George Washington antes de Yorktown, pintado por Rembrandt Peale entre 1824 y 1825
América del Norte lleva habitada entre 13.000 y 30.000 años:
sus pobladores llegaron a Alaska desde Siberia por la lengua de tierra del
estrecho de Bering. Cuando el hielo retrocedió, se trasladaron al sur, hacia las
ricas tierras de caza de las Grandes Llanuras. Aislados de Eurasia por el
deshielo y la subida del nivel del mar, eran cazadores, la agricultura sólo se
desarrolló de forma esporádica.
Durante este período de aislamiento se desarrollaron unos
modelos ecológicos, genéticos y sociales que se mostraron terriblemente
frágiles al enfrentarse con los primeros europeos a finales del siglo XV.
La exploración europea empezó realmente cuando los avances
en la navegación posibilitaron viajes tan largos como los de Colón (1492) y
Cabot (1497). Los primeros expedicionarios se sorprendieron de la cantidad de
recursos naturales que encontraron. Los animales de pelo se explotaron
rápidamente debido a su piel. Cuando investigaron más profundamente pudieron
aprovechar los detallados conocimientos de los pueblos indígenas y utilizar sus
rutas para explorar el continente. En un mapa de 1507 figura América, que
procede del nombre de uno de los primeros exploradores del Nuevo Mundo, Américo
Vespucio.
La rivalidad entre España, Francia y Gran Bretaña continuó
con el descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492. España fundó con éxito sus
primeras colonias de América del Norte en Florida y en Nuevo México, combinando
los intereses comerciales y religiosos. Francia estableció su primer asentamiento
en Quebec y los holandeses levantaron un puesto en la desembocadura del río
Hudson. Sin embargo, los ingleses tomaron la delantera fundando colonias en
Virginia, en Nueva Inglaterra y en Pensilvania. Muchos colonos murieron a causa
de las enfermedades y la desnutrición. Virginia se convirtió en la colonia más
lucrativa del Nuevo Mundo gracias al cultuvo del tabaco. Hacia 1700, las
colonias inglesas tenían 250.000 habitantes, sin contar a los nativoamericanos,
mientras que en las regiones española y francesa sólo vivían unas mil personas
no nativas.
Cristóbal Colón desembarca en el Nuevo Mundo el 12 de Octubre de 1492
El siglo XVIII comportó cambios significativos en todos los
países, pero especialmente en el Nuevo Mundo. Los colonos ampliaron sus
dominios desplazando o matando a las tribus nativas mediante compras de
tierras, guerras y enfermedades. A las colonias sureñas de Virginia y Carolina,
donde la falta de tierra desanimó a los nuevos inmigrantes, llegaron numerosos
esclavos africanos (hacia 1750 alcanzaban un total de 150.000, el 40% de la
población). La guerra de independencia comenzó rápidamente y transformó el
mundo en pocos años. La desaparición de la potencial amenaza francesa y la
posterior conquista inglesa de Canadá con la guerra de los Siete Años
levantaron quejas entre los colonos americanos por los abusos británicos, que
se resumieron en la frase: “Ningún impuesto sin representación”. En 1770, las
tropas británicas abrieron fuego contra un grupo de trabajadores
indisciplinados y mataron a cinco de ellos en la Matanza de Boston. En 1773,
algunos comerciantes de la colonia se disfrazaron de indios y tiraron un
cargamento de té al puerto de Boston para protestar por el monopolio británico
en el comercio del té.
John Trumbull pintó en 1786 la batalla de Bunker Hill
La guerra estalló en abril de 1775, cuando los
redcoats británicos marcharon sobre
Concord en un intento de hacerse con un arsenal de armas de los
minutemen angloamericanos. En la
retirada de los británicos hacia Boston murieron más de 75
redcoats y unos 90
minutemen.
Los británicos ocuparon Nueva York y Filadelfia, mientras los angloamericanos mal
equipados hacían frente al duro invierno. La guerra se trasladó al sur, y los
soldados de la frontera, bajo las órdenes de Daniel Boone y George Rogers
Clark, invadieron puestos británicos en Kentucky e Illinois. Finalmente,
ganaron los angloamericanos, en gran parte gracias al apoyo francés. La guerra
terminó oficialmente en 1783.
Motín del té de Boston
Hacia 1783, los recién creados Estados Unidos de América
contaban con un borrador de constitución y un territorio que alcanzaba hacia el
oeste el río Misisipí. La Constitución se adoptó oficialmente en 1788 y en 1791
se añadieron las diez enmiendas de la Declaración de Derechos Civiles, que
garantizaban la libertad de expresión, prensa, religión y asamblea de todo
ciudadano. En 1800, la capital se trasladó de Filadelfia a la recién creada
Washington D.C., que contaba con 3.200 habitantes.
