
Estoy contenta hoy. No veo porque pase esta media hora rápidamente. He venido a las ocho, porque si esta tarde no voy a poder echarme la siesta, he preferido venir más tarde.
No sé si influye que sea viernes o mi estado de ánimo en sí. El caso es que llevo con una sonrisa de oreja a oreja desde que las primeras luces del día empezaban a desplazar a la oscuridad. A las ocho empieza a amanecer, ya hay claridad.
Hace mucho frío.
Aunque yo siento intensamente la calidez de un ángel que, supongo, no está muy lejos. Me encantaría verle hoy. El universo está en una extraña sintonía para que eso ocurra.
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