lunes, mayo 31, 2010

No es tiempo de pensar

He llegado a casa a las 10.30h. de la noche. Tengo la vaga sensación de que no hago otra cosa más que trabajar. Supongo que mañana por la mañana me daré un poco de cancha y apareceré una hora más tarde por la oficina. Necesito descansar, pero también despejarme.
He decidido hacer un álbum Hofmann. Estaba tumbada y se me ocurrían frases que añadir a fotos en concreto. ¡Y cuánto amor había en esas palabras! Cualquier cosa que diga o haga rezuma amor. ¿Qué me da él?

La gente siempre viene cuando no tiene que venir

Basta que tengas mucho trabajo para que venga gente a interrumpir (y cuando digo esto me refiero a que se sale del horario de oficina). El primero que ha aparecido a tocar las narices ha sido D. A ver si ahora que evito desayunar con él va a venir de visita. Lo primero que le he dicho es que tenía mucho que hacer y no se iba. Me ha salvado un matrimonio que sí que ha entrado por trabajo. Entonces D. se ha marchado. Pues aún estaba el matrimonio cuando ha vuelto a pasar y mirar. Al comprobar que seguía ocupada ha pasado de largo.
Si vuelve a aparecer otro día le diré, con buenas palabras, que no tome por rutina pasar por aquí.

Ahora imagino que es un día en que estoy saturada de trabajo, pero aparece otra persona. Creo que olvidaría el trabajo y que me olvidaría de todo para perder la noción del tiempo y del espacio, para perderme en sus ojos, para perderme en él... Lo que ocurre es que algo así es tan improbable como que los cerdos vuelen.

Me da la sensación de que hoy me van a dar las diez de la noche aquí.

Frenesí

Si hubiera podido aparcar justo a su lado lo hubiera hecho, pero como no era posible he aparcado lo más cerca posible que podía en ese momento.
¿Qué sentir al ver su coche...? Como siempre, una cercanía auténtica. Como siempre, el deseo de dejar mi huella entre los cristales de su coche. Vale, esto no lo hago, aunque no es por falta de ganas, no lo hago porque suelo tener tanta suerte que seguro que me pillaría con las manos en la masa. Y también me apetecía decirle que fuéramos a lavar los coches juntos, pues cualquier momento con él te hace tocar el cielo con las manos o te hace pisar entre algodones de felicidad. Pero no se lo he dicho, pero no por falta de ganas.
Después de tantos días sin ver su coche, es un subidón lo que tengo ahora. Porque sé que está muy cerca.

Es lo que prefije anoche: vería a gente que está todos los días con él, vería su coche... pero a él seguro que no le veo. Esta mañana he visto a alguien con título nobiliario (yo me entiendo al decir esto), ahora veo su coche... Pero ¿él? Yo quiero verle a él.

Comienza la cuenta atrás

Ahora sí que comienza la cuenta atrás. Intento no pensarlo, pero la mente vuela.
Me llegará un paquete urgente posiblemente mañana con los vuelos y los hoteles. No me han dado el teléfono de mi contacto en Japón, ya que allí existe algo que se llama Ley de la Intimidad (aparte de la Ley de Protección de Datos, que también existe).
Por otro lado, hoy es uno de esos días en que necesitaba piscina al mediodía, aunque como todavía no la hemos abierto me he tenido que conformar con una ducha fría. Aunque tenga mucho calor, lo prefiero. El sol da alegría...
Y me he acordado de él, sobre todo cuando estaba en la calle y he visto a alguien cruzar, alguien cercano a él.
Creo que me voy a echar unos diez minutos.

Acidez

Tengo una terrible sensación. Me voy a ir a las antípodas del globo y no le voy a ver antes de irme; quizás vea su coche todos los días, quizás vea a sus compañeros, a alguien emparentado con él, pero tengo la terrible sensación amarga de que a él no le veré hasta mi vuelta. Y son dos semanas, aunque seguramente me acordaré de él bastante más a menudo de lo que realmente quisiera. Ya lo hago ahora, pero allá lejos tendré que concentrarme en otras cosas. Desconectaré de todo menos de él.
Se me ha echado el tiempo encima. Lo veía tan lejano todo y ahora... Ahora ya no puedo echarme atrás. Sigo pensando que la otra alternativa hubiera estado bien, pero no pudo ser. Me obligaré a no pensar en ello, al fin y al cabo, vaya donde vaya él vendrá conmigo, porque no hay mejor acompañante que aquel que se lleva en el corazón. Sin embargo, me gustaría compartirlo todo con él, aquello o cualquier otro lugar. Al final, el destino elegido termina pasando a un plano secundario.
La sensación de no mirar a sus ojos antes de marchar es apabullante; siento que un péndulo golpea interminablemente mi estómago con el sabor de la acidez.
Y dos semanas, pese a que ahora me parezcan larguísimas, se pasarán volando. Lo único que tengo que hacer es configurar la Blackberry, porque puedo meterme en internet pero no me deja escribir aquí. No sé por qué. Quiero estar cerca estando lejos. Aunque lo que quiero tener cerca no lo puedo tener más cercano.

