domingo, junio 30, 2013

Termina junio

Parece ser que el sol sale por fin. Terminando junio...
Me da la sensación de que ha pasado muchísimo tiempo desde que estaba preparando la maleta para marchar a Estados Unidos y ha pasado tan sólo un mes. El viaje parece tan lejano... Al menos ahora, cuando tengo un momento libre, escribo sobre ello.
Y, cuando lo hago, me acuerdo mucho de ese ángel de mirada perfecta con el que me hubiera gustado compartir mis vivencias. Es tan especial...

Amo, amo, amo... Últimamente me arrasa el corazón.

En el mes que empieza es el aniversario en que nos conocimos, justo una semana antes de su cumpleaños. 

Rockefeller Center, Nueva York

Vistas de Nueva York (Lower Manhattan) desde el observatorio de Rockefeller Center; en un primer plano el Empire State Building

El primer día en Nueva York llovió, como muchos otros días después. Pero no como estaba lloviendo en España. En Nueva York llovía porque la temperatura era muy alta, y el bochorno enseguida daba paso a la lluvia. Así que podía ir en tirantes y con un paraguas, que pese a la lluvia hacía mucho calor. ¿Dónde podía ir un día de lluvia en una ciudad nueva? Obviamente a un lugar cerrado, y como Nueva York tiene un sinfín de museos, decidí que sería un buen momento para visitar el Metropolitan Museum of Art, sólo que no me fijé en que era lunes y los lunes ese museo cierra el público. Pero eso sería mucho más tarde, porque me dediqué a callejear y mientras caminaba otros lugares llamaron mi atención.
Central Park desde el observatorio de Rockefeller Center

Primero fue Times Square y luego llegué a la famosa Quinta Avenida, llena de multitud de marcas internacionales con artículos de precios desorbitantes. Y entonces me di de bruces con el Rockefeller Center. Como había dejado de llover, comprendí que era el momento perfecto para subir a la azotea del Rockefeller Center y ver la ciudad desde las alturas.
Rockefeller Plaza

Es un complejo de oficinas, restaurantes, tiendas y otros lugares que están interconectados entre varios edificios, un lugar realmente impresionante y gigante, nada de extrañar en una ciudad donde todo es a lo grande.
Torre más alta del Rockefeller Center

Cuando la Comisión para la Conservación del Patrimonio de Nueva York decidió declarar el Rockefeller Center patrimonio de la ciudad en 1985, lo describió como “el corazón de Nueva York… una gran presencia unificadora en el caótico centro de Manhattan”.

Motivos art déco en Rockefeller Center

Es el complejo privado más grande de su clase. El diseño art déco se debe a un equipo de grandes arquitectos, dirigidos por Raymond Hood. En los edificios, fachadas y jardines hay trabajos de 30 artistas.
El solar, donde antes estaba el Botanic Garden, propiedad de la Universidad de Columbia, fue arrendado en 1928 por John D. Rockefeller Jr. como sede para un nuevo teatro de la Ópera.
Cuando la Gran Depresión de 1929 desbarató sus planes, Rockefeller, comprometido por un contrato de larga duración, decidió seguir adelante con el proyecto. Los 14 edificios construidos entre 1931 y 1940 proporcionaron empleo a más de 225.000 trabajadores durante aquella gran recesión económica. En 1932 se inauguró el Radio City Music Hall dentro del complejo. Aún acoge sus famosos espectáculos de Navidad y Semana Santa. Más tarde, la NBC abrió sus estudios de televisión aquí.
Rockefeller Plaza

Rockefeller Plaza alberga en invierno la conocida estampa navideña de la pista de patinaje y el árbol de Navidad.


Top of the Rock es un observatorio en los pisos 67-70 que ofrece una vista de vértigo de la ciudad. El icono del observatorio es una de las fotos de los obreros que levantaron los rascacielos de Nueva York. Y de ahí no puede resistirme y traerle un recuerdo a ese ángel de mirada perfecta. En esta ocasión sí que acerté.

"Golpe de efecto"

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Ni siquiera pillé el título de la película que pusieron en el avión al volar hacia Estados Unidos. Ahora ya sé que se llama “Golpe de efecto” y es curioso cómo una película sobre béisbol que, en otra situación no hubiera elegido para ver, finalmente me enganchó y me terminó gustando.
Yo creo que nos la pusieron para que nos familiarizáramos un poco con el país en general y con el béisbol en particular. Aunque sigo sin entender cómo funciona ese juego.

Gus Lobel (Clint Eastwood) es un veterano cazatalentos del equipo de béisbol Atlanta Braves, que está dispuesto a demostrar que aún tiene valor como cazatalentos, pese a su edad y a una incipiente ceguera que intenta ocultar a todo el mundo. Apenas trata con su hija Mickey (Amy Adams), hasta que ésta decide entre formar parte del equipo de socios del prestigioso bufete en el que trabaja como abogada y ayudar a su padre. Y es que al final la sangre tira, hace las maletas y se presenta en casa de Gus. Su padre, a regañadientes, lleva a su hija en su último viaje a Carolina del Norte para descubrir a un nuevo talento, Bo Gentry (Joe Massingill). En este viaje, Gus se reencuentra con Johnny “Flames” Flanagan (Justin Timberlake), un joven cazatalentos de los Boston Red Sox, que tiene una extraña y vieja amistad con Gus desde que lo descubrió cuando era un jugador de béisbol, pero su carrera se perdió por no seguir los consejos de Gus. Como era de esperar, Johnny y Mickey se terminan enamorando.