George Washington muestra una copia de la Constitución rodeado de los Padres Fundadores, 1787
La expansión de Estados Unidos en sus primeros años fue
enorme. Primero se ocupó el territorio noroeste, junto a los Grandes Lagos, en
1787. La compra de Luisiana en 1803, anteriormente bajo control francés, añadió
una vasta extensión de tierra al oeste. Este rápido crecimiento provocó la
necesidad de explorar los nuevos territorios. A principios del siglo XIX, Lewis
y Clark realizaron su famosa expedición a través del continente, que fue financiada
por el Congreso por expresa petición del presidente Thomas Jefferson.
La primera prueba que tuvo que superar el recién
independizado país llegó en 1812, cuando se encontró inmerso en una guerra
entre Francia y Gran Bretaña. Aunque ambos países aceptaron respetar los barcos
estadounidenses, las fuerzas americanas atacaron intereses británicos en Canadá
y como represalia los ingleses incendiaron el Capitolio y la Casa Blanca.
Irónicamente, la guerra terminó con un tratado de paz que se firmó dos semanas antes
de que se produjera la mayor escaramuza, la batalla de Nueva Orleans en 1815.
Tras la guerra de 1812, Estados Unidos perdió la esperanza
de anexionar Canadá y comenzó una fuerte ofensiva hacia el oeste. Los colonos
se asentaron en las Grandes Llanuras, en Oregón y, por último, al norte de
México, que abarcaba Texas y California. El Camino de Santa Fe, inaugurado con
fines comerciales en 1823, atrajo a Nuevo México bajo la influencia
estadounidense. A mitad del siglo XIX existía una extensa red de comunicaciones.
Los ríos estaban dominados por el tráfico de barcos de vapor, complementado por
canales y líneas férreas por todo el país.
La consolidación de las tierras occidentales animó a
millones de pioneros a migrar hacia el oeste. A mediados del siglo XIX se
extendió entre la población la idea de que el país iba a ocupar todo el
continente. Este deseo de expansión, en palabras del periodista John L.
O’Sullivan, se denominó el Destino Manifiesto.
El asentamiento ordenado fue posible gracias a la supervisión
oficial y a la división del terreno en secciones rectangulares, cada una con un
área de una milla cuadrada. Por tierra se abrieron caminos que se dirigían al
oeste, hacia los campos mineros de California, que se convirtió en Estado en
1850. En 1860, más de la mitad de la población vivía al oeste de los Apalaches;
en 1800 era menos del 10%.
A pesar de los conflictos con Gran Bretaña a causa de
Canadá, Estados Unidos logró solucionar este problema de manera pacífica. No ocurrió
lo mismo con México, temeroso de las ambiciones territoriales estadounidenses,
especialmente después de que el presidente Andrew Jackson se ofreciera a
comprar Texas. La crisis se aceleró cuando Texas declaró su independencia de
México en 1835. Ignorando a las tribus nativoamericanas y la propiedad legal
que mantenían los españoles sobre gran parte de este territorio, Estados Unidos
tomó el control de Texas, lo que desencadenó la guerra con México. El enfrentamiento
provocó a su vez que Estados Unidos confiscara California y gran parte del
suroeste. En 1848 México entregó casi la mitad de su territorio; los británicos
cedieron las tierras del norte de Oregón y James Gadsden compró 30.000 millas
cuadradas al suroeste. En menos de 50 años, el país triplicó su tamaño.
A partir de 1500, enfermedades como la viruela y la sífilis
acabaron con casi el 90% de algunas tribus. A medida que aumentaban los
asentamientos europeos, se hacían más frecuentes las reubicaciones forzosas de
las tribus indias. Esta práctica alcanzó su momento culminante con la marcha
forzosa de la nación cherokee desde el sureste hasta Oklahoma a lo largo del
Sendero de las Lágrimas. Cuando los europeos se expandieron hacia el oeste, los
indios tuvieron que recluirse en reservas.
La construcción de las líneas férreas transcontinentales a
finales del siglo XIX abrió el oeste a los cazadores, que con el tiempo mataron
a millones de búfalos. En unos cientos de años, las culturas indígenas de
América del Norte fueron destruidas o marginadas por los europeos, que
convirtieron el continente en una potencia económica, industrial y política
mundial.
