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domingo, abril 12, 2015

"Exodus. Dioses y reyes"

Hace unos años leí los primeros libros que componen la Biblia. Uno de ellos, el Éxodo, es una de las historias más interesantes, ya que los comienzos son harto largos y llenos de genealogías. Sin embargo, el Éxodo nos cuenta la liberación de los esclavos israelistas de las garras egipcias y su éxodo hasta la Tierra Prometida. El guía no es otro que Moisés, criado en el palacio del faraón.
El director es Ridley Scott, y sabiendo que con Gladiator creó uno de los instantes más fascinantes del cine moderno, yo tenía buenas expectativas sobre esta película, que no me ha defraudado.

Moisés (Christian Bale) crece en el palacio real junto al hijo del faraón, Ramsés (Joel Edgerton), los dos son como hermanos y luchan juntos en las mismas guerras que acosan las fronteras egipcias. Un buen día, Moisés es enviado a otra ciudad donde los esclavos se están rebelando contra el virrey y Moisés descubre que éste vive como un rey mientras el pueblo es esclavizado. Uno de los ancianos hebreos le explica su pasado, que una vieja leyenda sobre un enviado que iba a guiar al pueblo judío hacia Canaán llegaría y liberaría a los esclavos hebreos, de ahí que todos los primogénitos varones de cada familia israelita fuera sacrificado. Sin embargo, Miriam (Indira Varma) mete a su hermano en un canastillo cerca del palacio del faraón, donde una mujer coge al niño y lo crían junto al primogénito del faraón.
Cuando Ramsés, ya convertido en faraón, descubre la verdadera identidad de Moisés le expulsa al exilio. Moisés se dirige hacia el este, está a punto de morir, hasta que después de mucho tiempo caminando llega a un oasis donde conoce a la familia de Séfora (María Valverde), con la que se casará y formará su propia familia. Viven junto a la montaña sagrada, de la que su esposa dice que está prohibido subir. Moisés, un día sube tras unas ovejas, y de zarza ardiente escucha la voz de Dios, que le llama para que libere a su pueblo (Israel) del yugo de Egipto.
Dios envió las diez plagas contra Egipto (el agua del Nilo se tiñe de sangre, ranas, langostas, moscas, sarpullidos, el ganado enferma, piojos, granizo, tinieblas y muerte de todos los primogénitos). En cuanto a la última plaga, la de la muerte de los primogénitos, todos los hebreos cubrieron las jambas y dinteles de sus casas con sangre de cordero, por eso la muerte no entró en sus casas.
Tras esta última plaga, y con su hijo muerto en los brazos, el faraón les dice a los israelistas que se marchen, aunque luego cambiará de opinión y saldrá tras los pasos de los hebreos, hasta el Mar Rojo, que abrió sus aguas a los seguidores de Moisés, pero las cerró a los egipcios, que perecieron en su persecución. La película termina cuando Moisés graba sobre las tablas de la ley los Diez Mandamientos, y en su travesía a través del desierto, que duró cuarenta años. 

Es una película larga, que está bien, aunque me ha sorprendido que la figura de Yahvé se manifieste a través de un niño. 

viernes, diciembre 28, 2012

Día de los Inocentes


Hasta que no he visto colgado en el kiosko el monigote de papel no he recordado que hoy es el Día de los Inocentes. De momento, no me han gastado ninguna broma, aunque luego leeré el periódico, donde siempre hay alguna broma en este día.


Un poco de historia…
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La matanza de los Inocentes, Rubens

Estamos acostumbrados a relacionar este día con las bromas o “inocentadas”, pero en realidad el origen del Día de los Santos Inocentes es muy distinto, ya que se conmemora la matanza de todos los niños menores de dos años nacidos en Belén, que ordenó el rey Herodes con el fin de deshacerse del recién nacido Mesías.

Según el Evangelio de San Mateo, los Reyes Magos se dirigieron a Belén para adorar al Mesías. El rey Herodes, al conocer la noticia, pensó que el recién nacido podía arrebatarle el trono y pidió a los Reyes que le informaran sobre la ubicación del pequeño. Como quiera que no le comunicaban el lugar exacto del nacimiento de Jesús, Herodes se enfureció y ordenó que mataran a todos los niños menores de dos años que había en la ciudad de Belén y alrededores.
Durante la Edad Media, se introdujeron en esta celebración los ritos paganos que formaban parte de la “Fiesta de los Locos”, que se celebraba entre Navidad y Año Nuevo. De esta forma, se inició una nueva tradición que combinaba lo pagano y lo religioso, y que ha llegado hasta nuestros días. La principal finalidad de la fiesta era gastar todo tipo de bromas: desde pegar un monigote de papel en la espalda hasta bromas mucho más sofisticadas y elaboradas.
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En la actualidad, es muy común gastar bromas en ciertos países de habla hispana y del litoral mediterráneo el día 28 de Diciembre, y se mantiene la costumbre de pegar un monigote de papel en la espalda de los ‘inocentes’. En los países anglosajones se celebra una festividad similar el 1 de Abril, que se conoce como “Fool’s Day” (Día de los Locos) y que es una adaptación de la Fiesta de los Locos medieval.
Una de las cosas que caracterizan este día es colgar un muñeco o monigote de papel en la espalda de alguien. A este muñeco también se le conoce como “Llufa” o “Llufes”.

Las llufes son espíritus etéreos, seres de aire o viento, parecidos a las hadas o duendes. La creencia popular es que durante el fin de año las llufes rondan por todas las partes, silenciosas y traviesas, riéndose de la gente inocente, escarneciéndola, preocupándola, etc. Por esto, al muñeco de papel que se cuelga el Día de los Inocentes se le llama también llufa.
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Llufa o llufes

martes, junio 22, 2010

Los diablos, la descendencia de los demonios

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En el principio de los tiempos, un grupo de ángeles se rebelaron contra el poder de Dios. Comandados por un serafín llamado Satanás, se negaron a reconocer al hombre que Dios había creado y por este motivo fueron expulsados de la gloria en la que vivían. Como ellos estaban formados de fuego, Satanás y otros muchos no quisieron someterse a quienes habían sido creados de la tierra. Éste fue el primer acto de soberbia que conoció el mundo; la soberbia los perdió y la soberbia despertó en ellos tal odio por los hombres que juraron vengarse de ellos hasta que llegara el fin del mundo. Desde aquel día, esos ángeles están malditos y sufren condena. Poco a poco, su naturaleza celestial se fue degradando y el mal se apoderó de ellos hasta que quedaron convertidos en demonios de aspecto monstruoso, pero de enorme poder.
Cuando la raza de Adán y Eva comenzó a multiplicarse, los demonios vieron que las mujeres de los hombres eran hermosas y entonces quisieron yacer con ellas para así multiplicar también su estirpe sobre la faz de la tierra. De las uniones que mantuvieron los demonios con algunas mujeres nacieron los diablos, seres de aspecto humano pero de naturaleza demoníaca, siervos de Satanás cuyo único propósito es el de sembrar la discordia.
Los diablos conviven con los hombres, y son los culpables de muchos de los males que éstos padecen. No resulta fácil desenmascararlos, pero algunas personas piadosas sí que han podido ver su monstruoso aspecto, su rabo y sus pezuñas de animal y su mirada amenazante.

