mi estancia allí. Si no lo veo, no lo creo.

miércoles, octubre 27, 2010

¿Y si fuera Túnez?

Estoy sopesando una situación que no puedo dejar de lado. Hoy me han ofrecido un viaje a Túnez. Iría con dos personas, descansaríamos en la playa y visitaríamos el Sáhara (o una pequeña parte de él, a mí me aterra el desierto, me parece un abismo sin fin, traicionero y engañoso). Coincidiría con la misma época en que quiero cogerme vacaciones.
Por otro lado, mañana me van a comentar cómo va el caso Polonia.

Sinceramente... el sol tunecino me atrae más que los días cortos y el frío invernal polacos. E iría con dos personas más con las que tengo confianza.

En la noche

Hoy ha sido un día saturado. No hace mucho que he regresado a casa y lo único que me apetece es dormir. He pensado mucho en un ángel y creo que podría haberle visto si no hubiera andado con tantas prisas. Y le echo de menos. Me gustaría contarle todas las anécdotas del día, con quién he estado comiendo, de qué hemos hablado, y preguntarle cómo le va a él, qué ha hecho, dejarme llevar por el ritmo acompasado de sus palabras y cerrar los ojos...
Me pregunto dónde estará...

Dos colores: verde y blanco

Desde que me han cedido el paso en un cruce de un pueblo donde he estado a las cuatro de la tarde los he tenido detrás hasta que he llegado aquí. No me atrevía a pasar de cien y durante un cuarto de hora han estado pegados a mí. A veces deseaba que me adelantaran, pero no, no iba a tener esa suerte. Y al llegar, justo antes del puente, dos a cada lado parando a los conductores. Aunque a mí no me han parado.
Pero es que ayer también se me pusieron detrás dos motos, de color verde y blanco...

Mientras no me paren...

Eternamente dulce

A veces me da la sensación de que estoy como viviendo dentro de un sueño. Soy consciente de que no es así, que disfruto cada minuto al máximo, lo que hago como si fuera la primera (o la última) vez que lo hiciera, lo que me rodea como si nunca antes hubiera contemplado toda la belleza exterior. Estoy viviendo una de las etapas más felices de mi vida, sin duda alguna, de ahí que lo equipare a vivir dentro de un sueño.
Y para que el sueño sea perfecto tiene que haber una persona que lo dote de una magia tan especial que únicamente pueda provenir de él. También existe ese ángel, que colorea cada día con esa mirada extraordinaria, con esa sonrisa tan dulce, con esa voz tan sensual. Si él forma parte de mis sueños no existirían tales sueños si no le viera cada día, si no me sintiera tan hechizada en cada encuentro…
A veces siento que él me da algo invisible que nadie más me da, quizás por eso haya llegado a quererle tanto. Y a veces me gustaría susurrarle al oído todo lo que vale, toda la belleza que veo en él, todo lo que me aporta cada día.
En estos momentos, sin duda previos a dormir, me encantaría escabullirme en sus sueños y velar por él. Y le abrazaría, le abrazaría fuerte para que mañana no se esfume como si fuera aire. Aunque las imágenes son aire y siempre están presentes.

Creo que me voy a soñar con él.