Entre 1783, año de la independencia, y 1860 se desarrollaron
dos sociedades muy diferentes en el país. En el norte surgió una sociedad
industrializada, comprometida con los sistemas bancarios y de crédito
liberales, y unos aranceles proteccionistas, mientras que el sur, menos poblado
y agrario, se oponía a la venta de las tierras comunales en el medio oeste, a los
impuestos elevados y a las restricciones en la esclavitud.
Las fuerzas confederadas ocupan el fuerte Sumter (Carolina del Sur), el 15 de Abril de 1861
Las causas de la Guerra de Secesión siguen sin esclarecerse;
aunque la esclavitud dividió a la nación, el objetivo de la contienda no era
liberar a los esclavos. De hecho, el enfrentamiento surgió ante el dilema de
extender o no la esclavitud a los Estados recién creados en el oeste. El sur
quería que cada nuevo Estado decidiera de manera independiente. Los Estados del
norte deseaban mantener la esclavitud dentro de sus fronteras, en parte para
proteger su propia mano de obra. El Gobierno federal dejó la decisión en manos
de los nuevos Estados y los disturbios entre defensores y detractores
invadieron el oeste. En 1856, las guerrillas pro esclavitud incendiaron la
ciudad de Lawrence (Kansas) y como represalia 200 personas murieron asesinadas.
Tres años más tarde, 22 abolicionistas liderados por John Brown atacaron el
arsenal federal de Harpers Ferry (Virginia), con la esperanza de incitar una
rebelión entre los esclavos. Brown y sus acompañantes fueron asesinados, pero
su intento separó aún más a una nación ya dividida. En 1860, 18 Estados estaban
a favor de la libertad, principalmente en el norte, y 15 eran esclavistas,
sobre todo en el sur. Cuando Abraham Lincoln fue elegido presidente en 1860,
Carolina del Sur abandonó la Unión, seguida de otros seis Estados sureños que
se unieron para formar los Estados Confederados de América.
Los primeros disparos de la guerra se produjeron en 1861,
cuando los confederados atacaron el fuerte Sumter (Carolina del Sur). Lincoln
movilizó a los soldados para aplastar la rebelión y pronto otros cuatro Estados
a favor de la esclavitud, entre ellos Virginia, abandonaron la Unión. Richmond se
convirtió en la capital confederada. Cuatro Estados esclavistas se mantuvieron
en la Unión y los condados occidentales de Virginia se separaron para formar
Virginia Occidental, que entró en la Unión en 1863.
Los confederados ganaron la primera batalla terrestre
importante en Manassas (Virginia) en 1861. Durante los dos años siguientes se
produjeron numerosos enfrentamientos en Virginia y Maryland. El avance
confederado fue finalmente detenido con la derrota de Gettysburg en 1863. Ese mismo
año, las fuerzas de la Unión tomaron el control del río Misisipí, destruyeron
Atlanta y marcharon sobre Georgia, cortando así las líneas de abastecimiento y
rodeando casi por completo lo que quedaba del ejército confederado. La guerra
terminó en abril de 1865.
La destrucción provocada por la guerra fue inmensa. Lucharon
unos tres millones de soldados (casi el 10% de la población) y murieron
620.000. Ciudades enteras quedaron en ruinas y la nación tardó años en
recuperarse.
Cartel del salvaje oeste de Buffalo Bill, 1900
A finales del siglo XIX se produjeron cambios radicales en
el país. El sur conquistado y los esclavos recién liberados sufrieron los
estragos de la reconstrucción, mientras que en el oeste los nativoamericanos
veían cómo les arrebataban sus tierras y destruían su modo de vida. La sentencia
de muerte de su cultura llegó con la Ley de Protección de las Tierras de
Colonización, que concedía 160 acres de tierra a cualquier colono blanco,
esclavo liberado o mujer soltera. El ejército luchó contra las tribus de las
Grandes Llanuras y la resistencia india en el desierto del suroeste acabó con
la rendición del jefe apalache Jerónimo en 1886.
En el este y en el medio oeste, las inmensas fábricas
sustituían a los productores locales a medida que la población cambiaba las
granjas autosuficientes por la caótica vida urbana. En un período de tiempo
relativamente corto, el ritmo de vida se alteró con el incremento de vías
férreas y la aparición del telégrafo, el teléfono, el avión y el coche. Las líneas
de ferrocarril acercaron el oeste antaño lejano hacia los mercados orientales y
como consecuencia surgieron ciudades fronterizas, a menudo lugares sin ley. Durante
el período posterior a la Guerra de Secesión, el país se convirtió en una
potencia internacional; en 1867 Rusia le vendió Alaska, y más tarde tomó el
control de Hawai, Filipinas y Panamá.