domingo, mayo 30, 2010

Los milagros del vino


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El mejor vino es un don, pero hay que luchar mucho para ganárselo”.
Éste es un libro que me costó mucho empezar, por el simple hecho de que el tema no me atraía, pero ya había leído otro libro del autor, El alma de la ciudad, y sabía que no me defraudaría. Y, a pesar de desear dejarlo a la semana cuando aún no había leído siquiera un centenar de páginas, opté por seguir. No me gusta dejar libros a medias. El resultado es que ha terminado gustándome, quizás por lo inesperado.
Debemos vivir como si fuera para siempre, pero, a la vez, como si fuéramos a dejar este mundo en cualquier momento…”.
Corre el siglo I en Grecia. Podalirio, griego de Siracusa, es un dócil sacristán dedicado a servir en el templo de Asclepio. Amigo del procónsul romano y adorado por los fieles, muy pronto se convierte en el hierofante del templo, sustituyendo al loco Epafo. Cuando muere su amada Eos, hetera y sirvienta de Afrodita, decide emprender un largo viaje. Ha escuchado, de boca de viajeros, que en Palestina se adora a un único dios, gracias a la venida al mundo de Crestos. Escucha todo lo que le dice Saoul (Pablo de Tarso) y opta por emprender un viaje a Palestina. Allí entrará en contacto con Susana, una mujer madura, soltera e inteligente que se dedica al negocio del vino. Griega de nacimiento, profesa la religión judía. Ella es la que le cuenta los prodigios milagrosos de Yeshúa, de cómo entró en contacto con él y le quitó de la mente todos sus demonios que la llevaban a la melancolía y de cómo murió crucificado cruelmente. Durante un año, Podalirio permanece en la villa de Susana, aprendiendo no sólo las enseñanzas de Yeshúa, sino los misterios del vino. Y el lugar de sus viejos dioses se ve usurpado por la imagen de un único Dios, el Eterno.
Cuando los demonios de las dudas ocupan el corazón, el hombre no encuentra sitio para sí mismo dentro de él… No encuentra el espacio deseado para descansar en su propio corazón, pero no porque esté lleno, sino precisamente porque está vacío…”.
El viento sopla donde quiere… aunque nadie sabe de dónde viene ni adónde va… Pero todos podemos sentir su presencia y oír su voz…”.

De nuevo en el campo


Adoro levantarme los domingos sin resaca, sin haber trasnochado, sin dolores en los músculos, sin los demonios que aparecen al día siguiente. Y en esos domingos aprovecho para ir al campo, sobre todo si hace sol, como hoy.
He empezado por la ermita, pero como el perrito no paraba de molestar a otros perros más grandes le he llevado a mi árbol, donde he terminado disfrutando de la soledad y de la tranquilidad del silencio, a veces quebrado por el sonido insistente de insectos en la lejanía o por el nostálgico cantar del cuco entre las ramas de los árboles.
Y me preguntaba dónde estaría él...

Aguja e hilo


Esta mañana me he puesto unas sandalias de cuña bastante pronunciada. El resultado ha sido que por la tarde tenía sendas ampollas en los pies, en los dos además.
Cada vez que me salen ampollas en los pies recuerdo aquellas andanzas en Pirineos cuando éramos adolescentes. Si algo hay que eche mucho de menos de mi antiguo colegio, aparte de la gente, eran las acampadas.

Corría el mes de julio de 1994 cuando nos fuimos a Benasque, en el Pirineo oscense. Recuerdo que pasamos por Huesca, ciudad de la que aún guardo en la memoria imágenes de sus murallas bañadas por la luz del sol, una ciudad pequeñita, que atravesamos rápidamente sin hacer una parada. Recuerdo incluso que me estaba leyendo uno de los libros de una saga de V.C. Andrews, autora que entonces causaba furor entre los adolescentes. Los libros de la autora eran de color verde botella.
Pasamos Benasque y, a uno o dos kilómetros, se encontraba nuestro camping. Allí todos los campings estaban en lo más bajo del valle, casi siempre junto a un río (así que, cuando años después ocurrió lo de Biescas, sentí profundos escalofríos, dado que yo había permanecido durante diez días en un camping de similares características).
Aquel año sería el que subiríamos al Aneto, aunque no fuera el primer día, sino entre el 7 y 8 de julio. Y precisamente lo recuerdo porque en los dos días que nos costó subir al Aneto había un navarro que hizo un amago de chupinazo de San Fermín en el mismo refugio en cuyos alrededores dormiríamos esa noche. Aquella fue la primera y única vez que he hecho vivac (dormir al aire libre) y la experiencia es increíble. Claro que era pleno verano.
Pero antes de subir al Aneto haríamos muchas rutas por las escarpadas montañas del Pirineo aragonés: debíamos prepararnos para lo que vendría. Entonces nos acompañaba un guía y el primer día siempre era el peor lógicamente. Eso siempre ocurre cuando llevas un tiempo sin hacer ejercicio físico y lo retomas de repente. Y no eran agujetas.
Madrugábamos a las siete y para las seis de la tarde solíamos estar de vuelta en el campamento. Entonces nos poníamos a preparar la cena, por grupos, porque todas las tareas se dividían. en aquella acampada aprendí, entre otras cosas, a montar una tienda de campaña, a pelar cebollas y a sanar ampollas.
Y estaba deambulando por el campamento cuando me llamó Chemi, que además de marianista tenía otras ocupaciones en el colegio que no era la de instruir alumnos. Yo había observado que estaba curando pies, de ahí que me alejara al verle con las agujas, pero mi cojera no pasó desapercibida para él. Yo no quería que me clavara una aguja en el pie como le había visto hacer. Pero terminó convenciéndome: "Mañana volverás a caminar y, créeme, será peor que la ampolla se te explote mientras estás caminando". Así que desinfectó una aguja, enhebró un hilo coloreado de mercromina y fue 'cosiéndome' los pies, dejando los hilos dentro. Al cabo de unos segundos, al sacar el hilo, la ampolla se desinfla. No dolió, claro que no.

De cara al verano, siempre suele salirme alguna ampolla. Ahora me las quito yo, usando el sencillo sistema que me enseñó Chemi en aquella acampada. Lo que no puedo soportar es que explote una ampolla mientras estoy caminando.

