
No tengo ganas de escribir, pero necesito sacarlo.
Había un hombre en la barra, de unos cincuenta y tantos. Llevaba una camisa abierta y un aparato en la garganta, una cánula que debe apretar al hablar. Fue fumador con toda seguridad, pero tuvo que dejarlo por obligación.
Ver su garganta cercenada me ha recordado a mi tío, a su operación y progresiva recuperación.
Y he pensado en mi tío, en las ganas que tenía de vivir y en esa terrible enfermedad que no entiende de sexo, edad o profesión. Le sigo echando de menos...
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