lunes, junio 21, 2010

Los querubines, seres celestiales cercanos a Dios

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Según cuenta la Biblia, en el principio de los tiempos Adán y Eva desobedecieron a Dios y se atrevieron a comer el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, que Dios había prohibido. Y cuando esto sucedió, los hombres abrieron los ojos y desde ese día empezaron a tener conocimiento. Entonces, el creador temió que Adán y Eva alargaran también el brazo y tomaran el fruto del árbol de la vida, porque si comían de él vivirían para siempre.
Para castigar su osadía, Dios decidió desterrarlos del Paraíso en el que habían vivido hasta entonces, los arrojó sobre la tierra y los condenó a parir con dolores y a conseguir el alimento con el sudor de su frente. Luego, como no quería que volvieran nunca más al Paraíso, colocó en la puerta a un querubín con una espada de fuego fulgurante, que a la vez que prohibía la entrada guardaba también el camino que conducía al árbol de la vida. Y ya nunca más volvió el hombre a experimentar aquel pacífico deleite.
Pero los querubines son seres bondadosos que a veces adoptan forma humana, y por eso comprenden a los hombres y se compadecen de ellos. Los querubines tienen tres pares de alas, hechas con plumas blancas, y los pintores los han representado como niños cercanos que nos adoptan y nos previenen. Para que los hombres no estén tan desamparados, desde aquel fatídico día los querubines baten sus alas en honor a ellos, y de este batir de alas emana la sabiduría, que nosotros debemos recoger para hacer más soportable nuestra existencia.

viernes, junio 18, 2010

Los arcángeles, intermediarios entre Dios y los hombres

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Hace muchos años vivió en la ciudad de Nínive un hombre muy sabio y muy justo al que, sin embargo, comenzaron a ocurrirle toda clase de desgracias. En pocos meses perdió todo su dinero y en un solo día se quedó ciego. Este anciano se llamaba Tobías y tenía un hijo al que llamaban Tobit.
Un buen día, para recuperar su hacienda, a Tobías se le ocurrió enviar a su hijo a lejanas tierras, donde vivía un viejo amigo al que le había prestado hacía tiempo una suma de dinero considerable. Cuando el muchacho ya estaba a punto de marcharse, un joven se presentó en la casa de Tobías y se ofreció a ayudarles. Se hacía llamar Rafael y parecía muy noble y muy gallardo. Durante el viaje, Tobit terminó de alegrarse de haber aceptado la ayuda de Rafael, pues cada vez que estaban en apuros, éste encontraba la manera de salir ilesos del problema. Aun así, Tobit nunca sospechó que estaba en compañía de un arcángel. En una ocasión les atacó un enorme pez y gracias a los consejos de Rafael lograron pescarlo. Aquella noche lo cocinaron y se lo comieron pero, por consejo del arcángel, conservaron en un frasquito la hiel del animal.
Algunos meses después, cuando regresaron del viaje con el dinero, Rafael le recordó a Tobit el frasco con la hiel, y le sugirió que vertiera su contenido sobre los ojos de su padre. Al punto, Tobías recobró la vista, y lo primero que vio fue cómo el arcángel Rafael volaba por el cielo con sus dos alas blancas. Aquel día, el anciano comprendió que su bondad había sido recompensada.

martes, julio 28, 2009

Leviatán, animal perverso y huidizo

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Para algunos pueblos judíos de la antigüedad, Dios creó a Leviatán y a otros monstruos marinos durante el Quinto Día de la Creación. De entre todos ellos, Leviatán era el más maligno y escurridizo, el más peligroso de todos, y el que tenía mayor poder de destrucción. Según cuentan algunas leyendas, durante varios siglos Leviatán gobernó los océanos e impuso el terror entre los marineros y pescadores. Su cuerpo de serpiente y sus siete cabezas de dragón lo hacían temible y espantoso, y tan grande era el poder que Leviatán estaba alcanzando en el mar, que Dios decidió dormirlo hasta el día del juicio final, cuando dicen que volverá a despertarse la bestia para servir a su señor legítimo. Desde entonces, Leviatán duerme en las profundidades del Océano Índico y, en ocasiones, sus ronquidos provocan fuertes tempestades que hacen que algunos barcos naufraguen y muchos marineros pierdan la vida en el mar.
Y está escrito que el monstruo debe permanecer oculto y olvidado, y que ningún hombre, ni animal, ni bestia debe perturbar su descanso para que el mundo siga existiendo y no regresen los antiguos males que asolaron la Tierra en tiempos aún más terribles que los nuestros.

lunes, junio 22, 2009

Los demonios, ángeles... al servicio del mal

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Cuenta una leyenda que en el origen de los tiempos vivían los ángeles y los hombres en el Paraíso, y todos eran iguales a los ojos de Dios, que no hacía distinciones entre sus criaturas. Ocurrió entonces que la serpiente tentó a los hombres y les mostró el pecado, y ellos comieron de su fruto, por lo que sufrieron castigo. Expulsados del Edén, los hombres se vieron obligados a trabajar la tierra y se multiplicaron sobre ella, llegando a dominar a todas las criaturas.
Desde el cielo, los ángeles contemplaban a los hombres y no podían comprender la debilidad que los había llevado a quebrantar la ley. Incapaces de entenderlos, la corte de los ángeles envió a la tierra a dos de los suyos para que conocieran mejor a los hombres y descubrieran sus secretos. Pero a las tres semanas la reina de Persia los invitó a una cena y allí los tentó con toda clase de placeres.
Al principio, los ángeles trataron de resistirse, pero al final sucumbieron a la tentación y, borrachos por el vino, pasaron la noche con ella. A la mañana siguiente fueron descubiertos por un criado, pero lo mataron antes de que consiguiera delatarlos. Conscientes de lo que habían hecho, y arrepentidos, volvieron rápidamente al cielo, donde fueron juzgados con el mismo rigor que los hombres.
Aquéllos fueron los primeros ángeles caídos, pero con el tiempo les siguieron otros, y cada vez sus delitos fueron mayores. Se degradaron y convirtieron en demonios y, poco a poco, sus tres pares de alas blancas se convirtieron en cuernos, articulaciones deformes en la espalda y pezuñas de animal.

sábado, junio 28, 2008

Los súcubos, espíritus de la tentación

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Entre los años 390 y 459 d. C., vivió un hombre llamado Simeón que más tarde sería canonizado y conocido con el nombre de San Simeón Estilita el Viejo. Fue un asceta sirio que nació en Sisán, una ciudad de lo que hoy es Turquía, y durante muchos años de su vida vivió recluido en un monasterio de Antioquía dedicado al rezo.
De San Simeón se cuentan muchas historias sorprendentes, y muchas de ellas deben de ser falsas o estar exageradas. Pero entre las leyendas que creemos ciertas están las que hablan de los súcubos. De hecho, San Simeón debió de ser uno de los hombres que más tentaciones sufrieron a lo largo de su vida. Dicen que todas las noches un súcubo con apariencia de mujer hermosa se metía en su celda y le impedía dormir. Aquel espíritu de la tentación pretendía por todos los medios a su alcance que Simeón renunciara a sus convicciones y yaciera con ella en la cama. Pero él era un hombre devoto y entregado por completo a la oración. Y cuanto más le suplicaba Simeón que se marchara, más interés tenía el súcubo en él.
Entonces, para librarse de este espíritu, a Simeón se le ocurrió una idea que después fue imitada por otros muchos ascetas. Abandonó la comodidad de su celda y en el año 423 se subió a un pilar de dieciocho metros de altura y desde allí comenzó a predicar hasta el fin de sus días. Treinta años pasó Simeón Estilita subido en aquel pilar, día y noche, hiciera calor o frío, alimentándose de lo que le llevaban las buenas gentes del lugar.
Y cuentan que ni un solo día dejó de tentarlo el súcubo desde abajo.

viernes, febrero 01, 2008

Crónicas, Esdras y Nehemías

Los dos libros de las Crónicas resultan aburridos porque repiten los libros anteriores (Samuel y Reyes), añaden pocas cosas nuevas y ponen un especial énfasis en ensalzar la figura de David por encima del resto de reyes, incluso, aunque no llegan a atribuirle la construcción del templo de Jerusalén, hablan de David como el que hizo todos los preparativos para que Salomón levantara el templo.
Las Crónicas terminan con el Edicto de Ciro, rey de Persia, por el que todos los israelitas pueden volver a sus tierra y reconstruir Jerusalén.
Esdras, sacerdote, y Nehemías, gobernador, hablan en primera persona de la reconstrucción del templo de Jerusalén, su muralla y ratifican la ley de Moisés.
La mayoría del pueblo de Israel había vuelto del exilio de Babilonia y tenían permiso para reconstruir el templo de Jerusalén. Los israelitas, el mando de unos pocos sacerdotes, consiguen reconstruir el templo y hacer las primeras ofrendas, pese a la oposición de los jefecillos locales. Con Nehemías se levanta la muralla y se lee la ley ante todo el pueblo.

viernes, enero 25, 2008

Samuel y Reyes

Quizás, hasta ahora, las que considero como mejores historias bíblicas, de todo lo que me he leído, están incluidas en estos libros: se trata de las vidas de David y Salomón.