Aunque las historias sobre el lejano oeste cautivaron a la
gente, el desarrollo más significativo fue la creciente importancia de la
industrialización, que hizo inevitable el rápido trasvase de la población desde
pueblos y granjas hasta las grandes ciudades. Este cambio fue en parte posible
debido a las oleadas de inmigrantes.
Hacia 1880 llegaron más de seis millones de inmigrantes y en
la primera década del siglo XX la afluencia era de un millón al año. Cuando estalló
la I Guerra Mundial, la población alcanzaba los 100 millones de habitantes, un
15% nacidos en el extranjero.
La consolidación de la población se produjo a la par que las
mejoras en la industria y los negocios. Hacia 1882, la Standard Oil Company de
John D. Rockefeller consiguió el monopolio de la industria petrolífera, al que
siguieron los importantes monopolios del tabaco, la banca y el acero,
legalmente organizados como compañías fiduciarias. Upton Sinclair y Frank
Norris, entre otros escritores, denunciaron los abusos de estas corporaciones. Los
movimientos políticos también se resistieron al crecimiento de estas compañías
y encontraron un aliado en el presidente Theodore Roosevelt, que las deshizo y
propuso soluciones para proteger el medio natural de los estragos provocados
por un desarrollo industrial sin restricciones. También a principios del siglo
XX se crearon los sindicatos, que organizaron importantes huelgas, algunas
violentas, para mejorar los sueldos y las condiciones de trabajo y ayudaron a
proteger a los niños del trabajo en las fábricas.

Viñeta en la que el tío Sam recibe a los inmigrantes en el U.S. Ark of Refuge
La participación en la I Guerra Mundial confirmó el papel de
Estados Unidos como potencia internacional, dejando atrás su aislamiento. Terminada
la guerra, los soldados regresaron al país y se encontraron con un clima de
gran descontento, con huelgas laborales y disturbios raciales. La depresión
económica provocó un enorme sufrimiento y que las funciones del Gobierno
cambiaran.
En los años 20, conocidos como la Jazz Age, se produjo una
explosión de creatividad artística, especialmente en la música popular. Se levantaron
destacadas obras arquitectónicas y de ingeniería y la creciente popularidad del
coche impulsó la construcción de las primeras autopistas transcontinentales,
que conectaron el país y vieron nacer los primeros suburbios.
Este derroche de creatividad coincidió con la ley seca, que
ilegalizó la venta de alcohol. Irónicamente, fue la prohibición la que originó
el modo de vida despreocupado e impulsado por las drogas y el alcohol en los
locos años 20.
La caída de Wall Street en 1929 destrozó millones de sueños
y dejó a muchos estadounidenses en la miseria. Los granjeros y la población
negra de las ciudades y las zonas rurales fueron golpeados con especial dureza,
ya que los banqueros les retiraron la financiación. El subsidio de desempleo y
el producto interior bruto eran la mitad que en los años 20. Las sequías
generalizadas y los vientos continuos provocaron tal destrucción que unos
200.000 granjeros de las Grandes Llanuras se vieron obligados a migrar a
California.
El Gobierno republicano, que había estimulado el crecimiento
y fue culpado de la crisis, recibió el rechazo de los votantes, que eligieron
como presidente en 1932 al demócrata Franklin Delano Roosevelt. En sus primeros
cien días de mandato puso en marcha una serie de programas de ayuda federales
(New Deal) para revitalizar la economía, crear puestos de trabajo y ayudar a
aquellos que habían sufrido la crisis económica. Roosevelt también creó cuerpos
reguladores para tratar de evitar la confusión económica. Aunque se invirtieron
millones de dólares de los fondos federales en ayudas, un 20% seguía en paro en
1939.
Los acorazados West Virginia y Tennessee arden tras el ataque japonés a Pearl Harbor
El ataque japonés a Pearl Harbor en 1941 y la posterior
entrada de Estados Unidos en la II Guerra Mundial marcaron el comienzo del
nuevo papel del país en la política internacional. Con la llegada de la Guerra
Fría, las numerosas bases militares establecidas por Estados Unidos durante la
II Guerra Mundial recuperaron su importancia y se intensificaron las alianzas
con otros países. La poderosa influencia estadounidense y la inversión exterior
se consideraban una manera de atraer a otras naciones a la espera capitalista. El
Plan Marshall de 1948 destinó 13 billones de dólares a la reconstrucción de la
Europa occidental de posguerra, intentando de este modo reducir la influencia
comunista.