El contrato de Gus con los Atlanta Braves está a punto de terminar y sus sugerencias son muy importantes para la primera selección colegial, ya que su renovación depende de esto. Gus le dice a su jefe y amigo, Pete Klein (John Goodman), que no escojan a Bo Gentry porque el joven tiene problemas con los lanzamientos de curva, pero los Braves lo contratan al confiar más en un joven ejecutivo, Phillip Sanderson (Matthew Lillard). Gus y Mickey se enfadan y deciden regresar a casa. Sin embargo, antes de marchar, padre e hija descubren a un joven y desconocido pitcher, Rigoberto “Rigo” Sánchez (Jay Galloway), al que llevan al estadio de los Braves para hacerle una prueba y enfrentarlo a Bo Gentry, demostrando así el error del equipo al contratar a este último joven. El equipo termina por contratar a Rigo y Mickey se convertirá en su agente.

Primeras horas en Nueva York: John Fitzgerald Kennedy Airport y Times Square

Vistas de la isla sur de Manhattan desde el Empire State Building, al atardecer

Describir Nueva York tiene cierta dificultad por la cantidad de distritos que hay en la ciudad, aunque sí es cierto que orientarse allí es muy sencillo, porque la ciudad tiene una planta en cuadrícula, al menos en Manhattan, donde las calles que van de Este a Oeste son las avenidas y de norte a sur son calles, todas numeradas, aunque a veces estas calles y avenidas tienen nombre propio. Los distritos principales de Nueva York son Manhattan, Harlem, Brooklyn, Queens y el Bronx. Ni que decir tiene que ni dos semanas de vacaciones dan para ver únicamente la isla de Manhattan, que aparte de ser el corazón de Nueva York es donde se concentra el turismo (hoteles y restaurantes), la vida de la ciudad, es el distrito financiero y es un cúmulo de culturas realmente impresionante.
Times Square

A su vez, Manhattan se divide en tres partes: Lower Manhattan, Midtown Manhattan y Upper Manhattan. Estas tres zonas son claramente identificativas, y muy útiles a la hora de usar el metro. Lower Manhattan es la zona sur, Midtown es el centro de la isla y Upper Manhattan es la ciudad alta. En el metro es muy fácil guiarse porque junto a Upper Manhattan siempre va a indicar la dirección del Bronx, que está al norte de la ciudad, mientras que Lower Manhattan va unido siempre a Brooklyn, que se encuentra al sur, pero ya fuera de la isla, cruzando el río East.

El cowboy desnudo, mítico y popular personaje de la noche de Times Square

Manhattan es una isla rodeada por dos ríos: el Hudson al oeste y el East al este, ríos perfectamente visibles desde cualquier azotea de cualquier rascacielos de la ciudad, que se unen al Atlántico en Lower Manhattan.
Llegué a uno de los aeropuertos de Nueva York, el John Fitzgerald Kennedy, situado en el distrito de Queens, un atardecer de principios de junio. Ya en el aeropuerto se respiraba cierta vida. Y en ese momento me tuve que concienciar: “Acabo de aterrizar en Nueva York, la ciudad de ciudades, la ciudad más cinematográfica y más literaria, la ciudad que invita a la fantasía, la ciudad que tiene todo lo que hay que tener, y allí donde cualquier viajero siempre quiere volver”.


Jekyll & Hyde. The Musical. Cartel de Times Square

Nueva York es una ciudad fascinante. Ahora, cuando unas semanas después, miro a aquellos días de junio no comprendo el motivo por el que no la había visitado antes. Hay algo en Nueva York de lo que carecen el resto de ciudades. No sabría explicar lo que es. Cuando llegas te fundes con la ciudad, con sus colores y con sus gentes, no importa que no hables inglés, pues es una ciudad de inmigrantes, con un alto índice de población hispanohablante, y te inundas de una vida urbanita que penetra por todos los poros de tu piel. Nueva York es indescriptible, es una ciudad para vivirla, para disfrutarla. Para explicar lo que sentí cuando estuve allí debería volver y cualquiera que quiera sentirla deberá dejarse absorber por la ciudad, esto es, debe ir allí para saber cómo una ciudad puede influir tanto en los sentidos, en la manera de hacer las cosas, en los sentimientos de una persona… Ni Tokio, ni Auckland, ni París, ni Londres, ni Madrid, ni Roma, ni Berlín… Nueva York tiene algo que no tienen el resto de las ciudades del mundo.
Aeropuerto John Fitzgerald Kennedy

Reconozco que temía la Aduana de Estados Unidos. Yo iba con todos mis documentos: pasaporte en vigor, el ESTA (certificado electrónico para entrar en USA) y el documento de la Aduana, pero a veces la mente nos juega malas pasadas, porque pensaba: “En cuanto vean el sello de Qatar me llevan al cuartito durante una hora”. Sin embargo, basta que me emparanoiara un poco para que todo fuera como la seda. El policía, ancho de espaldas, joven y con un aspecto bonachón, me preguntó de dónde venía y en cuanto le dije que de España, se puso a hablar en castellano. Me dijo que pusiera los dedos en una pantalla para fichar todas mis huellas dactilares y me dio la bienvenida a Estados Unidos.