martes, octubre 26, 2010

Los códigos secretos

Con el paso del tiempo es sencillo darse cuenta de que entre las personas hay ciertos códigos que no se pueden quebrantar: códigos de honor, códigos de conducta, códigos de cortesía, el código de circulación... Estamos rodeados de códigos.
Hay personas con quienes no necesitamos siquiera hablar para que nos entendamos. Entre familiares es fácil que haya códigos donde el resto de personas quedan fuera irremediablemente. No es algo consciente. En mi caso, se han forjado códigos secretos con mi hermano, pero no es algo que venga de unos meses a esta parte, sino que se crearon cuando éramos pequeños. Y son secretos porque en la infancia creábamos nuestras propias claves. Al llevarnos dos años, mi hermano y yo estuvimos muy unidos en la infancia. Hasta los siete u ocho años, dormíamos en la misma habitación de dos camas y hacíamos juegos de palabras hasta que uno de los dos se quedaba dormido, vestíamos igual, llevábamos el pelo cortado a cacerola (aunque el mío era ligeramente más largo), jugábamos juntos y teníamos nuestro propio lenguaje. El vínculo actual con mi hermano es muy sólido, pero se ha ido creando desde que éramos unos enanos. Nos entendemos con una sola mirada.
También se crean códigos secretos con un amante. Porque con esa persona compartes algo más que palabras y a veces ni siquiera son necesarias tales palabras.
No hay secretos.
Mi hermano y yo nos contábamos absolutamente todo. Estábamos en la época de la inocencia, esa época en que te sientes protegido, feliz, que crees que todo lo que te rodea es bueno y, pese a todo, es una época en que cada uno a su manera "quiere ser mayor".

La farola de enfrente


Frente a mi casa hay una farola que alumbra un pequeño parque con bancos de piedra. Con la cámara digital de siempre apenas se aprecia cuando hago fotos, y hoy he sacado la Canon japonesa. El resultado es que se ve perfectamente la noche frente a la ventana.
Acaban de dar las once. Estoy pensando en él... En estos momentos le preguntaría cómo le ha ido el día, y le susurraría lo guapo que estaba esta mañana.

Cuando me asomo a la ventana, miro como si no viera lo que me rodea. Me resulta inquietante la calle vacía, pero más inquietante resulta el silencio de la noche. Me gusta mirar hacia arriba y pensar en él.

Mientras regresaba


Mientras regresaba a casa, miraba a las estrellas. Hoy el cielo tiene más estrellas que ayer...

Venía pensando en él, me preguntaba dónde estará, qué estará haciendo. Me gustaría tocarle, susurrarle dulces sonidos en voz baja y perderme en la profundidad de esos ojos magnéticos y perfectos. Me gustaría enredar mis dedos entre su pelo y robarle un sinfín de besos. Y me gustaría abrazarle.

Es un ángel. Nunca antes había conocido a un ángel.

Cosas diversas


He recibido el presupuesto para Polonia, donde me entran Varsovia y Cracovia. Eso quiere decir que quizás todavía marche a Polonia. El avión tarda tres horas largas desde Madrid a Varsovia.
Debería ir a casa y mirarlo detenidamente, aunque sé que cuando llegue a casa me relajaré y me reencontraré con Ken Follet y su última novela.

Aunque si hay algo que me reconfortaría ahora mismo eso sería caminar por las calles, pese al frío, de la mano de una persona muy especial. Decirle que se me están agrietando los labios del frío (siempre me pasa con el frío, aunque no salen llagas ni calenturas) y me escuecen. Dejarle que la dulce caricia de sus dedos fríos toque mis labios con esa delicadeza procedente de él. Me escuecen tanto que mañana voy a parecer una vampira. No sería la primera vez. Al agrietarse parece que se quedan en carne viva y eso les da un color rojo brillante. Seguro que si él me tocara con el tacto sedoso de sus dedos dejarían de agrietarse.

Mañana tengo comida fuera de casa, una invitación de esas que no puedes rechazar.

Hoy es un día mágico

Hoy es uno de esos días mágicos, porque he visto a un ángel. Entonces todo ha sido magia. Adoro encontrarme con él, adoro que mis ojos se crucen con su mirada perfecta, serena, tranquila, noble, buena, dulce.
El instante se para y en ese instante se produce una eclosión de sentimientos óptimos indescifrables. Seguía caminando y sentía la ternura hacia él, las ganas de abrazarle, de susurrarle todo lo que me aporta cada día.

Hoy es un día mágico porque he visto a una persona muy especial.

