sábado, mayo 15, 2010

Dime quién soy


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Él le acarició el cabello, le reconfortaba su presencia. Eran dos perdedores que no tenían más futuro que estar el uno junto al otro”.

Hay libros que impresionan, ya no sólo por la extensión (mil cien páginas) sino por la historia en ellos escrita. Aunque los protagonistas son ficticios, tiene un trasfondo histórico que recorre importantes hechos de la Historia del Siglo XX. El final es previsible, al menos yo ya me esperaba algo así.
Contaré, en primer término, qué es lo que no me ha gustado, que se refiere bien al aspecto narrativo-técnico de la novela. Considero que es muy lineal en el sentido de que todos los que cuentan su parte en la historia lo hacen igual, por lo que aparecen como personajes planos, sin serlo. Es decir, el sinnúmero de personajes que narran esos trozos de historia no varían mucho los unos de los otros. Con esto quiero decir que las personas somos diferentes y un ruso no tiene una educación igual a un inglés, ni han vivido la misma trayectoria histórica. Creo que la novela sería más ‘viva’ si cada uno de esos personajes que salen contando su parte de la historia fueran diferentes, no personajes planos, lineales, que se sientan y relatan sin parar, y lo único que difiere entre unos y otros es la historia que están contando, pero la narran de la misma manera, de ahí que a veces no se tenga claro quién está hablando.

Por lo demás, la conjugación entre ficción y realidad es magnífica.