Así comenzaba el primero de los casi quince días que iba a pasar en Estados Unidos (y algo de Canadá).
Skyline Hotel

Mi hotel, el Skyline, estaba en la 10ª Avenida, en Midtown Manhattan, es decir, a un paso de todo. Ni siquiera para ir a Central Park había de usar taxis ni metro. Y de allí, sólo tuve que buscar la dirección de la 9ª Avenida para llegar a la 7ª, donde se encuentra Times Square.

Cuando llegas a Times Square no sabes adónde mirar, sea de día o de noche, haga sol o llueva… aquello es un cruce de calles con multitudes de un sinfín de países, personajes disfrazados, relaciones públicas de teatros vendiendo entradas para musicales, taxis amarillos en todas las direcciones, tiendas gigantes de lo más inverosímil, y gente, gente, mucha gente. Fuera a la hora que fuera, nunca me cansaba de pasear por Times Square.

Times Square se llama así por la torre del New York Times, de 25 plantas, que fue inaugurada en 1906.


Aunque la sede del New York Times se trasladó dejando su original emplazamiento en el sur de la plaza, la brillante bola todavía se desliza todas las Nocheviejas a medianoche, igual que cuando el edificio se inauguró en 1906, con miles de fuegos artificiales. Destacan en la plaza otros edificios nuevos, como el Bertlesmann y el minimalista Condé Nast, así como los clásicos teatros de Broadway.

Times Square es el corazón del Theater District desde 1899, cuando Oscar Hammerstein construyó los teatros Victoria y Republic. Desde la década de 1920, el brillante neón de las carteleras de los teatros se mezcla con el del Times y muchos otros, creando un espectacular panorama de luces.

Duffin Square y plataforma

La década de 1920 fue la época en que Times Square se transformó y abandonó el declive que había sufrido durante la Gran Depresión. En la actualidad, la plaza es un lugar seguro y animado para los amantes del teatro y los visitantes, donde las tradiciones de Broadway conviven con las más modernas innovaciones.

Broadway está junto a Times Square. El glamour de antaño de Broadway se codea con los modernos espectáculos en esta magnífica zona de la ciudad.


Muchos teatros, como el New Victory y el New Amsterdam, han sido renovados y revitalizados. Los amantes del teatro llenan cada noche la zona, que está plagada de bares y restaurantes.

El paisaje urbano de la plaza ha cambiado con el rascacielos de 57 plantas diseñado por Arquitectonica (de Miami), con el complejo de ocio y comercio E Walk, en la calle 42 con la 8ª Avenida. También descacan el Madame Tussaud’s Wax Museum, entre las Avenidas 7ª y 8ª; una enorme tienda de Disney; la bolera Bowlmor Lanes; una plaza peatonal, y Toys ‘R’ Us en el 1514 de Broadway. Las figuras de Morgan Stanley LED tienen tres metros de altura. Son algunas de las muchas luces llamativas que iluminan Times Square día y noche. Las leyes de la ciudad exigen que los edificios de oficinas tengan la publicidad en neón.
Chicago el Musical, en el Teatro Ambassador

En el centro de Times Square está la oficina de tickets que ofrece, cada tarde, un sinfín de entradas con descuento a espectáculos para los teatros de las calles colindantes. Además, hay una plataforma donde te puedes subir, se seleccionan varios rostros al azar y puedes verlo en una especie de vídeo multimedia en una pantalla gigante que se ubica enfrente de la plataforma.
Duffin Square con la estatua

También en el centro de la plaza se alza la estatua de George M. Cohan, que fue actor, compositor y escritor, así como el mayor responsable de un buen número de los éxitos de Broadway. El nombre de la pequeña plaza donde se sitúa la estatua, Duffin Square, viene dado por el de un héroe de la Iª Guerra Mundial, Fighting Father Duffy.
Paramount Building

El hotel Paramount fue diseñado  por Philippe Stark y es el lugar predilecto entre los aficionados al teatro, que toman una copa por la noche en el Paramount Bar.
La magnífica planta baja del cine donde las jovencitas hacían cola en los años 40 para escuchar las actuaciones de Frank Sinatra ha desaparecido; pero todavía se respira un ambiente especial en este impresionante edificio de Rapp & Rapp de 1927. A cada lado tiene unas pequeñas torres simétricas, 14 en total, que se elevan hasta la cima, de estilo art déco, donde hay una torre, un reloj y un globo.
Alberga un Hard Rock Café, con una tienda y una zona de conciertos.
Hard Rock Café New York

sábado, junio 29, 2013

Triviados

Si nos aburrimos con el Trivial en español, siempre se puede tirar del inglés. Me sirve para practicar.

viernes, junio 28, 2013

Quitando miedos

Paula hoy se ha acercado al perro y le tocaba, por lo que ha perdido el miedo. La que tiene miedo soy yo, aunque doy consciente de que Yoguito; se ha erigido en perrito protector de Paula.
A la que le da miedo ese acercamiento entre Paula y el perro es a mí, a Paula le encanta acariciarle y el perro se deja.

jueves, junio 27, 2013

El sol que se deja ver

A esta altura del verano ya debería hacer el suficiente sol como para ir a la piscina.
Me he marchado de la oficina con el fin de que me dé un poco el sol. Al menos aguanto perfectamente el sol. Y es de agradecer.