Los dos libros de Samuel constituyen los principios de la monarquía y sientan sus bases, lo que significa la unión de todas las tribus en una unidad política y religiosa bajo el mando de un rey legítimo.
Habría tres etapas: la época de Samuel y de los últimos jueces, la elección del primer rey, Saúl, y el asentamiento de la monarquía con el reinado de David.

Había un hombre, Elcaná, que tenía dos mujeres. Una de ellas, Ana, era estéril. La esposa maldita rogó a Dios para que le diera un hijo y se lo consagraría a Él. Dios escuchó sus lamentos y le dio un hijo de nombre Samuel.
Su familia iba todos los años a ofrecer a Dios un holocausto a Siló. Cuando Samuel era un niño, le dejó allí, al cuidado del sacerdote Elí. Mientras que los hijos de Elí eran impíos y se comían las ofrendas de los israelitas, Samuel, consagrado al Señor desde antes de nacer, era fiel y de corazón puro. Dios le habla y le convierte en un profeta sabio.
Los filisteos siguen acosando a los israelitas, incluso llegaron a robarles el arca de la alianza, que tuvieron que devolver por las desgracias que causó entre los filisteos.
Samuel se convierte en libertador, venciendo a los enemigos que oprimen al pueblo de Israel, con la ayuda de Dios. Los hebreos vuelven la fe hacia Dios y siempre preguntan a Samuel, que es sacerdote y juez. Pero el pueblo necesita un rey como guía, a pesar de que Samuel les dice que el único rey es Dios.
Dios elige a un hombre de la tribu de Benjamín, Saúl. A través del rey el pueblo luchó contra los filisteos y otros pueblos de alrededor. Saúl guió a su pueblo en las batallas contra los pueblos vecinos. Su peor contrincante era Amalec. Samuel le dijo a Saúl que vencería a su enemigo, pero debía consagrar la batalla al exterminio, es decir, ofrecer todo el botín a Dios y matar a todos los habitantes. Sin embargo, Saúl solo consagró lo de menos valor, repartiendo entre el pueblo el mejor ganado y las joyas, y convirtiendo en esclavos a los amalecitas. Con este pecado, Dios le rechazaría para siempre, aunque siguió como rey. Samuel también se distanció de él.
Entonces el Señor dijo a Samuel que fuera a Belén, a casa de Jesé, de la tribu de Judá, y ungiera al hijo que le dijera. Ése sería el próximo rey. Jesé fue presentando a todos sus hijos, pero ninguno de ellos era el elegido por Dios. El pequeño cuidaba de los rebaños y esperaron a que llegara. Se llamaba David, que aparte de pastor tenía un don especial para tocar el arpa.
David toca el arpa para Saúl, Rembrandt.
David llegó incluso a estar al servicio del rey, que padecía fuertes dolores por su pecado, y le tocaba el arpa para tranquilizarle. Saúl seguía combatiendo a sus enemigos y David seguía cuidando de los rebaños mientras sus hermanos mayores estaban en la guerra. Pero siempre que podía David iba a ver si sus hermanos se encontraban bien.
En esto salió un héroe filisteo de la raza de los gigantes retando a los valientes de Israel a que lucharan contra él, en vez de enfrentarse todos. Nadie se atrevía a enfrentarse al gigante. Entonces llegó David y observó a Goliat. El muchacho pidió al rey que le dejara enfrentarse contra él. Nadie esperaba que el joven David venciera a Goliat. Cuando el muchacho se acercó al gigante, sacó su honda y le incrustó una piedra en la frente, acabando con Goliat. Los filisteos, viendo caído a su héroe, huyeron.
David y Goliat, Caravaggio.
David, progresivamente, se fue convirtiendo en el líder indiscutible de los ejércitos del rey. Era el favorito entre las mujeres y todos le adoraban. Se hizo amigo del primogénito de Saúl, Jonatán, cuya amistad no se rompería nunca. El rey, a quien Dios le había dado la espalda, comenzó a envidiar a David y mandó perseguirle para asesinarle. Pero no lo consiguió. David tuvo dos veces la oportunidad de matar a Saúl, pero se dio cuenta de que estaba ungido y no mancharía sus manos con la sangre de un elegido del Señor. David, junto a sus seguidores, salieron huyendo hasta la tierra de los filisteos, donde se asentó en un pueblo y acosaba a los habitantes filisteos, mientras al rey filisteo le decía que sus incursiones eran a los judíos.
En una batalla entre filisteos e israelitas, murieron Saúl y Jonatán. Nada impide a David volver a su tierra y proclamarse rey. Tiene los apoyos del pueblo, de los sacerdotes y del ejército. Una de sus conquistas más importantes fue la de Jerusalén. Consiguió la ciudad y se trasladó a ella, convirtiéndola en capital de su imperio. David consiguió unir a las tribus de Judá, al sur, y de Israel (formada por el resto de las tribus), al norte, bajo su mando. El arca fue trasladada a Jerusalén, pero Dios no le dejó construir un templo, a cambio, la dinastía de David duraría eternamente. David tuvo una gran descendencia. Luchó contra las tribus extranjeras de las fronteras durante toda su vida.
Un día, al llegar a Jerusalén, encontró a una mujer muy bella bañándose. Se llamaba Betsabé, pero era casada. David se encaprichó de ella y se acostaron juntos. El pecado aumentó cuando la mujer le dijo que había quedado encinta. David mandó a buscar a Urías, el esposo de Betsabé, para que fuera a su casa y yaciera con su esposa, pero el hombre no fue. Finalmente le mandó a la primera línea de la batalla. Betsabé quedó viuda y David la tomó por esposa. Dios castigó a David. Ese hijo moriría y en su familia siempre habría alguien que alzaría su espada contra un hermano. Oró a Dios, que le dio otro hijo de Betsabé: Salomón (Yeddías, el “amado del Señor”).
El castigo se cumple entre los hijos de David. Amnón, el primogénito, se enamora de la hermana de Absalón, segundo hijo de David. La viola y la desprecia. Absalón se venga y huye de su padre. Aquí empiezan las batallas por la sucesión. Absalón se ha ganado el favor de la tribu de Israel, mientras que el hijo tarado de Jonatán, único que queda vivo de la familia de Saúl, quiere ascender al trono. David huye de Jerusalén con sus mujeres, dejando a diez concubinas al cuidado de su palacio. Absalón se proclama rey del pueblo de Israel, pero le falta lo imprescindible: el apoyo de Dios. El ejército de David lucha contra los israelitas al mando de Absalón. El jefe de la tropa de David acaba con Absalón. Las tribus de Judá e Israel piden a David que vuelva como rey. Aquí comienza una etapa de paz y tranquilidad.

Los dos libros de los Reyes se dividen en varias partes: la época de esplendor del rey Salomón, la división del reino en dos, el Norte (Israel) y el Sur (Judá) y la expulsión de los israelitas de su tierra por haber desobedecido las órdenes de Dios y haberse pervertido con dioses extranjeros.

