viernes, octubre 15, 2010

Otra sonrisa mientras caminaba por la calle

Nada.
Hoy es uno de los pocos días en que he ido a Correos caminando, sobre todo porque no había muchas cartas, pero rápidamente porque tenían que salir hoy. Iba contenta, saludando a unos y parándome a hablar con otros. Por eso a veces pienso que el coche es más rápido, que si voy caminando a cualquier sitio tardo el doble de tiempo, incluso el triple.
El caso es que al volver he visto su coche y he sentido un cosquilleo en el corazón. No estoy segura de que fuera, pero en ese lugar... es bastante posible. Entonces he sentido que me relajaba y sonreía. Tan cerca...
Y eso que no le he visto y por eso mismo le estoy echando de menos.

Ya no puedo dibujarle estrellas, porque se lo dije. Es una de las pocas personas de este mundo a quien no puedo ocultar nada. Y le dije que un día había dibujado una estrella en su coche. Así que ahora no puedo hacerlo, porque entonces sabría quién era. De todas formas, su coche estaba lejos; posiblemente, él estaba más cerca... tan sólo a unos pasos.

Es inevitable sonreír al saberle tan cercano. Su proximidad de reconforta. Seguro que hoy está guapísimo y me lo he perdido. Como también me he perdido su mirada angelical, esa mirada que hace que los minutos se congelen, esa mirada que porta todo lo mejor del mundo... Y eso lo echo mucho de menos.

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