miércoles, junio 26, 2013

Sol del atardecer

Eran más de las nueve cuando venía a casa y observaba el sol del atardecer, redondo y anaranjado, frente a mí. Una imagen insólita que me hubiera gustado compartir con ese ángel de mirada perfecta, ese ángel que hoy me ha hecho sonreír hasta en dos ocasiones, al que quiero con locura y que es tan adorable.
En cuanto termine esta semana retomaré todas las cosas que voy dejando pendientes, sobre todo lo que es hablar sobre el viaje a USA, el álbum de fotos, las lecturas a la mitad, los paseos con el perro.
Me consta que no tendré reuniones hasta mitad de julio, lo que es de agradecer.

martes, junio 25, 2013

Una visita sin pensar


Hoy es uno de esos días en que he pensado a la hora de comer que me podía pasar por la oficina del ángel para dejarle un libro (La hoguera de las vanidades) y desde que lo he pensado no veía por ir a verle. No dejo libros a nadie porque me he quedado, en el pasado, sin esos libros. Lo que ocurre es que hay personas con las que tengo que hacer excepciones. Y él es una de esas personas, que no me importa hacer cosas que habitualmente no hago.

Hoy estaba guapo. Guapo y adorable.

El sol no es igual todos los días

A veces el silencio es un gran compañero. Y a veces el silencio nos hace ver las cosas de otra manera.

lunes, junio 24, 2013

La noche más larga

Dicen las viejas leyendas que esta noche se queman las cosas viejas, las negativas, las que nos producen dolor, para que al saltar la hoguera llegue todo lo bueno.
Hoy es una noche mágica.

domingo, junio 23, 2013

Presidentes de Estados Unidos

Estados Unidos ha elegido a presidentes procedentes de todas las clases sociales. Al menos dos de ellos nacieron en una cabaña de madera, Abraham Lincoln y Andrew Jackson; otros, como Franklin Delano Roosevelt y John Fitzgerald Kennedy, pertenecían a ambientes privilegiados. Millard Fillmore asistió a una escuela con una sola aula y Jimmy Carter cultivaba cacahuetes. Muchos, entre ellos Ulysses S. Grant y Dwight D. Eisenhower, eran militares que consiguieron popularidad gracias a sus logros en la batalla.
Los presidentes más relevantes fueron los siguientes:
George Washington participó como general en la guerra de independencia. Fue elegido primer presidente por unanimidad.
John Adams, abogado e historiador, fue el primer presidente que residió en la Casa Blanca.

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Thomas Jefferson

Thomas Jefferson, arquitecto, inventor, paisajista, diplomático e historiador, era la personificación de hombre renacentista.
James Madison, conocido como el Padre de la Constitución, fue coautor de los Documentos Federalistas.
Andrew Jackson derrotó a los británicos en la batalla de Nueva Orleans en la guerra de 1812.
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Abraham Lincoln

Abraham Lincoln se ganó el podo de Gran Emancipador por su papel en la abolición de la esclavitud. Lideró a la Unión en la Guerra de Secesión.
Theodore Roosevelt creó muchos parques nacionales y supervisó la construcción del canal de Panamá.

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Woodrow Wilson

Woodrow Wilson gobernó el país durante la I Guerra Mundial e impulsó la creación de la Sociedad de Naciones.

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Franklin D. Roosevelt

Franklin D. Roosevelt puso en marcha el New Deal, un programa de ayudas y reformas durante la Gran Depresión. Fue elegido en cuatro legislaturas.
Harry S. Truman tomó la decisión de lanzar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki en 1945.
John F. Kennedy ha sido uno de los presidentes más populares. Envió al primer astronauta al espacio, formó el Cuerpo de Paz y fundó la Agencia de Control de Armas y Desarme. Su asesinato conmocionó a la nación.
Lyndon B. Johnson intensificó el conflicto de Vietnam, provocando grandes protestas.

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Richard Nixon

Richard Nixon visitó China y envió al primer hombre a la Luna. Dimitió tras el escándalo Watergate.
Jimmy Carter impulsó el acuerdo de paz entre Israel y Egipto y ganó el Premio Nobel de la Paz en 2002.
Ronald Reagan, antaño actor de Hollywood, bajó los impuestos, aumentó el gasto militar y redujo los programas de gobierno.
William J. Clinton logró que el país alcanzara una prosperidad sin precedentes en sus dos legislaturas. 
Barack Obama se convierte en el primer presidente afroamericano.


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Hillary Clinton, senadora por Nueva York en 1999

Otra cosa importante que ha cambiado es el papel fundamental de la Primera Dama, que deja de ser una figura secundaria junto al Presidente para convertirse en una mujer impulsora capaz de presentar su propia candidatura. 
En el siglo XIX, la Primera Dama actuaba como anfitriona y asesora en la sombra. A Dolley Madison la aclamaba todo el mundo en Washington. Cuando Eleanor Roosevelt empezó a dar sus propias conferencias de prensa, el papel de la Primera Dama cambió por completo. Jackie Kennedy prestó apoyo a las artes, Rosalynn Carter asistía a las reuniones del gabinete, Nancy Reagan pidió al mundo decir a las drogas "Simplemente no", Barbara Bush fomentó la literatura y Hillary Clinton organizó su propia campaña política.