En el umbral de la noche

Me he asomado a la noche y he observado el cielo. Creía que no iba a encontrar estrellas, pero no encuentra estrellas el que no quiere encontrarlas. Al mirar hacia arriba se amontonaban en mi mente un sinfín de recuerdos de él, imágenes rápidas que se sucedían intermitentemente: él sonriendo, él mirando fijamente, él ladeando la cabeza, él caminando, él conduciendo, él bajo la lluvia... Era como si las estrellas me lo quisieran mostrar de nuevo, como si me quisieran recordar la grandeza que hay en él, como si pudieran leer en mi corazón todo lo que siento por él.
Se me ha quedado el rostro helado, pero cuando pensaba en él no sentía el aire fresco de la noche, sino un calor que provenía de mi interior, como si dedicarle un pensamiento hiciera llamear una hoguera invisible a los ojos humanos.

Me gustaría compartir tantas cosas con él que no me bastaría un libro para escribirlo todo. Es realmente sorprendente intentar describir algo cuando es indescriptible, cuando te sientes 'tocada' por él, por esa persona tan especial.
Me gustaría decirle tantas cosas. Y me gustaría describirle todo lo que yo veo en él, todo lo que me aporta cada día, que una mirada suya equivale a sonsacarme una sonrisa. Incluso le haría partícipe de mis sueños.

Esta noche he encontrado las estrellas. Y en las estrellas le he encontrado a él.

lunes, octubre 25, 2010

"El retrato de Dorian Gray"


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No es que sea una magnífica película, aunque adoro las películas de este estilo, con los monumentos londinenses entre tinieblas, los trajes de época, los carruajes sonando sobre calles adoquinadas. Creo que debería leerme el libro, porque el tema da mucho de sí. Tiene que ser una obra maestra, pese a que sabía de qué iba la historia. Y, pese a todo, me ha hecho pensar en lo perecedero de la vida, en el sentido de envejecer y, sobre todo, en lo efímera que es la belleza física, aunque se intente preservarla.

"La gente muere de sentido común, con una oportunidad perdida tras otra. La vida es el presente, el futuro no existe. Haz que la vida arda siempre con la llama más intensa".

Dorian Gray (Ben Barnes) es un atractivo aristócrata que regresa, después de mucho tiempo fuera, a Londres, porque acaba de heredar la inmensa fortuna de su abuelo. Se une a compañías que le llevan por caminos diferentes. Por una parte, se deja llevar por la personalidad de lord Henry Wotton (Colin Firth), que le arrastra por los placeres de la vida nocturna de Londres. Por otro lado, se encuentra el magnífico artista Basil Hallward (Ben Chaplin), que intenta inculcarle una moral más sutil. Basil se encargará de hacer el retrato del joven Dorian, eternamente joven. Dorian es consciente de su juventud y su belleza y sería capaz de vender su alma por conservarse siempre así. Su deseo se verá cumplido, cuando su retrato plasme sus excesos y graves faltas a través del tiempo. Él sigue sin envejecer y muy pronto descubre que es el retrato el que está envejeciendo, por lo que lo guarda bajo llave en su desván. Un terrible secreto que no puede contar a nadie. Quien descubra el secreto será terriblemente asesinado por el alma perversa y despiadada de Dorian.
Cuando vuelva de un largo viaje por países extraños, se encontrará con una sociedad inglesa envejecida y cambiada. Su mejor amigo del pasado, lord Henry, no permitirá que Dorian se acerque a su hija, por lo que terminará descubriendo el secreto y prendiendo fuego al retrato.

"Algunas cosas son más valiosas porque no duran".

