
Hace una tarde magnífica para soñar. Supongo que, si no me quedo dormida, terminaré dando un paseo. Ya ha empezado a sonar el móvil, así que lo he llevado al salón y ya contestaré después, a quien sea que llame.
Estoy contenta. No sé si influye la buena tarde que hace o influye haberle visto después de tantos días, porque han sido muchos días. Yo creo que es por lo último. Sólo tengo que cerrar los ojos para revivir esos momentos. Me hubiera gustado susurrarle al oído lo guapo que estaba.
Voy a echarme un poco. Quizás me quede dormida, quizás sueñe despierta. Lo que es seguro es que su imagen angelical estará en mi pensamiento.
Cambio mi destino de viaje en noviembre. Será Polonia, porque las islas griegas sólo son turísticas hasta que empieza noviembre: no habrá ferrys, ni tiendas, ni bares, ni nada abierto. Así que he optado por otro destino completamente diferente: Varsovia, Cracovia y Auschwitz. ¿Por qué un campo de concentración? Porque realmente no tiene nada interesante, sólo hay un museo y lo que queda de alambradas, barracones, vías de tren... Quiero caminar por allí, imaginar desde aquel lugar cómo podía ser estar allí. Auschwitz es un triste recordatorio de hasta dónde puede llegar la perversidad y crueldad humana. Sé que no me va a gustar, pero quiero visitarlo igualmente.
No es que me dé lo mismo ir a un sitio que a otro. Pero Atenas me va a saber a poco. Lo que me atrae de Grecia son más las islas, y sin islas no voy.
Tengo tantos destinos que ver, que no he tardado mucho en buscar otro nuevo. Aunque quizás influye que esta semana vi en la televisión parte de un reportaje de viajes sobre Polonia. Y me gustó.
Ahora me voy a soñar con él...
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