
Los niños siempre serán niños. Y por ver una sonrisa de esas merece la pena darles todos los caramelos de la oficina.
Estaba en la calle cuando tres niños han pasado por delante de mí. Por los rasgos podían ser pakistaníes. El más pequeño se me ha quedado mirando y entonces le he preguntado si quería un caramelo. Les he dado caramelos a los tres y se agradece la sonrisa de felicidad que me han brindado. La niña ha ido corriendo un poco más lejos hacia unas mujeres que venían por la calle. Iban vestidas con un sari, pero los cabellos los llevaban cubiertos por un velo. Podrían ser de Pakistán, pero también de la India.
Cuando han pasado a mi lado me han sonreído y la mayor, posiblemente abuela de los niños, me ha dado las gracias.
Sólo por la sonrisa de esos niños merecía la pena salir a la calle en ese momento.
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