Conocí a Maëlle cuando vino un año de Erasmus a la facultad de Derecho, cuando estudiaba Ciencias Políticas. Enseguida congeniamos, aunque al principio ella no hablaba nada de castellano. Se sabía muy bien la gramática española (de ahí que le dieran la beca), pero llevarla a la práctica era otro cantar.
Aquel año me convenció para viajar a Lisboa. Hicimos un trato: yo iba a Lisboa si después ella venía a Toledo. Así que visitamos los dos sitios en cuestión de pocos meses. Al final terminó viniendo a La Rioja en unas fiestas del Santo. Aún le debo el viaje a Marsella.
Porque Maëlle es de Marsella. Lo primero que le pregunté, a propósito del mi libro favorito (El Conde de Montecristo, de Alejandro Dumas), fue: "¿Existe realmente la isla de If o es un invento del escritor?". Me dijo que sí, que ese islote existía y que también había sido una cárcel. En la actualidad está abocado al turismo (como no podía esperarse de otra manera).
Cuando pasó el curso, Maëlle hablaba perfectamente castellano, nada que ver con lo que balbuceaba tímidamente los dos primeros meses.
Además, antes de que se hiciera famoso, el célebre futbolista Zidanne era vecino suyo, pero luego se cambió de casa, aunque seguía viviendo en Marsella.
Hoy he recibido noticias de ella diciéndome que aún le debo ese viaje, que vaya cuando quiera. Algún día tendré que ir a visitar la isla de If.

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