Aproximación histórica a Estados Unidos

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George Washington antes de Yorktown, pintado por Rembrandt Peale entre 1824 y 1825

América del Norte lleva habitada entre 13.000 y 30.000 años: sus pobladores llegaron a Alaska desde Siberia por la lengua de tierra del estrecho de Bering. Cuando el hielo retrocedió, se trasladaron al sur, hacia las ricas tierras de caza de las Grandes Llanuras. Aislados de Eurasia por el deshielo y la subida del nivel del mar, eran cazadores, la agricultura sólo se desarrolló de forma esporádica.
Durante este período de aislamiento se desarrollaron unos modelos ecológicos, genéticos y sociales que se mostraron terriblemente frágiles al enfrentarse con los primeros europeos a finales del siglo XV.
La exploración europea empezó realmente cuando los avances en la navegación posibilitaron viajes tan largos como los de Colón (1492) y Cabot (1497). Los primeros expedicionarios se sorprendieron de la cantidad de recursos naturales que encontraron. Los animales de pelo se explotaron rápidamente debido a su piel. Cuando investigaron más profundamente pudieron aprovechar los detallados conocimientos de los pueblos indígenas y utilizar sus rutas para explorar el continente. En un mapa de 1507 figura América, que procede del nombre de uno de los primeros exploradores del Nuevo Mundo, Américo Vespucio.
La rivalidad entre España, Francia y Gran Bretaña continuó con el descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492. España fundó con éxito sus primeras colonias de América del Norte en Florida y en Nuevo México, combinando los intereses comerciales y religiosos. Francia estableció su primer asentamiento en Quebec y los holandeses levantaron un puesto en la desembocadura del río Hudson. Sin embargo, los ingleses tomaron la delantera fundando colonias en Virginia, en Nueva Inglaterra y en Pensilvania. Muchos colonos murieron a causa de las enfermedades y la desnutrición. Virginia se convirtió en la colonia más lucrativa del Nuevo Mundo gracias al cultuvo del tabaco. Hacia 1700, las colonias inglesas tenían 250.000 habitantes, sin contar a los nativoamericanos, mientras que en las regiones española y francesa sólo vivían unas mil personas no nativas.

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Cristóbal Colón desembarca en el Nuevo Mundo el 12 de Octubre de 1492

El siglo XVIII comportó cambios significativos en todos los países, pero especialmente en el Nuevo Mundo. Los colonos ampliaron sus dominios desplazando o matando a las tribus nativas mediante compras de tierras, guerras y enfermedades. A las colonias sureñas de Virginia y Carolina, donde la falta de tierra desanimó a los nuevos inmigrantes, llegaron numerosos esclavos africanos (hacia 1750 alcanzaban un total de 150.000, el 40% de la población). La guerra de independencia comenzó rápidamente y transformó el mundo en pocos años. La desaparición de la potencial amenaza francesa y la posterior conquista inglesa de Canadá con la guerra de los Siete Años levantaron quejas entre los colonos americanos por los abusos británicos, que se resumieron en la frase: “Ningún impuesto sin representación”. En 1770, las tropas británicas abrieron fuego contra un grupo de trabajadores indisciplinados y mataron a cinco de ellos en la Matanza de Boston. En 1773, algunos comerciantes de la colonia se disfrazaron de indios y tiraron un cargamento de té al puerto de Boston para protestar por el monopolio británico en el comercio del té.

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John Trumbull pintó en 1786 la batalla de Bunker Hill

La guerra estalló en abril de 1775, cuando los redcoats británicos marcharon sobre Concord en un intento de hacerse con un arsenal de armas de los minutemen angloamericanos. En la retirada de los británicos hacia Boston murieron más de 75 redcoats y unos 90 minutemen. Los británicos ocuparon Nueva York y Filadelfia, mientras los angloamericanos mal equipados hacían frente al duro invierno. La guerra se trasladó al sur, y los soldados de la frontera, bajo las órdenes de Daniel Boone y George Rogers Clark, invadieron puestos británicos en Kentucky e Illinois. Finalmente, ganaron los angloamericanos, en gran parte gracias al apoyo francés. La guerra terminó oficialmente en 1783.

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Motín del té de Boston

Hacia 1783, los recién creados Estados Unidos de América contaban con un borrador de constitución y un territorio que alcanzaba hacia el oeste el río Misisipí. La Constitución se adoptó oficialmente en 1788 y en 1791 se añadieron las diez enmiendas de la Declaración de Derechos Civiles, que garantizaban la libertad de expresión, prensa, religión y asamblea de todo ciudadano. En 1800, la capital se trasladó de Filadelfia a la recién creada Washington D.C., que contaba con 3.200 habitantes.

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George Washington muestra una copia de la Constitución rodeado de los Padres Fundadores, 1787