El eros


Platón, el mayor de los filósofos griegos, escribió con detenimiento sobre el amor, al que llamó eros. En aquellos diálogos suyos que se reúnen bajo el título de Fedro, puso en boca de cinco varones diferentes discursos sobre el amor. Con ello quería expresar que no se puede entender el amor sólo desde un punto de vista, pues es un gran misterio. Por un lado, puede contemplarse como la causa originaria de todo lo bueno que hay en el mundo. Pero también es fuerza cósmica; impregna toda la naturaleza animada e inanimada. El eros quiere armonizar y reconciliar todos los contrarios, sanar, rehacer, reconstruir...
Es únicamente el amor lo que puede sanar nuestros corazones, expulsar los malos espíritus y darnos la dicha.
Ese eros platónico es la chispa divina que resplandece en nosotros y en el mundo. El amor puede conducir nuestro querer a través de los extravíos de esta vida, hacia un lugar eterno, y convertir nuestra temporalidad en el deseo de algo más grande, más puro, más perfecto... y más bello que cuanto hayamos podido conocer en este mundo...
Hay en esta vida un camino que supera a todos los demás. Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los seres divinos, si me falta amor, sería como metal que resuena o campana que aturde.
Aunque tuviera el don de la adivinación y descubriera todos los misterios y el saber más elevado, aunque tuviera tanta fe como para trasladar montes, si me falta amor, nada soy; aunque repartiera todo lo que poseo e incluso inmolara mi cuerpo, pero sólo para recibir alabanzas y sin amor, de nada me serviría. El amor es paciente, es nuestra comprensión.
El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdura a pesar de todo, lo espera todo y lo soporta todo.
El amor nunca pasará. Las profecías perderán su razón de ser, callarán las lenguas y ya no servirán la filosofía ni los misterios. Porque este saber nuestro se queda muy imperfecto, y nuestras profecías también son muy poca cosa. Entonces, cuando llegue lo perfecto, lo que es limitado desaparecerá. Cuando somos niños, hablamos como niños, pensamos y razonamos como niños. Pero cuando nos hacemos mayores, dejamos de lado las cosas de niño. Así también, en el momento presente, vemos las cosas como en un mal espejo y hay que adivinarlas, pero un día por fin las veremos cara a cara.
Ahora conocemos parte, pero entonces conoceremos cómo somos de verdad. Ahora, pues, nos sirven para seguir adelante la fe, la esperanza y el amor; ¡las tres!, pero lo más grande que tenemos es el amor...

sábado, mayo 29, 2010

Un día más

Me he liado viendo Eurovisión, a pesar de que ese tipo de festivales politiqueros no me gustan mucho. El caso es que he escuchado la canción de España dos veces, porque lo ha tenido que repetir, ya que la primera vez ha entrado un espontáneo en el escenario.
Me pica la curiosidad al escuchar las canciones.

Con todo lo que he dormido esta tarde no creo que duerma bien esta noche. He decidido que no voy a salir, aunque suele ocurrir que a medianoche cambie de opinión (no sería la primera vez). Sin embargo, lo que me apetece es taparme con una manta y ver una película, cualquier película.

Le echo tanto de menos...

Una vuelta por... Ezcaray


Me gusta muchísimo Ezcaray. No sé si es la proximidad de la montaña o sus casas y calles rústicas, sus soportales con vigas de madera, sus pétreos escudos de armas...
Esta mañana había mercadillo en la entrada, ni siquiera sabía dónde lo ponían. Y luego se veía gente y más gente caminando por la Plaza de la Verdura.
¡Qué diferente se ve de día que de noche...!
Me gusta ir a Ezcaray de vez en cuando, aunque esta mañana he ido porque obligaba el deber.

Una cosa no quita a la otra. Siempre que tengo oportunidad de acercarme a Ezcaray lo hago. Tiene algo aquel pueblo...

Sábado por la mañana

Adoro los sábados cuando no hay que madrugar y puedo permitirme despedazarme lentamente en la cama. Lamentablemente no era hoy uno de esos sábados, pues la alarma del móvil me ha sonado a las ocho de la mañana (demasiado pronto para ser sábado).
Se suele decir que primero la obligación.
Lo que me ha animado es que había un enorme sol cubriendo el cielo, nada que ver con el día lluvioso de ayer.

El reportaje fallido


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Hoy iba a salir SD en Callejeros, pero al final no se ha emitido el reportaje. Mi hermano pequeño ha venido diciendo que sería el próximo viernes, 4 de junio, aunque después he visto cómo anunciaban un programa para el domingo por la noche que va más encaminado con el reportaje que hicieron aquí: era sobre fiestas patronales.
Sea cuando sea, seguro que alguien me informará.

El origen de las momias


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Isis
Una historia de amor en el Antiguo Egipto, la de Isis y Osiris, da origen a la embalsamación de los cadáveres que se convertiría en toda una tradición en los siglos que llegarían después. El de Isis y Osiris es uno de los mitos más importantes del Antiguo Egipto.