Los tiempos cambian

Hace muchos años que dejé de usar programas P2P (peer to peer) para descargarme cualquier cosa; mi preferido era el eMule. ¿Para qué esperar varios días en descargar una película, acumular DVD’s y quizás no verlas si hoy las puedes ver on-line o descargártelas en veinte minutos, pasarlas a un pen de varios gigas y verla directamente en la televisión? Una de mis adquisiciones mejor amortizadas fue el reproductor de DVD’s con puerto USB. Yo creo que lo compré porque podía meter el pen.
Hay una infinidad de páginas donde se pueden ver y descargar cosas. Hace tiempo que me registré en www.pordescargadirecta.com. En realidad es un foro, a mi entender bastante ordenado cuando vas a buscar algo.
Cada vez va todo más rápido. Antes era capaz de esperar varios días para ver una película y ahora la tengo en veinte minutos. Es como si careciéramos de tiempo.

Estoy viendo El retrato de Dorian Gray. Es curioso, después de empezar a verla y aunque sé de qué va la historia, me he acordado del libro, que nunca lo he leído y, si lo hiciera, sería a posteriori. Algo que no acostumbro a hacer casi nunca.

Me gustaría ver esta película (o cualquier otra) con un ángel. En mi mente se dibuja una imagen muy casera, enternecedora quizás, uno junto al otro, tapados con una manta y mirando la pantalla. Ese ángel hace que sueñe y, a veces, los sueños son necesarios.

Los hombres que no ataban a las mujeres



Hace unos días que tenía pendiente este librito. Se lee rápido y a veces te echas unas risas con las paranoias del autor. Es obvio que es una parodia de Los hombres que no amaban a las mujeres en concreto y de todos los best-seller en general. Básicamente resume el libro de Stieg Larsson en unas pocas páginas, mostrándonos a un periodista pedante, prepotente y creído que termina asesinado ridículamente y engañado por un grupo de personajes que no son los que dicen ser. Hay un final alternativo que se parece más al del libro de Larsson. La chica, por ejemplo, se llama Luzbel Malander (por Lisbeth Salander de la novela original).
Lo que no me gusta es que se haya elegido Los hombres que no amaban a las mujeres. Best-seller sí, pero merece la pena leérselo. El autor de Los hombres que no ataban a las mujeres podía haber puesto sus ojos en otros best-seller que no merecen tanto la pena (por ejemplo, los de Dan Brown).
Sirve para echarse unas risas durante unas horas, pero es un libro sin el que se puede pasar.

De viaje en viaje y todavía no sé dónde iré

Empecé con Grecia, continué con Polonia, seguí con Croacia y acabo de pedir que me miren Cerdeña. A este paso no me voy de vacaciones, pero como última alternativa siempre me quedarán Canarias, sólo que sigo prefiriendo el extranjero. Si en Cerdeña no hay nada, me quedo en España.
Ahora bien, será la última vez que viaje en noviembre o, al menos, si escojo esta época será para irme al otro lado del mundo quince días, que seguramente allí hace más calor. Lo que es en Europa la cosa está demasiado explotada en verano y hay poquísimo movimiento en invierno. A partir del año próximo escogeré el mes de septiembre y, si es posible, en plenas fiestas de San Mateo.
Si Cerdeña no sale, me marcharé a Canarias a tomar el sol. Me iría con una persona muy especial, para regalarle el mar. Es que me apetece ver el mar, por eso mi preferencia por las islas.

Me voy a casa.

Quince minutos


Aún tengo quince minutos antes de marchar. Estaba configurando el correo del móvil, puesto que uno de los dos, el que más uso, se me ha desconfigurado, pero he seguido las instrucciones y no me ha permitido volverlo a configurar. Entonces me he acordado de que ese es el mismo correo a través del cual puedo escribir en el blog cuando estoy fuera. Después he comprobado que puedo escribir entradas casi desde cualquier correo electrónico, lo que ha sido un alivio.

No es un buen día. Me gustaría poder escapar de algún modo, poder evadir mi mente en ciertas ocasiones.

En quince minutos podría esbozar múltiples pensamientos, pero hoy no sé por qué no me apetece.