David estaba a punto de morir cuando Betsabé acudió a su lecho, acompañada del profeta Natán, para que se proclamara a su hijo Salomón como rey del pueblo de Dios. David le hizo prometer a Salomón que no se desviaría de la ley de Dios y que acabaría con todos los enemigos que habían salpicado de sangre los pies del rey.
Salomón, Gustave Doré.
Salomón fue un rey justo y sabio. Nada más ocupar el trono de su padre, el Señor se le apareció en sueños y le dijo: “Pídeme lo que quieras y yo te lo concederé”. Salomón no pidió riquezas ni poder, solamente quiso la sabiduría como virtud para gobernar en un pueblo tan extenso. Dios no solo le ofrecería sabiduría para regir sino que colmaría su tierra de riquezas como jamás se había visto. Salomón era tan sabio que los reyes de otros países le admiraban por ello. Se casó con la hija del faraón de Egipto y casi todas las esposas que tomó fueron extranjeras. Bajo su reinado, tal y como Dios había predicho por boca de los profetas, se construyó el templo de Dios, que acogería el arca de la alianza con las tablas de la ley. Salomón acabó con todos los enemigos de su padre y con los enemigos extranjeros. Le pagaban tributos e hizo pactos con países limítrofes.
El templo de Salomón en Jerusalén.
Un ejemplo de sabiduría es el de las dos prostitutas que habían tenido sendos hijos: uno había nacido muerto, el otro vivo. Las dos reclamaban al bebé vivo como propio. Salomón mandó traer una espada para partir en dos al niño y repartirlo entre las dos madres. Entonces la madre verdadera, viendo la suerte que podía tener su hijo, dijo que se lo dieran a la otra, pero que no le mataran.
Al final del reinado, Salomón pecó contra Dios. Al casarse con mujeres extranjeras, introdujo en Jerusalén cultos paganos. El rey construyó altares a otros dioses y Dios se enfadó. Le castigó diciendo que le quitaría el reino a uno de sus hijos y se lo daría a uno de sus criados. Jeroboán, un obrero que había trabajado en el templo, se sublevó contra Salomón y reinó sobre el Norte, Israel, cuya capital era Samaría.
Los dos reinos: Israel, al Norte, y Judá, al Sur.
A la muerte de Salomón, los dos reinos israelitas estuvieron enfrentados durante siglos. Mientras en el Sur, Judá, con capital en Jerusalén, los reyes duraban más en el poder y eran todos descendientes de David, en el Norte los reyes se suceden a cada poco tiempo, la mayoría asesinados por súbditos que se colocan la corona en la cabeza. Los reyes de Israel adoraban a dioses paganos, por eso Dios les castigó primero poniéndoles en manos de sus enemigos. Los profetas, como Elías y Eliseo, tenían tal poder milagroso que todo lo que salía de su boca se cumplía: llegaron incluso a devolver la vida a varias personas.
Samaría llevaba años acosada por el ejército sirio. Finalmente, cayó a manos del rey sirio, que reclutó a los israelitas como esclavos y se llevó todas sus riquezas. Después se propuso atacar el reino de Judá.
Ezequías y Josías, últimos reyes que alabaron a Dios en Judá, asistidos por el profeta Isaías, intentaron que el reino no se desmoronara. Josías encontró el libro del Deuteronomio y limpió el país de impíos e infieles, pero era demasiado tarde. Jerusalén estaba destinado a perecer. Finalmente, los últimos reyes hicieron cultos paganos. Nabucodonosor, rey de Babilonia, entró en Judá y destruyó el templo. Es la caída de Jerusalén. Los de Judá son enviados al destierro y se convierten de nuevo en apátridas.

jueves, enero 24, 2008

Josué y Jueces

Los Libros Históricos, los Profetas en hebreo, constituyen la lectura del proyecto divino dentro de la historia. Estos libros son: Josué, Jueces, Samuel, Reyes, Crónicas, Esdras, Nehemías, Macabeos, Tobías, Ester, Judit y Rut.

El Libro de Josué se basa en una idea fundamental: la conquista de la tierra no pudo ser obra únicamente del pueblo de Israel, sino que es un regalo que Dios hace a su pueblo.
El pueblo de Israel va a cruzar el Jordán y cuando el arca llega a la orilla, el cauce del río se seca ante el paso de los israelitas. Este hecho se relaciona con el prodigio del mar Rojo y cierra el ciclo del exilio.
Josué, sucesor de Moisés, conquista toda la Tierra Prometida con ayuda de Dios. Proclama la consagración al exterminio, por la que el botín íntegro de la primera ciudad conquistada, Jericó, es una ofrenda a Dios y todos los ciudadanos anteriores son pasados a cuchillo. Se pone en énfasis no ser pervertidos por los dioses de otros pueblos que convivirán en la misma región.
La batalla de Jericó.
La generación que entra en la Tierra Prometida es fiel a Dios, y gracias a esa fe conquistará toda la tierra.
Después de la conquista, se reparte por suertes el territorio. Josué es viejo y sabe que su final está cercano. Así que exhorta al pueblo a seguir el mandato divino. Poco después muere en la ciudad que había tomado como posesión.

El Libro de los Jueces habla de doce libertadores o héroes: seis “jueces mayores” y seis “jueces menores” (estos últimos solo los nombra). Todas las historias siguen el mismo esquema: el pueblo de Israel peca, Dios le castiga, el pueblo clama a Dios y el Señor elige un hombre que salve a los israelitas. Dejando aparte a Otoniel, Eud, Sangar, Débora y Barac, Tola y Yair, Ibsán, Elón y Abdón, cabe destacar las acciones de tres jueces: Gedeón, Jefté y Sansón.

Gedeón estaba en el campo trabajando cuando el ángel de Dios se le apareció para anunciarle que sería el libertador del pueblo, acosado por las tribus de los alrededores por adorar a dioses paganos. Gedeón destruyó el altar a otros dioses y levantó uno en honor a Dios. De todos los hombres de armas, eligió 300 y rodeó el campamento enemigo de noche haciendo tal ruido que crearon una confusión tal que se asesinaron entre ellos.
Salvado Israel del peligro de sus enemigos, el pueblo propuso a Gedeón ser rey, pero él rechazó la oferta. Mientras fue juez el pueblo fue fiel a Dios.

Jefté era hijo de una prostituta. Sus hermanos le habían echado de la casa del padre y había tenido que huir lejos de su ciudad. Era un forajido. Cuando su ciudad se vio acosada por enemigos, los ancianos le llamaron y pactaron con él para que luchara contra los enemigos. Jefté es fiel a Dios y le da su palabra de que si ganan a sus enemigos le ofrecerá en sacrificio a la primera persona que, tras la batalla, salga de su casa para recibirle. Los israelitas al mando de Jefté echan a sus enemigos de la región. Al volver a casa, la única hija de Jefté es la primera que sale a recibirle. Y él cumple su promesa a Dios.

La madre de Sansón era estéril pero el ángel de Dios se le apareció para anunciarle que tendría un hijo consagrado a Dios, por lo que debía comer alimentos puros y cuidar de que su hijo no bebiera vino ni se cortara el pelo. La región donde nació Sansón hacía frontera con los filisteos, pueblo pagano.
Sansón tenía una fuerza descomunal, pero su inclinación por las mujeres era superior. Se casó con una filistea que enseguida le engañó. Sansón acosaba a los filisteos y les mataba, mostrando su fuerza. Conoció a Dalila y se encaprichó de ella. Los filisteos le pidieron a la mujer que sedujera a Sansón y descubriera el origen de su fuerza.
Sansón y Dalila, Francesco Morone.
Sansón el dijo que estaba en el pelo: si se cortaba el pelo no podría hacer uso de su fuerza. Ella le cortó el pelo y los filisteos le apresaron. Le sacaron los ojos y decidieron ofrecerle en sacrificio al dios que adoraban.
Pero los filisteos no se dieron cuenta de que el pelo de Sansón había crecido mientras estaba encerrado. Le apoyaron en una columna y él, haciendo una oración a Dios, arrancó la columna y la tiró hacia donde estaba el pueblo clamando. Sansón murió en la destrucción de aquel templo junto a muchísimos filisteos.

