
Basta que tengas mucho trabajo para que venga gente a interrumpir (y cuando digo esto me refiero a que se sale del horario de oficina). El primero que ha aparecido a tocar las narices ha sido D. A ver si ahora que evito desayunar con él va a venir de visita. Lo primero que le he dicho es que tenía mucho que hacer y no se iba. Me ha salvado un matrimonio que sí que ha entrado por trabajo. Entonces D. se ha marchado. Pues aún estaba el matrimonio cuando ha vuelto a pasar y mirar. Al comprobar que seguía ocupada ha pasado de largo.
Si vuelve a aparecer otro día le diré, con buenas palabras, que no tome por rutina pasar por aquí.
Ahora imagino que es un día en que estoy saturada de trabajo, pero aparece otra persona. Creo que olvidaría el trabajo y que me olvidaría de todo para perder la noción del tiempo y del espacio, para perderme en sus ojos, para perderme en él... Lo que ocurre es que algo así es tan improbable como que los cerdos vuelen.
Me da la sensación de que hoy me van a dar las diez de la noche aquí.
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