Guillermo Albi es un periodista madrileño que no tiene pelos en la lengua para expresarse con lo que piensa, de ahí que nunca consiga un trabajo fijo en ningún medio de comunicación, por no querer atenerse ni acatar la ideología polícia del medio en cuestión. Un día recibe la llamada de su tía Laura, que dirige con mano de hierro las empresas familiares y le encarga algo especial, por lo que le pagará: investigar la vida de su bisabuela Amelia. A Guillermo le sorprende el encargo, ya que su bisabuela siempre ha sido tema tabú en la familia.
Comienza en la parroquia donde la familia ha acudido siempre y encuentra, entre los archivos, que su abuelo se cambió el apellido materno por el de la mujer que le crió. Pero Guillermo consigue encontrar que su bisabuela se llamaba Amelia Garayoa. Antes de comenzar, busca en la guía de teléfonos, aunque cree que tendrá que visitar el País Vasco, ya que es un apellido vasco. Sin embargo, le sorprende encontrar varios apellidos Garayoa en la guía y empieza a llamar. En una de las casas le invitan a acudir. Allí conoce a dos hermanas ancianas, Laura y Melita, que sienten curiosidad por ese joven que necesita investigar la vida de una antepasada. Ellas alegan ser las primas de Amelia Garayoa y deciden hacerle de guía.
Entre ellas y Edurne, una criada que siempre ha estado con ellas, le explican que Amelia nació en una familia acomodada y burguesa de Madrid. Su padre, Don Juan, tenía varias fábricas por Europa, que les daban para vivir de forma holgada. Amelia era la mayor de dos hermanas que tenía mucha más confianza con su prima Laura que con su hermana Antoinetta. Siendo unas adolescentes, se empiezan a escuchar en España ecos de lo que está ocurriendo en Alemania con el Partido Nazionalsocialista y con su líder, Adolf Hitler. Don Juan está preocupado porque una de sus más grandes empresas está en Berlín y su socio alemán es judío. Toda la familia reza los credos republicanos y en España se encuentran seguros. Pero saben que se pueden arruinar si Hitler les quita la empresa alemana por ser el socio judío. Amelia empieza a interesarse por la política, incluso participando en las conversaciones restringidas a hombres. Será Amelia la que salve la situación económica cuando le presentan al hijo de otra familia burguesa, Santiago Carranza, con el que se casará inmediatamente después. Los Carranza y los Garayoa se llevan bien y Amelia siente que está completamente enamorada de su marido. Hacen la vida de una pequeña familia burguesa cuando ella se queda embarazada. Pero en uno de sus paseos conoce a Lola, una mujer a la que están persiguiendo por comunista. Muy pronto se harán buenas amigas, aunque Lola no termina de confiar en Amelia porque la ve como la personificación de todo aquello contra lo que la comunista lucha. Lola tiene un hijo, Pablo, y su marido es un líder comunista catalán que, de vez en cuando, se acerca a Madrid a ver a su familia. Una de esas veces, trae a Pierre Comte, un francés que lucha por la instauración del comunismo y la atracción entre Pierre y Amelia es irrefutable. Ella tiene a su marido y a su hijo Santiago, pero cuando el francés le propone que se marche a París con ella, Amelia no lo duda, hecho que Santiago jamás le perdonará. Lo que Amelia no sabe es que Pierre es un espía ruso con una fácil cobertura al poseer su padre una librería de ejemplares raros en París, lo que le da alas para viajar y escuchar. Amelia no hace buenas migas con la madre de Pierre y a éste le encargan que cree una red de espionaje en Sudamérica, por lo que no dudará en llevarse a Buenos Aires a Amelia consigo, donde empezarán a entrar en los grupos burgueses y aristócratas argentinos, donde Amelia es siempre bien recibida gracias a su educación de pequeña burguesa. Pocos años después de haber llegado, reciben la visita del jefe soviético de Pierre, que le avisa de que le invitarán a Moscú, que los jefes han cambiado y que Stalin está haciendo purgas con todo aquel cercano al poder o con todos aquellos que tengan mucha información. Esa noche Amelia descubre quién es en verdad su amante, y no le perdonará que la haya utilizado y que no le hubiera dicho que se dedicaba al espionaje. Como había vaticinado su visitante, la joven pareja es invitada a ir a Moscú a un congreso de intelecturales. Se instalan en la casa de los tíos de Pierre, metiéndose en la boca del lobo, ya que su primo es un acérrimo comunista y está casado con una mujer, muy radical, que trabaja en el Ministerio de Cultura ruso. Pierre es detenido y torturado. Amelia es avisada por otro espía que había conseguido salvar su vida, Iván Vasiliev, de dónde está Pierre y ella está dispuesta a sacarle de allí. Será entonces cuando lleguen varios periodistas de otros países para que escriban sobre el sistema comunista. Amelia, al conocer tantos idiomas, es contratada como guía y traductora. Entonces descubre a su amigo Albert James y le pide ayuda. Entre todos intentarán sacar a Pierre de la cárcel, pero cuando le ven, descubren que está más muerto que vivo, y el día que le van a llevar al avión, les llevan al hospital donde yace cadáver, sin duda una muerte provocada para que no llegue a salir de Rusia.