El desarrollo económico y social se vio a menudo
ensombrecido por el fantasma de la guerra nuclear. La guerra de Corea fue el
primero de una larga lista de enfrentamientos para detener la expansión del
comunismo. El miedo a su influencia dentro del propio país provocó cazas de
brujas, como las dirigidas por el senador Joseph McCarthy. Los temores de la
Guerra Fría también impulsaron numerosas operaciones militares como la toma de
Guatemala, la desafortunada invasión de Cuba y la guerra de Vietnam de los años
60 y 70.
Después de Vietnam, el país abandonó su papel activo en la
política internacional. La invasión soviética de Afganistán en 1979 prolongó la
Guerra Fría una década más, pero con la caída de la Unión Soviética en 1991,
Estados Unidos se convirtió en la única superpotencia mundial.
Al contrario que en gran parte del mundo, éste fue uno de
los períodos más prósperos en la historia de Estados Unidos. La economía,
estimulada por la movilización de la industria durante la II Guerra Mundial, y
la carrera armamentística con la Unión Soviética fueron factores clave en la
creación de un bienestar sin precedentes. Cuando la industria se adaptó a los
tiempos de paz, aparecieron en el mercado los bienes de consumo duraderos, lo
que generó un floreciente sector servicios. La posición del país como centro
del sistema de comercio internacional le proporcionó acceso a mercados extranjeros
cruciales.
Cuando los estadounidenses negros migraron desde el sur
rural a los centros urbanos en los años 40 y 50, los blancos se fueron a los
suburbios, llevándose el dinero de sus impuestos. La crisis financiera se
agravó con el declive de las industrias tradicionales y las ciudades sufrieron
sus consecuencias durante los años 60 y 70. Casas deterioradas, carreteras en
mal estado, pobreza, delincuencia y tensión racial era lo habitual en muchas
poblaciones.
Las nuevas oportunidades de las posguerra se les negaron a
muchos afroamericanos, especialmente en el sur, todavía segregado. Ayudados por
una sentencia del Tribunal Supremo de 1954 que declaraba la segregación
inconstitucional, lucharon por acabar con la discriminación. En 1955 se produjo
un boicot en un autobús de Montgomery (Alabama), lo que obligó a la empresa a
acabar con la segregación. Este logro inspiró protestas similares en todo el
sur. En los años 1964 y 1965, el Congreso aprobó la ley que prohibía la
discriminación racial.
En los años 60 también aumentó la conciencia política en
otros grupos; las protestas contra la guerra de Vietnam se incrementaron y
cobró importancia el movimiento por los derechos de la mujer. En los años 70,
el feminismo estuvo a punto de acabar con la discriminación sexual. Durante la
crisis del sida a finales de los años 80, la homosexualidad se fue aceptando y
las parejas de gays y lesbianas consiguieron una mayor protección legal.
El reverendo Martin Luther King Jr. da un sermón en la Ebenezer Baptist Church (Atlanta)
El crecimiento posterior a la guerra acabó a principios de
los años 70. La inflación y la recesión se prolongaron a causa de la guerra de
Vietnam y la crisis energética. Las firmas estadounidenses intentaron
asegurarse el acceso a valiosas materias primas, sobre todo el petróleo de
Oriente Próximo, y las empresas encontraron diversas formas de explotar mano de
obra extranjera barata construyendo sus fábricas fuera del país.
En los 80, los ordenadores y demás aparatos digitales
comenzaron a cambiar las formas de comunicación entre los estadounidenses. Internet
generó gran cantidad de riqueza. Con el cambio de milenio, el auge provocado
por internet desapareció, provocando la primera recesión económica. La controvertida
elección de George W. Bush como presidente saltó a los titulares por el
recuento de votos de Florida y demostró que los estadounidenses estaban
profundamente divididos en temas cruciales.
Los ataques terroristas que sufrieron Nueva York y
Washington D.C. en septiembre de 2001 empujaron a Bush a comenzar una cruzada
contra el terrorismo que provocó un enfrentamiento armado contra el régimen
talibán en Afganistán y la invasión de Irak. La tensión económica durante los
cinco años de la guerra combinada con la degeneración financiera produjo la
crisis económica de 2008. Las campañas de las elecciones presidenciales de 2008
tomaron una nueva dirección en la política de Estados Unidos, con una mayor
representación femenina y de las minorías. El afroamericano Barack Obama fue
elegido 44º presidente de los Estados Unidos.