La expansión de Estados Unidos en sus primeros años fue enorme. Primero se ocupó el territorio noroeste, junto a los Grandes Lagos, en 1787. La compra de Luisiana en 1803, anteriormente bajo control francés, añadió una vasta extensión de tierra al oeste. Este rápido crecimiento provocó la necesidad de explorar los nuevos territorios. A principios del siglo XIX, Lewis y Clark realizaron su famosa expedición a través del continente, que fue financiada por el Congreso por expresa petición del presidente Thomas Jefferson.
La primera prueba que tuvo que superar el recién independizado país llegó en 1812, cuando se encontró inmerso en una guerra entre Francia y Gran Bretaña. Aunque ambos países aceptaron respetar los barcos estadounidenses, las fuerzas americanas atacaron intereses británicos en Canadá y como represalia los ingleses incendiaron el Capitolio y la Casa Blanca. Irónicamente, la guerra terminó con un tratado de paz que se firmó dos semanas antes de que se produjera la mayor escaramuza, la batalla de Nueva Orleans en 1815.
Tras la guerra de 1812, Estados Unidos perdió la esperanza de anexionar Canadá y comenzó una fuerte ofensiva hacia el oeste. Los colonos se asentaron en las Grandes Llanuras, en Oregón y, por último, al norte de México, que abarcaba Texas y California. El Camino de Santa Fe, inaugurado con fines comerciales en 1823, atrajo a Nuevo México bajo la influencia estadounidense. A mitad del siglo XIX existía una extensa red de comunicaciones. Los ríos estaban dominados por el tráfico de barcos de vapor, complementado por canales y líneas férreas por todo el país.
La consolidación de las tierras occidentales animó a millones de pioneros a migrar hacia el oeste. A mediados del siglo XIX se extendió entre la población la idea de que el país iba a ocupar todo el continente. Este deseo de expansión, en palabras del periodista John L. O’Sullivan, se denominó el Destino Manifiesto.
El asentamiento ordenado fue posible gracias a la supervisión oficial y a la división del terreno en secciones rectangulares, cada una con un área de una milla cuadrada. Por tierra se abrieron caminos que se dirigían al oeste, hacia los campos mineros de California, que se convirtió en Estado en 1850. En 1860, más de la mitad de la población vivía al oeste de los Apalaches; en 1800 era menos del 10%.
A pesar de los conflictos con Gran Bretaña a causa de Canadá, Estados Unidos logró solucionar este problema de manera pacífica. No ocurrió lo mismo con México, temeroso de las ambiciones territoriales estadounidenses, especialmente después de que el presidente Andrew Jackson se ofreciera a comprar Texas. La crisis se aceleró cuando Texas declaró su independencia de México en 1835. Ignorando a las tribus nativoamericanas y la propiedad legal que mantenían los españoles sobre gran parte de este territorio, Estados Unidos tomó el control de Texas, lo que desencadenó la guerra con México. El enfrentamiento provocó a su vez que Estados Unidos confiscara California y gran parte del suroeste. En 1848 México entregó casi la mitad de su territorio; los británicos cedieron las tierras del norte de Oregón y James Gadsden compró 30.000 millas cuadradas al suroeste. En menos de 50 años, el país triplicó su tamaño.
A partir de 1500, enfermedades como la viruela y la sífilis acabaron con casi el 90% de algunas tribus. A medida que aumentaban los asentamientos europeos, se hacían más frecuentes las reubicaciones forzosas de las tribus indias. Esta práctica alcanzó su momento culminante con la marcha forzosa de la nación cherokee desde el sureste hasta Oklahoma a lo largo del Sendero de las Lágrimas. Cuando los europeos se expandieron hacia el oeste, los indios tuvieron que recluirse en reservas.
La construcción de las líneas férreas transcontinentales a finales del siglo XIX abrió el oeste a los cazadores, que con el tiempo mataron a millones de búfalos. En unos cientos de años, las culturas indígenas de América del Norte fueron destruidas o marginadas por los europeos, que convirtieron el continente en una potencia económica, industrial y política mundial.
Entre 1783, año de la independencia, y 1860 se desarrollaron dos sociedades muy diferentes en el país. En el norte surgió una sociedad industrializada, comprometida con los sistemas bancarios y de crédito liberales, y unos aranceles proteccionistas, mientras que el sur, menos poblado y agrario, se oponía a la venta de las tierras comunales en el medio oeste, a los impuestos elevados y a las restricciones en la esclavitud.

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Las fuerzas confederadas ocupan el fuerte Sumter (Carolina del Sur), el 15 de Abril de 1861

Las causas de la Guerra de Secesión siguen sin esclarecerse; aunque la esclavitud dividió a la nación, el objetivo de la contienda no era liberar a los esclavos. De hecho, el enfrentamiento surgió ante el dilema de extender o no la esclavitud a los Estados recién creados en el oeste. El sur quería que cada nuevo Estado decidiera de manera independiente. Los Estados del norte deseaban mantener la esclavitud dentro de sus fronteras, en parte para proteger su propia mano de obra. El Gobierno federal dejó la decisión en manos de los nuevos Estados y los disturbios entre defensores y detractores invadieron el oeste. En 1856, las guerrillas pro esclavitud incendiaron la ciudad de Lawrence (Kansas) y como represalia 200 personas murieron asesinadas. Tres años más tarde, 22 abolicionistas liderados por John Brown atacaron el arsenal federal de Harpers Ferry (Virginia), con la esperanza de incitar una rebelión entre los esclavos. Brown y sus acompañantes fueron asesinados, pero su intento separó aún más a una nación ya dividida. En 1860, 18 Estados estaban a favor de la libertad, principalmente en el norte, y 15 eran esclavistas, sobre todo en el sur. Cuando Abraham Lincoln fue elegido presidente en 1860, Carolina del Sur abandonó la Unión, seguida de otros seis Estados sureños que se unieron para formar los Estados Confederados de América.
Los primeros disparos de la guerra se produjeron en 1861, cuando los confederados atacaron el fuerte Sumter (Carolina del Sur). Lincoln movilizó a los soldados para aplastar la rebelión y pronto otros cuatro Estados a favor de la esclavitud, entre ellos Virginia, abandonaron la Unión. Richmond se convirtió en la capital confederada. Cuatro Estados esclavistas se mantuvieron en la Unión y los condados occidentales de Virginia se separaron para formar Virginia Occidental, que entró en la Unión en 1863.
Los confederados ganaron la primera batalla terrestre importante en Manassas (Virginia) en 1861. Durante los dos años siguientes se produjeron numerosos enfrentamientos en Virginia y Maryland. El avance confederado fue finalmente detenido con la derrota de Gettysburg en 1863. Ese mismo año, las fuerzas de la Unión tomaron el control del río Misisipí, destruyeron Atlanta y marcharon sobre Georgia, cortando así las líneas de abastecimiento y rodeando casi por completo lo que quedaba del ejército confederado. La guerra terminó en abril de 1865.
La destrucción provocada por la guerra fue inmensa. Lucharon unos tres millones de soldados (casi el 10% de la población) y murieron 620.000. Ciudades enteras quedaron en ruinas y la nación tardó años en recuperarse.