El laberinto de los sueños

Siempre me han atraído los laberintos, aunque nunca he visto uno de verdad y, mucho menos, me he introducido en uno. Ni siquiera he pisado el que se encuentra en la catedral de Chartres, será que nunca he estado allí. Ni siquiera he visto los setos que rodean los laberintos que muchas familias acaudaladas inglesas de siglos pasados decidían colocar en sus jardines como elemento decorativo.
Me atraen pero a la vez me parecen inquietantes. Entrar en un laberinto es entrar a formar parte de un mundo del que desconoces si encontrarás el final o si volverás al punto de partida. Y, sin embargo, muchas de las cosas que nos rodean se asemejan muchísimo a un laberinto, por ejemplo, a la hora de tomar decisiones.
Si tuviera que entrar en un laberinto (en un laberinto físico, no metafórico), sólo entraría de la mano de esa persona tan especial. Seguramente conseguiríamos salir, pero no le soltaría la mano ni un momento. Y cada vez que nos encontráramos en un camino sin salida le robaría un beso, antes de volver sobre nuestros pasos y buscar otro camino.
Incluso en los momentos más difíciles, esos en que la mente te juega malas pasadas, estaría tranquila, porque el tacto de su mano enlazada con la mía me reconfortaría.
Y terminaríamos encontrando la salida, porque él tiene esa magia que hace que todo sea perfecto. Para entonces, ya le habría robado más de mil besos.

domingo, octubre 24, 2010

Esa sonrisa estimulante

Me gustaría verle sonreír... siempre. Y, si algún día le viera triste o serio, daría cualquier cosa por hacerle yo misma sonreír. Su sonrisa es enigmática y misteriosa, pero a la vez reconforta y tranquiliza. Cuando sonríe hace que sientas el calor de un millón de estrellas en tu corazón y el revoloteo de miles de mariposas de colores en tu estómago. Su rostro se ilumina cuando brinda una de sus sonrisas perfectas.
Yo creo que su sonrisa es mágica.

Algún día le tendré que decir que nunca, nunca, nunca deje de sonreír.

Echo de menos a un ángel


Le echo un poco de menos. Seguro que ayer estaba por ahí y no me lo encontré, porque no salí. Echo de menos mirar esos ojos y descubrir tanta dulzura, contemplar su sonrisa y sentir que todo es perfecto, escucharle y sentir esa placidez casi ultraterrena. He perdido la cuenta de los días que llevo sin verle.

Anoche necesitaba dormir; tenía cargados los ojos y la nariz. Para mí que quizás fuera algo parecido a una alergia, porque hoy ya sólo quedan unas leves secuelas… a no ser que esté pasando a la garganta.

Voy a pensar en ese ángel. Ya tengo el pijama, pero daría cualquier cosa por ir a pasear ahora con él, por las calles vacías, serenas, tranquilas... y contarle mi fin de semana y pedirle que me cuente una historia.

Secrets' Box


Creo que fue en marzo cuando traje a casa una caja para meter cosas. He tenido que cambiarla, porque se me ha roto la tapa. Y al coger cada cosa mi mente procesaba recuerdos de cuando lo había añadido. Recuerdos de los Picos de Europa, un sobre con información de Argentina, una postal escrita en Qatar y otra para conmemorar un cumpleaños, y en medio de todo ese caos ordenado una multitud de sobres de colores, sobres que guardan pequeños secretos del día a día.
Todo lo que hay en esa caja me hacen pensar en una persona especial.

Todo lo que nunca le diré.

Allí donde empieza el bosque


Me he despertado demasiado pronto para ser domingo. Al no bajar la persiana anoche, los radiantes rayos de sol entraban por la ventana. El cielo estaba completamente azul, con unas pocas nubes dispersas. Ha amanecido un día magnífico.
Tenía los ojos enrojecidos. No sé si se debía todo al catarro o era porque quizás anoche estuve llorando en silencio. No lo recuerdo, es como si tuviera embotado el cerebro.