"La diosa Isis y su hermano Osiris se amaban ya desde el seno materno, desde siempre. Se casaron y habrían sido felices, de no ser por el envidioso de Seth, que se interpuso entre ellos.
Fue Osiris, cuando reinaba en Egipto, quien enseñó a los hombres a cultivar los campos. Y para ello emprendió un largo viaje por tierra, pues la Humanidad era entonces salvaje y las gentes se comían las unas a las otras. Osiris les enseñó, entre otros cultivos, el de la vid. También les mostró la manera de hacer vino...
Osiris no sólo enseñó a los hombres a hacer vino. También les dijo cómo debían alimentarse y les dio leyes con las que regirse para vivir en paz, los instruyó en el respeto a los dioses y les regaló la música y la alegría de vivir. Después partió a otras tierras más lejanas para proseguir con sus buenas enseñanzas en los reinos de otras gentes que le necesitaban. Pero, mientras tanto Seth, deidad de la fuerza bruta de lo tumultuoso y lo incontenible, señor del mal y las tinieblas, dios de la sequía y del desierto, que le odiaba por su popularidad y por el amor y la veneración que todos le profesaban, instigó a algunos amigos suyos para concebir un malévolo plan. Obtuvieron en secreto las medidas exactas del cuerpo de Osiris y construyeron un cofre, una especie de sarcófago de maderas nobles ricamente adornadas donde el divino cuerpo encajara perfectamente. Cuando Osiris regresó, Seth le ofreció un gran banquete, al que fueron los setenta y dos conspiradores. Pero no Isis, que por ser tan inteligente se había percatado de la confabulación y había advertido a su esposo.
Cuando Seth dijo que tenía preparado aquel preciosísimo cofre para quien cupiera exactamente en él, los comensales se fueron introduciendo uno por uno, sin que, como era de esperar, ninguno se ajustase perfectamente a sus medidas. Entonces Osiris, que estaba maravillado por las bellas maderas y los adornos de oro, dijo: 'Permitidme probar a mí'. Se introdujo y, como encajaba, afirmó: 'Mío es para siempre'. Y Seth, que esperaba el momento, saltó sobre él, cerrando la tapa bruscamente y sellando de inmediato con clavos y plomo fundido el ataúd.
El cofre de Osiris fue arrojado al Nilo, donde el dios Hapi lo recogió y lo arrastró por las aguas hasta la costa fenicia. Allí quedó detenido en un arbusto de tamarisco, que creció hasta convertirse en un enorme árbol que conservaba incrustado en su tronco el ataúd con el cuerpo. Enterada Isis de la traición, deambuló por toda la Tierra en busca de Osiris para darle una sepultura digna. Y lo encontró, y lo llevó de nuevo a Egipto. Allí Seth lo descubrió, abrió el cofre y despedazó el cuerpo en catorce trozos que esparció por el Nilo para que sirviera de alimento a los cocodrilos. Isis tuvo que ir en busca de cada una de las partes viajando en su barca de papiro. Poco a poco fue recuperando el cuerpo y, cuando lo tuvo reunido, lo reconstruyó, excepto el miembro viril, que no había aparecido. Con la ayuda de Anubis, lo envolvió en cera aromatizada y perfumes, y lo embalsamó. Así surgió la primera momia, que quedó escondida en un lugar oculto, secreto, esperando a que todo el cuerpo estuviese completo, con el falo, para reunirse de nuevo ambos amantes".

viernes, mayo 28, 2010

Dos siluetas


Dos siluetas surcando la oscuridad poblada de estrellas, las mismas estrellas cuyo fulgor se refleja en sus ojos.
Dos siluetas navegando hacia la eternidad, abrazadas en un rincón inalcanzable del planeta.
Dos siluetas solitarias disfrutando de un nuevo amanecer, mirando hacia el horizonte.
Dos siluetas perfiladas en la lejanía…

Una silueta formada por dos.

Mientras se duerme no se vive

No quería quedarme dormida esta tarde. Mi amiga Sylvette, francesa de L'Aquitaine, siempre decía que mientras se duerme no se vive. En parte tenía razón, aunque dormir es necesario. Lo que ocurre es que me he puesto a leer hasta que los párpados me han pesado tanto que no he podido remediarlo.
Dos horas después me ha sonado el teléfono. Me parece insoportable que me despierte el teléfono, aunque cuando he visto la hora me he quedado anonadada.

He soñado... con él.

No sé cómo conseguiré dormir esta noche. Y mañana tengo que madrugar...

Nieve en primavera


En el parque anexo a mi casa hay un árbol que extiende en estos días su manto de pelusilla sobre el césped. Cuando caminas sobre él parece que vas caminando sobre una mullida alfombra blanca y, de lejos, parece que está nevado.

Yo me alejo, porque esa pelusilla me hace estornudar. Y, a pesar de ello, dan ganas de tumbarse ahí.

Unos minutos en cada hora

Los viernes por la tarde son momentos donde suelo entrar en una somnolencia extraña, pero sobre todo son varias horas donde él suele estar muy presente. Es como si fuera el único instante de la semana donde puedo pensar en él con cierta libertad. Y pensar en él me reconforta.
Para mí las tardes de los viernes son para la reflexión, esté aquí o esté fuera... Siempre termino dedicándole unos minutos a cada hora, cuando no es más.

Semanas eternas

Se me ha hecho esta semana eterna. Y, para colmo, no hace un buen día como para disfrutar de él. Sin embargo, cuando regresaba hace un rato de Correos, me ha parecido ver su coche y me ha alegrado el simple hecho de saber que podía estar tan cerca.
Le echo de menos y, paradójicamente, no comprendo cómo puedo echarle tanto de menos.

Y la próxima se me hará más eterna aún. Es lo que tiene cuando te quedan unos días para coger vacaciones. En Tokio hay hoy 19º, el cielo está nublado y el verano (húmedo, eso sí) coincide con el de aquí.

Me gustaría verle antes de irme. Aunque estoy segura de que le escribiré todos los días, aunque no todo lo que escriba le llegue. Algo sí, claro.

jueves, mayo 27, 2010

El 'jumper'


Hoy ha sido un día bastante pesado, laboralmente hablando. No tardaré mucho en irme a dormir.

Cuando estuve en Brujas, entré en una tienda llena de muñecos de madera que se contorneaban verticalmente, al modo de un yo-yo. Me hicieron gracia, así que me traje uno. Se llaman 'jumper' y es un anglicismo, así que deduzco que no es un invento belga. Pero entrar en una tienda y verles subir y bajar a diferentes alturas fue una sensación extraña.
Traigo la imagen de mi 'jumper', que ahora está algo destrozado porque ha caído alguna vez entre los dientes de Yoguito, para comparar, en cierto modo, los estados del alma con el momento en que sube y baja. Y es que el alma nunca está completamente estable, va variando, a veces sin motivos. Lo que tengo claro es que cuando pienso en una persona es como cuando el 'jumper' no puede parar, como si volara solo.
Hoy siento como si el 'jumper' estuviera demasiado parado porque tiene una carga muy pesada, pero eso no me quita las ganas de nada, simplemente es por el cansancio del día, que se terminará pasando en cuanto descanse.

Es eso... A veces estamos arriba, a veces estamos abajo; a veces vamos muy rápidos, otras veces vamos muy despacio...

