martes, octubre 12, 2010

El Palestino


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Antonio Salas, periodista español, se infiltrará en las redes del terrorismo internacional durante seis años. Para ello, tendrá que aprender árabe y convertirse al Islam (con todo lo que conlleva, incluso hacerse la circuncisión).
Para crear su coartada, visitará Israel y la franja de Gaza y Cisjordania, donde elegirá un pequeño pueblo como lugar de origen de sus abuelos, que supuestamente tuvieron que exiliarse en Venezuela. Y es una coartada perfecta, como se verá más adelante, cuando muchos desconfiados le pongan a prueba. Como él dice en algunas ocasiones en el libro, “no basta con parecer, hay que ser”. Hay veces incluso que el lector pasa miedo por todas las masacres que está leyendo, asesinatos injustos, venganzas sangrientas.

Salas alimenta más mi posición en cuanto a la causa palestina, ya que él describe el horror de las familias que viven en Gaza y Cisjordania, en cuyas casas entra el ejército israelí de noche y se lleva a los hombres, que jamás volverán a ver. ¿No nos recuerda a lo que hacían unas décadas atrás los oficinales nazis con las familias de judíos? Esto me lleva a pensar que el ser humano utiliza siempre las mismas armas, aunque las ideologías varíen.

Hubo momentos en que me emocioné con las sangrientas y crueles historias contadas por los mismos palestinos ante la cámara oculta del periodista español. Y también por historias más sangrientas aún en la selvática zona colombiana.

No voy a entrar en cuestiones ideológicas. Si bien es cierto que el terrorismo muchas veces se instrumentaliza políticamente, sea desde unas posturas, sea desde el lado opuesto. Lo que está claro es que cualquiera que sea capaz de empuñar un arma y quitar la vida a otro ser humano, independientemente de las ideologías, es un asesino y su acción es un delito. Desde este punto de partida, el terrorismo, tenga el disfraz que tenga, no se puede justificar en modo alguno, ya que es un arma de destrucción masiva, que deja en el mundo muchas viudas e innumerables huérfanos (que sólo habrán conocido esa violencia, y la violencia lleva a más violencia). Y lo más terrible de todo es que es un monstruo que no para de crecer.
Tan terrorista es un kamikaze que de autoinmola en una plaza de Jerusalén como los marines que matan a quemarropa, violan y asesinan a civiles iraquíes. Lo injusto es que sólo vemos una versión de lo que pasa en el mundo. Hay que tener en cuenta que no todos los yihadistas (Yihad: 'guerra santa') son muyahidines (guerreros en nombre de Alá). Los últimos se entrenan para matar, mientras que la gran mayoría de yihadistas intentan hacer llegar su mensaje sin utilizar la violencia armada, y muchos de ellos son pacifistas (Yihad se traduce literalmente del árabe como “esfuerzo”, pero en Occidente se le llama 'guerra santa').
El resultado de toda la información que nos llega es que “los malos” son los musulmanes. Y en nuestra mentalidad occidental se estigmatizan, de tal forma que vemos un hombre de piel oscura, palestino cubriendo su cabeza y largas vestiduras y se le señala, sin darnos cuenta que quizás sea el más devoto islamista (si practicara nuestra religión sería simplemente un buen cristiano), sin que por sus manos hayan pasado más armas que el Corán y el tashbith (rosario musulmán).

Eso me recuerda que no hace mucho conocí a Said, un joven marroquí que no creo que pase de los veinte años. Su sonrisa hace que caigan todos los prejuicios, su mirada es franca. Te agrada porque Said muestra lo mejor de sí. Después de su primera visita, vi una sentencia de un tribunal español donde un conductor había atropellado a su hermano de nueve años, mientras éste jugaba en la calle. El conductor había sido absuelto y en la sentencia decía que “el niño se había cruzado con su bicicleta delante del coche”. No soy yo persona letrada en el Derecho para juzgar el resultado de una sentencia así, pero lo poco que leí hizo que me posicionara del lado del niño. ¿Si el niño hubiera sido español habrían absuelto al conductor tan rápidamente? ¿Y si hubiera sido al revés: si el conductor hubiera sido marroquí y el niño hubiera sido uno de nuestros hijos? Teniendo en cuenta que el conductor, mayor de edad, debería tener algún tipo de responsabilidad, desde mi punto de vista se había juzgado el color de la piel del niño y no el hecho en sí mismo.

