Los tres últimos libros del Pentateuco forman un compendio de leyes que reafirman la alianza entre Dios y el pueblo elegido, Israel.
El Levítico se resume en una frase: “Sed santos, porque yo el Señor, vuestro Dios, soy santo” (Lv 19, 2). Toma su nombre de la santidad, algo que incumbe solo a los sacerdotes, que son los descendientes de Leví. En hebreo, este libro lleva el título de Wayyiqrá (“Y llamó”).
En el exilio, la comunidad judía se convirtió en una comunidad religiosa, donde los doctores laicos y los sacerdotes se encargarían de llevar a cabo la Ley, según el precepto divino.
El Levítico, el libro de los descendientes de Leví, está formado por un conjunto de normas y rituales que han sido elaborados dentro de la tradición sacerdotal. Este conjunto de leyes se divide en cuatro cuerpos:
- Las que se refieren a los diferentes tipos de sacrificios y ofrendas, y las rigurosas disposiciones con que debían celebrarse.
- Las que tienen que ver con la investidura sacerdotal de Aarón y sus hijos. Dos de sus hijos murieron por no hacer las ofrendas en condiciones.
- Las que se refieren a la pureza e impureza ritual, en lo que concierne a los alimentos, al parto, a la lepra (aquí referida a cualquier enfermedad contagiosa) y a la impureza sexual del hombre y la mujer. Existía el día del Gran Perdón (Yom Kippur).
- La ley de santidad. Todos los israelitas deben intentar ser santos porque Dios es santo.
Números debe su nombre a la cantidad de números y censos que hay a lo largo de todo el libro. Su título en hebreo va más acorde con el tema: “Bemidbar” ("En el desierto"), ya que habla de los 40 años que, como castigo por su deslealtad a Dios, los judíos vagaron por el desierto.
Se divide en tres partes, según las zonas geográficas:
- En el Sinaí. Se nombran doce jefes que representen a cada tribu, y se hace un censo. La tribu de Leví, destinados al sacerdocio, tiene un tratamiento especial.
- Entre el Sinaí y los llanos de Moab. Los israelitas siguen quejándose del desierto y de Dios. Incluso llegan a dudar de Él y se lo reprochan a Moisés y Aarón.
La ingratitud y la infidelidad el pueblo hacen que Dios les castigue vagando por el desierto, de tal forma que solo sus hijos verán la Tierra Prometida. También Moisés y Aarón que dudan un momento morirán a las puertas. Las excepciones son Caleb y Josué.
Muchos israelitas mueren en el camino como causa de la deslealtad a Dios.
- Los llanos de Moab, a las puertas de la Tierra Prometida. Aparece el profeta Balaán para maldecir a los israelitas, pero de su boca solo salen bendiciones. El pueblo de Dios debe luchar contra los diferentes pueblos asentados en la zona de Canaán.
Se establecen una serie de leyes para distribuir la tierra que pasará a manos del pueblo de Israel.
Moisés va a morir a las puertas, pero Dios le dejará ver desde lejos la Tierra Prometida. Ha dejado como sucesor a Josué.
Todos los que van a entrar en la Tierra Prometida son la segunda generación de aquellos que salieron desde Egipto.
Entre los relatos se intercalan numerosas leyes, muchas de las cuales se repiten del libro anterior.
Con el Deuteronomio acaba el grupo de libros del Pentateuco. Su nombre significa “Segunda Ley”, es decir, es el Libro de la Ley, donde Moisés hace un compendio de todos los códigos anteriores, poniendo especial énfasis en el Decálogo. En hebreo se titula “Éstas son las palabras”, pues así es como empieza el libro.
Al terminar el Pentateuco, y mirándolo desde una perspectiva general, cabe destacar por encima de todo la figura el Moisés, el hombre de confianza de Dios, el gran profeta. Nunca ha habido después un hombre que hablara “cara a cara” con Dios, tal y como ocurrió con Moisés (el caso de Jesucristo es diferente). Está claro que el profeta es del vital importancia para Israel y, además, pone las bases para la organización futura en la Tierra Prometida. Solo hay que observar que mientras en el primer libro del Pentateuco, el Génesis, cientos de años pasan rápidamente y las acciones son breves y veloces, Moisés es la figura principal de los otros cuatro libros. Esto deja bastante clara la importancia del profeta.
El Deuteronomio es la “despedida” de Moisés. En los llanos de Moab, junto al río Jordán, Moisés sabe que su final está cerca y, tal como le dijo el Señor, él no entraría en la Tierra Prometida. Así que el profeta hace un discurso para el pueblo donde compila lo anterior. En ese vasto discurso, Moisés recuerda la liberación de Egipto, la llegada al Sinaí y la ratificación de una alianza y una Ley que ahora vuelven a reafirmarse. Recuerda a los que murieron por haber dudado de Dios. Recuerda los 40 años que pasaron en el desierto. Después de haber echado un vistazo atrás, vuelve a repetir todo el código de leyes.
Israel ahora está unificado por un mismo Dios, un mismo pueblo, un mismo santuario, una misma ley y poseerá una misma tierra. Su sucesor, Josué, se convertirá en el guía que hará cumplir la Ley de Dios. Moisés se despide, dando su bendición a las doce tribus, o lo que es lo mismo, a todos los israelitas. Dios le concede una última gracia: subir al monte Nebo y contemplar desde allí la Tierra Prometida. Moisés muere en la cima del monte.