Necesitaba que me diera el aire y el día acompañaba. Hoy me he introducido en lo profundo del bosque o, por decirlo de alguna forma, donde empieza realmente el bosque, porque allí donde he estado desaparecían los caminos de guijarros para dar lugar a senderos surcados de hierbajos creciendo a diestro y siniestro.
Hacía años que no me introducía por aquellos rincones del bosque. Algo ha cambiado en esta última década. Había montones apilados de madera a cada pocos metros y una empalizada que antes no existía. Cualquiera podría decir que esa empalizada podría ocultar una pequeña laguna, pero no. Era la parte más alta desde la que podían verse otros senderos más abajo y los montes al fondo.


Había algo inquietante. No sabría explicarlo. Si no hubiera ido con el perro tampoco hubiera notado nada. Yoguito se ha subido por primera vez al coche en señal de advertencia. Cuando me acercaba a él me pedía que le metiera al coche. He mirado alrededor, pero no había nada más que árboles, hojas, ramas y piedras. Desconozco qué era lo que sentía el perro que yo no he conseguido averiguar.
He estado allí como veinte minutos. Porque he recordado que cuando éramos niños, al fondo de la empalizada había una explanada de arena, y de pequeños jugábamos a mineros. Realmente parecía extraño que en medio de un bosque hubiera un lugar así. Esa explanada ya no existe, aunque entonces podía haberse excavado para utilizarla como vertedero, aunque no había basura cuando éramos pequeños. Está absolutamente prohibido (esta mañana he visto un cartel) tirar allí ningún tipo de basura. Estábamos en pleno bosque.
He observado la lluvia de hojas que caían sobre la hierba con las brisas de viento. Pero me he tenido que marchar.

Parece mentira que se haya quedado esta tarde con la mañana que estaba...

El nombre del viento

He robado princesas a reyes agónicos.
Incendié la ciudad de Trebon.
He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo.
Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar.
He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día.
He hablado con dioses, he amado a mujeres y he escrito canciones que hacen llorar a los bardos.

Me llamo Kvothe. Quizás hayas oído hablar de mí”.


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Había oído hablar de este libro. No me ha decepcionado, pero no me parece que sea tan bueno como se comenta. Es una 19ª edición, si es importante el número de ediciones. Todo comienza en una posada “porque todas las buenas historias siempre comienzan en una posada”. Esa frase me recuerda a otra posada, “El Último Hogar”, y esta novela, en ciertas ocasiones me recuerda a una saga también fantástica, de la que aún no me he leído todos los volúmenes (aunque sí los más importantes), la Dragonlance. No podía faltar nuestro dragón, draccus, que es un tipo de dragón diferente: con escamas de hierro y herbívoro, que apaga las hogueras en vez de avivarlas. Me doy cuenta, al terminar esta novela, de lo mucho que echo de menos las historias de la Dragonlance. Incluso Tanis el Semielfo, uno de los héroes de más peso de la Dragonlance, era pelirrojo, al igual que Kvothe.
No me gusta que haya tantas coincidencias en los libros. Estoy segura de que el autor de El nombre del viento tiene cierta influencia de la Dragonlance, porque si nos ponemos a mirar encontramos una multitud de semejanzas. Aunque es un libro completamente diferente, que gira en torno a los nombres de las cosas. El poder está en saber el nombre de las cosas, algo que está por encima de la magia (o simpatía, que es como se llama a la magia en la novela), porque sabiendo el verdadero nombre del viento puedes llamarle o pedirle que cese.
Cuando me quedaban unas 300 páginas para el final me preguntaba si todo el libro iba a ocurrir en la Universidad. Leía las frases de la contraportada, escritas al principio de esta entrada, y me preguntaba dónde estaban el resto de anécdotas del personaje que habla.
Kvothe contará su historia en tres días y este libro constituye tan sólo el primer día. Por tanto, cabe esperar que el autor nos traiga pronto el resto de la trilogía.
Kote es un extranjero en el pueblo. Ha comprado la posada La Piedra de Guía y la regenta junto a la inestimable compañía de Bast. Nadie en el pueblo ha descubierto la verdadera identidad de Kote, quien se esconde porque se ha puesto precio a su cabeza, pero su nombre es fruto de un sinfín de leyendas extraordinarias y rumores de todo tipo. Pero su pelo rojo y sus ojos verdes y fríos, así como los gestos seguros de quien posee la certeza por lo mucho que ha vivido no le hacen pasar desapercibido para el Cronista, que ha llegado a la posada y le ha reconocido. Entonces, por primera vez, va a contar su historia, va a dejar de ser la leyenda, el héroe, el mito que corren de boca en boca para convertirse en el personaje real.
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Kvothe tocando el laúd en el carromato de sus padres