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Cartel del salvaje oeste de Buffalo Bill, 1900

A finales del siglo XIX se produjeron cambios radicales en el país. El sur conquistado y los esclavos recién liberados sufrieron los estragos de la reconstrucción, mientras que en el oeste los nativoamericanos veían cómo les arrebataban sus tierras y destruían su modo de vida. La sentencia de muerte de su cultura llegó con la Ley de Protección de las Tierras de Colonización, que concedía 160 acres de tierra a cualquier colono blanco, esclavo liberado o mujer soltera. El ejército luchó contra las tribus de las Grandes Llanuras y la resistencia india en el desierto del suroeste acabó con la rendición del jefe apalache Jerónimo en 1886.
En el este y en el medio oeste, las inmensas fábricas sustituían a los productores locales a medida que la población cambiaba las granjas autosuficientes por la caótica vida urbana. En un período de tiempo relativamente corto, el ritmo de vida se alteró con el incremento de vías férreas y la aparición del telégrafo, el teléfono, el avión y el coche. Las líneas de ferrocarril acercaron el oeste antaño lejano hacia los mercados orientales y como consecuencia surgieron ciudades fronterizas, a menudo lugares sin ley. Durante el período posterior a la Guerra de Secesión, el país se convirtió en una potencia internacional; en 1867 Rusia le vendió Alaska, y más tarde tomó el control de Hawai, Filipinas y Panamá.
Aunque las historias sobre el lejano oeste cautivaron a la gente, el desarrollo más significativo fue la creciente importancia de la industrialización, que hizo inevitable el rápido trasvase de la población desde pueblos y granjas hasta las grandes ciudades. Este cambio fue en parte posible debido a las oleadas de inmigrantes.
Hacia 1880 llegaron más de seis millones de inmigrantes y en la primera década del siglo XX la afluencia era de un millón al año. Cuando estalló la I Guerra Mundial, la población alcanzaba los 100 millones de habitantes, un 15% nacidos en el extranjero.
La consolidación de la población se produjo a la par que las mejoras en la industria y los negocios. Hacia 1882, la Standard Oil Company de John D. Rockefeller consiguió el monopolio de la industria petrolífera, al que siguieron los importantes monopolios del tabaco, la banca y el acero, legalmente organizados como compañías fiduciarias. Upton Sinclair y Frank Norris, entre otros escritores, denunciaron los abusos de estas corporaciones. Los movimientos políticos también se resistieron al crecimiento de estas compañías y encontraron un aliado en el presidente Theodore Roosevelt, que las deshizo y propuso soluciones para proteger el medio natural de los estragos provocados por un desarrollo industrial sin restricciones. También a principios del siglo XX se crearon los sindicatos, que organizaron importantes huelgas, algunas violentas, para mejorar los sueldos y las condiciones de trabajo y ayudaron a proteger a los niños del trabajo en las fábricas.
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Viñeta en la que el tío Sam recibe a los inmigrantes en el U.S. Ark of Refuge

La participación en la I Guerra Mundial confirmó el papel de Estados Unidos como potencia internacional, dejando atrás su aislamiento. Terminada la guerra, los soldados regresaron al país y se encontraron con un clima de gran descontento, con huelgas laborales y disturbios raciales. La depresión económica provocó un enorme sufrimiento y que las funciones del Gobierno cambiaran.
En los años 20, conocidos como la Jazz Age, se produjo una explosión de creatividad artística, especialmente en la música popular. Se levantaron destacadas obras arquitectónicas y de ingeniería y la creciente popularidad del coche impulsó la construcción de las primeras autopistas transcontinentales, que conectaron el país y vieron nacer los primeros suburbios.
Este derroche de creatividad coincidió con la ley seca, que ilegalizó la venta de alcohol. Irónicamente, fue la prohibición la que originó el modo de vida despreocupado e impulsado por las drogas y el alcohol en los locos años 20.
La caída de Wall Street en 1929 destrozó millones de sueños y dejó a muchos estadounidenses en la miseria. Los granjeros y la población negra de las ciudades y las zonas rurales fueron golpeados con especial dureza, ya que los banqueros les retiraron la financiación. El subsidio de desempleo y el producto interior bruto eran la mitad que en los años 20. Las sequías generalizadas y los vientos continuos provocaron tal destrucción que unos 200.000 granjeros de las Grandes Llanuras se vieron obligados a migrar a California.
El Gobierno republicano, que había estimulado el crecimiento y fue culpado de la crisis, recibió el rechazo de los votantes, que eligieron como presidente en 1932 al demócrata Franklin Delano Roosevelt. En sus primeros cien días de mandato puso en marcha una serie de programas de ayuda federales (New Deal) para revitalizar la economía, crear puestos de trabajo y ayudar a aquellos que habían sufrido la crisis económica. Roosevelt también creó cuerpos reguladores para tratar de evitar la confusión económica. Aunque se invirtieron millones de dólares de los fondos federales en ayudas, un 20% seguía en paro en 1939.
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Los acorazados West Virginia y Tennessee arden tras el ataque japonés a Pearl Harbor