Yo sé quién robó las estrellas al cielo

Es el momento ideal para ir a dormir. Es ese momento previo a cerrar los ojos, en que se mezclan los momentos y la gente del día que acaba con los recuerdos de aquellas otras cosas que nunca han ocurrido, que sólo son ficciones, y con los recuerdos de aquella persona cuya imagen se reaviva como a fuego cada noche.
Es el momento ideal para sumergirse en los sueños, porque vuelvo a evocarle como un ángel plateado y llega esa extraña calma que sólo él me aporta cada día.
Cierro los ojos, aunque aún sigo despierta, y rememoro la dulzura de su rostro, la textura de sus manos y esa voz que suena en un pentagrama de notas celestiales. Y cierro los ojos mientras sueño que me pierdo en sus ojos brillantes.
He estado robando las estrellas al cielo para un día regalárselas a él, porque no quiero que nunca se extinga el resplandor de su mirada...

Un buen momento para cerrar los ojos e imaginarle...

Los besos soñados

Me pregunto dónde van los besos que le doy en sueños, me pregunto si cruzarán estos kilómetros que nos separan (o nos unen, según se vea), se colarán por su ventana y llenarán su rostro de destellos invisibles, cubrirán sus labios de amor.
Me pregunto si sentirá el suave roce de aquellos besos que no se ven, si escuchará la poesía de los sentimientos náufragos de amor.
Me pregunto dónde van los momentos que comparto con él en sueños, me pregunto si algún día se los describiré o si quizás los guarde para mí.
Y me pregunto dónde estará, qué estará haciendo y qué habrá hecho hoy. Deseo tatuarle la piel con la tinta invisible de los besos y que éstos no sean sólo besos soñados.

miércoles, mayo 26, 2010

Al caer la tarde

Hoy me ha invitado a tomar un café V. Estaba en la calle a las tres y media y ha pitado cuando pasaba con la moto. Me hace gracia que un tío tan grande vaya montado en una scooter tan pequeña. Le sienta mejor su moto, pero me comentó que hace poco se había dado una leche. Hemos hablado de la televisión, del reportaje que hicieron en fiestas y me ha dicho que él salió huyendo cuando vio las cámaras en el almuerzo del Santo.
Se nos ha pasado el tiempo volando. Me consta que él ha llegado tarde a trabajar por mi culpa.

Me apetecen muchas cosas, en concreto ver a una persona. Pero creo que me iré a casa, quizás saque un rato al perrito a pasear. Con una tarde tan magnífica, lo que de verdad me apetece es caminar por las calles con una persona, sin rumbo, sin mirar al reloj, sin preocupaciones...

Últimas tecnologías


Nunca me han gustado los auriculares, así que los evito en la medida que puedo. Pero ahora el teléfono con pinganillo es una modernidad que me obligo a utilizar. El caso es que es una comodidad, porque tienes las manos libres para hacer otras cosas.
Dice el argentino que nos lo ha puesto que sólo tengo que llegar y colocármelo, que incluso puedo salir a la calle y atender llamadas desde allí, porque tiene un alcance de diez metros. Sin embargo, no me termino nunca de acostumbrar a llevar este aparato en la oreja todo el día.
Llegará un momento en que lo considere una parte de mí.

Ayer soñé

Ayer soñé. Lo malo de los sueños es que no son un buen desayuno cuando ocurre en ellos algo que te gustaría que ocurriera en la realidad. Ya sabía que esta mañana me iba a levantar pensando en él, como si nada. Y por mucho que intente apartar sus recuerdos de mí no puedo, es cuando más aparece su imagen.
Me gustaría verle, sentir la energía que me transmite su mirada, ver cómo se dibuja una sonrisa en sus labios y notar que millones de mariposas revolotean en mi estómago, queriendo volar tras él.
Ayer soñé con un acantilado, la magnitud del mar ante nuestros ojos y los dos estábamos mirando al horizonte, en silencio, en tranquilidad...

martes, mayo 25, 2010

El hombre de la barra

No tengo ganas de escribir, pero necesito sacarlo.

Había un hombre en la barra, de unos cincuenta y tantos. Llevaba una camisa abierta y un aparato en la garganta, una cánula que debe apretar al hablar. Fue fumador con toda seguridad, pero tuvo que dejarlo por obligación.
Ver su garganta cercenada me ha recordado a mi tío, a su operación y progresiva recuperación.

Y he pensado en mi tío, en las ganas que tenía de vivir y en esa terrible enfermedad que no entiende de sexo, edad o profesión. Le sigo echando de menos...

El cielo se torna gris

Todos los días ocurre lo mismo: mucho sol para después nublarse. Seguro que la tormenta empezará en el momento en que me vaya a casa; conmigo siempre funciona la Ley de Murphy. De todas formas, me gustan estas tormentas de verano en primavera. Luego se queda una tarde-noche espléndida.

Ni voy a imaginar que las gotas de agua salada caen sobre su piel, mientras su pelo gotea sobre mi cuello, pero no existe el agua, ni las tormentas, ni la primavera. Sólo está él, mojándose bajo la lluvia y yo le observo feliz, mientras me aferro más a su mano. Y únicamente me concentro en el tacto delicado de mis dedos entre los suyos. No siento las gotas que recorren mi rostro, ni el pelo que se riza lentamente, ni escucho el chapoteo de nuestros pasos, ni huelo el dulzor del aire en medio de la tormenta...

Venir antes de tiempo

Hoy he venido antes a SD, pero he llegado un cuarto de hora más tarde a la oficina. Tenía que lavar el coche, al menos por fuera. Al llegar a la rotonda, he visto a dos personas torcer hacia un lugar. Ya sabía dónde iban y con quién se iban a encontrar. ¡Afortunados ellos, que le ven todos los días! Aunque donde iban esta tarde era un lugar diferente. Una parte de mi alma, invisible por supuesto, se ha escapado para ir tras ellos.

Cumpleaños de...