Kvothe tuvo una infancia feliz. Perteneciente a una troupe itinerante que hacía teatro, cantaba y bailaba de pueblo en pueblo, con sus padres aprendió magníficas lecciones de la vida, en ellos veía el amor en sus múltiples formas, y ellos le enseñaron la importancia de la música, el teatro y la canción. Su primer maestro fue Abenthy, un hombre que se unió a su troupe durante unos meses, y que le enseñó a controlar las fuerzas ocultas de su mente, matemáticas, química, simpatía, etc. Abenthy le hablaba de su estancia en la Universidad, y muy pronto se dio cuenta de lo rápido que aprendía Kvothe y les explicó a sus padres que era un niño prodigio. Llegó un momento en que Abenthy se negó a enseñarle simpatía porque creía que la fuerza de la mente de Kvothe era tan potente que el niño podía no llegar a controlarla y hacerse daño.


Chandrian

Su padre está escribiendo una canción sobre los Chandrian, seres que nadie ha visto pero de los que todo el mundo habla. Una noche, en el cumpleaños de Kvothe, alguien le pide que les cante un trozo de esa canción. Esas letras serán su perdición. Hacen una parada en el camino y Kvothe se introduce en el bosque. Cuando vuelve se encuentra todo el campamento lleno de horror, muerte y destrucción. Y junto a la hoguera de sus padres se encuentra a unos desconocidos que deslumbran con potentes luces azules, pero a Kvothe le dejan ileso. El joven decide coger el valioso laúd de su padre y se marcha de allí, intentando olvidar el dolor que siente por dentro. Después de varios meses sin ver ni hablar con un ser humano, decide salir al camino y buscar un lugar donde sobrevivir.
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Kvothe en su ‘madriguera’ sobre los tejados de Tarbean