Siguiendo con el libro, Antonio Salas vivirá en Venezuela y se infiltrará en el movimiento tupamaro. Entrará en una de las calles más peligrosas de Caracas, la del 23 de Enero, de donde salen los más peligrosos guerrilleros radicales a favor y en contra del presidente. Y aquí descubre la venganza: si un hermano tupamano es asesinado por otra banda, cada grupo armado está obligado a vengar la muerte de su hermano asesinado… a través de la sangre. Es el nunca acabar. Esta será, finalmente, uno de los motivos que impulsen a Antonio Salas a salir de la infiltración.
Pero lo que me ha sorprendido de Venezuela es la cantidad de gente que apoya a Hugo Chávez. El presidente venezolano es el presidente del pueblo, ya que la inmensa mayoría de la población es pobre, y todos los pobres están a favor de Chávez. Otra cosa que sorprende es que los medios de comunicación venezolanos le critican sin piedad (sin que él tome represalias). Y esto me hizo reflexionar, ya que tenía un concepto de Hugo Chávez que era el que me habían ‘vendido’ en los medios de comunicación de mi país. No es que me guste su ideología, pero reconozco que nuestros medios tienden a desacreditarle, de tal forma que su imagen aparece en Occidente bastante desvirtuada. Por ejemplo, se dice de él que en Venezuela hay campos de entrenamiento de muyahidines, con el beneplácito del presidente, concretamente en Isla Margarita. Parece ser que Isla Margarita es una isla turística en la que hay una pequeña comunidad musulmana que predica la paz y que malviven con sus pequeñas tiendas de souvenirs. Ahora bien, es cierto que no muy lejos de la frontera, las FARC colombianas enseñan sus técnicas guerrilleras a terroristas llegados de todo el mundo (y aquí parece ser que han aprendido sus tácticas asesinas muchos conocidos etarras, entre otros). Pero peor que las FARC y el ELN de Colombia son los 'paracos'. Al leer los reportajes de muchas personas que habían tenido contacto directo con los paramilitares colombianos se me puso la piel de gallina. Los 'paracos' provienen del ejército colombiano, luchan contra los guerrilleros ocultos en la selva, pero también asesinan cruelmente a víctimas que se encuentran en su camino: agricultores con un pequeño terreno de cultivo, acusándoles de apoyar a los guerrilleros. Lo más terrible es que les mutilan en vida con motosierras eléctricas. Muchos colombianos han tenido que huir de su país ante las amenazas de los 'paracos'.

En su infiltración, Antonio Salas estará en contacto permanente con célebres terroristas, así Ilich Ramírez, alias El Chacal, uno de los terroristas más temidos del siglo XX y cumpliendo cadena perpetua en una prisión francesa; y con Eduardo Rózsa Flores, un boliviano exiliado en Hungría, que volvió a su país, después de mucho tiempo, para empuñar de nuevo las armas. Murió en Santa Cruz (Bolivia) en abril de 2009, tiroteado por la policía, acusado de que estaba planeando un atentado contra Evo Morales. También entrevistará a la temida Leyla Khaled, una activista musulmana, la única mujer que ha secuestrado un avión en el siglo XX, y que se hizo la cirugía estética varias veces para seguir perpetrando atentados contra Occidente. Hoy es una mujer entrada en años que se ha convertido en la voz de los yihadistas.

He hablado de las líneas más generales del libro, pero no sigo, porque se convertiría en algo extenso. Considero que es preferible leérselo, aunque sólo sea por todos los datos que el libro aporta. Hay un párrafo que no está de más transcribir aquí y que, en cierta forma, resume todo lo que es el libro en unas pocas palabras: “Porque los que mueven los hilos del terrorismo internacional jamás empuñan un fusil, ni se inmolan con un cinturón explosivo. Eso sólo lo hacen los creyentes. Los que son capaces de morir, e incluso de matar, en nombre de una causa”.

Trata de alcanzar la luna con una piedra… Nunca lo conseguirás, pero terminarás manejando la honda mejor que nadie”.

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