Hoy he llamado a G., para decirle que no le han ‘colgado’ en el periódico. No sé cuántos años cumple, algunos más que yo, pero no se me ha ocurrido preguntarle. No me parece de recibo preguntar la edad, aunque él me la ha dicho alguna vez. Nunca antes le había escuchado hablar con tanta seriedad, y todo porque no caía en quién era, para reconocerme después y explicarme que se cambió de móvil y le faltaban muchos números de teléfono.
Le pregunté dónde se metió en el Santo, que tampoco les vimos. Y me ha comentado que estuvo desayunando con mis amigos, a una hora temprana. “Es que me marché sobre las cinco, no llegué a desayunar”.
Le he dicho que me voy a Japón en dos semanas exactas, aunque ya se lo comenté hace poco, recuerdo aquello que me respondió: “¿Ves? Ya te lo dije yo”.
El caso es que yo le llamaba para felicitarle. A G. le conocí para acercarme a otra persona, pero cuando hablamos, hoy en día, ya nunca sale a relucir en nuestras conversaciones la otra persona. Ninguno de los dos queremos hablar de ese asunto; por mi parte no quiero ponerle en un compromiso. Y a la otra persona no puedo ocultarle nada, así que prefiero no saber nada. A veces ignorar ciertas cosas viene bien. Si quiero saber algo de alguien, prefiero preguntárselo directamente y no a través de terceras personas.
De todas formas, G. sólo necesitó decirme una vez cuándo era su cumpleaños para recordarlo. Ya le expliqué que tenía buena memoria para recordar fechas.

Me voy a tomar un café.

Se mueven las palabras


Se mueven las palabras a ras de la suave brisa de una noche de mayo, palabras que se inspiran en su mirada angelical, en su sonrisa magnética, en esa voz que hechiza.
Al fondo suena una triste campanada solitaria, anunciando la media de una hora que ya pasó.
Se mueven las palabras de amor que no han sido pronunciadas en una única dirección. Se guardan esas palabras en un corazón que late con fuerza, a la espera de la llegada de los sueños o historias imaginarias donde esas palabras tengan libertad para ser pronunciadas.
De fondo quiere sonar la suave balada del silencio.

Ahora... es un momento único. Siento la magia, su magia. Insto a mi alma a volver a soñar con él. Una vez más. Una noche más. Unas horas más.

Aprendiendo un poco de japonés


No voy a aprender en quince días las letras japonesas para no sentirme perdida en un lugar donde utilizan otra escritura diferente. Siempre me quedará el inglés...
Pero sí que quiero aprender cuatro cosas como los números: Ichi, Ni, San, Si, Go, Roki, Shichi, Jachi, Kyu, Yu. Sayonara ya sabía lo que significaba, pero palabras como "gracias" (Arigatou) o "por favor" (Onegi Shimau) son de vital importancia.
Da igual. Son palabras que he sacado de la guía, la misma guía que me llevaré. Empiezo a sentir un pequeño nudo en el estómago, los nervios previos a viajar...

lunes, mayo 24, 2010

Robando unos minutos a la felicidad

Poco antes de marchar a casa, adoro relajarme, y una forma de hacerlo es escribiendo lo primero que me pase por la cabeza. Con el silencio que me rodea, pensar en alguien es suficiente para sonreír, alguien que puede estar a unos cuantos metros de distancia, o quizás a varios kilómetros, pero en esta misma ciudad o cerca de ella.
Y ese mínimo pensamiento dedicado a esa persona es suficiente para que sonría.

Sorprende cómo alguien con tan poco puede aportar tanto. Y sin embargo lo hace, no sé cómo ni por qué. Quizás el por qué esté relacionado a que me ha tocado el alma en cada instante que he sentido que su mirada me acaricia, en cada momento que he soñado que me refugio en sus brazos, todas las veces que me tiembla la voz al hablar con él o cada noche al añorarle, a sentir nostalgia de él, a buscarle entre la gente y a encontrarle en cada detalle, casi a diario...

En cierto modo, me estoy mentalizando para el viaje. Sé que pensaré mucho en él, que buscaré momentos de relajación para el alma y que le echaré de menos. Y apartaré pensamientos que me duelen, porque, si por mí hubiera sido, hubiera cogido otro avión con otro destino. Esto último me duele un poco. Y sé que cuando esté lejos le sentiré muy cerca, porque para mí llevarle en el corazón es como si estuviera conmigo.
Me quedan dos semanas exactas y unas pocas horas para marcharme. Que está ya ahí, a la vuelta. Esta mañana les he pedido dinero a los del banco para que me lo cambien a yenes. Dicen que tardan dos días en hacer los trámites, yo creo que tardarán más. De todas formas, usaré tarjeta, que me resulta más cómodo que llevar dinero en efectivo.
Será un viaje algo así como espiritual. Pero, por muy lejos que me vaya, él siempre estará cerca.

Aires de tormenta

Me encantan las tormentas de verano, esas que son necesarias para que el bochorno se vaya. Lo peor es ir en tirantes y en sandalias. Pero no importa, que llueva de esta manera, aunque se apaguen las luces por los relámpagos se disfruta.
He salido un momento a la calle y adoro la fragancia a recién mojado que queda después. Los ojos se me han desviado hacia una dirección, preguntándome dónde estará...

Al abrir los ojos

Esta noche he soñado con él. Lo noto al desear quedarme cinco minutos más en la cama con los ojos cerrados y con su imagen perfecta que se va desvaneciendo entre los últimos estertores del sueño.
Guardaré para mí el contenido del sueño, porque no me apetece contarlo. Al final no es importante qué se sueña sino el hecho de soñar con él todas las noches, despertar cada mañana y encontrarte ronroneando feliz.
Me encanta conducir cada mañana de cara al sol, aunque esa luz deslumbrante hace que se me encojan los ojos y lagrimee hasta que aparco. Y, casi siempre, me sorprendo descubrir un nuevo sol cada mañana y me encuentro pensando en él, en que quizás ese nuevo día nos encontremos en cualquier calle.
Si todos los lunes amanecieran como hoy… Y eso que podrían ser mejores…

Quienes te hacen sonreír en el minuto siguiente

Hay personas que te hacen sonreír con su mera presencia, incluso cuando no están presentes, con sólo evocar un momento que compartiste con él...
Necesitaba desconectar durante todo el día y la única manera de conseguirlo ha sido dejándome llevar por los recuerdos de él, los recuerdos que atesoro y que, cada vez que traigo al presente, me hacen sonreír.
No hace ni un año que le conocí y, con los pocos instantes que tengo de él, ha conseguido brindarme innumerables momentos de felicidad. También de tristeza, pero son los menos. A diario, cuando su imagen viene a mi mente con los primeros rayos del sol, sonrío con una extraña alegría.
Hay personas que con su mera presencia obran milagros.