Como apéndices, se cuentan unas historias entre las que cabe destacar que las tribus israelitas se enfrentaron a la tribu de Benjamín.
Un levita se había casado con una mujer. Al poco tiempo, ella volvió a casa de su padre y él fue a buscarla. En el viaje de vuelta se detuvieron en una ciudad benjaminita. Nadie les ofreció refugio ni las posadas se abrieron para ellos. Se disponían a dormir en la plaza cuando un anciano les ofreció su casa para pasar la noche. Cuando llegaron, hombres aporrearon la puerta pidiendo divertirse con el levita. Éste les entregó a su mujer, a la que violaron y asesinaron. Cuando el levita salió, recogió su cuerpo y se lo llevó a casa. Partió el cuerpo de la mujer en doce trozos y se los envió a cada una de las tribus, pidiendo venganza. Las tribus se reunieron y lucharon contra la tribu de Benjamín, a la que dejaron sin mujeres, que luego raptarían de ciudades israelitas que no se habían presentado en la batalla.
Es importante esta anécdota porque significa la fragmentación de las tribus con el rechazo de una de ellas, de la que después se compadecen.

martes, enero 22, 2008

Levítico, Números y Deuteronomio

Los tres últimos libros del Pentateuco forman un compendio de leyes que reafirman la alianza entre Dios y el pueblo elegido, Israel.

El Levítico se resume en una frase: “Sed santos, porque yo el Señor, vuestro Dios, soy santo” (Lv 19, 2). Toma su nombre de la santidad, algo que incumbe solo a los sacerdotes, que son los descendientes de Leví. En hebreo, este libro lleva el título de Wayyiqrá (“Y llamó”).
En el exilio, la comunidad judía se convirtió en una comunidad religiosa, donde los doctores laicos y los sacerdotes se encargarían de llevar a cabo la Ley, según el precepto divino.
El Levítico, el libro de los descendientes de Leví, está formado por un conjunto de normas y rituales que han sido elaborados dentro de la tradición sacerdotal. Este conjunto de leyes se divide en cuatro cuerpos:
- Las que se refieren a los diferentes tipos de sacrificios y ofrendas, y las rigurosas disposiciones con que debían celebrarse.
- Las que tienen que ver con la investidura sacerdotal de Aarón y sus hijos. Dos de sus hijos murieron por no hacer las ofrendas en condiciones.
- Las que se refieren a la pureza e impureza ritual, en lo que concierne a los alimentos, al parto, a la lepra (aquí referida a cualquier enfermedad contagiosa) y a la impureza sexual del hombre y la mujer. Existía el día del Gran Perdón (Yom Kippur).
- La ley de santidad. Todos los israelitas deben intentar ser santos porque Dios es santo.

Monte Sinaí.
Números debe su nombre a la cantidad de números y censos que hay a lo largo de todo el libro. Su título en hebreo va más acorde con el tema: “Bemidbar” ("En el desierto"), ya que habla de los 40 años que, como castigo por su deslealtad a Dios, los judíos vagaron por el desierto.
Se divide en tres partes, según las zonas geográficas:
- En el Sinaí. Se nombran doce jefes que representen a cada tribu, y se hace un censo. La tribu de Leví, destinados al sacerdocio, tiene un tratamiento especial.
- Entre el Sinaí y los llanos de Moab. Los israelitas siguen quejándose del desierto y de Dios. Incluso llegan a dudar de Él y se lo reprochan a Moisés y Aarón.
La ingratitud y la infidelidad el pueblo hacen que Dios les castigue vagando por el desierto, de tal forma que solo sus hijos verán la Tierra Prometida. También Moisés y Aarón que dudan un momento morirán a las puertas. Las excepciones son Caleb y Josué.
Muchos israelitas mueren en el camino como causa de la deslealtad a Dios.
- Los llanos de Moab, a las puertas de la Tierra Prometida. Aparece el profeta Balaán para maldecir a los israelitas, pero de su boca solo salen bendiciones. El pueblo de Dios debe luchar contra los diferentes pueblos asentados en la zona de Canaán.
Se establecen una serie de leyes para distribuir la tierra que pasará a manos del pueblo de Israel.
Moisés va a morir a las puertas, pero Dios le dejará ver desde lejos la Tierra Prometida. Ha dejado como sucesor a Josué.
Todos los que van a entrar en la Tierra Prometida son la segunda generación de aquellos que salieron desde Egipto.
Entre los relatos se intercalan numerosas leyes, muchas de las cuales se repiten del libro anterior.

Vista aérea de la Tierra Prometida.
Con el Deuteronomio acaba el grupo de libros del Pentateuco. Su nombre significa “Segunda Ley”, es decir, es el Libro de la Ley, donde Moisés hace un compendio de todos los códigos anteriores, poniendo especial énfasis en el Decálogo. En hebreo se titula “Éstas son las palabras”, pues así es como empieza el libro.
Al terminar el Pentateuco, y mirándolo desde una perspectiva general, cabe destacar por encima de todo la figura el Moisés, el hombre de confianza de Dios, el gran profeta. Nunca ha habido después un hombre que hablara “cara a cara” con Dios, tal y como ocurrió con Moisés (el caso de Jesucristo es diferente). Está claro que el profeta es del vital importancia para Israel y, además, pone las bases para la organización futura en la Tierra Prometida. Solo hay que observar que mientras en el primer libro del Pentateuco, el Génesis, cientos de años pasan rápidamente y las acciones son breves y veloces, Moisés es la figura principal de los otros cuatro libros. Esto deja bastante clara la importancia del profeta.
El Deuteronomio es la “despedida” de Moisés. En los llanos de Moab, junto al río Jordán, Moisés sabe que su final está cerca y, tal como le dijo el Señor, él no entraría en la Tierra Prometida. Así que el profeta hace un discurso para el pueblo donde compila lo anterior. En ese vasto discurso, Moisés recuerda la liberación de Egipto, la llegada al Sinaí y la ratificación de una alianza y una Ley que ahora vuelven a reafirmarse. Recuerda a los que murieron por haber dudado de Dios. Recuerda los 40 años que pasaron en el desierto. Después de haber echado un vistazo atrás, vuelve a repetir todo el código de leyes.
Israel ahora está unificado por un mismo Dios, un mismo pueblo, un mismo santuario, una misma ley y poseerá una misma tierra. Su sucesor, Josué, se convertirá en el guía que hará cumplir la Ley de Dios. Moisés se despide, dando su bendición a las doce tribus, o lo que es lo mismo, a todos los israelitas. Dios le concede una última gracia: subir al monte Nebo y contemplar desde allí la Tierra Prometida. Moisés muere en la cima del monte.

sábado, enero 19, 2008

El Éxodo

"Entonces Dios dijo a Moisés: Irás a Egipto y sacarás de allí a mi pueblo, Israel" (Ex 3, 10).

El segundo libro del Pentateuco, como bien dice su título, es una salida. En hebreo se llama El Libro de los Nombres (porque comienza con "Estos son los nombres"). El inicio del libro enlaza con el final del Génesis, haciendo una genealogía de las tribus de Israel que se asentaron en Egipto bajo la protección de José. Los israelitas se fueron extendiendo y su descendencia era numerosa.