Gracias a la ayuda de unos granjeros que van al mercado de Tarbean, consigue llegar a la gran ciudad. En Tarbean vivirá casi tres años en la mendicidad más absoluta. Allí se encuentra inmerso en peleas callejeras (en una de las cuales se rompe el laúd de su padre), es víctima de robos, aunque también aprenderá a robar, aprende a huir de las situaciones más estrambóticas y duerme en el ángulo que forman tres aleros de varios tejados, muchas veces sin poder llevarse nada a la boca.
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Así sobrevive de mala manera, hasta que decide que es el momento en que debe ir a la Universidad. Hay que tener en cuenta que Kvothe es todavía un niño de unos 13 ó 14 años, que no tiene dinero y al que no se le tiene mucho respeto por su juventud. Pero su audacia y su talento innato para todo tipo de artes, le permitirán entrar como alumno en la Universidad.
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Destacado en cualquier materia, ganándose la amabilidad de algunos profesores, orgulloso hasta el punto de no contarles a sus mejores amigos su estado de pobreza absoluta, consigue ir ganando dinero a través de la música. Con un viejo laúd consigue que todo el mundo admire las notas que salen de él. En el Eolio se reencuentra con Denna, a quien había conocido cuando viajaba a la Universidad, y se convertirán en amigos inseparables, aunque Kvothe la ama con locura.
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Su peor enemigo es Ambrose, un alumno veterano, hijo de un afamado y adinerado noble, que hará lo imposible para provocarle, para que le expulsen de la Universidad e incluso contratará a unos sicarios para que acaben con su vida. Pero Kvothe consigue escapar gracias a unos hechizos de simpatía y huye al puerto. Es entonces cuando escucha hablar de un pueblo al norte, Trebon, donde han fallecido todos los asistentes a una boda. Los habitantes del pueblo dicen que vieron unos fuegos azules… Es suficiente para que Kvothe compre un caballo y acuda al norte a investigar por qué los Chandrian han asesinado a tanta gente en una boda, quiere descubrir la relación con la muerte de sus padres y todos los que les acompañaban en la troupe. Allí se encontrará con Denna, que estaba como asistente en la boda, y que además era la única superviviente de la misma. Juntos intentarán descubrir lo que causó tal destrucción. Y se encontrarán con un dragón, al que tendrán que dar muerte.
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Al volver a la Universidad, Ambrose vuelve a provocarle cogiéndole el laúd, que se termina rompiendo. La ira de Kvothe despierta al viento y el maestro Elodin comprende que ha despertado su mente dormida y hay que educarla, lo que le salva de ser expulsado de la Universidad por felonía. No se ha dado cuenta de que su memoria dormida ha sido capaz de llamar al viento...

¿Dónde guardo las estrellas...?

Tengo mil estrellas guardadas, una por cada día que le veo, una por cada noche que miro al cielo, que he cazado y escondido en un rinconcito de mi ser.
Son presentes, son regalos que, al final, le he de entregar.
El día que el cielo no tenga estrellas diseñaré un nuevo firmamento con cada estrella que tengo guardada, para que cuando él mire hacia el cielo no lo encuentre oscuro y vacío de estrellas.

sábado, octubre 23, 2010

Pereza

Llevo todo el día holgazaneando, excepto en las dos horas en que he tenido una obligación laboral. Por lo demás, estoy lo suficientemente acatarrada como para obviar que hoy es sábado y que prefiero dormir a ver si mañana me encuentro mejor. Me agrada pensar en el Vics Vapo Rub que me va a adormecer con el calor que desprende al principio para permitirme después entrar en unos sueños con olor a menta.
Aparte, estoy enganchadísima al libro que me estoy leyendo.

Hoy no le voy a ver.

viernes, octubre 22, 2010

Quizás sea decepción

La decepción es como una margarita deshojada. Nos queda su corazón, desprovisto de las bellas hojas que conformaban la corola, ese interior en el que no quedan más que retazos de una belleza pasada..
La decepción es como la última gota de agua de un vaso para aquel que tiene mucha sed. No va a caer más y esa última gota sólo servirá para que se incremente esa sed.
La decepción es un castillo de arena que se ha llevado el mar...

Me pregunto si es decepción.

Destellos de magia

Seguro que hoy hace un magnífico día, pese al frío.

Creo que esta noche he soñado con un ángel, porque su imagen era muy intensa cuando he abierto los ojos.

Me gustaría verle, regalarle una sonrisa y perderme en esa mirada perfecta. ¡Qué dulzura emana de él! Sonrío al imaginarle ahora.

El silencio de la mañana

La oscuridad a las siete de la mañana resulta inquietante. Aunque la luna ilumina todo con su tenue luz. Me gusta venir a esta hora por el silencio, porque el tráfico es escaso, porque se respira paz, aunque haga mucho frío.
Aunque, a medida que se acerca el invierno, cada vez me cuesta más levantarme a esta hora.

Tengo un minuto para soñar, para imaginarle durmiendo, inmerso en esa paz que nos aportan los sueños, relajados sus rasgos, su respiración rítmica...

Adoro este silencio en que apenas se ve gente por la calle, en que todo está cerrado y en que apenas hay ruido.