Ahora, con su imagen casi palpable, es un buen momento para ir a dormir, con él como último suspiro del día que termina, con su imagen como indicio de los sueños.

Santo Domingo de la Calzada, ingeniero en la tierra



Este libro lo tomé como mera curiosidad, porque lo tenía al alcance de las manos y porque el personaje me pilla demasiado cercano. Lo que no esperaba es encontrarme ante un ensayo que desmiente todos los pilares ideológicos religiosos creados hasta ahora en esa pequeña ciudad riojana. Se hace pesado por la ingente cantidad de notas a pie de página del libro, aunque no me cuenta nada que no sepa.
Como mera curiosidad, uno de los nombres que se le atribuyen a Santo Domingo de la Calzada, aparte del de "(primer) ingeniero", es el de pontífice. "Pontífice" significa literalmente "el que hace puentes" (de ahí que al Santo Pontífice, es decir, al Papa, se le llame así porque metafóricamente quiere decir que es el que crea puentes que unen lo terrenal con la Santidad).
Lo que pone en duda el libro es algo que para mí y muchas gentes de la zona es bastante obvio: que Santo Domingo nació en el pequeño pueblo burgalés de Viloria de Rioja. Según el libro, habría un Villoria en la Calabria italiana en el siglo XI (siglo en que vivió Santo Domingo de la Calzada) y que nuestro famoso santo llegó desde allí.
Otra de las cosas que llama la atención es que intenta atribuir al milagro del gallo y la gallina una solución alquímica con base de mercurio por la que el animal muerto podría levantarse a cacarear estando muerto. En realidad, yo siempre he creído que los milagros religiosos tienen un razonamiento científico. Me atrevo más a creer, por tanto, en el motivo alquímico que en la fe religiosa.
Y, en el mismo milagro, se pone en duda que fuera del propio Santo Domingo, ya que parece ser, según este libro, que es copia de otro milagro del señor Santiago que obró en Toulousse (Francia) en el siglo XI. Lo interesante es que los dos santos se disputaban la santidad de las gentes. También existe el mismo milagro en Barcelos (Portugal), de ahí los famosos gallos típicos portugueses. Recuerdo que la primera vez que fui a Portugal (a Coimbra concretamente) me contaron la leyenda y me eché a reír diciendo que ya me la sabía. Era clavada a la leyenda calceatense.
El libro cuenta que Domingo intentó entrar en los monasterios de Valvanera y San Millán de la Cogolla (donde era prior Santo Domingo de Silos) y no le permitieron la entrada, así que se volcó de lleno en ayudar a los peregrinos que marchaban a Santiago, no sin antes aprender el arte de hacer calzadas de San Gregorio Ostense, obispo italiano que había venido a ayudar por una plaga de langostas. Y en el yermo terreno de la Ayuela comenzó a construir un puente, primero de madera, luego de piedra, después la calzada que va desde Santo Domingo hasta Nájera, incluso se cree que pudo participar en la inicial construcción del puente sobre el río Najerilla, levantó el hospital de peregrinos de Santo Domingo, construyó un huerto y un pozo...
Y empezó a cortar encinas con una hoz. Dice el libro que esa hoz está en la catedral de Santo Domingo. Yo nunca la he visto. Otro milagro es que amansó a unos toros.
Se supone que murió el 12 de mayo de 1109, de ahí que su fiesta se celebre el 12 de mayo.

domingo, mayo 23, 2010

A la sombra de un árbol de la ermita


Esta mañana me he despertado demasiado pronto para ser domingo. Me he vestido rápidamente y he llevado al perro a mi árbol, pero había un coche y no me apetecía estar allí. Además tenía sed y ganas de beber agua, y allí, donde estaba, no hay ni siquiera una fuente natural para poder echar un trago. Así que me he acercado a la ermita. Me gusta esa extraña tranquilidad que se respira los domingos por la mañana allí, con gente bajo los árboles almorzando pero sin el mogollón de las tardes.
Me he tumbado bajo la sombra de uno de los arbolitos del césped a leer, mientras el perrito se dedicaba a correr de un lado para otro, muchas veces jugando con los niños.


La tranquilidad se ha visto desplazada por la llegada de un grupo de gente joven que se han sentado no muy lejos de donde yo estaba. Yo estaba tan concentrada que no la he visto llegar.
-¿Qué tal te va todo, A.? Hacía mucho que no nos veíamos.
-Bien –le contestaba mientras echaba un vistazo hacia las personas que estaban con ella. Ha sido suficiente para encontrarme con un rostro que no quiero volver a ver. De repente he sentido la urgente necesidad de marcharme de allí.
Ella ha seguido mi mirada.
-Le odias, ¿verdad?
-No, no le odio. Lo siento, M., pero ya hablaremos en otro momento.
Me he levantado, he llamado al perro y me he dirigido hacia el coche, dando la espalda a una etapa del pasado que no quiero recordar, sabiendo que una de esas personas me seguiría con la mirada hasta que desapareciera de su vista.
Lo que tenía visos de ser una placentera mañana se ha convertido en todo lo contrario gracias a la aparición imprevista de F. Me hubiera gustado hablar con su hermana y no tener que cortar la conversación de una manera tan brusca. ¡Qué turbación!

sábado, mayo 22, 2010

No sé si es una corazonada

No sé por qué estoy nerviosa hoy. Es como aquello que sentía el verano pasado que era una corazonada que algo dentro de mí me decía que iba a ver a cierta persona. Hoy vuelvo a sentir eso, una especie de intuición me está avisando de que hoy voy a verle. Quizás no, pero dentro de mí se está 'cociendo' algo. Es como si fuera ansiedad.
Además, creo que hoy estamos sólo I. y yo, porque los tíos se han ido de despedida a Zaragoza. Y las demás... no creo que salgan, aunque el calor acompaña y sí que apetece marchar a tomar algo.