El Éxodo está dividido en tres partes bien diferenciadas: los israelitas son liberados de la esclavitud egipcia, la estancia en el desierto hasta llegar al monte Sinaí y la alianza y la ley que legitiman al pueblo de Israel como el elegido.

Moisés y la Ley.
Pasaron los siglos y los israelitas se habían extendido tanto que a los egipcios les entró miedo y fueron a quejarse al faraón. Éste tomó medidas para que el pueblo de Israel no siguiera expandiéndose, pero no funcionaron. Llegó incluso a obligarles que echaran al río Nilo a todos los niños varones. Un hombre fabricó una cuna de junco y metió en ella a su bebé. La hija del faraón lo recogió y lo llamó Moisés, "salvado de las aguas".
A medida que Moisés va creciendo, ve con sus propios ojos la injusticia del faraón. Sale en ayuda de los indefensos y un día mata a un capataz, por lo que se ve obligado a huir al desierto, donde encuentra a una familia de pastores, que le acogen, y se casa con una de las mujeres, Séfora.
Un día, estaba apacentando un rebaño cuando vio una zarza que ardía pero no se quemaba. Se acercó y Dios le habló de su misión: Debía sacar de la esclavitud al pueblo elegido. Debía acompañarle su hermano Aarón.
Cuando Moisés fue al encuentro del faraón, éste no dejó salir de Egipto a los israelitas, que le daban mano de obra barata para sus monumentos. Les presionó más. Volvieron muchas veces a presentarse ante el faraón para pedir la liberación de los israelitas, pero el rey era obcecado. Después de que el cayado de Moisés, convertido en serpiente, se comiera los cayados de los magos egipcios, comienzan una serie de prodigios, con los que el Dios de los israelitas muestra su grandeza y Egipto clama al cielo. Son las plagas que solo afectaron al pueblo egipcio, dejando ilesos a todos los israelitas: el agua del Nilo se convierte en sangre, la plaga de ranas, la plaga de mosquitos, la plaga de tábanos, la peste sobre el ganado, las úlceras, la tormenta de granizo, la plaga de langostas, las tinieblas. Pese a todo el sufrimiento y el dolor ocasionado en Egipto, el faraón sigue en sus trece. Entonces llega la décima plaga. La noche de Pascua todas las familias israelitas conseguirán un cordero que cenarán en sus casas. Con la sangre del animal recubrirán las jambas y el dintel de las puertas. A eso de la medianoche, Dios pasaría por Egipto y mataría a todos los primogénitos de hombres y animales, excepto en las casas que tuvieran sangre de cordero en su puerta. Esto incluía al hijo del faraón, que terminó expulsando a los israelitas de Egipto. Moisés lleva con ellos los huesos de José. Una columna de nubes les guía en su marcha por el día, y por la noche es una columna de fuego la que les marca el camino.
El faraón se arrepiente de haber dejado libres a los israelitas y marcha con su ejército en su persecución. Los israelitas llegan a la orilla del mar Rojo, cuyas aguas se abren a su paso. Los egipcios les persiguen, pero perecen todos tras cerrarse las aguas del mar sobre ellos.
Las aguas del mar se abren ante el paso de Moisés y los israelitas.

El pueblo liberado es desleal y poco creyente. Enseguida pierde la fe en Dios. Los israelitas saben que Moisés es el intermediario y se comunica con el Dios que les ha elegido. Pese a todo lo que ese Dios ha hecho por ellos, Israel se rebela con bastante frecuencia.
Moisés hace manar agua de una roca, Bacchiacca.
El Dios providente les da agua, codornices y maná para que el pueblo sobreviva en el desierto. Todos los días cada uno recogía lo necesario para alimentarse. En el desierto, Moisés toca con su cayado una roca y sale agua. Sin embargo, los israelitas se lamentan porque en Egipto estaban seguros. Durante 40 días y 40 noches, el pueblo vagó por el desierto. Cerca del Sinaí, aparece el suegro de Moisés, que le habla de la necesidad de crear un cuerpo de jueces, para que Moisés se libere del peso de juzgar únicamente él.

Moisés en el monte Sinaí.
En el Sinaí, Moisés se reúne con Dios, que le propone una alianza entre Él y su pueblo. Allí le da las tablas de la Ley, donde viene incluido el decálogo, y le hace partícipe de un Código de la alianza, con leyes que van desde la construcción de una morada para Dios hasta cómo deben ser las vestiduras de los sacerdotes (Aarón y sus hijos). Exige, en recuerdo a la creación, que el séptimo día no se trabaje, pues ése es el día dedicado al Señor.
Como viera el pueblo que Moisés tardaba mucho en bajar del monte, se rebela de nuevo. Aarón pide el oro de sus joyas y forja un becerro de oro, que los israelitas proclaman y adoran como su Dios. Celebran una gran fiesta y Dios, decepcionado, le pide a Moisés que baje y vea. La adoración de un ídolo pagano supone la ruptura de la alianza con Dios. Moisés rompe las tablas de la Ley y se encara con Aarón, que ha permitido tal cosa.
Moisés rompe las tablas de la Ley, Gustave Doré.
Moisés sube al monte y pide a Dios que no castigue a su pueblo. También le pide que le deje ver su gloria y Moisés verá la espalda de Dios. Finalmente, Dios les da la oportunidad de otra alianza, que será más somera que la primera, y Moisés escribe en unas tablas los preceptos que le dice Dios. Construyen un altar y el pueblo se da cuenta de que la gloria de Dios se refleja en el rostro del profeta.
Moisés, José de Ribera.

"Entonces la nube cubrió la tienda del encuentro y la gloria del Señor llenó la morada" (Ex 40, 34).

jueves, enero 17, 2008

El Génesis

Leer la Biblia es absolutamente enriquecedor, no solo en el sentido religioso, sino en el histórico. Cuando terminé de leer el libro de Joseph Ratzinger, quería ver sus explicaciones con mis propios ojos. Así que adquirí una Biblia, asegurándome de que estuviera comentada, con introducciones históricas a cada período y a cada libro.
Y la leo, pero no como siempre me enseñaron, sino desde un punto de vista histórico, intentando buscar el simbolismo y el significado de las historias que se cuentan ahí. La leo como una novela más.

La primera parte del Antiguo Testamento está formada por cinco libros, en lo que se conoce como el Pentateuco. Es lo que los hebreos llaman Torá, que corresponde con la antigua ley judía. Esos cinco libros son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
Se consideró a Moisés el autor primigenio, pero lo cierto es que debido a las diferentes versiones, con muchas repeticiones y anacronismos, se sabe que fueron muchos los autores que pusieron su granito de arena y que su escritura es de diversas épocas.

