
Se va haciendo poco a poco de noche. Y, por ello, es un buen momento para empezar a pensar en marchar a casa. Además, mañana madrugo más de lo habitual.
Me siento muy cansada esta semana. Además llevo muchos días sin encontrarme con esa persona tan especial, llevo muchos días con el deseo ferviente de él.
A veces me pregunto cómo ha llegado a dejar una huella tan profunda en mi corazón, y no es algo que haya ido paulatino, sino que fue desde el primer momento en que le vi. Lo que ha ido aumentando paulatinamente es el sentimiento hacia él.
¿Qué no haría yo por esa persona?
A medida que se va haciendo de noche, las horas pesan más, porque será otro día en que no le haya visto. Sigue habiendo magia, en el sentido de que él está en mi corazón y, al recordar su imagen perfecta, sonrío, pero no es lo mismo que cuando le veo. Entonces me siento envuelta por algo que no puedo describir. Mi mente imagina que mis manos acarician ese rostro angelical, que le miro directamente a los ojos y no tengo miedo a perderme en ellos, y no me importa ruborizarme por lo que él pueda encontrar en mi mirada.
Los días son más negros cuando no sé nada de él. Es como si todo estuviera cubierto por un velo fantasmal y faltara la luz para hacer desaparecer esa neblina.
Sin embargo, y aunque suene contradictorio, le siento muy cercano.
Hay un recuerdo de él que se repite en mi memoria intermitentemente. Una noche en que le apartaba el pelo de la cara y le decía lo guapo que estaba. No sé qué daría por poder decírselo ahora, en este momento, todos los días…
Creo que me voy a casa. A seguir soñando con él…
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