Amelia es trasladada a París. Sabe que algo ha muerto con ella en Rusia. Comenzará una nueva vida junto a Albert James que, como periodista, la lleva varias veces a España. Amelia intenta acercarse a su hijo, pero Santiago sigue sin permitírselo. Trabajará con Albert James, visitará a su familia, que son unos aristócratas irlandeses que tampoco la aceptan más que como una cualquiera. En España está terminando la Guerra Civil; está claro que van a ganar los nacionales. En la frontera, donde van a cubrir la noticia de las hordas de republicanos y personas en contra del régimen, Amelia descubre algo desolador, pero también descubre a Josep Soler y a su hijo Pablo; no saben decirle qué ha sido de Lola. Amelia se encargará de salvar a Pablo y Josep Soler entrará en las Brigadas Internacionales. Amlia y Albert se marchan a Berlín: él tiene nacionalidad estadounidense y ella es española, un país amigo de Alemania. Allí Amelia se convierte en espía para el Gobierno británico, a instancias del tío de Albert; allí volverá a coincidir con el barón Max von Schumann, que se ha casado con una aristócrata. Amelia es una prestigiosa espía que se ve obligada a dejar a Albert y marchar a Polonia, convertida en amante del barón, para espiarle a éste, ya que es un oficial que lucha por Alemania, a pesar de estar en contra del nazismo y de Hitler. En Varsovia entra en contacto con un grupo de rebeldes que se juegan la vida para llevar comida, medicinas y armas a los judíos que han encerrado en un guetto. Pasan a través de las cloacas. Pero un día toman presos a todos los que conforman el grupo, incluida Amelia. Son llevados a la prisión de Pawiak, donde Amelia es sometida a las máximas torturas y vejaciones. Sabe que es obra del coronel Jürgens, un hombre que envidia a Max por todo lo que tiene, que la desea a ella también. Finalmente, será Max el que la saque de allí y, como médico, la cure. En ese momento aparece su esposa, la baronesa Ludovica, embarazada. Amelia y Max están completamente enamorados, pero saben que el bebé que esperan los barones les acaba de separar. Amelia vuelve a Madrid con su familia, pero no cuenta nada de lo que ha pasado en Polonia. Allí, la red de espionaje británica intenta que vuelva a trabajar para ellos, pero Amelia se niega. Entonces aparece un día Max en su casa y se van juntos a Italia.
Amelia tiene en Italia a una buena amiga que conoció en el barco que les llevó a Buenos Aires, la diva Carla Alessandrini. Se instala en casa de ella y de su marido Vittorio, aunque sigue viéndose con Max, que se hospeda en un hotel de Roma. No tardará mucho en descubrir que el coronel Jürgens está allí. Ella le odia por lo que le hizo en Pawiak. Max decide que deben marcharse, pero ella le dice que no. Cuando Jürgens detiene a su amiga Carla, le hace chantaje a Amelia para que le dé lo que él quiere. Ella amasa su plan para asesinarle y lo planea tan bien que nadie sabrá que es cosa de ella, aunque el coronel Winkler, íntimo amigo del oficinal asesinado, sospecha de ella. Amelia consigue escapar a Atenas con Max. Allí conseguirán sobrevivir, aunque Winkler les sigue de cerca. Amelia sigue trabajando para el espionaje británico sin que Max sospeche nada. Los rebeldes griegos también solicitan su ayuda: esta vez se trata de boicotear un convoy alemán que transporta armamento. En un tramo de una carretera ponen bombas que explotan al paso de los alemanes. Lo que no espera Amelia es que entre esos oficiales esté Max. Ella empieza a correr y alguien le dispara.
Cuando despierta se encuentra en un hospital griego. El coronel Winkler tiene muchas ganas de torturarla, quiere que le devuelvan a la vida sólo para matarla lentamente. Pero Amelia no habla, no dice una sola palabra, se deja torturar porque quiere morir por lo que ha hecho a Max. Winkler decide enviarla a Ravensbrück, donde será torturada sin piedad por un médico psicópata que se dedica a mutilar a las presas. Un día llega un oficial de las SS en silla de ruedas: se trata de Max, que ha sobrevivido, pero es un vegetal. Es la primera vez que escuchan hablar a la española, pidiendo perdón. Max se la lleva y se instalan en Berlín, en la zona Este, donde a Max le han quitado casi todas sus propiedades. Con ellos vive Friedrich, el hijo de Max y Ludovica. La baronesa no sobrevivió a uno de los bombardeos, pero sí su hijo. Amelia les cuida a los dos, se aleja del espionaje internacional, pero no duda en ayudar a escapar por el sótano de su casa a los que están en contra del régimen de la Stasi, policía de Alemania del Este, o fichados por la KGB.
Un día recibe la visita de Albert James, convertido en un espía estadounidense: está buscando a científicos alemanes. Uno de ellos es Winkler, el padre del coronel que torturó a Amelia. Deciden marchar un tiempo a El Cairo, donde hay una colonia de antiguos oficiales alemanes, pero allí no están ni el padre ni el hijo. Amelia y Max consiguen entrar, como alemanes, en esos círculos, pero los Winkler siguen sin aparecer. Pasan dos años hasta que aparecen, con el físico cambiado, porque se han sometido a operaciones de cirugía estética, y con otros nombres. Los espías estadounidenses saben que Amelia es el cebo para el coronel Winkler y que intentará asesinarla en la primera ocasión que tengan. Sin embargo, será ella la que se ‘cargue’ a Winkler, mientras los americanos secuestran a su padre, el científico.
Max, Amelia y Friedrich vuelven a Berlín, donde continúan su vida con algo más dinero que antes de marchar a El Cairo. Ayudan a escapar, a través de las alcantarillas, a muchas personas que estaban en contra de la órbita soviética. Les visita un dirigente de la KGB, Iván Vasiliev, que además les protege y advierte. Friedrich se casa con una joven científica y se independiza de su padre cuando, en una conversación, escucha que fue Amelia la que apretó el detonador de la bomba que dejó a su padre paralítico, con un muñón en el brazo y tuerto. El 9 de noviembre de 1989 muere Max von Schumann. Unos momentos después comienza a caer el Muro de Berlín. Amelia recoge sus cosas, se despide de Friedrich y se marcha, porque ya nada la retiene en Alemania.

Cuando Guillermo vuelve a Madrid, les explica a las ancianas hasta dónde ha llegado. Ha perdido la pista de Amelia a finales de 1989 y no sabe dónde fue después ni dónde está enterrada. Laura le dice que le entregue la historia a la otra anciana, que no es su hermana Melita, sino su prima Amelia Garayoa, que tiene principios de Alzheimer y el trabajo de Guillermo para recuperar su memoria ha sido loable. Guillermo tiene ante sí a su bisabuela, pero sabe que ya ha terminado el trabajo y que no podrá decir nada sobre él.

Magnífica historia.

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