El primer libro del Pentateuco es el Génesis (“nacimiento, creación, origen”), en hebreo Bereshit, que significa “En el principio” (los libros en hebreo toman como título la primera palabra del comienzo de cada libro). Está dividido en dos partes bien diferenciadas: la creación del mundo y las vidas de los patriarcas. Los temas principales y conocidos son:
La creación de la luz, Gustave Doré.
- La creación del mundo de la nada. Dios crea el mundo en seis días, dejando el séptimo para descansar.
- La creación del hombre como hijo de la tierra (adama), dándole como nombre Adam. Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Adán pone nombres a todas las criaturas del mundo, pero Dios se da cuenta de que necesita una compañera. Le hace entrar en un sueño profundo y de su costilla crea a la mujer.
- El hombre y la mujer son colocados en el huerto del Edén. Dios les dice que pueden coger frutos de todos los árboles, excepto del Árbol del Conocimiento, colocado en el centro del Edén. La serpiente, considerada como el animal más astuto, convence a la mujer para que pruebe el fruto prohibido, pues al hacerlo será como Dios. La mujer ve que no ocurre nada malo y convence a Adán para que lo pruebe. En ese momento, hombre y mujer sienten vergüenza de su desnudez.
Adán y Eva, Alberto Durero.
- Dios, al comprobar lo que han hecho, castiga a la serpiente a arrastrarse para siempre y a la mujer a padecer dolores durante el parto y a estar sometida por el hombre. Adán es condenado a trabajar la tierra con el sudor de su frente. Son expulsados del Edén. Se le dota a la mujer el nombre de Eva, “Vitalidad”, la madre de la vida (de los seres vivos).
- Adán y Eva tienen dos hijos: Abel y Caín. Caín, el primogénito, es agricultor, mientras que su hermano se dedica al pastoreo. Los dos hacen ofrendas a Dios y el Señor tiene preferencia por los corderos que le ofrece Abel. Caín, cegado por la envidia, lleva a su hermano al campo y allí lo asesina. Dios le condena a vagar por el mundo como un forajido, pues el campo ya no le dará sus frutos.
Caín conduciendo a Abel a la muerte, James Tissot.
- Mientras Adán multiplica su descendencia (tal y como viene diciendo Dios desde el principio de los tiempos: “Creced y multiplicaos”), Adán y Eva tienen un tercer hijo: Set. Desde los descendientes de Caín y Set hasta Noé se habla de una amplia genealogía, donde se nombran las edades de los primeros hombres, que vivían cientos de años (tal es el caso de Matusalén, que murió a los 969 años).
- Tras varias generaciones, en las que los hombres se van extendiendo tan rápidamente como el pecado, llega Noé. Es el único hombre fiel a Dios en un mundo donde la semilla del pecado ha arraigado tan bien. Dios toma una decisión y le dice a Noé que construya un arca (un edificio flotante con techo) y meta allí a su familia y una pareja de cada animal, además de las provisiones. Durante 40 días y 40 noches, el agua del cielo se unió con el agua de la tierra y se exterminó a todo ser viviente, excepto a aquellos que estaban dentro del arca: es el diluvio universal. Dios prometió no hacer jamás nada parecido, y en señal de su alianza con Noé colocó un arco en el cielo (que aparece siempre después de haber terminado de llover).
- Cuando el arca se posó en la tierra, Noé plantó la primera viña y con el primer vino se emborrachó. Tenía tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Cuando le vio borracho Cam, fue a decírselo a sus hermanos sin hacer nada, pero Sem y Jafet ayudaron a su padre, que maldijo a Cam. De los hijos de Noé, vuelve a desprenderse una nueva genealogía que puebla otra vez la tierra. De los descendientes de Sem llegamos hasta Abram, el primer patriarca.
- La torre de Babel. Los hombres, que hablaban la misma lengua, pretendían construir una torre que llegara al Cielo. Cuando Dios se dio cuenta de lo que pretendían hacer, obró para que no se entendieran, y éste es el comienzo de las diferentes lenguas, de los diferentes pueblos y de los diferentes países.
La torre de Babel, Brueghel.