El ataque japonés a Pearl Harbor en 1941 y la posterior entrada de Estados Unidos en la II Guerra Mundial marcaron el comienzo del nuevo papel del país en la política internacional. Con la llegada de la Guerra Fría, las numerosas bases militares establecidas por Estados Unidos durante la II Guerra Mundial recuperaron su importancia y se intensificaron las alianzas con otros países. La poderosa influencia estadounidense y la inversión exterior se consideraban una manera de atraer a otras naciones a la espera capitalista. El Plan Marshall de 1948 destinó 13 billones de dólares a la reconstrucción de la Europa occidental de posguerra, intentando de este modo reducir la influencia comunista.
El desarrollo económico y social se vio a menudo ensombrecido por el fantasma de la guerra nuclear. La guerra de Corea fue el primero de una larga lista de enfrentamientos para detener la expansión del comunismo. El miedo a su influencia dentro del propio país provocó cazas de brujas, como las dirigidas por el senador Joseph McCarthy. Los temores de la Guerra Fría también impulsaron numerosas operaciones militares como la toma de Guatemala, la desafortunada invasión de Cuba y la guerra de Vietnam de los años 60 y 70.
Después de Vietnam, el país abandonó su papel activo en la política internacional. La invasión soviética de Afganistán en 1979 prolongó la Guerra Fría una década más, pero con la caída de la Unión Soviética en 1991, Estados Unidos se convirtió en la única superpotencia mundial.
Al contrario que en gran parte del mundo, éste fue uno de los períodos más prósperos en la historia de Estados Unidos. La economía, estimulada por la movilización de la industria durante la II Guerra Mundial, y la carrera armamentística con la Unión Soviética fueron factores clave en la creación de un bienestar sin precedentes. Cuando la industria se adaptó a los tiempos de paz, aparecieron en el mercado los bienes de consumo duraderos, lo que generó un floreciente sector servicios. La posición del país como centro del sistema de comercio internacional le proporcionó acceso a mercados extranjeros cruciales.
Cuando los estadounidenses negros migraron desde el sur rural a los centros urbanos en los años 40 y 50, los blancos se fueron a los suburbios, llevándose el dinero de sus impuestos. La crisis financiera se agravó con el declive de las industrias tradicionales y las ciudades sufrieron sus consecuencias durante los años 60 y 70. Casas deterioradas, carreteras en mal estado, pobreza, delincuencia y tensión racial era lo habitual en muchas poblaciones.
Las nuevas oportunidades de las posguerra se les negaron a muchos afroamericanos, especialmente en el sur, todavía segregado. Ayudados por una sentencia del Tribunal Supremo de 1954 que declaraba la segregación inconstitucional, lucharon por acabar con la discriminación. En 1955 se produjo un boicot en un autobús de Montgomery (Alabama), lo que obligó a la empresa a acabar con la segregación. Este logro inspiró protestas similares en todo el sur. En los años 1964 y 1965, el Congreso aprobó la ley que prohibía la discriminación racial.
En los años 60 también aumentó la conciencia política en otros grupos; las protestas contra la guerra de Vietnam se incrementaron y cobró importancia el movimiento por los derechos de la mujer. En los años 70, el feminismo estuvo a punto de acabar con la discriminación sexual. Durante la crisis del sida a finales de los años 80, la homosexualidad se fue aceptando y las parejas de gays y lesbianas consiguieron una mayor protección legal.

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El reverendo Martin Luther King Jr. da un sermón en la Ebenezer Baptist Church (Atlanta)

El crecimiento posterior a la guerra acabó a principios de los años 70. La inflación y la recesión se prolongaron a causa de la guerra de Vietnam y la crisis energética. Las firmas estadounidenses intentaron asegurarse el acceso a valiosas materias primas, sobre todo el petróleo de Oriente Próximo, y las empresas encontraron diversas formas de explotar mano de obra extranjera barata construyendo sus fábricas fuera del país.
En los 80, los ordenadores y demás aparatos digitales comenzaron a cambiar las formas de comunicación entre los estadounidenses. Internet generó gran cantidad de riqueza. Con el cambio de milenio, el auge provocado por internet desapareció, provocando la primera recesión económica. La controvertida elección de George W. Bush como presidente saltó a los titulares por el recuento de votos de Florida y demostró que los estadounidenses estaban profundamente divididos en temas cruciales.

Los ataques terroristas que sufrieron Nueva York y Washington D.C. en septiembre de 2001 empujaron a Bush a comenzar una cruzada contra el terrorismo que provocó un enfrentamiento armado contra el régimen talibán en Afganistán y la invasión de Irak. La tensión económica durante los cinco años de la guerra combinada con la degeneración financiera produjo la crisis económica de 2008. Las campañas de las elecciones presidenciales de 2008 tomaron una nueva dirección en la política de Estados Unidos, con una mayor representación femenina y de las minorías. El afroamericano Barack Obama fue elegido 44º presidente de los Estados Unidos.