El Levítico se resume en una frase: “Sed santos, porque yo el Señor, vuestro Dios, soy santo” (Lv 19, 2). Toma su nombre de la santidad, algo que incumbe solo a los sacerdotes, que son los descendientes de Leví. En hebreo, este libro lleva el título de Wayyiqrá (“Y llamó”).
En el exilio, la comunidad judía se convirtió en una comunidad religiosa, donde los doctores laicos y los sacerdotes se encargarían de llevar a cabo la Ley, según el precepto divino.
El Levítico, el libro de los descendientes de Leví, está formado por un conjunto de normas y rituales que han sido elaborados dentro de la tradición sacerdotal. Este conjunto de leyes se divide en cuatro cuerpos:
- Las que se refieren a los diferentes tipos de sacrificios y ofrendas, y las rigurosas disposiciones con que debían celebrarse.
- Las que tienen que ver con la investidura sacerdotal de Aarón y sus hijos. Dos de sus hijos murieron por no hacer las ofrendas en condiciones.
- Las que se refieren a la pureza e impureza ritual, en lo que concierne a los alimentos, al parto, a la lepra (aquí referida a cualquier enfermedad contagiosa) y a la impureza sexual del hombre y la mujer. Existía el día del Gran Perdón (Yom Kippur).
- La ley de santidad. Todos los israelitas deben intentar ser santos porque Dios es santo.
Números debe su nombre a la cantidad de números y censos que hay a lo largo de todo el libro. Su título en hebreo va más acorde con el tema: “Bemidbar” ("En el desierto"), ya que habla de los 40 años que, como castigo por su deslealtad a Dios, los judíos vagaron por el desierto.
Se divide en tres partes, según las zonas geográficas:
- En el Sinaí. Se nombran doce jefes que representen a cada tribu, y se hace un censo. La tribu de Leví, destinados al sacerdocio, tiene un tratamiento especial.
- Entre el Sinaí y los llanos de Moab. Los israelitas siguen quejándose del desierto y de Dios. Incluso llegan a dudar de Él y se lo reprochan a Moisés y Aarón.
La ingratitud y la infidelidad el pueblo hacen que Dios les castigue vagando por el desierto, de tal forma que solo sus hijos verán la Tierra Prometida. También Moisés y Aarón que dudan un momento morirán a las puertas. Las excepciones son Caleb y Josué.
Muchos israelitas mueren en el camino como causa de la deslealtad a Dios.
- Los llanos de Moab, a las puertas de la Tierra Prometida. Aparece el profeta Balaán para maldecir a los israelitas, pero de su boca solo salen bendiciones. El pueblo de Dios debe luchar contra los diferentes pueblos asentados en la zona de Canaán.
Se establecen una serie de leyes para distribuir la tierra que pasará a manos del pueblo de Israel.
Moisés va a morir a las puertas, pero Dios le dejará ver desde lejos la Tierra Prometida. Ha dejado como sucesor a Josué.
Todos los que van a entrar en la Tierra Prometida son la segunda generación de aquellos que salieron desde Egipto.
Entre los relatos se intercalan numerosas leyes, muchas de las cuales se repiten del libro anterior.
Con el Deuteronomio acaba el grupo de libros del Pentateuco. Su nombre significa “Segunda Ley”, es decir, es el Libro de la Ley, donde Moisés hace un compendio de todos los códigos anteriores, poniendo especial énfasis en el Decálogo. En hebreo se titula “Éstas son las palabras”, pues así es como empieza el libro.
Al terminar el Pentateuco, y mirándolo desde una perspectiva general, cabe destacar por encima de todo la figura el Moisés, el hombre de confianza de Dios, el gran profeta. Nunca ha habido después un hombre que hablara “cara a cara” con Dios, tal y como ocurrió con Moisés (el caso de Jesucristo es diferente). Está claro que el profeta es del vital importancia para Israel y, además, pone las bases para la organización futura en la Tierra Prometida. Solo hay que observar que mientras en el primer libro del Pentateuco, el Génesis, cientos de años pasan rápidamente y las acciones son breves y veloces, Moisés es la figura principal de los otros cuatro libros. Esto deja bastante clara la importancia del profeta.
El Deuteronomio es la “despedida” de Moisés. En los llanos de Moab, junto al río Jordán, Moisés sabe que su final está cerca y, tal como le dijo el Señor, él no entraría en la Tierra Prometida. Así que el profeta hace un discurso para el pueblo donde compila lo anterior. En ese vasto discurso, Moisés recuerda la liberación de Egipto, la llegada al Sinaí y la ratificación de una alianza y una Ley que ahora vuelven a reafirmarse. Recuerda a los que murieron por haber dudado de Dios. Recuerda los 40 años que pasaron en el desierto. Después de haber echado un vistazo atrás, vuelve a repetir todo el código de leyes.
Israel ahora está unificado por un mismo Dios, un mismo pueblo, un mismo santuario, una misma ley y poseerá una misma tierra. Su sucesor, Josué, se convertirá en el guía que hará cumplir la Ley de Dios. Moisés se despide, dando su bendición a las doce tribus, o lo que es lo mismo, a todos los israelitas. Dios le concede una última gracia: subir al monte Nebo y contemplar desde allí la Tierra Prometida. Moisés muere en la cima del monte.


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