La segunda parte del Génesis tiene como protagonistas a los primeros patriarcas: Abrahán, Isaac y Jacob, con sus hijos.
- Dios dice a Abram que salga de su tierra y vaya hacia Canaán. Coge a su mujer, su sobrino Lot, sus criados y su ganado y vaga por el desierto en busca de la tierra prometida por su Dios. Se asienta en Hebrón y Lot se separa de él, instalándose cerca de Sodoma. Estallan las luchas entre los reyes de la zona y secuestran a Lot. Abram busca a su sobrino y vence a los reyes. Se le considera un héroe.
- La preocupación principal de Abram y su esposa Saray es la de tener un hijo. Son cada vez más ancianos y la fe en Dios, que les ha prometido descendencia, se tambalea. Saray le ofrece a su marido a su criada Agar, con la que tiene un hijo, Ismael. Es un nombre elegido por Dios, y a su vez, cambia el de Abram por Abrahán y el de Saray por Sara. Dios hace una alianza con Abrahán por la que todos los varones, por su fe en Él, deben ser circuncidados a los ocho días de nacer.
- Había llegado a oídos de Dios que las ciudades de Sodoma y Gomorra estaban llenas de pecadores. Tres ángeles enviados por Dios avisan a Abrahán de la inminente destrucción de esas ciudades. Abrahán intenta impedirlo. Cuando los ángeles llegan a Sodoma, Lot les abre las puertas de su casa. Ellos le dicen que debe huir sin mirar atrás. Ante la mofa de sus criados, Lot coge a su esposa y a sus hijas y sale de la ciudad. Pero la esposa de Lot mira hacia atrás, convirtiéndose en estatua de sal. A lo lejos, el fuego de la destrucción acaba con Sodoma y Gomorra.
- Lot y sus hijas se han refugiado en una cueva, lejos del fuego celestial. Como las hijas temen no tener descendencia, emborrachan a su padre y las dos yacen con él, teniendo un hijo cada una, Moab y Ben-Amí, origen de los moabitas y los amonitas, pueblos malditos por el incesto cometido.
- Por fin llega el hijo prometido a Abrahán y Sara: Isaac. La esposa, celosa del hijo de la criada, le pide a su marido que eche de su casa a Agar e Ismael. Abrahán le pregunta a Dios qué debe hacer y Dios le dice que haga caso a su mujer. Agar recorre sola el desierto con su hijo, pero Dios se apiada de ellos, dándoles agua para seguir viviendo.
- Dios pone a prueba la fe de Abrahán: le pide que sacrifique a su único hijo en su nombre. Abrahán está en un dilema, pero su fe en Dios es fuerte y decide sacrificar a Isaac en nombre de Dios. Cuando está a punto de clavarle un puñal, un ángel intercede para que no se lleve a cabo el sacrificio.
Abrahán presenta a Isaac en sacrificio, Andrea del Sarto.
- Sara muere y Abrahán compra una cueva para utilizarla como sepulcro. Sabiendo que su final está cerca, le pide a su más fiel criado que acuda a la región donde vive su familia y busque una esposa para su hijo Isaac.
- El criado llega a un pozo y, orando a Dios, le dice que aquella mujer que le ofrezca agua para él y sus camellos, será la esposa que anda buscando. Se acerca Rebeca, y le ofrece agua para él y para sus camellos. Él pide alojamiento en su casa y explica la historia que le ha llevado allí. Rebeca accede a casarse con Isaac y deja el hogar junto al criado de Abrahán. El patriarca tomó otra mujer, con la que tuvo más hijos. Y finalmente murió. Isaac le enterró en la cueva donde habían sepultado a Sara.
- Isaac y Rebeca tuvieron dos hijos gemelos: Esaú y Jacob. Esaú era el primogénito por haber salido primero. Mientras éste se dedicaba a la caza y era el preferido de su padre, Jacob era pastor y era el favorito de la madre. Los dos hijos representan a los pueblos de Edom e Israel. Por una comida, Esaú vende sus derechos de primogénito a Jacob. Los hermanos se habían distanciado. Cuando Isaac estaba en su lecho de muerte, le envía a Esaú a cazar para prepararle un guiso y darle su bendición. Rebeca, que lo oye, llama a Jacob y le dice que coja unos cabritos de su rebaño para hacer un guiso a su padre. Jacob está preocupado porque, aunque Isaac ha perdido vista, él apenas tiene vello, en comparación con su hermano. Rebeca cubre sus brazos con el pelo de los cabritos y le viste con las mejores ropas de Esaú. Cuando entra en la estancia donde yace Isaac, éste reconoce la voz de Jacob, pero al tocarle nota su vello y al olerle, el aroma que desprenden las ropas de Esaú. Le da su bendición y cuando vuelve el primogénito, descubren el engaño. Esaú promete vengarse de su hermano.
- Jacob tiene que huir y se refugia en casa de su familia materna. Su tío Labán tiene dos hijas, Lía y Raquel. Jacob se enamora perdidamente de Raquel. Jacob cuida los rebaños de su tío hasta que un día Labán le habla de un sueldo. El sobrino solo pide la mano de Raquel. Para conseguirla, debe trabajar para Labán durante siete años más. Al cabo de ese tiempo, Labán engaña a su sobrino y le mete en el lecho a la hija primogénita, Lía. Al descubrir el engaño, el tío se justifica diciendo que no puede dar la mano de la hija menor sin haber casado primero a la mayor. Entonces le dice que al cabo de siete años tendrá a Raquel. Y que deberá cuidar por igual a las dos esposas. Cuando se cumple el tiempo exigido, Jacob toma a Raquel como esposa.
- Los hijos de Jacob simbolizan a las doce tribus de Israel. Las dos hermanas, Lía y Raquel, sienten celos y ponen todo su afán por darle mucha descendencia. Así Lía, su criada y la criada de Raquel serán las madres de los hijos mayores de Jacob. Raquel está desesperada porque no consigue darle un hijo, hasta que llega José. Después tiene otro hijo, Benjamín, y Raquel muere de parto. Estos dos serán los hijos predilectos de Jacob.
Los hijos de Jacob eran: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjamín. También tuvo una hija: Dina.
- Jacob sale hacia la tierra de su familia, con sus mujeres, hijos, criados y ganado. Huye de Labán, que le persigue, pero en un sueño Dios se le aparece advirtiéndole sobre hacerle nada a Jacob. El bendito cree que su hermano Esaú todavía le guarda rencor y envía por delante regalos para ablandarle. Sin embargo, Esaú le recibe con los brazos abiertos.
- Dina, la única hija de Jacob, es raptada y violada por Siquén, un príncipe que se ha enamorado de ella. Pide su mano, pero sus hermanos toman la justicia por su mano en una venganza sangrienta. No se aceptan los lazos con otros pueblos.
- Jacob se estableció en Canaán con toda su familia. Sus hijos apacentaban los rebaños. Su favorito era José y eso despertaba las envidias fraternales. José tenía sueños premonitorios, que le advertían de que tanto sus hermanos como sus padres un día se arrodillarían ante él. Sus hermanos le llamaban "el soñador". Un día decidieron matarle, pero Rubén, el mayor, atenuó la amenaza y le vendieron como esclavo. Al volver, le dijeron a Jacob que José había muerto.
- Judá, otro de los hijos de Jacob, se casó y tuvo tres hijos. Trajo a una esposa, Tamar, para el mayor, pero éste murió sin dejar descendencia. Se casó la viuda con el segundo hijo, pero también éste falleció. Le pide a la viuda que espere hasta que el tercero se haga mayor. Sin embargo, Judá no tiene intención de ofrecerle a su hijo pequeño. Tamar, viendo que pasa el tiempo y su suegro no la llama, se disfraza de prostituta y yace con Judá, que le deja su semilla. Judá le paga con joyas que Tamar utilizará después para hacer valer su justicia. Tuvo dos gemelos de Judá.
- José llega a Egipto como esclavo, pero todo le sale bien. Su amo confía tanto en él que le deja a cargo de todo. La esposa de su amo intenta seducirle, pero José la rechaza. Ella, despechada, le acusa ante sus criados y ante su marido de que él ha intentado seducirla. Y José es enviado a prisión. Como todo le sale bien, le terminan confiando el cuidado de todos los demás presos.
Un día, llegan a la prisión el copero y el panadero del faraón. La misma noche, estos hombres tienen un sueño premonitorio cada uno, que José interpreta. Cuando salieron de la prisión, el copero volvió a ocupar su cargo, mientras el panadero fue ahorcado, tal y como José les había predicho.
- El faraón comenzó a tener un sueño que nadie era capaz de interpretar. Entonces el copero se acordó de José y lo llevó ante el faraón. “Vendrán siete años de riqueza y después siete años de hambre. Habrás de guardar para cuando no haya”, le dijo José al faraón. Éste, gratamente sorprendido, le convirtió en visir, el segundo mando más importante de Egipto después de él. Y tal como José había predicho, llegaron años de abundancia, donde José recolectó todos los víveres que pudo, preparándose para la época de penuria. Al cabo de siete años, llegó el hambre. Egipto era el único país donde había víveres para afrontar la hambruna.
José interpreta el sueño del faraón, Peter von Cornelius.
- Jacob envía a Egipto a todos sus hijos, menos a Benjamín, para conseguir grano. José les reconoce, pero sus hermanos no le reconocen a él. Les pregunta por su hermano menor y por su padre, les vende el grano y les mete en los sacos el dinero con el que le han pagado. Les pide que traigan a Benjamín a Egipto porque si no les enviará a la prisión como espías.
- Jacob no quiere perder al único hijo que le queda de Raquel, pero ante las penurias de su familia, acepta mandarlo a Egipto con el resto de sus hermanos. Judá se hace responsable de él. Cuando José le ve, le colma de riquezas. Pero todavía tiene que poner a prueba al resto de sus hermanos. Mete una copa de plata en el saco de Benjamín cuando los hijos de Jacob se marchan, y envía en su búsqueda a los suyos. Cuando se descubre que Benjamín tiene la copa del visir, José decide retenerle en Egipto. Si los hermanos acceden, será que no han cambiado y que no les importa la suerte que pueda correr su hermano pequeño, pero Judá dice que le retenga a él en vez de a Benjamín, pues si Jacob se queda sin su hijo menor será su muerte. Es cuando José se da a conocer y pide que vayan en busca de su padre, para darles tierra y alimento en Egipto. Jacob, llamado ahora Israel, acude a Egipto, feliz porque ha recuperado a su familia por completo. José fue un visir justo que estableció que la quinta parte de las ganancias egipcias sería para el faraón. Allí murió Jacob, que en su lecho de muerte bendice a sus hijos y se anticipa a lo que acontecerá. Finalmente pide que le entierren en la cueva donde descansan sus antepasados. Y los hijos así lo hicieron. En Egipto también murió José, que dijo antes de expirar: “Cuando Dios venga a buscaros, llevadme a enterrar a la tierra de mis antepasados”.

viernes, enero 26, 2007

"La profecía 666"

"Nos hallamos en vísperas del Armagedón. Se acerca el mal más siniestro, y va a librar una batalla para arrebatar nuestras almas".

Demian me daba miedo cuando le vi por primera vez. Era un niño demasiado siniestro. Engañé a mis padres para que me dejaran ver aquella película, "La profecía", porque salía un niño, aunque no me enterara muy bien de qué iba. Luego la vi muchas veces más, todavía Demian me seguía dando miedo.
Sigo prefiriendo la versión antigua, aunque ésta se acerque más a nuestros tiempos y hayan hecho interpretaciones del Apocalipsis según las diferentes catástrofes naturales y humanas.

El 6-6-06 llegó al mundo un niño que es hijo del diablo. Su nombre es Demian. Su poder es ilimitado y es el dios de las tinieblas. En su cuerpo tiene el símbolo del Anticristo.

Me siguen gustando más las otras. Aunque me he estremecido con las interpretaciones del Apocalipsis 8, 7.

"Cuando el primer ángel tocó la trompeta,
hubo viento y lluvias que se precipitaron sobre la Tierra
".

"Cuando el segundo ángel tocó la trompeta,
se derrumbaron montañas de fuego
".

"Cuando el tercer ángel tocó la trompeta,
cayó del cielo una gran estrella
ardiendo como una antorcha".

"Cuando el cuarto ángel tocó la trompeta,
el mar se levantó y se tragó a doscientas mil personas".

"Cuando el quinto ángel tocó la trompeta,
una estrella cayó del cielo a la Tierra,
y le fue dada la llave del pozo del abismo
".

"Cuando el sexto ángel tocó la trompeta,
la bestia fue liberada del pozo del abismo,

y trajo la destrucción de la Tierra
".