A mí me apetece verle, claro que sí.

En mi árbol


Es un día demasiado perfecto como para pasarlo en casa. Así que esta mañana he cogido el portátil, le he dicho al perrito "Vamos", palabra que entiende a la perfección, y me he ido al campo a disfrutar del calor, del sol y de la primavera.
Y allí, en mi árbol, me he dejado llevar por los recuerdos que guardo cual tesoro de esa persona que hace que mi corazón palpite más fuerte cada día.

Atrapando un suspiro en el aire

Suspirar... ante las próximas horas de (en)sueño. Cerrar los ojos e imaginar esos ojos en todo su magnetismo, esa dulzura en toda su grandeza, ese encanto en toda su magnificencia.

Suspirar antes de dormir. Provocar los sueños con él. Soñar mientras lentamente voy cerrando los ojos y me pierdo entre las brumas de la noche, mientras anhelo un abrazo suyo.

"Ninguna pasión es inútil, ningún amor es despreciado. Es imposible que la energía del amor se pierda: es más poderosa que cualquier otra cosa y se manifiesta de muchas maneras".

viernes, mayo 21, 2010

Retazos del desayuno

Esta mañana estaba dormida así que no he prestado atención a lo que decía mi hermano.
¿El mundo es un pañuelo o esto es una plaza demasiado pequeña?

Esta semana, un pueblo de La Rioja, tres personas.
Mi hermano me lo contaba sin dar detalles, observándome, a ver qué decía yo. Sabiendo que con sólo mencionar un nombre me iba a picar la curiosidad.
-¿Entonces le has conocido?
-No, yo no.

Al no preguntarle nada, no me he enterado de mucho.

Despertar con un beso

¿Habrá algo más dulce que despertar cada mañana con un beso suyo? No sé, pero lo imagino, y con esa dulzura suya es todo doblemente más dulce. Un escalofrío me recorre la espina dorsal al imaginar cómo serán sus besos...
Hoy tengo para él una caja llena de besos pero desconozco adónde la tengo que enviar. Quizás me la guarde... para cuando no haya besos.
Sólo tengo que cerrar los ojos e imaginar que le cubro de besos.

Mañana de viernes

A las tres de la tarde abandonaba el CAF con un pequeño dolor de cabeza. Debería haber salido hora y media antes, pero ya que estaba tenía que hacerlo bien. He estado escribiendo toda la mañana sin parar. Espero que con tanto folio no se me termine deformando la letra, aunque no lo creo, pues escribía muy deprisa. Igual que en febrero.
Después he salido al sol de Logroño. Se agradece el calor. Por fin puedo descansar de apuntes, tests y exámenes hasta finales de agosto y principios de septiembre.

Ya tengo pagado el viaje a Japón. Así que ya es cosa hecha.

Se agradece estar en casa. Posiblemente me eche una siesta, puesto que esta mañana he madrugado sólo para desayunar con mi hermano.

¿Cómo no estremecerse...?

¿Cómo no voy a temblar ante las próximas horas... si sé que, aunque me caiga de sueño, me espera un rato en que no pararé de dar vueltas hasta conciliar el sueño? Llevo varios días así, creo que puede ser por una preocupación, aunque no considero mis preocupaciones tan latosas como para que me quiten el sueño.
¿Por qué aparecen los fantasmas de la noche para dibujar pesadillas torturadoras mientras aún tengo los ojos abiertos...? ¿Por qué últimamente suelo llevar el insomnio a la cama cual antorcha en la oscuridad?
Pero tengo un truco para conseguir dormir. Aunque a veces él también sea fuente de desvelos. De paz. De hechizo. De magia. De deseo. De encanto. De nobleza. De admiración. De majestuosidad. De... AMOR.
También él me hace estremecer.

Creo que puedo intentar dormir. Sólo espero (y deseo) no aparecer por aquí dentro de dos horas porque aún siga en vela.

jueves, mayo 20, 2010

Pánico a la noche

Me gusta ver atardecer sobre la torre de la catedral. Como ahora, cada poco, salgo a la puerta suelo ver cómo cambian las luces de posición, lentamente...
Siento nostalgia, una nostalgia terrible de algo que nunca he tenido. Y, sin embargo, eso que echo en falta me aporta enorme felicidad. Sentir es así, querer a alguien tanto nos supera...
No quiero que anochezca. Temo a la noche. Últimamente me cuesta dormir, tardo tanto en adentrarme en la dimensión de los sueños que no quiero que oscurezca. Creo que me gustaría compartir con él todos los anocheceres, desde ahora para siempre, no volverme a sentir la persona solitaria que anoche se aquejaba del terrible insomnio. Quiero que sea algo tangible, algo que no se agote cada noche, no tener que recurrir a las imágenes de los recuerdos como un somnífero para poder dormir, sino poderle tocar y quedarme dormida en sus brazos.
¡Qué extraña nostalgia! No quiero que llegue la noche porque temo a las sombras.

Mañana y la suerte en cuya busca vamos

Debería marcharme a casa, pero he optado por imprimirme algunos de los apuntes de mañana en proporción 1/4, aunque ni siquiera lo necesito porque podré usar el ordenador y tendré acceso a internet. Lo que menos me apetece es meterme desde las diez hasta la una en una sala y no parar de escribir. Al menos no existen los nervios de febrero.
Sólo yo sé por qué estoy tan tranquila. Debería irme a casa.