viernes, octubre 08, 2010

Los reflejos de la tarde

Cuando estaba cerrando los ojos, en esos segundos de semiinconsciencia en que sabes que terminarás durmiendo, ha venido el perro con un juguete sonoro. En esos segundos pensaba en ese ángel que todo lo convierte en algo parecido a la perfección.
Cuando hoy le he visto se ha detenido el tiempo. Es más, le he mirado a los ojos. Que conste que, cuando hablo, siempre miro a los ojos, pero con él siempre me cortaba. Eso también es cosa pasada, como ya casi no me tiembla la voz cuando hablo con él. Algunas veces, pero consigo controlar esos temblores.
Es adorable. Llevo varias horas pensando en él.

Ahora me gustaría ir a buscarle, que seguro que está trabajando, cogerle de la mano, sin decir nada y marcharme con él a cualquier sitio. Disfrutar del mundo en toda su inmensidad... con él, disfrutar de los últimos rayos de sol... con él. Disfrutar de las horas que estén por venir... con él.

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